Capitulo 5
Kouga y Kagome se volvieron a la agresiva voz que oyeron detrás de ellos. Kouga se separo de Kagome levantándose, con una media sonrisa en los labios.
Se quedo contemplando al espectador de arriba a bajo y comenzó a reírse abiertamente de él ante su estúpida valentía, aunque de sobra sabía que eran los celos los que llevaban al perro a enfrentarse a él.
Por mucho que aquel idiota lo negara en el fondo estaba tan pillado por la chica como él. Se le notaban de lejos que estaba enamorado de ella, pero el muy imbecil se empeñaba en decir que solo la protegerla por que la necesitaba para encontrar la perla. El mismo había intentado aprovecharse de esa indecisión pero Kagome siempre le cortaba las alas con muy buenas palabras. La cara desencajada que tenía el perro le auguraba una buena refriega con él y no iba a desaprovechar una ocasión tan buena aunque no estuvieran en igualdad de condiciones.
- Vaya, vaya... el que faltaba. O tienes mucho valor o eres un estúpido, viniendo a enfrentarme en ese estado.
- Puedo darte una paliza incluso siendo humano- aseguró el otro.
- ¿Eso crees chucho?- contesto altivo el lobo- veamos que puedes hacer.
Inuyasha llevo su mano a la empuñadura de su espada. Dispuesto a darle una lección a aquel lobo de pacotilla. Pero antes de dar dos pasos, la chica se interpuso entre los dos. Volviéndose hacia Kouga le susurró algo al oído que el hanyou no alcanzó a oír. El lobo asintió.
- Lo dejaremos para otra ocasión chucho, no me apetece luchar contigo en estas condiciones. – le dijo – voy tras Naraku y no me puedo entretener en absurdas peleas con debiluchos. Dirígete al norte que allí me encontraras.
- Ya sé que Naraku esta en el norte- gruñó el hanyou entre dientes.
Maldita Kagome! Se había puesto otra vez de parte del estúpido lobo, dejándole a él como si fuera tonto.
- Bien, entonces nos veremos pronto y cuando nos veamos ni Kagome podrá impedir que acabe contigo.
El lobo tomo las manos de Kagome y en un acto de provocación se las besó, ante la mirada furibunda del hanyou que se quedo clavado en el suelo.
- Nos veremos pronto preciosa- indico Kouga, mirando de reojo a un mas que furioso Inuyasha- piensa en lo que te ha dicho.
Dicho esto salió corriendo envuelto en un torbellino. Dejando atrás a un rabioso hanyou que dirigía ahora su colérica mirada a una sorprendida miko.
- ¡Maldita seas! ¿Por qué has hecho eso?- le gruño, encarándola.
- Yo... yo no quería que te hicieran daño – protestó la chica cohibida- no estas en condiciones de pelearte con Kouga.
- ¡Siempre haces lo mismo y ya estoy harto!- le espetó, sujetándola por los brazos.
Estaba muy enfadado con ella. Por el espectáculo que había presenciado, por la manera en que ella le estaba tratando. Como si fuera un blandengue incapaz de afrontar a Kouga. No le podría negar esta vez que había algo entre ellos. Lo había visto con sus propios ojos.
- ¿De qué hablas?, yo sólo… ¡eres humano, Kouga te podría hacer daño! – le gritó la chica
- ¿Tan débil crees que soy?- siseó el hanyou
- No, claro que no pero…esto bueno…ahora mismo Kouga…bueno…él es Youkai y tú…- tartamudeo Kagome.
- ¡Un triste humano sin capacidad de defenderse, ¿no?!- le espetó, confirmando lo que pensaba.
Se apartó de ella y le dio la espalda maldiciendo por lo bajo. Caminó unos cuantos metros con la intención de volver al campamento. De pronto se paró, entendiendo que no podía dejarla allí sola, se dio la vuelta y la miró.
Maldita Kagome. Y maldito él por preocuparse por ella, si se hubiera quedado en el campamento…
Lo que le dolía es que ahora comprendía los sentimientos de la chica cuando él la dejaba para correr tras los pasos Kikyou. ¿Había sentido ella como le arrancaban el corazón y lo pisoteaban en sus narices?
No quería preguntarle por lo que hacía allí con el lobo por que temía que la respuesta le pisoteara aún más su ya maltrecho corazón, pero la duda le corroía las entrañas y en su fuero interno esperaba estar equivocado.
- ¿Qué… qué te traes con ese idiota?- preguntó con cautela.
- ¿Idiota? ¿Te refieres a Kouga?- contestó
- ¿Tú que crees? Últimamente os lleváis muy bien
- Inuyasha, no estarás insinuando que Kouga y yo…
- No lo sé, dímelo tú. Desapareces algunas noches con la excusa de dar un paseo y para un día que te sigo te encuentro con él.
Kagome se llevó las manos a las caderas y frunció el ceño ante su insinuación. Contó mentalmente hasta 10 para apaciguar su creciente irritación.
- Sango o Shippo suelen acompañarme cuando salgo a dar una vuelta. Ya lo sabes
- Así que tienes cómplices.
- ¿Com… cómplices?- dijo ella casi atragantándose con las palabras.
De pronto a Kagome se quedo boquiabierta. Él pensaba que tenía encuentros "secretos" con Kouga, cuando la realidad era bien distinta. No había visto al lobo en semanas, pero él pensaba que…
Le molesto su insinuación. El se había visto con Kikyou montones de veces supuestamente a escondidas y ella jamás se lo había echado en cara y él ante un encuentro de lo más inocente…
Decidió jugar un poco, solo por ver hasta donde llegaba el hanyou.
- Bueno, nos has pillado.
- ¡¿Qué?!... Entonces es cierto que te ves con ese estúpido a escondidas- contestó el chico estupefacto
- No puedo negar que Kouga es muy amable conmigo y nos hemos hecho "muy muy" amigos…- insinuó con cierto rintintín
El hanyou apretó los dientes para no decir algún improperio.
¿Kagome y Kouga?
¿Su kagome y ese lobo apestoso?
No. No podía ser.
Se habían estado viendo a sus espaldas y, ¿él no se había percatado de ello?
Apretó los puños, clavándose las uñas en la palma hasta le sangraron y de pronto lo vio todo rojo. Ira, celos, instinto, su cabeza era un torbellino de sentimientos y un mantra se repetía hasta la saciedad una y otra vez.
Mía, mía, mía
Se fue acercando a ella, con los ojos nublados por la ira, dejándose llevar por su instinto de posesión. Llegó hasta la miko y la tomó enérgicamente por una mano, manchándola con la sangre que aún goteaba de la suya. La agarró tan fuerte que la chica no pudo evitar un gemido de dolor.
- Inu…yasha, me…me haces daño- dijo
Intento soltarse, pero él se lo impidió apretando aún más su agarre. Se retorció del dolor e intento apartarse de él, pero no consiguió alejarse más de dos pasos. Su cuerpo comenzó a tiritar de temor. Con un gran esfuerzo, alzó su mirada hasta el rostro de él. Solo para que un escalofrió de alarma recorriera su espalda ante los ojos que el hanyou presentaba.
Estaban oscurecidos por furia y comprendió en ese instante que se había pasado. Él no la escuchaba ni atendía a razones. El chico estaba fuera de sí y todo había sido culpa suya por querer jugar a un juego que ahora comprendía le venía grande.
Se había pasado y ahora lo veía. Tenía que aclarar la situación, antes de que fuera tarde.
- Inu…yasha?
