Capitulo 16 parte 2.

El tiempo sigue su curso… y en la época actual, las vacaciones terminan y la partida de un buen amigo está más cerca.

Aome había estado en los estudios de la SONHY para ver como se grababa un capítulo del anime. Fue tan emocionante para ella verse en su versión caricaturesca, el conocer todo el proceso para lograr que un dibujo cobre vida propia. En ese momento también se realizaba la tercera película basada en la historia escrita, y todo el trabajo de animación era sorprendente. Asimismo conoció a los Seiyū, los que dan voz a los personajes, y a todo el equipo de producción, mismos que halagaron su trabajo y la felicitaron por tan buena novela. Las tres temporadas que ya habían salido fueron premiadas con muy buenas críticas y reconocimientos, los que brinda la Asociación de la Televisión Japonesa a la rama de la animación… otros trofeos más en los haberes de SONHY T.V. Por supuesto que nuestra amiga recibió sus regalías.

La última salida programada con sus amigos, los hermanos Takahashi, fue un sábado por la tarde, pues Shinosuke se iría el siguiente día para ya instalarse definitivamente en Londres; Rumiko y su mamá, Nodoka, lo acompañarían y estarían con él por lo menos quince días en lo que se acostumbraba al nuevo país donde pasaría por lo menos cinco años de su vida. Así que esa paseo era muy importante para los jóvenes.

Irían a la feria local para divertirse en los juegos y poder platicar un poco más de algunas cosas pasadas, pero futuras para Aome (¡Lo complicado de querer viajar en el tiempo… no puedes cambiar el pasado porque cambiarías el futuro drásticamente!).

Sólo que esta excursión no incluía niños. Kotaru y Kohaku Zaotome les dedicaron muecas de enfado a sus primos mayores, y la pequeña Lin lloró como magdalena pero, ni aunque fue con el "abuelito" para demostrarle su pena, consiguió persuadirlo de obligar a Shinosuke a llevarla.

Lin — le dijo Sesshōmaru con parquedad, aunque mirándola con la "ternura" especial que suele dedicarle a la niña, más la gravedad de su voz no admite excusas —, hay asuntos de mayores en los que no debes intervenir.

La infanta no quedó conforme del todo, pero tampoco se plantearía el desobedecer al "abuelito" Sesshōmaru. Akane, la mamá de los tres "angelitos", decidió consolarlos llevándolos al cine a ver la película de moda en ese momento: "Mi villano favorito", sólo que los gemelos ya se sienten muy mayores para ver "chiquilladas". Aun así, por comer palomitas con mantequilla y tomar refresco, aceptaron la propuesta (son unos tragones como su padre Ranma… jejeje).

Shinosuke y Rumiko se fueron por Aome, librándose al fin del acoso de sus primitos. Nuestra conocida de negra cabellera le había hecho a su simpático amigo una tarjeta de despedida para el día de su partida, y se la entregaría más tarde… tenía muchas cosas que agradecerle. Ya los esperaba en cuanto la limusina llegó por ella. Aome vestía un lindo pantalón de mezclilla deslavado y con bordados florales sobre los muslos y en las bolsas traseras, sandalias blancas y una linda blusa de encaje en ese color. Sus oscuros cabellos los recogió en una media cola, la cual ató con una cinta también blanca, y una bolsa de mezclilla de buen tamaño completaba su atuendo.

¡Hola, Shinosuke! — saludó en tono alegre, pues el muchacho descendió caballerosamente para abrirle la puerta.

Adelante, madeimoselle — le dijo muy galán, dedicándole una reverencia para dejarla subir —. Su carruaje ha llegado.

¡Oh, muchas gracias! — ella le sonrió y se sonrojó brevemente por el cumplido —. ¿Sabes que eres muy gracioso? — le dijo con un poco de timidez.

Es todo un honor para mí — contestó el joven guiñándole un ojo con picardía.

Adentro estaba Rumiko, vestida con unos pantaloncitos negros en corte capri y unas lindas sandalias a tono. Los pantalones eran coordinados con una blusa en color fucsia y su armazón del mismo color. Todo de buena marca, como siempre. El muchacho vestía en mezclilla oscura, playera negra con un estampado de su grupo de rock favorito, Nigthwish, tenis Converse, en negro también para desentonar, y para rematar un buen cinturón de cuero negro con adornos metálicos. Parecían modelos de pasarela para jóvenes, en opinión de su amiga azabache.

Vaya, chicos, ustedes siempre lucen geniales — les dijo Aome sentándose junto a Rumiko, antes de Shinosuke entrara al auto —. Todo se les ve bien.

Amiga… tú también te ves espectacular, no te minimices — le señaló la de gafas con una sonrisa sincera —. Y por eso, todas las "pretendientas" de mi hermanito aquí presente… — le señaló al aludido con poca discreción —… te tenían envidia — puntualizó en son de broma.

Bueno… pues con perdón de ustedes, señoritas — el muchacho les sonrió grandemente, adoptando por unos segundos pose de divo soñado —, sí, hay muchas chicas que se alucinan por alguien inalcanzable… como su servidor.

¡Uuyy! — le dijeron al unísono las jóvenes, para después carcajearse los tres con ganas.

¡Pero qué modesto eres, Shinosuke! — exclamó Aome sin parar de reír.

La limusina ya había tomado rumbo al parque de diversiones y ellos platicaban de varias cosas de interés para los adolescentes. En media hora llegaron al lugar indicado. Ya oscurecía… la hora perfecta para los esparcimientos de este tipo.

Muy bien, chicas — les dijo Shinosuke en tono complaciente —, ustedes decidan a que juegos subiremos para comprar los correspondientes boletos. ¡Ah, pero eso sí, mucha atención! — y les guiñó un ojo en forma traviesa —. Si quieren pasear en el túnel del amor tendrán que ir juntas… no cuenten conmigo para eso, o dirán las malas lenguas que las conquisto de dos en dos — y soltó una carcajada al ver sus pasmadas expresiones, pues Aome se había puesto colorada de las mejillas.

¡Shinosuke, no seas tan… — Rumiko lo miró como si estuviera enfermo —… torpe! — aparentando querer apretarle el cuello —. ¡Y deja de reírte! — le recalcó en tono de ofendida.

¡Ay, Shinosuke, pero que cosas dices! — por su parte, Aome parecía bastante apenada por esa idea.

Ya, en serio, no te enojes Rumiko o te pondrás fea — el joven respiró hondo para serenarse —. De verdad escojan ustedes, porque si escojo yo a lo mejor ni les gusta lo que a mi me gusta.

Pues claro que no — contestó su hermana —. A ti te gusta la casa del terror, el tiro al blanco con dardos y con escopeta, los carros chocones… — e hizo una expresión de fastidio de sólo pensarlo.

Bueno — dijo Aome más sonriente, animándose a opinar con un poco de timidez —, el tiro al blanco no me parece tan malo.

No digo que lo sea — especificó Rumiko —. Lo que pasa es que éste… — y señaló una vez más a su sonriente hermano, hablando en un tono mordaz —… quiere ver bailar a la "sexy mona" esa que tienen en exhibición — puntualizó ya con gesto de asco —, con esa música horrible que les gusta oír.

¡Vamos, Rumiko, es sólo una muñeca fea y exagerada, por Dios! — dijo el muchacho con tono ofendido, poniendo momentáneamente los ojos en blanco —. ¡Ni que fuera a pedirla en matrimonio!

Los tres se carcajearon por enésima ocasión ante la aguda observación, sobre todo porque en ese momento pasaban frente a los locales de tiro al blanco, en donde, si le atinas a la "diana", los títeres que tengan ahí bailan al son de una melodía (en las ferias de México, mi país, se acostumbran para entretenimiento, y puede ser música de los más variados géneros). Al final si se decidieron por los autos chocones para empezar, en los cuales el joven Takahashi mostró sus dotes de conductor, dándoles a todos un buen repasón. Posteriormente entraron a la casa de los espejos y se divirtieron admirando sus imágenes distorsionadas. Claro que también jugaron tiro al blanco, y Aome se ganó un lindo perrito de peluche muy parecido a "Inu".

Después subieron a la montaña rusa y casi ensordecen con sus gritos de pánico y de emoción. Y, como era de esperarse, se encontraron a algunos amigos y conocidos del Instituto y de la escuela de Rumiko. Aome saludó a Ayumi, quien iba acompañada por su novio; Eri también salía con otro chico; y Yuka hacía compañía a sus hermanitos… iba de chaperona. También se toparon con Hiroshi, el amigo de Shinosuke, misteriosamente sin una compañía, así que el joven Takahashi lo invitó a festejar con ellos. La señorita Takahashi sospechó que había sido plan con maña de parte de su consanguíneo… bien, ya se arreglarían en casa. Nuestra amiga también saludó a Houjo y a su novia.

Se divirtieron otro rato subiéndose a algunos juegos más extremos, como el Kamikaze o "martillo", que da circunvoluciones poniéndote de cabeza; las "tazas locas", que giran sobre sí mismas al tiempo que dan vueltas en su recorrido (muchas rotaciones para mi salud… XD). Entraron a "La casa del terror" y Rumiko por poco se sube sobre Hiroshi cuando, en un estrecho recoveco, les salió un "zombi", lo que le hizo dar un brinco y gritar asustada, arrancándole una carcajada a su hermano en cuanto salieron de la "zona".

¡Eres muy malo, Shinosuke! — dijo la pobre chica un poco llorosa, mientras el aludido lagrimeaba… pero de risa —. ¡Le voy a decir al abuelo y a papá!

Vamos, Rumiko, no te sulfures y relájate… — le dijo él, recuperándose un poco —. Además Hiroshi te iba a proteger del "monstruo".

Aome también le lanzaba a su amigo una mirada de reproche, pero notó al pobre Hiroshi muy apenado.

Vamos, Shinosuke, no seas así de malo — dijo en tono de regaño, y se dirigió a su otro acompañante sonriéndole con sinceridad —. Oye, Hiroshi, ¿te gustaría tomar un helado con nosotros? — le preguntó amablemente —. Me parece que podemos ir a comprarlo en cuanto salgamos de aquí.

Eee… gra… gracias — contestó el aludido tartamudeando un poco, pues no deseaba incomodar a nadie.

Hiroshi, amigo mío — Shinosuke se calmó un poco más y le dio seriedad a su tono, palmeándole el hombro a su camarada —, de verdad lamento que mi hermana te haya molestado, y te ofrezco una bebida para compensar su descaro.

¡Shinosuke! — las dos chicas le levantaron la voz al mismo tiempo, visiblemente ofendidas, mientras él se reía otra vez.

No… Shinosuke… ¿cómo crees? — el pobre Hiroshi enrojeció más —. Para mí no fue ninguna molestia… en serio — y con sus palabras consiguió que también Rumiko enrojeciera.

Yo… lo siento mucho, Hiroshi — susurró la muchacha —, no era mi intención incomodarte.

Descuida… yo… — al muchacho casi le estalla la cabeza de lo rojo que se puso el tono de su piel… la preciosa Rumiko Takahashi le había llamado por su nombre.

Y Shinosuke tuvo que aguantarse las ganas de mofarse una vez más porque Aome le metió un suave codazo en las costillas.

Salieron del área de juegos y se fueron a un lugar cercano en donde ofrecían helados, refrescos y otras cosas para refrescarse. Se tomaron una copa grande de helado cada quien, en tanto Rumiko y Hiroshi recuperaban su color normal, ya más relajados de la excursión. Después charlaron normalmente sobre otros asuntos de interés, como en donde estudiaría Hiroshi y la carrera que cursaría. El chico se quedaba en Tokio, a continuar su educación en la Universidad pública estatal, y fue que se animó a pedirle a Rumiko una cita para salir con él en otra ocasión. A la chica le subió nuevamente el rubor a las mejillas antes de contestar con un… tal vez, por lo que Aome los invitó a todos a subir a la gran rueda de la fortuna, desde la que se aprecia una bella perspectiva de la capital iluminada por las luces nocturnas. Hiroshi se excusó y se despidió de ellos, ya era algo tarde para él y tenía que volver a su casa… no tiene una limusina que lo espere. Así que le dijeron adiós y regresaron al parque para formarse y esperar pacientemente su turno para subir en una de las cabinas.

Rumiko aún se encontraba apenada porque el joven amigo de su hermano le había dicho que es una chica muy linda, la más atractiva que había conocido en su vida; y eso que alguna vez había visto a Aome con la típica cara de baboso perdido que ponen los muchachos torpes cuando ven a las mujeres bonitas. Shinosuke aprovechó el momento para "molestarla" como todo buen hermano mayor, en cuanto llegó su turno de subir a la rueda panorámica

Ajá, Rumiko, pequeña hermana… ¿no qué no te gustaba Hiroshi? — le dijo pícaramente en cuanto el juego empezó a funcionar —. Sólo recuérdale por favor que no se pase de listo en mi ausencia, o tendré que tomar medidas drásticas para castigarlo.

Ya párale, Shinosuke, y no me molestes más — ella le contestó con un poco de reproche en tanto el rubor todavía encendía sus mejillas —. Tengo la impresión de que tú lo planeaste todo, ¿verdad? — y lo miró escrutadoramente.

¿Yo? — él le contestó con aire inocente, fingiéndose ofendido en lo más profundo —. ¿Cómo puedes decirme eso? ¿Acaso me crees capaz de una bajeza?

Oigan, chicos, no se peleen — Aome les sonrió a sus amigos para apaciguarlos —, y vamos a disfrutar la vista. Recuerden que es nuestro último paseo juntos — puntualizó algo apenada.

Eso es cierto, hermanita — dijo Shinosuke muy sonriente, y abrazó a Rumiko por los hombros —, Aome tiene razón, así que no seas amargadita y sonríe para que te veas mejor.

Cretino… ya veras en cuanto lleguemos a casa — la chica correspondió el gesto de su hermano y le dio un beso en la mejilla, sonriéndole también.

Oye, sé que me vas a extrañar — le afirmó Shinosuke haciéndose el importante —. No lo niegues.

Mucho — confirmó la chica de gafas dándole un leve rozón en la mejilla a modo de reprimenda —, pero eso no significa que tenga que soportar tus groserías cada vez que vengas de vacaciones.

Aome los miraba con una mezcla de tristeza y alegría a la vez… Shinosuke había sido un gran amigo, y el que le ayudó a sobrellevar todo con más tranquilidad, pues le brindó la esperanza de regresar al Sengoku y le mantuvo vivo el recuerdo de su amado Inuyasha y todos sus amigos de esa época. Su partida también le entristecía, pues ella no tardaría en irse también, y esta vez para siempre.

¿Te pasa algo, Aome? — le preguntó el muchacho al volver a contemplarla, un tanto dudoso por ver su expresión.

No, nada… — dijo ella retornando a sonreír, pero soltó algunas cuantas lagrimitas —. ¡Es que yo también voy a extrañarte! — y trató de reprimir el sollozo.

Vamos, amiga mía, te llevó en el corazón… — el joven se le acercó para darle también un fuerte abrazo de apoyo y cariño —… y te escribiré muy seguido por el "Facebook" mientras aun no te marches al Sengoku — y le guiñó un ojo para hacerle sentirse mejor.

La muchacha sonrió más tranquila y limpió sus lágrimas. No debía amedrentarse ahora, pues el tiempo seguía hacia adelante… en el Sengoku la esperaban, y ella anhelaba muy dentro de su corazón el regresar con Inuyasha.

Bueno, ahora pongan atención a la historia… — Shinosuke se aclaró la garganta tras el breve lapso, pues le había prometido a Aome ampliarle un poco más el panorama con relación al "abuelo" Sesshōmaru.

Soy toda oídos — dijo la morena, y miró afectuosamente a su amigo, quien había vuelto a abrazar a su hermana por los hombros. Rumiko también puso atención a la crónica.

Entonces, nos quedamos en el periodo entre la primera y la segunda guerra mundial — el joven Takahashi hizo memoria para empezar con la narración —, y lo que sucedió en esos años…

"… Entre la primera y la segunda guerra mundial hubo un periodo de inestabilidad económica que en realidad no afectó mucho a nuestro país, el cual poco a poco se iba desarrollando como potencia mundial, aprovechando los vacíos de los antiguos imperios colonialistas, como Inglaterra, España o Alemania.

"El abuelo ya había pensado en retirarse del ejército unos meses después de la muerte de Inuyasha, pues ya no quería involucrarse más en las barbaridades humanas. Y casi había conseguido que la descendencia que se mantenía fiel a él dejara también las armas de lado.

"En los veintiún años entre una y otra guerra parecía que nada podía interrumpir esa paz, sobre todo en nuestro continente; aunque el avance del comunismo había preocupado un poco a la élites en el poder, considerando que Rusia y China son vecinos fronterizos y un peligro potencial para la estabilidad de la región. Por supuesto que esos movimientos no pasaron desapercibidos para el abuelo y su intuición sobrenatural, y supuso que tarde o temprano los humanos se involucrarían nuevamente en grandes conflictos… por el poder."

Ante este último comentario las chicas afirmaron con la cabeza, poniendo levemente los ojos en blanco… a veces las habitantes de este bello planeta cometemos tantas tonterías juntas.

Y no se equivocó — mientras Shinosuke continuó hablando y la rueda de la fortuna seguía girando. La historia era tan interesante que ninguno le había prestado atención al espectáculo nocturno—. La guerra empezó una vez más en Europa… y eso que esos individuos siempre se han creído los más civilizados del mundo, pero han sido los más bárbaros — observó un tanto irónico, recibiendo otro gesto aprobatorio de sus oyentes —, extendiéndose con rapidez en todo su territorio…

"… Aquí en nuestro país no se hizo esperar, había personas que apoyaban la entrada a la guerra para nuestro provecho y otros estaban en contra. El abuelo era de los últimos, nunca apoyó la guerra. Sin embargo, ante la inminente orden de participar… participó, evitando involucrarse tanto. Hasta donde se podía, por su alto rango delegaba funciones y trataba de no ser de las tropas al frente. Y obviamente… por la "gloria" del emperador, todos los varones en edad civil fueron al frente. Varios de los descendientes tuvieron que cumplir con el alto mando."

¡Cómo si el emperador fuera un dios! — intervino Rumiko con un poco de enfado en la voz. Aome afirmó con un movimiento de cabeza.

Pues ya sabes que así era considerado antes, y al abuelo siempre le pareció ridículo — contestó muy serio su hermano —. Pero por favor no me interrumpan que pierdo el hilo…

El juego ya se había detenido, por lo que ellos regresaron a sentarse en el café donde tomaron anteriormente los helados con Hiroshi. Está vez sí se bebieron un capuchino calientito y una rebanada de pastel. Shinosuke continuó con el relato.

¿En dónde me quedé? — preguntó como si no se acordarse.

En la segunda guerra mundial y la participación de Japón — le recordó Aome.

¡Ah!... bien, entonces… — el muchacho carraspeó para continuar con la narración, adquiriendo el tono de profesor universitario.

"… Las batallas fueron crueles y sanguinarias… mucho más sanguinarias que las anteriores por la sofisticación de la tecnología armamentista. ¿Saben que la guerra en el Pacífico fue básicamente entre nuestro país y los Estados Unidos? (una vez más las chicas asintieron, sin osar interrumpir el relato). Al principio fue favorable a nuestro bando, debido a que los estadounidenses también peleaban en Europa y los habíamos "agarrado" desprevenidos como suele decirse. El abuelo estuvo presente en muchos de los triunfos, pero nunca le vio la razón lógica a pelear y dar la vida por el "divino" emperador, y lo absurdo del conflicto; por lo que, de manera discreta, fue retirándose de las operaciones militares, al mismo tiempo que los norteamericanos dominaban las acciones. Las cosas peores pasarían y él no podía hacer nada más que esperar la caída del imperio… y proteger a los que prometió proteger."

Entonces… ¿se rindió ante los americanos? — preguntó Aome extrañada, como considerando improbable esa posibilidad… especialmente en el Daiyōkai, que nunca había aceptado una derrota.

¡No, por supuesto que no! — le sonrió Shinosuke grandemente —. Tú ya le conoces bastante bien, él no es de los que se dan por vencidos. Pero esto no tenía ninguna validez para su honor de yōkai… por ello no le afligía si el imperio era derrotado — agregando con más seriedad —. Lo único que verdaderamente le ocupaba era cumplir la promesa que le hizo a la pequeña que confió siempre en su palabra.

Bueno… ¿y qué más? — preguntó Rumiko dudosa y ansiosa, interviniendo educadamente en la charla.

OK., no me desvíen del tema — dijo el muchacho retornando a sonreír, para después hacer un gesto más adecuado a un erudito en historia antigua que a un adolescente divirtiéndose en la feria.

"… El abuelo sabía que la guerra estaba por llegar a su fin. Las derrotas eran continuas y los hombres ya no querían seguir peleando por algo sin sentido. En Europa se habían rendido, sólo era cuestión de tiempo para que Japón cayera también… tiempo y alguna otra ayuda.

"Ese fatídico día, el 6 de agosto de 1945, no será nunca olvidado por nuestra nación, ni por el abuelo Sesshōmaru. Él estuvo ahí y vio los horrores de esa arma de destrucción, la bomba atómica. Buscaba desesperadamente su presencia, su esencia, para protegerlo de la catástrofe, pues no pudo sacarlo a tiempo del ejército y temía por su frágil vida. Al llegar a los límites de la ciudad de Hiroshima recibió el impacto de calor provocado por el estallido del explosivo, y sintió que no podría cumplir con su palabra. Al ver la devastación causada por la hecatombe nuclear su corazón latió conmovido como antaño, sabiendo que la única solución era hacer lo que había hecho muchos siglos atrás… utilizar a Tenseiga. Nosotros estamos consientes que esa espada es un arma bendita cuando se utiliza por una noble causa y un noble sentimiento, con el deseo y la convicción de salvar a quien verdaderamente aprecias."

Las chicas asintieron una vez más, sin perder la seriedad en sus rostros… esa parte de la historia era verdaderamente impactante. Aome no podía dar crédito a lo que escuchaba, que el gran demonio blanco hubiera presenciado la primera explosión atómica. ¿Qué más había vivido ese ser misterioso?

El abuelo no podía identificarlo entre los miles de cadáveres calcinados, o lo que quedaba de ellos; ni siquiera con su fino olfato, porque todo el ambiente olía a muerte… — y Shinosuke continuaba con la narración, sin poner demasiada atención en los rostros de sus oyentes —… Por lo tanto, aunque no quisiera porque sería algo inútil y sin sentido, era menester que también aquellos a los que no conocía fueran regresados a la vida por unos breves instantes, pues la radiación los volvería a consumir…

"Le causó lástima el pensar en el cruel destino de esos miserables, cuyo único delito era ser soldados al servicio de un insulso "emperador", pero no podía hacer más por su suerte. Blandió a Tenseiga con firmeza y acabó con los millares de seres del más allá, los que venían a llevarse las almas de esos infortunados. Así pudo encontrarlo y llevarlo rápidamente lejos de ahí."

Aome ya había empezado a sollozar, al imaginar que Sesshōmaru fue testigo de ese momento tan espantoso en la historia universal.

Pero dime una cosa, Shinosuke, ¿a quién buscaba tu abuelo con tanto ahínco? — le preguntó con voz entrecortada, interrumpiéndolo por enésima ocasión… había algo que no tenía sentido.

Al varón menor de la generación de ese entonces… el que no había podido desertar del ejército todavía — especificó Shinosuke conservando la seriedad. Rumiko también lloriqueaba por lo bajo —. Y su nombre era Kohaku, como el del antecesor que tú conociste en el Sengoku. Este nombre se ha repetido en todas las generaciones, junto con el de Lin.

Entonces lo salvó con Tenseiga… y, ¿qué le ocurrió después? — volvió a preguntar la muchacha, limpiándose delicadamente las saladas gotas que habían resbalado por sus mejillas.

Sí — confirmó su amigo retomando el gesto alegre —, lo salvó. El muchacho pudo retirarse del ejército al final de la guerra, alejándose a la soledad del Tibet y haciéndose monje para llevar una existencia tranquila por lo que le quedara de vida. Murió en paz después de algunos años… tal vez por las secuelas de la radiación — sugirió encogiéndose levemente de hombros.

Eso debió haber sido duro — intervino Rumiko en tono de condescendencia, enjugándose también las lagrimitas.

Bueno, ¿entonces tu "abuelo" no ha vuelto a utilizar a Tenseiga… ni a Bakusaiga? — preguntó nuevamente Aome, aunque en realidad consideraba improbable que la poderosa Bakusaiga haya sido empleada en los conflictos humanos.

Me parece que esa fue la última vez que Tenseiga ha sido utilizada por el abuelo — afirmó el chico encogiéndose una vez más de hombros —. Y sobre la otra espada… pues no que yo sepa. No obstante, creo que en la época Sengoku utilizó a la Bakusaiga para defender el honor de la abuela — observó con una sonrisita traviesa —. Pero esa es otra historia que ya conocerás… algún día en tu futuro.

Mmm… — murmuró no muy convencida… había tantas cosas que quería saber con anticipación —. Oye, ¿y la exposición a la radiación no lo afectó también? — esa idea cruzó por su cerebro, así que decidió hacer esa última pregunta con respecto al tema, conjeturando que otros poderes o habilidades pudo haber adquirido el gran demonio blanco, o si "ella" era la responsable de su gran estatura o… muchas cosas más.

Bueno, supongo que eso no lo sabremos nunca — Shinosuke respondió en tono de ecuanimidad, un tanto divertido de imaginar lo que pasaba por la mente de su amiga —. Todas sus habilidades sobrenaturales no son conocidas por nosotros, fuera de las que describiste en tu historia, que de por si son impresionantes — observó dándole a su tono un énfasis de asombro —, como la capacidad que tiene para elevarse y volar a gran velocidad, la cual le es muy útil para ir al cielo.

Y de todos modos — dijo Rumiko interviniendo con cortesía y educación, dando su opinión sobre algo que sí le interesaba —, con o sin radiación el abuelo es espectacular — y volvió a sonreír complacida de su aclaración.

En eso tienes razón, hermanita — confirmó nuevamente su hermano, dedicándole un guiño de complicidad.

Aome se guardó un suspiro y sonrió también… viéndolo detenidamente no obtendría de sus amigos ni una información más acerca de la esposa de Sesshōmaru, y para el gran demonio blanco sólo tenían cumplidos y mucho que agradecer. Y pensar que en el Sengoku seguía siendo un tipo muy altanero y frío como hielo, aunque ya había mostrado una muy leve disposición hacia los demás. Tal vez ya lo encontraría cambiado por la influencia de Lin, cuando regresará a esa época.

Bueno, y todo ha salido bien desde entonces, ¿verdad? — continuó la de negra y larga cabellera como quien no quiere la cosa.

Sí — le afirmó Shinosuke con su simpática sonrisa —. La estabilidad mundial le permitió al abuelo desarrollar el negocio y aprender muchas cosas de los humanos… sin embargo nunca ha podido involucrarse al cien por ciento con nosotros.

Y llegó la hora de irse…

Los Takahashi llevaron a Aome a su casa, y Shinosuke la acompañó hasta la parte alta del templo. Rumiko se despidió amablemente de ella y le prometió hablarle por teléfono en cuanto regresara de Inglaterra.

Shinosuke… amigo… voy a extrañarte mucho — le dijo la joven mientras unas cuantas lágrimas brotaban de su orbes cafés.

Aome, yo también voy a extrañarte, aunque sé que todavía no regresarás al Sengoku… no lo has decidido del todo — él le sonrió, pues a los hombres les cuesta trabajo llorar —. Vendré en cuanto pueda, pero tal vez no el primer año porque tengo que adaptarme a muchas cosas… y te escribiré seguido.

Aome lo abrazó momentáneamente con emoción contenida, y después le dio la tarjeta que le había hecho con tanto afecto.

Es para que no me olvides, aunque me vaya al Sengoku — le dijo enjugándose las lágrimas una vez más.

Aome, nadie puede olvidarte — le dijo Shinosuke con sinceridad, y también le dio un apretado abrazo —. ¡Muchas gracias, y cuidate mucho! — y se fue, agitando la mano a modo de despedida.

La joven también le dijo adiós con ese gesto, y se quedó ahí unos minutos más. Shinosuke le había dicho la verdad. No volvería aún al Sengoku porque ya había decidido terminar el Instituto, aunque ello signifique no ver a su amado de dorados ojos por dos años más, apachurrándosele tantito el corazón. Pero quiere darle el gusto a su mamá, y ser ejemplo para su pequeño hermano Sota.

Recordó a Inuyasha al dirigir la mirada al árbol sagrado. Corrió hacia él y lo abrazó, como si su querido Hanyō estuviera del otro lado del tiempo, en esa posición.

¡Ay, Inuyasha! — le dijo mientras las lágrimas volvían a rodar por sus mejillas —, te extraño tanto, pero necesito dejar bien las cosas aquí, con mi familia… — y soltó un suspiro ahogado, como si en ello se le fuera la vida, como si el de larga y plateada cabellera pudiera escuchar sus razones —. Puede que falte mucho para que regrese a tu lado, pero tu amor me da esperanzas para terminar el Instituto…

Fue entonces que se percató de un pequeño pedazo de pergamino agitado por la leve brisa nocturna, en el lugar donde su amado había estado sellado. Se acercó más, limpiándose las lágrimas, y lo tomó. Leyó la inscripción del documento, con una tosca y burda caligrafía, y se le dibujó una amplia sonrisa. Era un sencillo poema escrito especialmente para ella… del otro lado del tiempo.

Nota de la autora: El nombre de la Asociación lo inventé yo, pero "Inuyasha" sí recibió premios en Japón y otros países… por cierto ¿cómo será la animación de una animación? La época actual ya no será tan interesante, porque Aome continuara con sus estudios, y Rumiko Takahashi no puede contarle más cosas de las que Shinosuke ya le contó. Y la historia en el anime seguirá su curso, pues fueron seis temporadas, sin contar el Kanketsu, que sería la séptima, más las películas y los dos OVAS, y apenas van en la cuarta… jajaja. Insisto que la historia amorosa de Sesshōmaru es para otro fic que ya estoy desarrollando, aunque he sido abducida por los Saiyajins… jejeje. Otro capítulo más (largo) de la época actual, en donde el tiempo pasará más rápido y, por fin, el anhelado regreso al Sengoku.