Capítulo 18 parte 1
Al fin les presento la conclusión (casi) en el periodo del Japón actual, para concentrarnos en el Sengoku y los acontecimientos.
Época actual…
La ceremonia de graduación en el Instituto fue de lo más emotiva, y la señorita Aome Higurashi obtuvo varios reconocimientos por sus méritos: mejor alumna de su generación, por ser nivel avanzado en el club de arquería, por un proyecto escolar que desarrolló en el área de sociales, por su contribución a las artes y la cultura a través de su historia publicada, etc. Sus amigas se mostraron contentas antes esos logros sin despreciar los suyos propios, pues también habían obtenido un buen promedio que les permitiría continuar con la carrera de sus sueños. Ahora las cuatro inseparables amigas se encontraban juntas en una mesa, platicando sobre su futuro y disfrutando de la fiesta en su honor. Ya habían asegurado su ingreso a la Universidad al aprobar el examen, y únicamente Yuka iría a una segunda vuelta porque aun no terminaba de decidirse entre estudiar medicina o enfermería.
Bueno, por lo menos son áreas afines, así que no tendré muchos problemas —les había comentado un poco avergonzada cuando les pidió su opinión. Las otras tres pusieron los ojos en blanco ante su indecisión a esas alturas.
Asimismo, la familia adoptiva de Sesshōmaru Taishō, los Takahashi y compañía, se encontraban presentes para acompañar a Aome en ese momento tan significativo, y Rumiko Takahashi se ganó un galardón por el recital de piano ofrecido a la generación que egresaba, aparte de su propio reconocimiento por su excelente desempeño escolar. Y a la joven Higurashi le habían obsequiado también, como una "cortesía" especial por parte de su "abuelo" Sesshōmaru y de la esposa de éste, un bonito vestido en color dorado para ese día especial. Claro que la joven aceptó el regalo un tanto apenada por tantas atenciones, y lucía primorosa en él.
Y a todo esto, Aome —Ayumi se dirigió especialmente a Aome—, ¿sigue en pie tu decisión de regresar al Sengoku?
Las cuatro muchachas se miraron con tristeza. Eran amigas íntimas desde la primaria, casi como si fueran hermanas, y, a partir de ahora, sus vidas tomarían rumbos distintos. Por lo menos tres de ellas estaban seguras de verse de vez en cuando, no perder los lazos de amistad e incluso invitarse a reuniones y otros acontecimientos sociales… pero con Aome las cosas serían distintas, pues tal vez nunca más volverían a verla ni a saber de ella desde el momento en que la joven regresara al pasado para vivir allí su "futuro" prometedor.
Oigan, amigas mías, he sido muy feliz de conocerlas y pasar juntas maravillosos momentos… pero creo que cada quien tiene un camino trazado —la aludida las abrazó y les habló en un sollozo ahogado, y todas le correspondieron el gesto soltando unas cuantas lágrimas.
¡Oh, Aome! —le dijeron al unísono al momento de abrazarse.
No duden de que, adonde quiera que yo vaya, las llevaré siempre en mi corazón.
Sé feliz con Inuyasha, lo mereces —Eri se limpió las lágrimas para expresarse.
Y salúdalo de nuestra parte —agregó Yuka en tono amable.
Y si sigue siendo un celoso, rebelde y agresivo… lo mandas a volar y te regresas de volada —añadió Ayumi sonriendo tímidamente.
Vamos, aun con todas esas cualidades lo amo —y Aome también sonrió, complacida por los buenos votos—. Ustedes no tienen porqué angustiarse por mí, yo viviré muy bien al lado de Inuyasha y de corazón les deseo que cumplan sus metas.
Más tarde se despidieron y Aome regresó con su familia a casa, no sabía si sería la última vez que estaría con ellos y quería disfrutarlo.
Ya era el otro día cuando Aome meditaba sentada en la banca cercana al Árbol Sagrado. Se había dedicado con esmero a ayudar a su mamá y a su abuelo con la limpieza del hogar, asear y ordenar su habitación a fondo, barrer el templo y acomodar muchos de los objetos que tenían ahí a la venta, bañar a su mascota, hacer algunos cuantos mandados… en fin, estuvo ocupada buena parte del día y hasta bien entrada la tarde. Ahora tenía la vista fija en la huella que Inuyasha había dejado ahí cuando permaneció sellado en ese lejano tiempo. Sesshōmaru le había asegurado sutilmente que, si el verdadero deseo de su corazón era volver al Sengoku, volvería, y ella lo creía; sentía que el momento había llegado porque ya no tenía ninguna ocupación extra en la cual acaparar su tiempo… pero no tenía ni idea de cómo regresar. "Inu", su fiel perro, se encontraba recostado junto a ella, como si entendiera que algo le preocupaba a su amita.
Inuyasha… ¿de qué forma podré volver contigo? —se preguntó al fin en voz alta.
El canino levantó las orejas al oírla, ladró brevemente como diciendo algo y se dispuso a jalarla suavemente de la falda hasta llegar al pequeño espacio en el templo ocupado por el pozo devorador de huesos.
Oye, "Inu", no me jales así —la joven pareció reprenderle con ternura antes de percatarse hacia donde la llevaba el animalito. En cuanto distinguió el lugar lo miró extrañada—. "Inu"… ¿de verdad crees que el pozo pueda servir todavía?
El can ladró otra vez animándola a entrar, y ella abrió las puertas bajando lentamente por las escaleras.
¿Será… posible? —se preguntó con duda, asomándose nuevamente por el brocal.
El pozo se veía tan normal y tan seco como hacía tres años… recordemos que por un tiempo las lágrimas vertidas por Inuyasha lo llenaron, y se evaporaron con la misma rapidez al retornar la paz en el corazón del Hanyō. Aome parpadeó un poco y suspiró con abatimiento, "Creó que todavía no se puede…" pensó apesadumbrada. Fue entonces que notó el resplandor que siempre surgía cuando atravesaba la barrera del tiempo. Volvió a mirar con más detenimiento, y pudo distinguir el hermoso azul del cielo de la época Sengoku.
¡Qué lindo, sigue teniendo un bello color! — dijo extasiada.
Ya pensaba brincar hacia adentro, más se detuvo al recordar que aun tenía una última cosa por hacer…
¡"Inu", por favor, ve por mi mamá, por Sota y por mi abuelo! —se dirigió muy contenta al perro.
El buen animal salió disparado y en pocos minutos llevaba al abuelo de la manga, seguido de Sota y la señora Naomi… con Buyo incluido. Los tres habían estado ocupados desechando algunas cosas viejas en el anexo del templo cuando el sabueso los encontró.
¡Aome, tu perro está más loco que una cabra! —el ancianito jadeaba de cansancio, pues el canino lo había hecho correr un poco.
Hermana… ¿qué pasa? —Sota se mostraba sorprendido por la conducta del perro.
Únicamente la buena mujer sonrió con complacencia al ver la expresión en el rostro de su hija, entendiendo perfectamente de que se trataba todo.
Aome, querida, creo que ya llegó al hora, ¿verdad? —le dijo mirándola con ternura.
Sí, pero no me quise ir sin despedirme de ustedes —respondió ella con alegría, más no pudo ocultar también las lágrimas… extrañaría a su familia, pero estaba decidida a lograr la felicidad al lado del hombre que amaba aunque eso significara alejarse de los suyos.
Primeramente le dio un abrazo a su abuelo, besándolo en la mejilla con mucho cariño.
Oh, abuelito, te amo y agradezco que te hayas preocupado por mi en todos estos años… nunca lo dudes. No te olvidaré —le dijo tratando de conservar la calma.
Hija… —el buen hombre tartamudeó y no pudo decir nada más, sólo correspondió el abrazo de su nieta.
¡Sota, querido hermano! —la joven se dirigió al niño y lo apretó fuertemente a su pecho antes de plantarle un beso en la mejilla, y, aunque no perdió la sonrisa, más lágrimas surgieron de sus pupilas—, ¡a crecer y a ser un hombre de bien!... y cuida a nuestra madre, al abuelo, a "Inu" y a Buyo, por favor.
Hermana… —al muchachito le brotaron lágrimas también, sintiendo una infinidad de emociones. Tal vez ya no vería nunca a su hermana, pero sabía que ella sería muy feliz con el "Orejas de Perro"—… cuídate tú… te quiero mucho.
Después de un minuto la chica acarició con ternura al gato en lo alto de su cabeza, y el minino maulló a modo de despedida con un tono tal vez nostálgico. Posteriormente abrazó al perro con amor, y el can movió la cola de gusto aunque en sus ojitos se apreciaba un deje de tristeza.
Buyo, mi lindo gatito —le dijo al felino al momento de acariciarlo—. "Inu", cachorrito… si puedo regresar vengo por ti —y se dirigió al sabueso en un susurro.
A continuación se volvió a su mamá y, al ver la linda sonrisa que solía iluminar su rostro, sintió la paz que necesitaba su alma. Estaba segura de contar con su apoyo y comprensión, que no la detendría en la decisión que ya había tomado y que siempre rezaría por su felicidad.
Aome… sigue adelante y no vuelvas atrás, hija mía —dijo la señora Naomi abrazándola con mucho amor, enjugándole las lágrimas sin que ella misma llorara—. Ahora es ya el tiempo que estés con Inuyasha porque así lo deseas… él te ama y te necesita de la misma manera que tú.
Mamá… —la muchacha no pudo detener el llanto, y no porque su madre dijera mentiras, pues era la verdad más profunda en su espíritu, más un pequeño dilema cruzó su pensamiento en ese momento—… yo… no quisiera… no quiero equi…
Vamos, hija, sigue lo que te dicta tu corazón sin razonarlo tanto —la dama le interrumpió tomándola suavemente de los hombros, mirándola fijamente con rostro sereno—. Una vez me lo comentaste y ese es el camino que para ti has elegido… De todos modos ya eres mayor de edad y no estaría nada bien que te obligara a hacer algo que tú no quieres —añadió sonriendo nuevamente—. Algún día tenía que ser así, algún día tenías que emprender el vuelo y surcar nuevos horizontes… y me da mucho gusto porque sé que Inuyasha te ama de verdad. Eso me deja tranquila y a todos nos complace.
Lo sé, mamá, pero… —puntualizó la chica un tanto nerviosa—… tengo un poco de miedo… de no saber… de que no sea… — y miró de reojo al pozo para comprobar que seguía abierto.
Aome, una vida en pareja frecuentemente tiene sus altibajos, en todos los tiempos —la señora Naomi le reprendió dulcemente y la abrazó otra vez, para posteriormente darle un suave y cariñoso beso en la mejilla—. Te doy mi bendición para que Dios vaya contigo, hija, y a Él pídele consejo cuando te sientas perdida, que no te abandonará… no permitas que las dudas te hagan renunciar a una vida de dicha a pesar de los tropiezos que puedas enfrentar. Te amamos y no borraremos tu memoria.
¡Mamá, muchas gracias! —ante esas palabras y la mención de que la ayuda de Dios le servirían para superar sus miedos, la joven volvió a sonreír, sintiéndose conmovida por el amor incondicional de su madre. Se apartó con cuidado para tomar vuelo y despedirse—. ¡Yo también les amo y nunca jamás voy a olvidarlos!
Así brincó al interior del pozo, cruzando una vez más la barrera del tiempo. El corazón le palpitaba fuertemente dentro de su pecho, y en sus pensamientos se reflejaba el júbilo que en ese momento sentía… "¡Inuyasha, al fin voy a verte y estaré contigo toda mi vida!".
Y en la época Sengoku, ya sincronizados…
El tercer hijo de Miroku y Sango fue nombrado por su padre con el nombre de Miatsu, en honor a su gran abuelo, el causante que los varones de su familia hubieran sido maldecidos por Naraku. El anciano Miatsu había sido un monje poderoso y de gran prestigio, pero cuya debilidad también fue el gusto por las mujeres bonitas, algo que el malvado demonio aprovechó para marcarlo con el Kaazana. Con la muerte de ese malnacido se deshicieron de la condenación. Y ahora, libres de ese pesar, ¿por qué no honrar la memoria del primer valiente en enfrentar al engendro?
La joven madre recuperó su figura con facilidad dada su juventud y su fortaleza, más sus pechos rebosaban por la leche que producían. Tal parecía que el pequeño Miatsu era más tragón de lo que fueron sus hermanas ya que todo el alimento era para el solito. Sango estaba muy contenta por tres razones principales: una, había tenido está vez a un solo bebé, lo que le permitió reponerse más rápido que en el parto anterior; dos, el bebé era un varoncito, su primer varón, y eso había alegrado en sobremanera a su marido, y no porqué no quisieran a las niñas, las cuales eran la adoración del hombre, pero un hijo varón en esa época era muy valorado; y tres, descansaría de las mañas del apasionado de su cónyuge por un buen tiempecito, pues ya con tres hijos… tal vez sería más difícil que pensara en "hacerle" otro. Aunque no podía dejar de reconocer internamente que los deseos carnales de su esposo hacia ella le gustaban en exceso, y sí que los disfrutaba.
Unos quince días después del nacimiento del infante, la pareja y sus amigos se encontraban cerca del río que atravesaba la aldea donde viven, en un área no muy alejada del antiguo pozo devorador de huesos. La tarde era más que agradable, lo que fue aprovechado para salir dado que Sango ya se había levantado por ella misma, eso sí, los cuidados aun debían extremarlos, pues aunque tuviera una envidiable salud no había porqué abusar de ello. Bien, los dos esposos se dedicaron a lavar la ropa de sus hijos mientras Inuyasha les hacía el "favor" de "entretener" a las gemelas. La joven castaña cargaba al niño en la espalda, llevándolo sujeto con una especie de rebozo, y Miroku estaba de tan buen humor que hasta consintió las travesuras de sus niñas sobre el "Perrito enojón".
¡"Perrito", "Perrito"! —decían las mellizas alegremente en lo que tiraban sincronizadamente de las delicadas orejas del Hanyō, quien estaba arrepentido de haber acompañado a la familia a "nadar".
Oye, Miroku idiota… —el semidemonio no dudó en reclamar con tono amenazador—… más te vale quitarme a tus "diablillas" de encima o voy a tener que desquitarme contigo…
Vamos, mis lindas "mujercitas", ya les dije que las orejas de tío Inuyasha no son juguetes —el aludido no pudo evitar reírse por lo bajo ante el tierno espectáculo, y la reprimenda hacia sus pequeñas no fue tan seria, cosa que las niñas entendieron y continuaron con lo suyo.
Inuyasha, en verdad lo siento tanto —asimismo Sango aparentó un poco de pena por la situación, sin dejar de tallar un pañalito mientras el bebé dormía plácidamente en su espalda.
Pues no parece… —rezongó el de doradas pupilas aguantándose las ganas de darle al monje el mismo trato que a él le daban las niñas, a modo de cobrárselas a sus amigos.
Inuyasha, tienes que reconocer que eres el "juguete preferido" de Ahome y Kikyō —observó Shippou en tono de sabihondo. El kitsune también se tomó la "molestia" de acompañarlos y no pudo evitar un gesto de burla ante la "tortura" sufrida del Hanyō, quien le dirigió una mirada asesina que mejor lo hizo callar.
Súbitamente algo distrajo la atención de Inuyasha y lo puso en alerta, cambiando la mueca de enfado e incomodidad por otra de agudeza. A su fino olfato llegó un agradable olor familiar procedente del pozo devorador de huesos… No podía equivocarse, había fantaseado con percibirlo nuevamente cerca. Lo mejor era ir hacia allá y así cerciorarse. Se levantó bruscamente de su posición perruna, tomando delicadamente a las gemelas de la parte alta de sus kimonos.
Mocosas… mejor vayan y "maten" al zorro —dijo al incorporarse, lanzándoselas al kitsune con un poco de suavidad para ser él antes de salir corriendo.
¡Uuii, viva! —las dos chiquillas exclamaron con entusiasmo al caer sobre el chico zorro, quien no reaccionó a tiempo para escapar de sus "caricias".
Sango y Miroku parpadearon con asombro al ver a su amigo semidemonio marcharse de esa forma tan precipitada, y hasta el pequeño Miatsu pareció despabilarse un poco en la espalda de su madre.
Oye, Inuyasha, ¿qué es lo que…? —el Hoshi trató de pedirle una explicación, lo cual fue inútil dado que el aludido ya había desaparecido de su vista.
¡No, Ahome, Kikyō, no hagan eso… déjenme, me duele! —Shippou se retorció un poco tratando de librarse del acoso de las mellizas.
¡Shippou, hola! —dijo Kikyō pellizcándole los cachetes sin delicadeza.
"A matar Shippou" —y Ahome le jaló fuertemente de la colita esponjosa.
Y fue el joven zorro quien descubrió la razón de ese actuar al olfatear el aire en su martirio, exclamando con asombro y júbilo:
¡Es Aome!... ¡Aome ha vuelto!
¡¿Qué?! —ante esa revelación, sus amigos lo miraron sorprendidos.
¿Qué la señorita Aome… ha regresado? —le cuestionó Miroku no muy convencido, inclusive se le cayó el último pañal que había tendido—. ¿Estás seguro de lo que dices, Shippou?
¡Sí, sí, es Aome, no puedo equivocarme! —afirmó con convicción, y al momento se libró del "ataque" de las pequeñas—. ¿Por qué otra razón Inuyasha saldría corriendo como loco con rumbo al pozo?
Shippou… yo estoy aquí, no me he ido a ningún lado —las gemelas parecieron extrañarse por esas palabras y parpadearon mirando al zorrito con más curiosidad, y la pequeña Ahome no dudo en señalarse con su dedito.
No, Ahome, tú no… estoy hablando de otra Aome —le dijo el kitsune un poco desesperado.
¿Otra Ahome? —Kikyō puso un lindo gesto de "¿What?". No tenían idea de que hubiera otra niña llamada Aome.
¿Entonces… Aome ha vuelto? —Sango también preguntó con asombro al tiempo que se acomodaba mejor al bebé en la espalda. Miroku la ayudó a enderezarse y posteriormente levantó a sus hijas con presteza.
Vamos, mis pequeñas "mujercitas", tenemos que descubrir lo que le pasó al tío Inuyasha —les dijo cariñosamente al levantarlas.
¿Y qué estamos esperando? —Shippou no lo dudó ni un segundo y alegremente se encaramó del hombro de su amigo el monje, señalando en dirección al pozo—. No dejemos que Inuyasha la acapare.
Y así se encaminaron hacia el lugar, siguiendo los pasos del Hanyō pero sin ir tan rápido, como si estuvieran consientes que los enamorados necesitaban vivir su reencuentro sin ser molestados.
Inuyasha ya había llegado velozmente, con el corazón palpitando de alegría. Sin pensarlo tanto, sin dudarlo ni un minuto, se acercó a la orilla del pozo y extendió su mano. Sintió el contacto de ella. ¡Sí, al fin había vuelto, no era mentira! ¡Su Aome estaba nuevamente ahí, y ahora no le dejaría irse nunca de su lado! Sentía tantas ganas de llorar de felicidad en cuanto la joven de negra y larga cabellera subió al brocal de piedra y lo miró con mucho amor al tiempo que le regalaba esa bella sonrisa que la caracterizaba, la cual siempre había aparecido en sus sueños… ahora entendía por qué el tonto de Miroku se expresaba de esa forma tan cursi. Apretó suave y firmemente su mano ayudándola a salir.
Inuyasha… siento mucho haberte hecho esperar tanto tiempo por mí —le dijo la muchacha con dulzura en lo que sus pupilas cafés temblaban queriendo desbordar lágrimas de felicidad.
¡Qué diablos importaba el tiempo si ahora se encontraba ahí nuevamente! Inuyasha le sonrió también, como hacía tantos años no sonreía. En sus dorados ojos se reflejaba todo el amor que guardaba para la chica.
Aome… no seas tan tonta… —le dijo tiernamente bajándola con cuidado y tomándola entre sus brazos como hace mucho deseaba hacerlo.
Se quedaron un buen rato así, disfrutando su cercanía y diciéndose en ese abrazo tantas cosas que sentían y albergaban en su corazón. Aome ya no pudo contener las lágrimas y las dejó brotar entre suaves sollozos, apoyándose más en el torso de Inuyasha. El joven Hanyō le acarició delicadamente la negra cabellera y tomó su lindo perfil con suavidad, como si planeara darle un beso apasionado. Y lo hubiera hecho si no fuera por un grupo de chismosos impertinentes.
¡Aome! —una exclamación infantil los distrajo de lo que iban a hacer, y eso originó que el semidemonio se apartara un poco de la muchacha tratando de disimular su contrariedad—. ¡Haz vuelto, qué bueno!
Miroku y Sango, junto con sus hijos y Shippou, llegaron a donde se encontraba la pareja, y se llevaron la grata sorpresa de ver a su amiga del futuro abrazada tiernamente por el Hanyō… las expresiones en el rostro de ambos no podían ser más felices. Más el kitsune no pudo contener sus ganas de ir a saludar a su "madre" sustituta, bajando rápidamente del hombro del monje y lanzándose sobre ella, aunque el Hoshi quiso detenerlo por razones obvias. La pareja suspiró por lo bajo para expresar su pena ante lo que podría suceder a continuación. Y el joven de plateados cabellos se enfurruñó por un segundo al reparar en que sus deseos tendrían que esperar un poco más. Estaba consiente que sus camaradas también extrañaron a Aome, aunque no tanto como él. Bueno, ya habría tiempo de sobra para hablar con ella de… cosas importantes.
¡Oh, Shippou, a mi también me alegra verte de nuevo! —le dijo la muchacha correspondiendo al abrazo y dándole un beso sonoro en el cachete. Inmediatamente reparó en la presencia de los demás, los cuales dudaron en acercarse—. ¡Amigos, hola!
Aome… —Sango parecía absorta, como si no creyera que su amiga estaba ahí.
¿Señorita… Aome?, ¿de verdad… es usted? —el bajo murmullo de Miroku reflejaba las mismas dudas que las de su esposa.
Las pequeñas mellizas miraron a su padre e inmediatamente a la chica desconocida que se encontraba muy junto al "Perrito" Inuyasha. Ambas se mostraban extrañadas ante el raro y peculiar aspecto de la recién llegada.
Si, amigos, soy yo, y estoy aquí para quedarme definitivamente —la joven de negra cabellera les respondió esbozando una sonrisa, bajando delicadamente al kitsune para acercarse a la pareja— ¡Oh, Sango, monje Miroku! —exclamó emocionada y a punto de abalanzarse sobre ellos para abrazarlos, cuando notó a las chiquillas en los brazos del hombre—. ¡Pero qué lindas niñas! ¿Son sus hijas, son gemelas? —preguntó visiblemente feliz en tanto les dedicó a las nenas unos ojitos tiernos. A continuación se percató del bebé que su amiga cargaba en la espalda—. ¡Y ya tienen otro hijito, así que no perdieron el tiempo! —y como que brincó de gusto.
Eto… —los esposos tartamudearon al unísono, sin saber si tomarlo como un cumplido o como una llamada de atención.
Ante esa declaración tan fuera de lugar, Inuyasha torció el gesto en una mueca de molestia, pues le pareció absurdo que Aome comentara semejante estupidez, a sabiendas de que ella estaba más que informada de la meta del pervertido de Miroku en la vida… y, para lograrla, Sango era su cómplice y única víctima predilecta.
¡Pero qué barbaridad, me he perdido de tantas cosas y ni siquiera les traje regalos! —Aome pareció mortificada y avergonzada por esa falta de cortesía de su parte y, sin previo aviso, tomó la mano de Inuyasha jalándolo rápidamente hacia el pozo—. ¡Volvemos más tarde! —saltando con él para cruzar de regreso la barrera del tiempo hacia el futuro, sin sopesar en la posibilidad de quedarse entre el limbo de las dos épocas.
Los tres que se quedaron pestañearon incredulidad una vez más, y una pequeñísima gota anime colectiva brotó en lo alto de sus cabezas ante la arrebatada actitud de su amiga de la otra época, en tanto las mellizas se asombraron de más porque el "Perrito enojón" y la muchacha se esfumaran sin dejar rastro. Para no quedarse con la duda, Shippou se asomó al pozo.
¿Ustedes creen que esos dos regresen? —al comprobar que el foso estaba vacío, le preguntó a sus amigos con aire de tristeza.
Bueno, Shippou, si no lo hacen tampoco está tan mal… así por lo menos Inuyasha ya no estará solo y cumplirá sus deseos al lado de la señorita Aome —le dijo Miroku en tono consolador acercándose también y apoyándose con un pie en el brocal, teniendo el cuidado de no soltar a sus hijas.
Las chiquillas miraron con atención hacia el fondo tratando de distinguir algo, y se dirigieron con mucha curiosidad a su progenitor.
Papi… ¿quién es ella? —le preguntó Kikyō fijando sus azules pupilas en él.
¿Y dónde está "Perrito" Inuyasha? —fue la pregunta de Ahome sin dejar de mirar hacia las profundidades.
Niñas, esa linda señorita es la novia de tío Inuyasha —les respondió el monje abrazándolas con cariño antes de regresar al lado de su esposa —. Y ahora él está con ella… supongo que en su casa.
¡Aaahhh! —las dos exclamaron asombradas sin comprenderlo del todo… pero, al menos para ellas, su padre es todo un conocedor.
Tío Inuyasha debe sentirse muy contento nuevamente… la extrañaba mucho —Sango miró a sus hijas con ternura, regalándole a su amado cónyuge una linda sonrisa. Y el bebé Miatsu pareció adormilarse una vez más al apoyarse mejor en la espalda de su madre.
Es mejor que nos vayamos, Shippou —el joven monje se dirigió a su pequeño amigo al tiempo que se encaminaba con su familia de regreso al arroyo—, ya Inuyasha sabrá donde encontrarnos si regresa con la señorita Aome. Y si no lo hacen, por lo menos sabemos que al fin serán felices juntos.
Yo quería que Aome se quedara con nosotros —dijo el kitsune en tono emberrinchado corriendo tras ellos.
Vamos, pequeño Shippou, la señorita Aome volvió por Inuyasha, no debes olvidarlo —afirmó Miroku mirando al zorrito desde su altura—. Nosotros también la extrañábamos y nos gustaría… pero ellos vivirán juntos en donde deban vivir y como debe ser.
Hay que verlo por el lado amable, Shippou —intervino Sango con una sonrisa—, si es aquí o es allá, lo importante es que se aman y ya no van a separarse.
Eso si Inuyasha se sincera con Aome como no lo hizo antes de que ella se fuera —murmuró el chico cruzándose de brazos, sin dejar de caminar.
Los esposos suspiraron brevemente… Su amigo semidemonio debería mostrarse cariñoso con la joven del futuro y demostrarle lo mucho que la había extrañado en esos tres años, ya había dado el primer paso al abrazarla de esa manera. Se sintieron un poco mal por haber interrumpido su reencuentro.
Nota de la autora: ¡Al fin, el anhelado retorno!… a partir de ahora añadiré un poco de mi cosecha personal antes de terminar en lo que Rumiko Takahashi terminó y especular sobre lo de más adelante. Como ya han notado a lo largo del fic, me gusta manejar situaciones cómicas, esta vez pondré al Hanyō en un suplicio por tratar de ser cursi como su amigo el monje… sin mucho éxito. No dejaré de lado la ternura que debe de surgir en él por Aome y solucionar esa parte que no había quedado clara sobre sus sentimientos hacia ella, la cual también tendrá sus característicos arranques y ocurrencias que llegaban a desesperar al de plateada cabellera… jajaja, pero ya sabemos que al final si vivieron juntos y felices.
P.D. Cambie un poco esa parte final entre Aome y su mamá, pues realmente ella no estaba consiente de poder volver y yo he manejado que si lo sabía, además al momento de irse sólo estaba su mamá en el lugar y aquí me despedí de la familia. Y sin intenciones de reescribir el final, pero me pareció adecuado que así se fuera.
