Capítulo 16 parte 1

Tal vez algo desfasado con respecto al periodo Sengoku, pero aquí tengo algunos datos relevantes. Después de que Shinosuke se vaya ya no habrá mucho que decir de la época actual.

Era un hermoso día de vacaciones primaverales en el periodo actual de Japón. Shinosuke Takahashi, el "nieto" mayor de Sesshōmaru, de la última generación de Lin y Kohaku, se iría a Londres, Inglaterra, al concluir sus estudios en el Instituto, para cursar una carrera que le permita continuar en el manejo del negocio de la SONHY.

Pero por el momento disfrutaría de unos días más de convivencia con las personas importantes para él en su vida antes de partir hacia el otro lado del mundo.

Así que, aprovechando ese tiempo de asueto, decidió invitar a Aome y familia a pasar un día de campo en compañía de su propia parentela; la joven de negra cabellera aceptó gustosa el ofrecimiento. Irían al área recreativa situada muy cerca de las faldas del Fujiyama, la montaña sagrada para los japoneses. Un pintoresco lugar cubierto de hermosos árboles de cerezo y almendros. Ellos, los descendientes de Kohaku y Lin, tenían allí un sitio privado y exclusivo… un lugar que muchos años atrás Sesshōmaru había escogido para alguien muy especial.

Esa mañana, antes de que el sol alumbrara sobre el horizonte, toda la familia de Aome estaba lista para partir. Se les veía muy alegres, bien dispuestos a disfrutar la convivencia. Nuestra amiga lucía una cómoda playera de cuello redondo, en color azul, con estampado floral; pantalón de mezclilla corte algo acampanado y tenis especiales para caminatas en el campo, porque Shinosuke le había prometido escalar un poco… era menester ir preparada para la ocasión. Asimismo, Sota llevaba tenis marca Converse y una playera negra. Pero su mamá había optado por unos pantalones en tela de algodón, pues Naomi no pensaba escalar, y el abuelo vestía como visten las personas mayores, con una abrigadora camisa de franela. No olvidaron empacar también chamarras por si refrescaba más tarde. La buena y dulce señora, auxiliada por su hija, preparó varios bocadillos para disfrutar en el camino, pues el parque no está tan cerca de Tokio como podría parecer. Aproximadamente a las 6:30 de la mañana llegaron por ellos.

¡Ya voy! — dijo Aome en cuanto tocaron a la puerta y salió disparada de la cocina, en donde le ayudaba a su mamá a empacar las viandas.

Sota y el abuelo atendían el noticiero matutino, y el chico trataba de convencer a Buyo, el gato, de que comiera sus croquetas gatunas marca "Whiskas". "Inu", el can de blanco pelaje propiedad de Aome, ya se había despachado su respectivo alimento y veía al minino con una expresión de reproche perruno.

¡Hola, Shinosuke, muy buen día! — saludó efusivamente la muchacha al muchacho que estaba en la puerta —. ¡Hoy luces muy bien! — le hizo la observación dedicándole una gran sonrisa.

El joven Takahashi hacía gala de unos atuendos como si fuera alpinista profesional; claro que no llevaba tantos trapos encima, pues no escalarían el Everest. Calzaba unas buenas botas especiales para montañismo, y vestía pantalones en tono kaki, chaleco a juego y una cómoda sudadera negra, sin olvidar las protectoras gafas oscuras.

Buen día para ti también, Aome, y te agradezco el cumplido — el aludido respondió en tono cortés, brindándole a la señorita Higurashi un encantador gesto de saludo, y entró en cuanto ella le permitió el paso —. ¡Muy buenos días a todos! — saludó al abuelo y a Sota, y se encaminó con la chica hacia la cocina —. Señora Naomi, siempre es un gusto verla — le habló respetuosamente a la dueña de la casa.

Buen día, Shinosuke querido — la señora Naomi correspondió a esas palabras con la sonrisa que siempre tiene en su rostro —. Tú tan guapo como siempre.

Gracias, y permítame ayudarle — muy servicial, el joven tomó varios de los productos que ya estaban empacados, y salió con ellos —. Los estaremos esperamos — agregó antes de dirigirse nuevamente a la entrada de la casa.

Sota, ya deja a Buyo en paz… luego te preocupas por él — Aome se dirigió con un poco de reproche a su hermano —. Mejor ayúdanos a llevar las cosas.

Ya voy, hermana, no tienes que enojarte — contestó el niño un tanto avergonzado. Dejó al gato jugando con sus croquetas y entró en la cocina para terminar de cargar los paquetes.

Del mismo modo la de cabellera negra ya portaba algunos artículos en sus brazos y salió con su amigo, seguida de cerca por "Inu", el cual movía la cola muy contento ante la perspectiva de disfrutar un espacio más amplio para recorrer. Un poco más allá de la entrada se toparon con Jaken, y la chica parpadeó con algo de incredulidad al verlo ahí en su casa.

¡Ah, señor Jaken! — le dijo Shinosuke en cuanto reparó en su presencia, y le entregó un pequeño paquete de los que llevaba —. Se le agradece su ayuda desinteresada.

… — Aome decidió saludarlo con amabilidad, recuperándose de la breve impresión —. ¡Hola, Jaken! Es un…

El pequeño yōkai ni le contestó a Aome ni le dijo nada al muchacho. Tomó el paquetito y regresó por donde vino, moviéndose lo más rápido que le permitían sus cortas extremidades inferiores. Los dos jóvenes lo siguieron después de encoger los hombros en señal de resignación.

Shinosuke… ¿acaso Sessho… tu "abuelo" no está en casa? — preguntó la damita en un susurro, mirando al sirviente verde con suspicacia.

Si está… por ahora — contestó él también en voz baja, con una pequeña sonrisa traviesa —, pero nos alcanzará más tarde. Lo que pasa es que el señor Jaken tiene algunas órdenes que cumplir, y por eso vino con nosotros.

¿De verdad Sessho… tu "abuelo" va a ir? — Aome se sorprendió un poco por esa información… no podía imaginar al gran demonio conviviendo con ellos como cualquier persona.

Sí, aunque en realidad no estará mucho tiempo acompañándonos. Pero luego te enterarás — le dijo el joven Takahashi sin dejar de sonreír, sobre todo al notar la cara de incredulidad de la señorita Higurashi ante la particularidad de ver a Sesshōmaru en papel de "abuelito normal".

Al llegar abajo, en vez de la limusina había una vagoneta especial para viajes, en la que irían todos muy cómodos, y también llevaban un camper. Toda la familia del muchacho estaba ahí. Bueno, el señor Daisuke Takahashi y el señor Ranma Zaotome no pudieron asistir por las cuestiones de los negocios… Sesshōmaru confía en ellos y no lo van a defraudar sólo por ir a un paseo. "Bussines are bussines", Negocios son negocios, es la máxima comercial. Así que el señor Ryoga Jibiky los acompañaría, él sería quien conduciría. Las señoras Akane Z. y Nodoka T. estaban juntas; y también los traviesos hermanitos Zaotome, Kotaru, Kohaku y Lin, y, por supuesto, sin faltar Rumiko Takahashi, la cual le dijo a nuestra amiga, en un tono de visible entusiasmo, que ya tenía listas las composiciones artísticas para la siguiente temporada del anime.

Por cierto que Rumiko vestía casi como su hermano, únicamente que su ropa era en azul marino y de corte femenino, la sudadera en azul claro, y nuevamente el armazón de sus gafas combinaba con su vestuario.

Todos se saludaron amablemente y se acomodaron en sus lugares, sin dejar a Buyo ni a "Inu", los cuales viajarían en el camper, en un sitio especial. Buyo no estaba de acuerdo en meterse a la canasta de viaje para dormir. "Inu", como buena mascota educada, se acomodó en su espacio y miró con enojo al gato, como diciéndole "Más te vale que te acomodes, o si no…". Ante esa mirada perruna el minino brincó asustado y se quedó quietecito en la cestilla. Los jóvenes también irían en el camper para cuidar a las mascotas, y los niños con sus mamás, el abuelo Higurashi, el señor Jaken y el señor Jibiky, por supuesto, en la vagoneta. Los chicos Zaotome le enseñaron a Sota su nuevo PSP y se dispusieron a jugar con él para no aburrirse en el trayecto. En cuanto estuvieron listos tomaron camino.

Así que Aome y sus amigos Takahashi platicaron de muchas cosas de su edad, las típicas conversaciones juveniles sobre música, programas de televisión, chismes de los artistas del momento, la última súper película… hasta debatieron un poco con Shinosuke porque él no estaba de acuerdo en un comentario de ellas acerca de la película de "Harry Potter", la última que había salido en cartelera. A las mascotas les convino que las adolescentes estuvieran ahí, pues el gato se acomodó mejor en las piernas de Rumiko y Aome acariciaba las orejas y la cabeza del perro.

Bueno, pues digan lo que digan — les puntualizó el joven, divertido de la expresión de las dos muchachas —, a mi parecer Draco Malfoy es más galán que Harry.

¡Qué vas a saber tú de guapura, Shinosuke! — le dijo su hermana con un poco de reproche.

Mucho, hermanita querida, por algo soy el más apuesto del Instituto — le sonrió grandemente, hablando en tono de actor de telenovela —. ¿Tengo o no razón, Aome? — y miró pícaramente a su amiga, esperando una respuesta favorable a su argumento.

Eee… bueno… — la aludida balbució un poco y enrojeció ante esa mirada traviesa, porque no podía quitarle la razón a su amigo al decir que era bien parecido —… Tú si eres… interesante, Shinosuke, pero… Malfoy no me gusta… me cae mal.

Ay, Aome, por favor, no le subas más el ego a este presumido — le dijo Rumiko sin dejar de ver a su hermano con algo de molestia —. Pero "Modesto" tenías que ser — le señaló con un poco de sarcasmo.

"Modesto" es mi segundo nombre… — él le contestó sin dejar de sonreír —, así que acéptalo, hermanita — después puso gesto de seriedad, mirando escrutadoramente a su consanguínea —. Por cierto, ¿te habló Hiroshi anoche, verdad? — le preguntó.

¡Uy!, ahora hasta chismosito me saliste — respondió la muchacha y se sonrojó también como su amiga de negra cabellera larga —. Sí… quería invitarme al cine a ver… — agregó tartamudeando un poco —… pero le dije que no — especificó.

Aome y Shinosuke se rieron un poco de la turbación de Rumiko.

Vamos, Rumiko, no debes preocuparte por nada — el muchacho recuperó la serenidad y habló con más calma —, el abuelo no se va a enojar a menos que mi amigo se porte mal contigo, cosa que no creo. Porque si hace eso… lo asesino personalmente antes que el abuelo se entere — dijo adoptando un tono algo macabro y haciendo una cómica mueca, como si le rebanara el cuello a alguien.

Es que… no es eso… — la muchacha continuaba apenada —… es que yo… no sé.

Tranquilízate, Rumiko — intervino Aome muy sonriente —, cuenta conmigo para lo que necesites y, si quieres, luego te doy una ayudadita — le puntualizó guiñándole un ojo.

Aome es experta en domar hombres difíciles — opinó Shinosuke con picardía.

¡Shinosuke! — le reclamaron ambas chicas dándole un zape en la cabeza, para después reírse con ganas.

Buyo mejor se estiró como buen gato y prefirió acostarse en su canasta, lejos del bullicio de los adolescentes. En cambio "Inu" parecía encontrar muy interesantes las cosas que platicaban y hasta levantaba de vez en cuando las orejas.

Llegaron al hermoso parque a buen tiempo. El sitio especial reservado para ellos estaba más cerca de la ladera del Fuji. La vista era impresionante y el paisaje perfecto para disfrutar. Tenían varios juegos infantiles donde los niños se lo pasarían a gusto, y ni que decir de "Inu", el cual corría para todos lados ladrando de contento. Había varias mesas con placentera sombra bajo los árboles, en donde acomodaron las viandas que llevaron, y de una de ellas Buyo tomó posesión para su actividad favorita… dormir como todo felino perezoso.

¡Esto es hermoso! — dijo Aome, extasiada ante el bello espectáculo —. ¡Qué panorámica tan perfecta!

Este lugar le gustó mucho al abuelo, y en aquella época lejana la vista era mejor — dijo Shinosuke terminando de acomodar las cosas —. Es tan especial para él que viene muy seguido con la abuela cuando ella esta aquí, pues nadie puede venir a importunarlos. Pasan mucho tiempo juntos, el suficiente para ambos.

¡Ah, pero qué romántico! — recalcó Aome soltando un suspiro. Le brillaron los ojitos al imaginar al Daiyōkai paseando bajo la luna llena en compañía de su esposa por ese hermoso sendero —. Me imagino lo bien que se ha de sentir tu "abuela"… considerando la indiferencia y el desinterés que demuestra Sessho… tu "abuelo".

Bueno — el muchacho guiñó un ojo con algo de complicidad —, nosotros no sabemos en realidad como sea en su relación de intimidad… — y se sonrió ante el bochorno de su amiga, la cual pensó en la improbabilidad que Sesshōmaru tuviera… una actitud más bien digna del monje Miroku con Sango —. Pero lo que si podemos afirmar es que realmente siente amor por ella, y por ello decidió tomarla por esposa.

Aome volvió a suspirar y recordó al joven Hanyō que esperaba por ella en esa lejana época, y reflexionando en que para ellos también había un sitio especial, el Árbol Sagrado, el lugar donde se habían conocido y por el que aún tenían sutiles contactos.

Todos los mayores ya se hallaban sentados, jugando un entretenido juego de mesa y comentando sobre las vicisitudes que son importantes para los adultos, como el negocio, recetas de cocina rápida y nutritiva, lo último en medicina, la perspectiva de los estudios de sus hijos… Únicamente Jaken no se quedó con ellos y se apartó por un sendero, llevando consigo a rastras algunos accesorios que había traído de la mansión, los cuales venían ocultos en una caja bastante grande para su pequeña complexión. Shinosuke trató de ayudarle un poco.

Bien, señor Jaken — le dijo el muchacho en cuanto el sirviente especificó que lo haría solo —, no dude en avisarme si necesita ayuda.

No te molestes, muchacho — objetó el aludido con un poco de su dureza acostumbrada —, el amo Sesshōmaru confía en mí — y se fue caminando lentamente, remolcando lo que llevaba.

OK., yo sólo decía — le contestó con educación en tanto se encogía disimuladamente de hombros.

¿Qué es? — preguntó la curiosa de Aome en un susurro —. ¿De verdad podrá él solo? — y miró compasivamente al demonio verde que se esforzaba un poco con lo que trataba de cargar.

Descuida… en cuanto esté listo lo sabrás — dijo su amigo volviendo la vista hacia ella, aguantando las ganas de carcajearse por la testarudez del anciano yōkai —. El abuelo consintió en que supieras… — agregó más sereno —… porque fuiste trascendental en su vida.

Y no debes preocuparte tanto por el señor Jaken… es tan terco como una mula — intervino Rumiko, haciendo un pequeño mohín de resignación.

¿En serio? — la joven de negra y larga cabellera pareció desconcertarse con esas palabras.

Bueno, sí, tú ya lo conoces… — afirmó la chica de gafas un tanto sorprendida por esa pregunta.

No, Rumiko, no pregunto por Jaken. Me refiero a lo otro — le aclaró Aome con calma —, a lo que de tu abuelo consintió… ¿y qué fue lo que consintió? — preguntó dudosa.

No comas ansias, Aome, ya verás — le dijo Rumiko por respuesta, y sonrió para dar por saldada la hora de las interrogantes.

La mañana pasó en un abrir y cerrar de ojos y, cerca del mediodía, llegó el momento de almorzar. Todos saborearon los bocadillos, incluso Jaken, quien había regresado muy cansado de su faena diurna. Los muchachos habían escalado un trecho de la montaña, acompañados por los niños e "Inu", para apreciar un poco más la vista hacia Tokio desde lo alto, hacia la mansión, y hacia las ciudades y pueblos circunvecinos. El panorama era espectacular y hasta se dieron el lujo de tomar muchas fotos. Lógicamente que el ascenso y descenso también les abrió el apetito feroz. Fue en ese momento que vieron cruzar una ráfaga luminosa en la atmósfera, la cual descendió cerca de donde ellos se encontraban.

¡Es el abuelito! — gritó Lin emocionada, señalando el cielo al momento de divisar el destello —. ¡Ya llegó!

Todos se levantaron, incluidos Aome y su familia, y le dedicaron una reverencia al Daiyōkai, quien se aproximaba con su elegancia habitual y el mismo rostro impasible de siempre. En esta ocasión Sesshōmaru vestía un traje tradicional como el que solía utilizar en el Sengoku, sólo que ahora era de color azul oscuro, lo que hacía resaltar más la larga cabellera plateada, su nívea piel y el brillante color dorado de sus pupilas. Los miró a todos desde su altura por un momento… hay que recordar que posiblemente ya es tan alto como pudo haber sido su padre, y se dignó en inclinar levemente la cabeza en señal de agradecimiento por la bienvenida. Después dirigió la mirada hacia su verde y minúsculo sirviente, acercándose más a su posición hasta quedar enfrente de él.

Jaken — le dijo con su voz grave y varonil, tratando de no sonar duro —, espero que el trabajo esté mejor que la última vez.

Si, amo bonito — el sirviente tembló un poquito, pues ya conoce la entonación de su Señor, y su reverencia se hizo más acentuada, ocasionando que se viera mucho más pequeño de lo que ya es al lado del gran demonio blanco —, todo quedó como usted lo pidió.

Sesshōmaru desvió la vista del pequeño ser verde y la fijó momentáneamente en Aome, la cual se sonrojó mucho al sentir esos orbes áureos tan gélidos y severos sobre su persona, y apartó su propia mirada con vergüenza… en sus conceptos, la personalidad de Sesshōmaru no tiene nada que ver con la sensibilidad de Inuyasha (… aunque Inuyasha sensible, lo que se dice sensible, tampoco lo es). El Daiyōkai sonrió brevemente, como adivinando los pensamientos de la azabache.

Mujer… — le dijo ya sin mirarla, volviendo la vista hacia el sendero por el cual Jaken había ido y regresado —… sígueme — y empezó a andar lentamente.

Eto… — la aludida tartamudeó cohibida por esa petición, así que volteó a ver a Shinosuke, el cual le hizo un rápido ademán afirmativo con la cabeza para indicarle que no había problema —. Sí, claro — respondió y fue tras el Inugami, tratando de tomarle a su paso.

El pequeño yōkai verde se había dispuesto a acompañarlos, dando un paso hacia adelante.

No, Jaken — dijo el Daiyōkai en tono autoritario, sin voltear siquiera a verlo y sin detener su andar —, te quedas.

El sirviente se detuvo e hizo nuevamente una profunda reverencia, sin decir nada más.

Aome iba caminando tan rápido como podía, pensando en muchas cosas que le daban vueltas en la cabeza. ¿Qué es lo que quería mostrarle Sesshōmaru, y por qué? El sendero estaba bordeado por altos árboles de cerezo y almendro, que en ese momento daban sombra, cargados de bellas flores y botones; aún así, a pesar de su altura, el gran demonio blanco casi rozaba las ramas altas. Los ramales parecían apartarse un poco a su paso. A la joven Higurashi nunca le ha gustado mucho el sigilo, así que pretendió dialogar un poco… sin resultado, especialmente porque no es tan fácil que alguien con más de dos metros de estatura ponga atención a una persona que con trabajo llega a 1.65 ms., sobre todo si se trata de un Daiyōkai de pocas palabras.

Eee… — dijo para animar una conversación —… Sesshōmaru, ¿a dónde me llevas?

Por toda respuesta… la reserva. El aludido ni se dignó a mirarla.

Umm… — "¡Por Dios, su silencio me desconcierta tanto como él!" pensó con un poco de molestia "¿Es que le costará mucho trabajo tratar de ser amable?" —. Oye, Sesshōmaru, ¿acaso este lugar es significativo para ti? — agregó sin disimular un tono de irritación por esa falta de cortesía.

Esta vez… el de dorados ojos simplemente le lanzó una breve mirada de soslayo a modo de contestación. "Lo tomaré como un sí" recapacitó la joven, y decidió que era mejor ya no abrir la boca.

Después de caminar por espacio de quince minutos, que a la muchacha de negros cabellos se le hicieron una eternidad, salieron del sendero para arribar a un verde prado, y ella pudo admirar un magnifico mausoleo de mármol blanquísimo, que no desentonaba para nada con el paisaje. Se veía bellamente adornado con lindas flores de muchos colores. Rosas, claveles, violetas, margaritas, orquídeas, alcatraces. Por lo visto Jaken lo había limpiado y decorado con esmero. Era una pequeña zona ubicada en la falda del Fujiyama, no era un sitio de paso para los visitantes… ese era el lugar personal del gran demonio blanco, su lugar especial.

El monumento no era en si muy grande, como todo a lo que el Daiyōkai estaba acostumbrado, pero lucía primoroso… parecía rodeado por un aura de pureza. Aome abrió la boca con asombro y se acercó con cuidado al sepulcro. Sesshōmaru permaneció de pie, mirando la lápida con una inusual actitud conmovida, una expresión que la joven de negra cabellera recordaba vagamente haber visto en su rostro de estatua griega. La chica leyó lo escrito sobre la piedra, con esa excelente caligrafía que ya conocía. Un hermoso poema, unas bellas palabras y un nombre…

"Cómo ama el ángel dichoso

al Eterno que le crió;

como el artista lo hermoso

y el poeta lo misterioso,

así, niña, te amo yo"

"Donde este tu tesoro, estará también tu corazón"

"Lin… mi ángel, mi niña, mi tesoro en esta Tierra"

¿Está es… la tumba de Lin? — le consultó con sorpresa, fijando sus achocolatados orbes en el gran demonio blanco.

Es su última morada en este mundo — aseveró con aparente calma, sin volver la vista hacia la joven, como si fuera el mausoleo quien le hablara —. Este lugar le gustaba mucho cuando vivía. Kohaku está aquí con ella — agregó sin cambiar la inflexión de su tono grave.

¿Fueron felices, verdad? — preguntó Aome con la voz temblorosa, más afirmando que dudando. Ya tenía algunas lágrimas en sus pupilas.

Si no hubiera sido así nunca lo habría aceptado — fue la obvia respuesta —. Nadie la lastimaría jamás.

¡Qué… bonito! — sollozó un poco la muchacha, limpiándose las lágrimas con un pañuelo —. ¡Ella también te… quería mucho! ¡Yo lo sé!

Sesshōmaru ya no le contestó y se acercó también al sepulcro, sin dejar de contemplarlo con un afecto como Aome no había creído ver jamás en esa mirada ambarina. Ella se apartó un poco para cederle su espacio. El gran demonio blanco parecía querer llorar al recordar a la pequeña y tierna niña que le había cambiado la vida. Se agachó sobre el nicho e inclinó el rostro, como elevando una plegaria por la dulce alma de su chiquilla… estuvo un momento así. Sin enderezarse se permitió a hablarle a Aome antes de que la señorita Higurashi preguntara algo más.

Lin también fue sacerdotisa… tú y ella eran tan parecidas — dijo sin que se le quebrara la voz. Después se incorporó, haciendo que la chica se hiciera otro poco hacia atrás, pues la imponente estatura le da temor a cualquiera —. Tengo que corresponderte por cuidarla en mi ausencia, mujer — agregó volviendo a mirarla brevemente una vez más, templando el tono de voz por un instante —. Te fuiste antes que Lin en ese lejano periodo, por eso te traje hoy aquí.

Eee… por… nada — expresó Aome limpiándose un poco las lágrimas; nuevamente el destino de "morir" en el Sengoku antes de "nacer" en su época se le hacía un poco raro —. Es… un honor.

Se quedaron otro tiempo ahí… minutos, horas, no lo sabía. La joven un poco atrás, el Inugami de pie junto a la tumba, observándola con la cálida mirada que siempre le dedicó a la pequeña criatura que cambió su imperturbable corazón, y lo ayudó a ser más grande de lo que ya era. Una suave brisa alborotaba delicadamente su plateada cabellera, haciéndolo lucir tan atractivo como de costumbre, y asimismo movía brevemente las flores que adornaban la tumba. Después Sesshōmaru se elevó lentamente, dirigiéndole a Aome unas últimas palabras, sin volver a fijar su vista en ella.

Despídeme de mis protegidos… ellos ya saben hacia donde me dirijo — la estola se desenrolló con la elegancia habitual y rápidamente se perdió tras las tenues nubes.

La joven de negra cabellera se quedó por un momento absorta y le dirigió una última mirada al hermoso mausoleo blanco antes de retirarse. Los ojos se le llenaron de lágrimas una vez más. Regresó por el sendero, meditando muchas cosas. Sabía que en un tiempo más adelante volvería "atrás", y vería nuevamente a la pequeña niña responsable de que ese Daiyōkai llegara a ser… algo diferente de cómo ella lo había conocido.

Nota de la autora: Hay que acabar de buena manera la época actual, porque después de la partida de su amigo no habrá ya casi nada interesante. El anime seguirá su curso y Aome continuará sus estudios hasta el fin, cuando ya estará completamente segura de que su vida tiene más sentido en el Sengoku, con su amado Inuyasha y sus amigos. Tal vez Aome regrese por lo menos tres o cuatro veces, acompañada de Inuyasha, antes de que el pozo se cierre en definitiva y se quede en el Sengoku, porque así termina la historia original, y eso no lo voy a cambiar. Por cierto que algunas cosas parecerán desfasadas o impropias porque no estoy manejando una concordancia de fechas en cuanto al tiempo en que se publicó el manga original. Sayonara.

Aportación cultural: El poema es un fragmento de "¡Cómo te quiero!" de Amado Nervo, un poeta mexicano. Las palabras son un versículo de la Biblia, que me parecieron adecuadas. Por nada.

P.D. Y la historia de amor de Sesshōmaru… es para otro fic, un fic que aun no he concluido porque mi inspiración fue raptada por los Saiyajins… jejeje. No me insistan en que revele el nombre de su amada, gomenasai, os lo suplico, para que en cuanto la publique la disfruten como ésta. En ella se aclararan muchas dudas respecto a lo que le hizo sentir Lin y el hecho de que al final se haya casado, a mi parecer, con alguna de las mujeres que lo amó, porque la revivió por algo… ya se enterarán. Ese es mi punto de vista, debido a que la gran Rumiko Takahashi dejó la historia del imponente demonio al aire. Todo lo demás está casi escrito y no lo modificaré demasiado.