Gente hermosa que me aompañó en esta aventura: Un gracias es poco. Es poquísimo para responder a todo lo que hicieron. Cuando empecé a subir esta historia nunca imaginé llegar al final, pensé que iba a tener que abandonarla porque a nadie iba a gustarle. A ustedes no solamente les gustó esta historia sino que me han apoyado en cada proyecto emprendido en esta página. La mayoría de ustedes lee mis historias por el sólo hecho de que son mías y las disfruta a tal modo que me dicen estas palabras mágicas: me identifiqué, me alegraste el día, tenés razón en eso, me gustó, continualo, ect. No estoy mintiendo al decir que los que somos escritores o queremos serlo algún día estas palabras nos llenan el corazón. No lo digo de repetidora absoluta y vacía sino que esto lo digo porque lo siento. AMO escribir, espero poder cumplir mi sueño de ser escritora y con eso espero, que con mis relatos al igual que ustedes, los que me lean se identifiquen, se les alegre el día, crean que tengo razón o no... Les sirva de algo y algo les quedé.
"Seremos recordados por nuestras acciones".
Y recuerden que: "No está mal que terminen las historias mientras haya historias que contar" ("Amar y Envejecer" canción de las pastillas del abuelo.)
Epílogo
Ninguno de nosotros pudo prevenir jamás en que íbamos a convertirnos después de todo lo que habíamos pasado. Después de todo, nadie sabe en realidad que es lo que el futuro puede depararle.
El día de la graduación fue la última vez que vi a mis amigas en un largo tiempo; la verdad es que estuvimos años sin vernos, pero estoy orgullosa de poder decir que todas cumplimos con nuestras promesas.
Kori me llamaba a diario cuando empezamos a estudiar. Ninguna de las dos quiso aceptar que no íbamos a vernos y para todas se había vuelto una costumbre pasar las festividades, fines de semana, feriados y el resto de los días juntas. Nunca me tomé el trabajo de culparlas por eso porque yo también me sentía así: nostálgica. EL hecho de compartir mis días con el hombre que amaba y rodeada de muchos, muchos, muchísimos libros sobre la teoría de las lenguas y cómo escribir, me entusiasmaba, pero jamás iba a poder llenar el vacío que sentía yo en esos días.
De eso, gracias a Dios, se encargaron cuatro ángeles que siempre estarán conmigo, y también puedo llamar mejores amigas.
Abby resolvió confesarles a sus padres su verdadero sueño: cocinar. Sus padres tardaron en entenderlo y es verdad que hasta el día de hoy siguen reprochándole sobre su decisión, pero ella hace oídos sordos a todo esto. Algo que tranquiliza mucho a sus padres es el hecho de que Abby esté casada con Víctor Stone, curiosamente, el jefe de una de las empresas de seguridad vía Internet más conocida de todo el mundo. No sé cuánto gana, pero sé cuánto le gusta todo eso. Abby encontró su salida laboral a la vuelta de la esquina de su casa, literalmente. Cuando ella y Víctor se mudaron, encontraron un pequeño depósito que estaba a alquiler. Invirtieron una cantidad de dinero muy interesante en repararlo y se convirtió en un restaurante bastante fascinante, elegante y muy respetado en la zona. No conozco a nadie en el mundo que haya probado un plato de Abby sin poder dejar de halagarlo. Pone tanta dedicación en sus platos como ímpetu ponía cada vez que ejecutábamos una venganza en la guerra.
Tara jamás tambaleó camino al éxito. Como era de esperarse, comenzó a salir con Benjamín y él la guió por el camino correcto hacia la fama, con la misma delicadeza con la que la trató desde la primera vez que se encontraron y manteniendo ese interés que toda mujer siente cuando lo ve (y me siento incluida en esto). Pero hicieron algo fabuloso, y cuando lo lean no lo podrán creer. Yo estoy segura de que esto es producto de la mano de Dios que encamina cada paso que Tara da y repara cada uno que da en falso; porque lo grande que han hecho es lograr conservar su intimidad al extremo. Los medios tienen sus sospechas, pero nadie puede probar que Tara es la mujer de Benjamín hace ocho años. Ellos se esmeraron por lograrlo y lo consiguieron: nadie de los medios ha logrado encontrarlos juntos nunca. La razón de esto, es principalmente porque Tara, como toda buena actriz, siempre ha sido una maestra del disfraz y se las ha ingeniado para aparecer con Benjamín en eventos y premiaciones, como, por lo menos, cincuenta mujeres distintas. Hace más de 20 años hoy que yo conozco a Tara y juro que cada vez que la veo en televisión disfrazada nunca puedo reconocerla.
Rachel se destacó en el profesorado y en sus materias psicopedagógicas y en los días que se sentía triste o alejada, o simplemente no hallaba manera de saber de nosotras, su fuente eterna y suprema de apoyo fue Garfield, quien no tardó, luego de que nos graduamos del secundario, en convertirse en su marido. Fue un día lluvioso, frente a sus padres, tres años después de la graduación cuando, en frente de todos, Garfield le pidió matrimonio a Rachel y ella, loca de amor, dijo que sí y hasta el día de hoy jura (y yo también juro) que no se ha arrepentido de eso y que nunca lo hará. Rachel tuvo algunos problemas para ejercer como docente, porque se sabe que no son bien pagados y que sus alumnos nunca los toman en serio, pero finalmente, después de meses de búsqueda, Rachel halló una escuela en donde les apasionaba la historia a la mayoría del cuerpo estudiantil. Esa es, por supuesto, la asignatura favorita de Rachel y la que ella enseña. A los 27, después de 7 años de matrimonio, cinco de carrera y dos de enseñanza, Rachel y Garfield le dieron la bienvenida a la pequeña Aurora de quien me enorgullece decir, no soy madrina, pues la elegida para tal tarea fue alguien tan loco como la niña: Kori. El padrino de Aurora es Víctor y Kori, desde el momento en que la vio, no perdió oportunidad para disfrutarla y consentirla. Tan solo un año después llegó Luca, un dulce niño de grandes ojos ámbar, herencia de la familia de Garfield. Este pequeño se parece más a Rachel en forma de ser, pero irónicamente es físicamente similar a su padre. Luca es el ahijado de Dick y de Abby; y no pierde oportunidad para disfrutar en cada uno de sus cumpleaños de los deliciosos pasteles que su madrina cocina. Ha aprendido de su madre a no tomar muy en serio ningún consejo de galán que pueda darle su padrino. Esa es una muy buena costumbre.
Kori fue la última en casarse. Después de dar vueltas y vueltas, Dick le propuso matrimonio cinco veces…y fue la sexta la que Kori aceptó. A los pocos meses de gozar de la vida matrimonial fue cuando Kori y Dick trajeron al mundo su primer… ¿Engendro? Mentiría si no dijera que el niño fue adorable desde el momento en que abrió sus ojos y me sonrió aquel día en que nos conocimos, el día en que Kori nos nombró padrinos del pequeño Brad. Comencé a saltar de la emoción cuando esto ocurrió y Kori me regaló un coscorrón en la cabeza diciendo: no es para tanto, idiota. Es solo un tierno y dulce bebé. Cada vez que me acuerdo de esto me río, de hecho, me estoy riendo ahora. En fin. Kori dio muchísimas vueltas antes de saber que lo que realmente quería hacer era dirigir a la gente (y como si no lo supiéramos, digamos, siempre fue capitana y nuestra líder) de modo que terminó su carrera en el arte y se inclinó a la administración de empresas y ahora dirige una empresa relacionada con dos cosas: la publicidad y el arte. Kori, nada más y nada menos, es la presidente y directora (y por supuesto jefa) de la agencia publicitaria K&D y de la buscadora de artistas B&D. B&D ofrece cada año un concurso para artistas que no han sido encontrados y el que tenga mejor talento gana un año de carrera proporcionado por ellos y esto les da muchísimas salidas laborales. No conozco a nadie que haya ganado y no haya triunfado después de ese año pago. K&D es muy buena publicista y ayudaron a que mi primer libro se vendiera como algo indispensable para la vida.
Dick halló su salida laboral junto a su mujer. Él administra la parte de arte porque es mucho más paciente con la gente, pero a la hora de elegir al ganador están días enfrascados en su casa para decidirlo. Esos días son los que Brad queda en nuestras manos.
En cuanto a mí, mi salida laboral no fue nada fácil. Mi pasión era escribir, pero desde que se lo comenté a mi padre en una cálida noche de verano en la que los dos hablamos un rato de la vida, el me advirtió que no sería nada fácil, que si quería triunfar debía comenzar ya. Bebí un poco de lo que tenía en la mano y le aseguré que nada en la vida me había sido fácil.
El apoyo de Frank me fue incondicional en toda mi carrera. Yo no tenía el carisma que el tenía y que facilitó muchísimo que pudiese conseguir un empleo como contador. Además, el era muy bueno con los números y su jefe lo ascendió a los tres meses de trabajo. Las cosas no fueron igual de fáciles para mí.
Los editores en Nueva York desconfían de todo el mundo porque siempre hay una estrellita que cree que es lo máximo y quiere sobresalir con una obra que no es muy próspera. Así que yo me focalicé en escribir algo nunca visto, pero nada me satisfacía. Comenzaba historias y luego no sabía como seguirlas, por más que investigara, nunca sabía lo suficiente para adecuar el contexto con los personajes, hasta que mi padre me obsequió un libro de Gabriel García Marquéz junto con un DVD con una entrevista suya. El autor aseguraba (en un castellano que gracias a Dios estaba subtitulado) que todo lo que él había escrito lo había vivido o estaba relacionado con algo que él había experimentado. Lo remató con esta frase: "Uno no puede escribir sobre lo que no conoce, uno debe escribir sobre lo que conoce, es decir, sobre lo que vivió". Meses después conocí el libro "papaíto piernas largas" y no pude evitar sentirme identificada con la joven que escribía las cartas. Ella tenía razón, al igual que Marquéz: Por más que mis ideas fuesen buenas, yo no podía escribir de algo que no había vivido porque nunca sabría como era. Entonces mis historias cambiaron y decidí analizar mi pasado y mi presente, para ver si podía encontrar la chispa que necesitaba para triunfar en lo que yo amaba y lo encontré, ahí, al alcance de mis manos. Así fue como surgió mi primer libro que es el que ustedes están leyendo en este momento: "De la guerra al amor, solo hay un paso". Una historia real y conmovedora. Por supuesto, antes de poder contarla tuve que hablar con mis amigas para asegurarme que ninguna iba a ofenderse por revelar lo que habíamos pasado. Fue una tarde de Domingo en el que nuestros esposos trabajaban y ninguna tenía nada que hacer. Aunque parece un plan sencillo, aunque no lo crean llevó meses de anticipación, porque todas estábamos ocupadas. Pero si hay algo que la vida nos había enseñado es que nada, en esta vida es imposible, y mucho menos para una mosquetera.
De modo que lo conseguimos. La tarde del primero de Julio estábamos reunidas en mi casa. La primera en llegar fue Tara, quien se presentó con una peluca negra, muchísima ropa que simulaba un sobre peso a la perfección y lentes de contacto verdes. Cuando le abrí la puerta no la reconocí.
-Em…Señora, me parece que se equivoco de departamento.-Balbuceé mascullando mis recuerdos, intentando recordar si conocía a alguien con ese aspecto.
-¿Esta es la residencia de Luna Ertobrack?-Remató ella con un tono de voz nasal, irreconocible.
-Sí, pero, con todo respeto, no tengo idea de quien es usted-Respondí un tanto tímida. Tara me sonrió ampliamente y fue allí cuando me di cuenta de que se trataba de mi amiga. Pasó a mi departamento sin que yo la invitara y se quitó la peluca y los lentes de contacto. Fue un cambio impresionante.-¡Tara!-Grité sorprendida. Ella comenzó a desternillarse de la risa y yo también. Ninguna de las dos podía contenerse después de tal escena. Se quitó la ropa que llevaba de más y corrió a abrazarme.
-No tienes idea de cuánto te extrañé en todos estos años, Luna.-Confesó Tara con los ojos vidriosos. Era verdad, yo también la había extrañado. Durante años nos habíamos complementado de una manera graciosa: Éramos cómplices. Y sí, no nos habíamos visto en por lo menos, cinco años, que eran los que yo necesité para terminar mi carrera y llegar a la decisión para la cual había citado a mis mejores amigas.
Yo había mantenido el contacto con Tara mandándonos mensajes de texto y mails, y cuando Tara necesitaba que la sacáramos de su depresión, solíamos reunirnos las cuatro y llamarla, pero la última vez que había ocurrido eso había sido hacía muchos meses atrás. Como la situación era complicada, la única que la llamaba era yo y sólo cuando la situación lo requería verdaderamente.
Con Kori las cosas habían sido distintas. En los años en los que nos habíamos dedicado al estudio, ella me había pedido que la llame cada mañana para despertarla. Gracias a eso, las dos perdimos bastantes clases porque cuando yo me quedaba dormida ella también. Además, las dos estudiábamos en lugares cercanos, así que cuando no teníamos ganas de compartir un rato con nuestros "adorables" novios, decidíamos compartir un rato entre nosotras. A eso hay que sumarle que Dick llamaba a Frank alrededor de veinte veces al día y Frank igual con la mísera excusa de querer comentar sobre un partido de fútbol, los estudios, la familia o simplemente para no admitir que se extrañaban.
Con Abby las cosas fueron un poco más complicadas y me valieron muchas cagadas a pedo por parte de mis padres por gastar demasiado en las llamadas internacionales a Portugal. Nos habíamos prometido llamarnos una vez por mes y ¡lo cumplimos! Pero en un mes pasan demasiadas cosas que deben ser contadas en una sola llamada. O sea, lo que quiero decir es que esa llamada duraba de tres a cuatro horas que era lo mínimo que llegábamos a vernos a diario en el colegio. ¿Se entiende mi indignación?
Las cosas con Rachel fueron distintas. Nos llamábamos cada vez que lo necesitábamos y teníamos tal conexión que siempre coincidíamos en nuestros momentos. Es decir, nos necesitábamos al mismo tiempo. Así que si yo no llamaba, ella lo hacía, o a veces Frank llamaba a Garfield para preguntarle cómo estaba, pero nosotras sabíamos que se habían encontrado en el banco o en la esquina y habían quedado en hacer esa táctica para que nosotras pudiéramos hablar. Con el tiempo los hombres se vuelven predecibles; como todo en la vida.
Después de Tara llegó Abby, con quien también hacía años que no nos veíamos y la última vez que habíamos hablado había sido hacía un mes. Aunque vivíamos en la misma ciudad, Abby vivía en el otro extremo de Nueva York y su restaurante e hijos la tenían muy ocupada. Abby era madre de dos criaturas sumamente adorables y con muchísimo carácter como ella: Rose y Charles. Rose era idéntica a Abby, sólo que con los ojos como su padre y Charles era idéntico a Víctor pero tenía los ojos de Abby. Ambos tenían un carácter estricto y formidable, como sus padres, pero Charles era más dócil y Rose siempre conseguía que él hiciera lo que ella quería. Rose era tan dominante como Abby, y a veces, cuando su madre se ausentaba un par de días, más. De modo que yo sabía que Abby iba a llegar con algo de comer, pero nunca imaginé que sería capaz de llegar con dos pasteles, masas secas hechas por ella y unos ravioles para calentar por si se extendía la cosa y debía quedarse a cenar. Saludó alegremente, se despojó de las cosas que traía y corrió a abrazarme; a estrujarme con tal cariño que casi me asfixié, pero era algo que ambas necesitábamos y aguardábamos hacía bastante tiempo.
La que llegó luego de Abby fue Rachel quien trajo consigo a Luca.
-Dije que nada de niños-Le espeté con un falso tono severo mientras contenía mi sonrisa. Rachel sonrió con los ojos vidriosos y me abrazó con fuerza.
-Este pequeño es Luca-Me presentó. El niño tenía apenas dos años y era muy tímido. Se escondía detrás de Rachel y se negaba a pasar a mi casa. Le sonreí.
-Hay niños con los que puedes jugar, Luca-Advertí con cariño mientras acariciaba su cabello con ternura. Luca alzó la mirada y con el dedo en la boca preguntó:
-¿Dí?-"¿Sí?". Asentí animadamente. Olvidé mencionar que en ese momento yo ya estaba casada con Frank y ya había dado a luz al primero de mis siete hijos. Sí, leyeron bien: siete. El primero, el que en ese momento habitaba mi dulce hogar con solo un año de vida recibió el nombre del padre de Frank: Javier. Javier fue la roca de la familia durante mucho tiempo y confío en que siempre lo será. Es una criatura de lo más especial: entusiasta como su padre y con las bolas que él debería tener (por supuesto que con el término "bolas" me refiero al coraje, y sí, eso lo sacó de mí) Es una persona con muchísimo sentido del humor y sabe ver la vida como el vaso medio lleno.
Como es mi hijo, me tomaré el trabajo de describirlo físicamente: tiene el cabello oscuro (con dos padres morenos por supuesto que no iba a salir rubio), la piel muy blanca (sí, como nosotros) y los ojos miel (como yo). Es más o menos alto ahora que tiene quince años. En ese entonces, cuando Luca lo observó por primera vez con sus tiernos ojos y la pícara mirada de Javier lo calificó como "aceptable" supe que serían buenos amigos y que iba a crearse una relación similar a la que Gar tenía con Víctor. Supongo que es una cuestión de genética o de entorno, aún no he logrado descifrarlo.
Luca miró a Javier y los guié a una habitación para que se fueran a jugar tranquilos. Me aseguré de guiarlos a un lugar donde no pudieran lastimarse ni lastimar mi casa.
La verdad es que creo que la razón por la que me dieron empleo muchas veces es por el número de hijos que elegí tener. Después de Javier vino la pequeña Lucy. Lucy salió castaña y con los ojos verdes, y comparte la inteligencia aguda (si así puede llamársele) de Frank. Es muy pícara y sí, todo un éxito con los hombres. Ya la veo venir llorando a mis brazos cuando a sus 17 años el chico que le gusta no le haga caso. Lucy es un orgullo para mí, porque a pesar de que tiene el complejo de su padre (que cada día me convenzo más de que es una enfermedad muy contagiosa) es una chica muy decidida que consigue lo que quiere.
A Lucy le siguió Emily que también salió con el mismo color de cabello que sus dos hermanos. Es una niña bastante caprichosa, pero con un alma de líder innata. Tan capaz de hacer tantas cosas que ni ella lo cree y a menudo piensa que es una inútil. A menudo, trabajo con su carácter: a Emily le cuesta pensar que tiene buenas habilidades y le cuesta entender que es un ejemplo a seguir para sus hermanos menores y considerando que tiene cuatro sería hora de que se dé cuenta.
Después de Emily vino Alex; un chico tímido y reservado, pero muy inteligente. Me sorprendió muchísimo que tuviese novia antes que sus hermanos, ya que yo no lo consideraba (y no es por ser malvada) un chico con ese toque conquistador. Y no es que no conozca a mi hijo, es solo que es un tanto sorprendente el hecho de que tenga novia, aunque yo no soy una madre ni celosa ni controladora. Adivinan: Alex tiene el cabello oscuro (qué extraño, no?) y los ojos aún más oscuros, pero es un chico muy dulce, yo lo sé.
A Alex le siguió Derek quien resultó ser todo lo contrario. Derek, al igual que todos sus hermanos tiene el cabello oscuro (en serio?) y los ojos verdes. Alex se parece mucho a mí en su forma de ser; es muy abierto a nuevas experiencias y disfruta de las cosas sencillas de la vida. Tiene las cosas muy claras y es muy buen consejero y es un balde de agua fría para mí porque resulta chocante ver todos mis defectos y virtudes en una persona tan cercana. Derek se lleva muy bien con Javier. Son muy cómplices y no puede soportar la idea de que a Javier le queda un año junto a nosotros porque irá a estudiar al exterior, cuando Derek solo tiene 10 años. Aunque se llevan siete años (impresionante, ¿verdad?) se entienden demasiado y eso me preocupa porque creo que Derek se está perdiendo cosas que debería disfrutar a su edad.
Después de Derek llegó Adriane, quien tiene un parecido demasiado similar a Tara. Es delgada, de ojos miel como los míos y SÍ adivinaron, cabello oscuro como el resto de la familia. Adriane es exótica y divertida, abierta y poco común: igual que Tara. Aunque ella dice que quiere seguir una carrera laboral universitaria ya me la imagino besando a un galán en alguna película taquillera. Lo sé, lo sé, Luna, no lo sabes todo.
El último o la última aún la estoy gestando. No sé qué será, pero desempatará el marcador entre hombres y mujeres. En mis seis embarazos anteriores nunca quise saber si sería mujer o varón, preferí dejarlo al azar. Es verdad, con el tiempo las cosas se vuelven predecibles, por eso cuando tenemos la posibilidad de saborear la intriga, no debemos desperdiciarlo. Es uno de los gustos peculiares de la vida.
En fin, estábamos casi todas reunidas, esperando la llegada de Kori, quien siempre se retrasaba y aunque había prometido no hacerlo yo sabía que lo haría. De modo que nos sentamos a hablar en mi en ese entonces, pequeña sala de estar. Yo no les había dicho para que las había citado por el mísero hecho de disfrutar un poco más la reunión, por el hecho de apartar los negocios a un lado de nuestras vidas por primera vez en demasiado tiempo.
Kori llegó empapada, mojada hasta la bombacha por la lluvia que se había largado. Como siempre, no tenía paraguas y estaba muy despeinada. Se le había corrido el maquillaje y sonreía de manera retorcida. Dejó caer el paquete que llevaba y me abrazó, ignorando el hecho de que yo la observaba y examinaba como si estuviese mirando como un caballo daba a luz.
Cuando nos separamos recogió el paquete que llevaba y me explicó que era algo para comer que había traído como gesto de amabilidad. Me contó que había peleado con Dick pero no era nada raro y cuando vio a Rachel comenzó a llorar de la emoción. Nunca había visto a Kori tan emocionada. En mis años de amistad con ella y sobre todo en el último tiempo, habíamos sido demasiado cercanas. Ella era como una hermana para mí, una persona de lo más cercana y confiable. Lo único que me separaba de llamarla como de mi familia era que ella se apellidaba Anders y yo Ertobrack, pero eso no importaba.
Yo creo profundamente en la famosa frase que dice "los amigos son la familia que uno elige" porque mis amigas fueron mi apoyo y mi sostén en todos mis momentos y estoy a punto de explicar uno de ellos.
Serví algo de tomar a cada una y finalmente me dejé caer en el sillón para poder charlar. Todas me observaron expectantes.
-Luna, te ves exhausta-Comentó Tara un tanto preocupada.-¿Qué ocurre?
-Nada-Sonreí. Todas fruncieron el ceño.-no, no, no. Esta vez es en serio, no pasa nada…malo.
-¿Nada malo?-Repitió Kori incrédula.-Luna…
-Estoy embarazada-Lo solté como si me librara de una bolsa de basura.-Otra vez.
Hubo un grito de histeria emocional general y todas me felicitaron al mismo tiempo. Sonreí y dije gracias. Era verdad. En ese momento yo estaba en el principio de mi tercer mes.
-Guau, Luni, ¿y qué es? ¿Nena o nene?-Inquirió Abby.
-No lo sé…No me gusta saber el sexo del bebé antes de que nazca.
-¿Por qué?-Inquirió Rachel.-Cuando yo tuve a Rose moría por saber el sexo de mi bebé-Le sonreí ampliamente.
-La intriga es uno de los sabores más intensos de la vida y vale la pena disfrutarlo-Rematé sonriendo mientras giraba la copa que sostenía en la mano. Mis amigas ya estaban acostumbradas a mis comentarios llenos de inteligencia y lógica y ninguna se asombró, sino que rieron con ganas.
-Estás igual que siempre Luna-Comentó Kori sonriendo.-Yo cambié demasiado.
-No sé, no sé-Repuso Abby con tranquilidad.-Yo creo que todos llevamos algo nuestro a lo largo de nuestras vidas.
-sin duda-Asintió Rachel sonriendo.
-¿Podemos No pensar tanto? Hace cinco años que no las veo-Nos cortó Tara. Y entonces comenzamos a reírnos descontroladamente mientras una modelo de importancia internacional nos miraba como si nosotras fuéramos las locas.
Después de eso la charla giró en torno a lo que habíamos hecho en los últimos cinco años. Kori nos comentó que estaba ilusionada con unos de los cinco candidatos de su empresa, pero Dick se rehusaba a contratarlo y estaba a favor de otra persona. Kori lanzó un insulto hacia su (en ese entonces, aún) concubino, como a ella le gustaba llamarle.
Estuvimos alrededor de dos horas hablando y riéndonos, contando anécdotas graciosas sobre nuestras lunas de miel (las que nos habíamos casado) y sobre las salidas más graciosas (en el caso de Kori).
Tara nos contó sobre su odisea de ser la esposa de un hombre realmente apuesto y realmente famoso. Juró que en su vida pensó que podría hallar a alguien que la entendiese tan bien como podía hacerlo Benjamín y también nos confesó que no quería tener hijos porque nunca le había interesado y además reconocía que le costaría muchísimo volver a ponerse en forma para seguir modelando. Kori la apoyó en esto, diciendo que ella tampoco quería hijos; pero en el fondo, todas sabíamos que los tendría tarde o temprano…Por accidente o voluntad. Aunque yo, por supuesto, siempre me incliné más a la primera.
Después de esas dos horas de charla, salió el tema de porqué las había citado. Suspiré y me llené de valor, atendiendo con precaución a la reacción que podían llegar a tener mis mejores amigas.
-La verdad es que quería pedirles permiso para escribir un libro sobre la guerra de nuestro último año-En un principio, todas mi observaron sorprendidas y detecté, en seguida, que Rachel comenzaba a llorar en silencio, sin dejar de sonreír.
-¿lo de Garfield también?-Asentí lentamente.
-Hasta el último detalle, si no les importa-Aclaré con delicadeza. Todas asintieron con un gesto de la cabeza.
-Fuiste muy considerada en consultarnos-Reveló Abby tomando un poco más de gaseosa de su vaso. Le regalé una sonrisa.-teniendo en cuenta que también es tu historia.
-No es únicamente mía, por eso quise pedirles permiso-Expliqué con calma. Otra vez, todas asintieron. Me reí para mis adentros pensando que se asemejaban a un grupo de bailarinas que coordinaban cada movimiento y recordé con cierta satisfacción aquellos días en los que Kori dirigía a un grupo de cuarenta tontas para que hicieran una obra de arte.
-Yo te doy permiso, pero no le hagas creer a la gente que soy una pervertida, ¿Si?-Pidió Kori. –A ver si encima que te doy permiso me cagas la carrera-Hubo una carcajada general y me dieron ganas de abrazar a mi amiga por demostrarme que tenía sentido del humor y que había aprendido a burlarse de sí misma. Un gran paso en verdad.
-Yo también te doy permiso-Acotó Tara-. Pero nada de hacerme quedar como una chica violenta que no se controla, ¿Si?-Todas reímos. Después de todo, nadie podría suponer que alguna vez, una delicada modelo en sus 17 años había golpeado con estruendo a una campeona de Judo en la cara…Y había perdido unas cuantas peleas.
-Yo quiero que digas que mido un metro ochenta-Acotó Abby sonriendo ampliamente. Todas nos volvimos a ella y se encogió en su asiento, avergonzada.-Siempre ha sido mi sueño ser alta.
-Eres alta. Mides un 1.75-Le recordó Tara, quien medía un par de centímetros menos.
-No lo suficiente-Repuso Abby frunciendo un poco el ceño. -¿Puedes Luna, puedes?
-Abby, quiero ser lo más sincera posible…No te ofendas.
-Ah, pero si son solo unos números…-
-que te harían más alta que yo-Refunfuñó Kori, fingiendo enojo cruzándose de brazos. Rachel rió por lo bajo.
-No-Dije autoritariamente, sin ser severa.-. Mira, no creo que me empeñe en describir cada uno de tus aspectos, Abby. Tampoco pretendo volverte una celebridad.
-Yo ya soy una celebridad-Nos recordó Tara mirando el techo, soñadora.
-Eso ya lo sabemos-Replicó Rachel poniendo los ojos en blanco.
-Em…Creo que nos estamos yendo del tema.
-Tienes mi permiso-Declaró Rachel, volviéndose a mí con los ojos vidriosos. Yo sabía que Rachel iba a sufrir bastante con esto y tenía, alguna ligera impresión, de que no fuese a aceptar.
-¿Puedo poner lo de Gar también? Si no quieres dímelo, en serio.-Rachel negó con la cabeza manteniendo los ojos cerrados.
-Luna, yo sé que eres una buena persona y confío en tu criterio para presentarlo de la manera en la que realmente la vivimos.
Después de ese último comentario, no rescaté nada más importante que me hayan dicho en la vida. Como escritora, pienso que a veces una verdadera crítica, sincera y completa, vale más que un millón de pequeñas viñetas de dos líneas que rezan un: "Me gusta mucho" o "Continúalo". Para mí, analizándolo como ser humano y como escritor, el hecho de que exista gente que aprecia las cosas que surgen del corazón es una verdadera inspiración, tanto para mí como para cualquier escritor. A veces vale la pena tener una reseña solo en una revista, que describa tu novela como un deleitable plato de Gourmet a tenerla en muchas con adjetivos tan simples y palabras tan vacías que no se aprecie verdaderamente tu trabajo.
No quiero decir que las críticas sean menos sinceras por tener menos palabras, pero sí son más vacías y menos amplias en cualquier sentido en que se las mire. ¿Cómo se supone que voy a mejorar si lo único que leo es "muy lindo"? A veces los escritores necesitamos una mala crítica, un buen balde de agua fría directo al corazón para entender que solo somos imbéciles detrás de una pantalla que saben hacer, algún que otro sueño, realidad. Nadie nos ha nombrado reyes y espero que eso sinceramente nunca pase.
De modo que yo obtuve un permiso muy fácilmente, el pasar los hechos al papel no me tomó demasiado tiempo…Un par de años, nada más, y la llegada de dos hijos más. Cuando mandé mi libro al editor estaba embarazada del cuarto de mis hijos y más ansiosa que nunca. En realidad, nunca me he considerado una persona ansiosa, pero si el sueño de tu vida dependiera de una persona apuesto a que también estarías nervioso y ansioso. Cualquiera lo estaría, excepto tal vez…Mi padre.
Mi padre siempre había tenido un manejo del estrés muy parecido al mío: Serenos ante las peores situaciones, difícilmente nos molestábamos por algo pero siempre hemos sido terminantemente capaces de defender lo nuestro sin llorar o patalear, a diferencia de otras personas. Reconozco que yo, con mis veinticinco años de edad en ese momento, estando embarazada y en esta situación, obviamente que no podía manejar el estrés correctamente.
Pasaron dos meses y yo estaba como loca. Cualquier cosa que se considerara comida dentro de los parámetros aconsejables y normales era presa de mi ansiedad. Así fue como engordé cuatro kilos de más en mi cuarto embarazo. Yo la refinada escritora.
Yo la que manejaba el estrés tan correctamente.
Yo la loca maníaca ahora embaraza y con sobrepeso.
Sí, la misma yo.
Frank intentaba calmarme, siendo paciente y servicial y yo siempre le espetaba cosas como "Ahora te vienes a poner los huevos en el calzón, ¿Eh?" cuando estaba de mal humor.
Cuando estaba de buen humor le decía "Muchas gracias, mi amorcito" Y lo llenaba de besos. Lo sé, una embarazada puede ser peligrosa…Quizá deba escribir un libro sobre eso. Me vale la experiencia.
Hubo momentos en esos insoportables dos meses de mi vida en que preferí no existir por la manera en la que trataba a mis hijos y a mi marido. Nunca me imaginé como el vivo retrato de mi madre: Sobreprotectora, acosadora, maniática y un poco, solo un poco enfermiza. Nada de calma. Pura tensión. Y así fue que descubrí, una noche de esas en la que no podía dormir que el embarazo junto con una situación que demandaba estrés era la peor combinación que había tomado en mi vida y debía aprender como soportarlo.
Me llegó la noticia de que debía hacerle algunos retoques y mi editor me preguntó si eso de verdad me había pasado. Le contesté que sí, sonriendo y asintiendo con la cabeza. Me felicitó por haber sido tan fuerte y por haberme arriesgado a dar un giro tan inesperado en mi adolescencia. Tengo que reconocer que nunca lo había visto de esa manera.
Mi teoría sobre las situaciones es que son un círculo que contiene a algunas personas. Desde afuera, las cosas se ven fáciles y es fácil entender con claridad lo que ocurre y encontrar una solución. Adentro del círculo, todo es distinto. De alguna manera, no se puede mirar hacia fuera y ningún consejo parece ser suficiente (claro que esto depende de la clase de persona que seas y la situación que vivas). Es fantático observar como un ser humano es capaz de salir del círculo sin pedirle ayuda a los de afuera.
En el momento en que Kori pactó la guerra con los Merodeadores no pude darme cuenta del giro que daría mi vida. Por primera vez en toda mi adolescencia me estaba metiendo dentro del círculo que comprende estar en una situación. A medida que pasaban los días yo entendía que nunca me había metido en una situación de gravedad. Aprendí, con tropezones, caídas y golpes, que vale la pena disfrutar el momento y cuando éste ya pasó, entender cómo salimos de la situación, airosos o cabizbajos.
Estoy segura que todos mueren de la intriga por saber cómo estuvo mi relación con Frank. Voy a decir un secreto sobre las relaciones que parece ser que muchos no saben: No existen los cuentos de hadas. Nada es para siempre, y muchas veces me pareció que lo nuestro no iba a durar para siempre; pero acá estamos, peleándola como en todo matrimonio; reviviendo las pasiones que nunca se fueron y siendo lo más felices posibles. Ninguno de los dos es perfecto; pero el hecho de complementarnos nos ayuda a mejorar. Es un reto que nos gusta afrontar.
Se estarán preguntando si toda esta reflexión viene a si mi libro se editó o no. Si triunfé, finalmente, si mi sueño se hizo real, si alguna vez pude saborear el placer de otorgar algo a una legión de personas que lo merecían y hasta lo necesitaban...
Yo pienso que si estás leyendo esto te lo estás respondiendo: por supuesto que fue un éxito, pero mentiría si dijera que el éxito, el reconocimiento y el triunfo son los sabores más dulces que esta vida me ha dado a probar. Aunque lo esperé con muchas ansias, aunque en el momento en que lo saboreé pensé que no encontraría nada mejor, me di cuenta, después de muchos años, que hay algo mejor, que nada es insuperable… Excepto tal vez, el sabor de la familia, de los amigos y del amor. Esos son sabores que no tienen comparación.
FIN
Dedicado, con tanto esmero y muchísimo cariño a todos aquellos que al enterarse de que estaba escribiendo esto me pidieron para leerlo, y a todos aquellos que siempre leen lo que escribo, aunque sea una verdadera mierda, hablando objetivamente.
A todas esas personas que al enterarse de que había dejado esto tirado, me buscaron, me tiraron de las orejas y del pelo y me obligaron a ponerle un punto final.
A las personas que pude ayudar mediante esta historia, a todos los que se identificaron con algún personaje, a los que me felicitaron antes de leer.
Y con muchísimo más cariño, a vos, porque lo leíste hasta el final y me diste una oportunidad de entrar, de algún modo a tu vida. Más que esta historia, te dedico un sincero gracias.
Bueno.. Es el final de este camino; pero cuando algo termina empieza otro ciclo; siempre.
Les quiero agradecer personalmente a todas por leerme, la verdad que esto fue espectacular y no hubiera sido lo mismo sin ustedes. Soportaron cada cosa, mis atrasos , miscontinuaciones cortas, el sufrimiento de los personajes, todo, tooodo. Y todo para llegar hasta acá. Es obvio que sin ustedes no hubiera llegado a los 200 comentarios y no podría ponerle punto final a esta historia. GRACIAS. GRACIAS queridas amigas, GRACIAS. GRACIAS por cada review que fue una alegría, por cada comentario, sugerencia, respuesta, mensaje privado; GRACIAS a las que me agregaron al msn, a las que me leen haga lo que haga, gracias a todas, SINCERAMENTE ¡GRACIAS! Porque esta historia no sería nada sin ustedes. Gracias, por siempre MILES DE GRACIAS.
Y esta historia no es más mía; es suya. Ustedes la convirtieron en lo que es, proque no sería una historia si nadie la leyera. Es para todas ustedes, esta historia que significa TANTÍSIMO para mí, en serio, nunca podré terminar de agradecerles
y prometo firmemente intentar responder cada review que me dejen del epílogo... en serio... ¡GRACIAS!
Me despido por última vez
with love, mis queridas amigas
Coockie
