Capítulo 15 parte 3
Nota de la autora: Los acontecimientos se van más rápido porque Aome ya está por regresar, y esta parte es algo corta, pues la que sigue es interesante.
Tiempo, tiempo, tiempo… el tiempo sigue su curso en las dos eras. Y el contacto entre los enamorados de ambos lados del árbol que lo divide sigue siendo sutil, pero muy placentero para los dos, pues les renueva día a día las esperanzas de que el momento de su reencuentro sea inolvidable. La única duda que tiene Aome es como afectará su regreso a la época Sengoku sobre la época actual. Shinosuke, su buen amigo en el Instituto y "nieto" de Sesshōmaru, le dijo que por el momento disfrutara su realidad, que el día de su retorno ella decidirá lo que sea correcto.
Y, hablando del Sengoku… en ese periodo el tiempo también corría a la par. El cumpleaños número uno de las gemelas fue un gran acontecimiento que sus amorosos padres no dudaron en celebrar con todos los de la aldea. En la cercanía del segundo aniversario del enlace matrimonial entre su Excelencia Miroku y Sango, su esposa y ex - yōkai taijiya, se hizo una gran festividad para pedir por la buena salud de toda la linda familia.
Pero había otros asuntitos que los tenían bastante ocupados, lo que les hacía a veces pasar por alto el hecho de que alguien de su grupo faltaba para que todo fuera mejor.
El maestro Mushin aún no entregaba el "equipo", pero su salud continuaba más delicada, pues no dejaba de entrarle duro a la bebida, una pésima costumbre que no estaba dispuesto a dejar diciendo que de algo se tenía que morir. Así que Miroku se encargaba de quedarse algunos días con su maestro, en el templo, para cuidarlo cuando el anciano sentía que había llegado su hora. Sango se abstenía de ir con frecuencia porque Mushin era peor de manolarga que su antiguo discípulo… ¡figúrense su atrevimiento por querer comprobar que tan anchas se habían puesto las caderas de tan hermosa mujer! Eso ocasionó que el octogenario hombre se ganara una muy buena reprimenda del joven monje por haber tenido la osadía de tocar el perfecto y sagrado cuerpo de su consorte. Y, además, estaba el hecho de que, ahora que las niñas ya caminaban, se hacía más que necesario estar al pendiente de donde andaban… eran un peligro hasta para ellas mismas por ser tan traviesas e inquietas. Lo bueno de todo esto es que contaban con la ayuda incondicional de Lin, a quien le gustaba jugar con las nenas y era muy paciente.
Para Inuyasha, la pequeña de negra cabellera le recordaba bastante a su amada del futuro, que inclusive también él le había tomado algo de cariño, entendiendo un poco la forma en la cual la jovencita se había ganado el corazón yōkai de Sesshōmaru: era una criatura con un don especial para tratarlos, fuerte hasta donde fuera necesario, y gentil en muchos aspectos… una característica que igualmente poseía Aome. Aunque tenía que ser muy cuidadoso en su trato para con la niña, pues si alguna vez se atrevía a hacerla enojar de más o llorar, el Daiyōkai se enteraría de ello y, de sólo pensar como podría castigarlo se le erizaba la piel (ya saben ustedes como se pone Sesshōmaru cuando se enoja de verdad).
Por otro lado… Sango había tenido una idea brillante respecto a en que podría ocuparse para ayudar en los ingresos de la casa, pues no estaba resignada del todo a ser solamente un ama de casa, a la usanza de las señoras de esa época… el ser exterminadora le había dado un carácter bastante fuerte, si lo sabría su esposo, y ella creía firmemente que las mujeres también podían trabajar fuera de casa… concepto revolucionario para su tiempo. En seguida de concebir el modelo, la joven castaña le había planteado a su hermano Kohaku y a Miroku el fundar una academia de entrenamiento de exterminadores de yōkai, ya que, después de la masacre ocasionada por Naraku, ellos eran los únicos que se dedicaban a tan peligroso oficio… Bueno, Sango se había retirado para dedicarse al cuidado de su familia, más aún recordaba las palabras que su padre siempre le había dicho, y consideraba que siempre es mejor el trabajo en grupo, especialmente si debes enfrentarte a algo peligroso. El muchacho aceptó complacido, porque también extrañaba trabajar en equipo; su querido cónyuge lo dudó un poco, porque no se le hacía del todo correcto que su bella esposa descuidara a las niñas por atender una escuela, aunado al hecho de que los aldeanos tal vez le criticarían por permitir que una mujer casada trabaje como si no tuviera un marido que la mantuviera. Pero su amorosa consorte le convenció de las ventajas de una brigada de exterminadores, utilizando para ello sus encantos femeninos y su gran poder de convencimiento sobre su libidinoso marido (abusada la Sango… jejeje). Además, un entrenamiento de esa naturaleza requiere de varios años para dominarlo, la prueba era que Kohaku aun tenía ciertos errores, y generalmente le pedía ayuda a su cuñado cuando se trataba de ir a algún territorio lejano, pues no le gustaba mucho el ir solo por varios días. Y para ello también se necesitaba de un gran poder espiritual de purificación para las armas… y ese sería el papel de su Excelencia Miroku en la escuela. Todo eso sonaba de maravilla, pero implicaría que el monje se apartara nuevamente de la familia por algunos meses, para una preparación extra. Y no había un lugar mejor para hacerlo que el lejano templo donde había iniciado con su instrucción mística.
A Inuyasha le pareció que todo ese argüende era un pretexto ridículo de parte de Sango para alejar a Miroku otro tiempecito de su lado, y no tener que luchar contra sus desenfrenos, evitando embarazarse otra vez; porque el ojiazul se había mostrado bastante insistente en el tema ahora que las gemelas ya eran más grandecitas en su opinión. Y es que no podían negarlo… cuando al monje se le alborotaba la hormona también a su mujer se le pegaba un poco de ese alocado comportamiento. A pesar del tiempo juntos, de un poco más de dos años de vida en común, se seguían amando con tanta pasión como la primera vez; y todas estas cosas hacían que el Hanyō se desesperara considerablemente, porque él también tenía visiones… que le subían el tono de piel hasta hacerlo rojo brillante. Casi se infartaba cuando, de "pura casualidad", era testigo de ciertas escenitas no aptas para sus toscos y rústicos pensamientos.
Una noche de luna llena, en cuanto las pequeñas ya se habían dormido y la decisión de partir a mejorar espiritualmente estaba tomada, los dos amigos, el monje y el semidemonio, se encontraban disfrutando del fresco anochecer bebiendo una deliciosa "tacita" de té, a las afueras de la cabaña del primero. Una de las virtudes de Inuyasha es ser muy directo en sus comentarios.
¿Entonces, Miroku, cuando te marchas con el viejo de tu maestro? — le soltó toscamente a su camarada después de haber platicado de otras trivialidades, como la última "tortura" del día por parte de las gemelas hacia sus orejitas perrunas o el último jalón a los apéndices auditivos de su papá, los que en ese momento tenía enrojecidos porque las chiquillas adoraban tomarlo de las arracadas y tirar de ellas… ¿cuál de los dos sufrirá más tormentos?
Mmm… En tres días más o menos — contestó el aludido después de beber un gran sorbo de té —. El maestro Mushin está preparando todo, y también debe cuidar su salud… a su edad y con lo delicado que está debe descansar bien antes de iniciar con otro periodo de instrucción espiritual de mayor extensión — para, posteriormente, tomar el último trago —. ¡Ah, qué delicia de bebida! — dijo saboreando la calidez del brebaje, y después volvió a hablar calmadamente —. Hachi vendrá a buscarme en cuanto Mushin ya este listo.
Fue en ese momento que Sango se asomó por ahí. La joven castaña limpiaba todo el desorden que dejaron sus pequeñas "torbellino". Ella se movía tan campante como siempre, con su agilidad y desenvoltura característica, mientras su hermosa y larga cabellera castaña ondeaba al compás de sus movimientos, al tiempo que recogía del paso los "juguetes" improvisados que habían tirado sus hijas, entre los que se encontraban algunos recuerdos que Lin había traído de su último viaje con Sesshōmaru, el báculo de su papá, el trompo "mágico" de Shippou, la máscara protectora del tío Kohaku, y la funda de Tessaiga. Para el de dorados ojos no pasó desapercibida la babosa expresión que se le dibujó a su amigo en el rostro, y es que el monje se quedó viendo "muy disimuladamente" a su esposa. En sus azules ojos se esbozó un brillo de lujuria al recorrer de arriba para abajo la escultural figura de su amada mujer, la cual vestía con una túnica sencilla que le sentaba muy bien, y hasta abrió un poco la boca… casi se le va un suspiro y se le cae la baba. O sea que, indirectamente, a la ex - exterminadora le gusta levantar la pasión de su amado.
¡Keh! Miroku, por favor — ni bien se retiró Sango cuando Inuyasha se dirigió groseramente a Miroku, con una mueca escrutadora en su cara para representar su irritación —, tienes unas pequeñas "monstruos" en tu casa y… ¿todavía quieres más? — para después hacer un mohín de antipatía, de sólo pensar una y otra vez en las "calenturas" de sus amigos.
Bueno… las niñas son bendiciones — dijo el aludido sonrojándose un poco y mirando nuevamente a su compañero de aventuras, pues no podía negar que sus palabras eran ciertas —… y las bendiciones… caen del cielo.
Ajá — el de plateada cabellera no pudo disimular el tono burlón —. Quieres todas las bendiciones para ti que por ello te esfuerzas tanto.
¡Qué bueno que me entiendes, Inuyasha! — sonrió tontamente Miroku.
¡Keh! ¡Ustedes dos me dan asco! — levantó un poco la voz, cruzándose de brazos sin terminar el té —. No me cabe duda que lo indecente… es natural en ti — y lo miró con enfado. La joven castaña volvió a salir de su vivienda y ya se acercaba a ellos, ignorante de la conversación entre hombres —. ¡Keh! Sango, yo sé que mandas lejos a éste depravado para que ya no te atosigue pidiéndote más hijos, ¿verdad? — le soltó el de ojos dorados en cuanto ella se sentó al lado de su marido, dispuesta a sobarle las enrojecidas orejas.
Nuevamente los esposos lo fulminaron con la mirada, a continuación Sango le dedicó una sonrisita significativa y le plantó a Miroku un suave beso en la oreja derecha al tiempo que lo abrazaba.
Por supuesto que no, Inuyasha — contestó la aludida con calma después de abrazar a su esposo, al cual por un pelito no se le va la mano más allá al corresponder el abrazo —, ¿me crees capaz de hacer algo así? Lo único que me interesa es el mejor nivel espiritual de Miroku — y miró a su amado con ternura, empezando a masajear suavemente su oreja —. ¿Te duele mucho amor? — le susurró dulcemente.
¡Ouch! Bastante, Sango querida — dijo aquel dejándose querer… si para hacerse consentir era un experto —. Las niñas son tan fuertes… se parecen tanto a ti — y soltó un suspiro de complacencia, ocasionándole una risita traviesa a su cónyuge.
Eres tan ocurrente… — le dijo ella en voz baja.
¡Keh! — intervino el semidemonio después de aguantarse esa empalagosa escena —. Sango, por favor, no quieras engañarme… sé que hace tres noches discutieron por eso.
… Inuyasha, ¿tú cómo sabes eso? — ante esas afirmaciones, Miroku se apartó un poco de su esposa y observó muy seriamente al Hanyō, el cual se sonrojó al ser contemplado de esa manera. Sango también se sonrojó y hasta se olvidó de su labor… la visible muestra de lo bochornoso de la situación.
Bueno… es que… — el balbuceó del de cabellera plateada no se hizo esperar, porque ahora la exterminadora lo miraba con una expresión igual a la de su esposo, aunque sus mejillas seguían coloradas de recordar lo ocurrido esa noche —… lo que pasa es que… — "¡Qué carajo!" se dijo a sí mismo con molestia, y luego se enojó con sus amigos, levantando la voz —… ¡Una mierda! A veces quiero enterarme de… — para después volver a farfullar —… sus… cursilerías para… cuando… — y le subió salvajemente el tono de su piel hasta casi enrojecer como su traje —… Aome vuelva… pueda yo… ser… cariñoso — y desvió la mirada de los cónyuges, volviendo a cruzarse de brazos, esperando que no le hicieran preguntas estúpidas.
Ellos pusieron cara de perplejidad al mismo tiempo, se voltearon a ver por un segundo, para dirigir nuevamente la vista al Hanyō y reírse de su azoramiento. Bueno, Miroku se carcajeó bastante fuerte, casi se cae del banco. Sango únicamente sonrió levemente, y en seguida ocultó su hermoso rostro en el pecho de su amado, visiblemente enrojecida de la vergüenza, al tiempo que hablaba en un susurro ahogado:
¡Ay, pero qué pena, Inuyasha! ¿Por eso lo hiciste? — hasta deseaba que la tierra se tragara a ese indiscreto —. ¿Cómo pudiste?
¡Ah, pero que bárbaro! — Miroku casi llora de la risa sin soltar a su esposa… si no fuera por eso tal vez sí se hubiera revolcado en el piso —. ¡Inuyasha, por favor! ¡Eso es muy gracioso! — después respiró profundamente para calmarse, limpiándose un poco los humedecidos párpados.
********** Flash Back **********
Tres noches atrás…
Sango… amor… — Miroku se abalanzó sobre Sango en cuanto las niñas se habían dormido al fin, después de un largo día de travesuras. Se encontraban en su propia habitación poniéndose las "pijamas", dispuestos a descansar después de una extensa jornada laboral —… vida de mi vida…
La abrazó con pasión contenida y la besó larga y profundamente, como si el tiempo se acabara en ese beso apasionado.
Mmm… Miroku… cariño… — le respondió ella al fin, respirando entrecortadamente e intentando apartarse un poco, aguantándose las ganas —… no empieces… me haces cosquillas…
Ya suponía lo que su amado quería… le costaba trabajo calmarlo cuando se ponía en plan pasional, porque él la conocía muy bien y ya sabía cuales eran sus debilidades.
Sanguito… corazón… — el ojiazul no la soltó y la besaba suavemente cerca de la oreja, susurrándole con tono galante y apasionado —… mmm… vamos a… darle gusto al gusto…
Mmm… no… hoy no cariño… — le dijo tiernamente, forcejeando un poco, sintiendo ya algo de calor. A veces su marido podía ser tan persistente —… en serio… no… quiero — y trató de darle la espalda.
Vamos, Sango, querida mía… ¿por qué no hacerlo hoy? — insistía el mañoso, apretándola un poco más contra él, besándole ya del cuello —… mmm… si las niñas son tan bonitas… pues… hagamos otro… — y siguió tocándola con movimientos provocativos, acariciando su bien formado cuerpo, pues ya casi le quitaba la poca ropa que tenía puesta.
(¡Eso no se puede decir en este fic, pues no es su categoría! Me sonrojo por la actitud de Miroku… y no sigo con lo demás, porque me da penita).
Bueno, tendría que emplear un último recurso o si no cedería a los ardores de su fogoso marido, y por el momento… no sería así.
Cariño… — le habló con dulzura soltando un suspiro ahogado, cerrando un momento sus lindos ojitos, como si ya se hubiera rendido al calor del momento, y después… se hizo visible su presencia maligna y una fría mirada asesina, como las de un Daiyōkai conocido nuestro —. ¡Miroku, basta ya! — levantó un poco la voz consiguiendo que su amado la soltara con miedito… había cosas que aun no había vencido del todo, y estaba muy consiente sobre lo irascible que puede ser su esposa cuando algo la enfadaba de verdad.
Sanguito… amorcito… no… te enojes — le dijo en voz muy baja, pegándose a la pared de la habitación mientras ella se acomodaba la ropa —. Tú sabes que… es que te amo demasiado por… ser tan hermosa… por las niñas… — ella aun lo miraba con severidad —… que… no puedo… es que… — tartamudeó intimidado ante el enojo de su esposa.
Sango se calmó al instante, el simple hecho de que Miroku entendiera la indirecta… además ella lo ama como siempre y le gusta que le dé todo su amor. Se acercó a él y lo abrazó tiernamente por el cuello, besándolo con cariño en los labios.
Miroku… amor… por ahorita no pienses más en hijos. Creo que las niñas deben crecer otro poco para que pueda dedicarme a la atención de otro bebé— le dijo amorosamente y le dedicó un tierno mohín juguetón mientras le acicalaba algunos despeinados y alborotados cabellos que se habían soltado de la pequeña coleta. El aludido respiró más tranquilo ante esa reacción y correspondió el abrazo, ya sin intenciones de ir más allá —. Yo te digo cuando sí, ¿sí? — le puntualizó con ternura y le ajustó suavemente el cuello de su "pijama".
Sí… claro… — la levantó en brazos y la condujo al futón, acomodándose delicadamente a su lado —. Espero me perdones por ser tan bruto — le sonrió con timidez.
Te perdono — le contestó besándolo otra vez —. Y no olvides que yo también te amo — dijo al final, hablándole tiernamente al oído.
Y así fue que se durmieron. La joven castaña le permitió a su amado acomodarse junto a su pecho, para que oyera el latir de su enamorado corazón. Y aunque esa noche no fue de frenesí desenfrenado… el pícaro monje tenía una sonrisa de satisfacción.
********** Fin de Flash Back **********
Y que conste que no escuché ni vi más de lo necesario… — se explicó Inuyasha, bastante apenado todavía.
Sango aún se mostraba muy avergonzada, como pensando cuantas noches antes su amigo los había espiado un poco, y de lo que pudo haberse enterado cuando verdaderamente se entregaban a sus más íntimas pasiones, así que seguía ocultando su lindo rostro en el regazo de su marido, el cual la abrazaba amoroso mientras miraba al Hanyō con aire divertido, escuchando la historia de lo que… se había enterado por andar de chismosito donde no debe.
Inuyasha, amigo… si quieres que te dé unas buenas lecciones sobre como realizar el arte del amor… — le dijo Miroku en tono de travesura en cuanto el de dorados ojos terminó con su relato —… sólo avísame para que…
¡Miroku!, ¿cómo se te ocurre semejante cosa? — la castaña se soltó de entre sus brazos, levantándose intempestivamente del banco, y le propinó un buen bofetón, contrariada y dolida por su insensibilidad —. ¡Ustedes dos son un par de…! — fulminó a Inuyasha con la mirada, casi le quiere apretar el cuello para asesinarlo. El pobre semidemonio se ocultó tras su amigo, quien se sobaba el cachete y veía con aprensión a su mujer —. ¡Ush, hombres tenían que ser! ¡Mejor me voy! — les dio la espalda y se metió a la cabaña, sintiéndose su desbordada energía maligna.
Oye, Miroku… — preguntó el Hanyō con un hilo de voz —… ¿no tienes la impresión de que a Sango la poseyó un demonio que aun se aloja en su cuerpo?
Ahora fue el monje quien le lanzó a su amigo una mirada enojada…
¿Qué dijiste? — le cuestionó en tono macabro y después… suspiró hondamente.
Lo… siento — dijo Inuyasha, casi se ocultó entre las sombras al percibir la molestia de su compañero de aventuras —. Es que yo…
Ya déjalo así, Inuyasha, y no te apures por nimiedades — le indicó Miroku sin dejar de sobar su mejilla enrojecida —. Lo que pasa es que a veces las mujeres son delicadas en estos temas — y miró hacia la entrada de su vivienda, suspirando una vez más —. Creo que me va a costar trabajo calmar a Sango esta noche.
Yo… — tartamudeó el de cabellos plateados, apenado por haber provocado una situación así.
Descuida, a veces entre matrimonios hay desavenencias — lo interrumpió el monje, dedicándole una sonrisa sincera para tranquilizarle —. Mira, con confianza puedes pedirme consejos — le indicó con ese tomo amable y despreocupado que lo caracteriza —, al fin y al cabo somos amigos y deseo ayudarte de verdad. Pero es mejor no decir nada de esto delante de Sango.
¡Keh! Está bien — a Inuyasha le bajó el sonrojo ante la perspectiva de conocer más de la vida que no conocía —. En cuanto regreses de tu dichosa preparación te… pediré… consejos — farfulló un poco y nuevamente adoptó su actitud habitual —. ¡Pero no quiero saber cochinadas!, ¿quedó claro? — espetó en tono agrio.
Cochinadas… — el ojiazul le dedicó una mirada escrutadora —. Ya me dirás si cuando te cases con la señorita Aome te siguen pareciendo cochinadas — y le sonrió con burla una vez más, haciendo que el de dorados ojos enrojeciera nuevamente por un momento —. Entonces… mi buen amigo — al segundo se levantó y se dirigió a su cabaña, adoptando un tono solemne y pose de gran señor antes de penetrar en la vivienda —, tengo mucho quehacer, así que te recomiendo no asomarte más tarde, pues la cosa va a estar difícil; aunque, luego de un enfado… — se le dibujó un mohín de diversión, imaginando lo que seguiría más adelante — es más dulce.
Al Hanyō le dio el escalofrío acostumbrado por la espalda ante esas palabras y ese gesto. "¡Golfo inmoral tenías que ser… y ella también te da alas!... La chabacanería al máximo", pensó algo turbado.
¡Keh! Para nada — respondió con enfado —. ¡No pienso repetir el mismo error! — gritó antes de irse velozmente hacia el árbol sagrado.
Así que el joven monje se fue a los tres días, cuando sus gemelas tenían aproximadamente un año y dos meses. Por supuesto que la despedida fue conmovedora y su esposa lo consintió esas noches… ustedes ya saben como. Obvio que las gemelas no querían soltar a papá, presintiendo que el autor de sus días tardaría un tiempo en regresar, y le lloraron un poco para expresar su desacuerdo, más fueron rápidamente consoladas por… el "Perrito" Inuyasha y sus orejitas. Sango y las pequeñas visitaron a Miroku dos veces el primer mes.
La preparación de la academia de yōkai taijiya iba bien, varios aldeanos se decidieron a que sus hijos tomaran las lecciones y ya habían empezado con lo básico y sencillo; la ex – exterminadora y ahora maestra les comentó que el entrenamiento requería años y era menester dominar las cosas simples. Aproximadamente un mes y medio después de que su amado esposo se fuera… le daría un giro a sus planes. Una sorpresa le esperaba a su regreso, algo que lo pondría feliz al triple de lo que ya se sentía.
Nota: Vamos rápido porque ya queremos que Aome regrese… Saludos y sean felices.
