Capitulo 6
No, no permitiría que ella se quedara con aquel lobo de pacotilla. No, ni él, ni ningún otro volverían a ponerle un dedo encima a Kagome. Kagome era suya, le pertenecía y no iba a consentir que nadie se la arrebatara.
- Tú eres mía- siseó
La atrajo hacía si con ímpetu, tomándola por sorpresa. Lo hizo con tal fuerza y tan inesperadamente que ella, trastabilló y estuvo a punto de caer de bruces al suelo. En cambio, se encontró con el musculoso torso de Inuyasha y tuvo que apoyar sus manos en él para no golpearse la cara con su pecho...
Alzó su rostro para encontrarse con unos ojos pardos que la miraban con ira, y no pudo evitar temer a Inuyasha en ese momento.
Estaba ciego de rabia. Contra ella, contra aquel idiota que quería robársela, pero al ver la cara de espanto de la chica su ira se atenuó. Intento tranquilizarse y cerró los ojos respirando profundamente, volviéndolos a abrir para clavar su mirada en los ojos de la chica.
Ella nunca había visto a Inuyasha de esa manera y su cuerpo se estremeció ante la mirada intensa que él le dirigía.
Él le pasó un brazo por la estrecha cintura evitándole todo posible escape. Ella lo miraba atentamente intentando buscar alguna posible explicación para aquel posesivo acto.
La miró intensamente intentando trasmitirle todos los sentimientos que atesoraba en su corazón por ella. Su admiración, su cariño, su profundo amor, incluso el deseo que le estaba devorando día tras día. Quería que todo lo que sentía fluyera a través de una mirada, una tierna caricia. Que ella se diera cuenta cuan importante era en su existencia, decidido a que su indecisión no la hiciera sufrir nunca más.
Se encontró paralizada ante la reacción del hanyou. Fijó su vista en él intentando dilucidar por que actuaba de esa manera. Su oscuro mirar se clavó en ella como una daga ardiente. Sus mejillas se tornaron escarlata al vislumbrar en su mirada la llama del deseo. Se tuvo que sujetar fuertemente a su pecho cuando sus piernas comenzaron a temblar amenazándola con dejarla caer si no encontraba un punto de apoyo.
Él inclinó su cara hacia ella, acercando su también encendido rostro peligrosamente.
Unos centímetros más, eso le faltaba para al fin cumplir su anhelado deseo. Estrechó un poco más su abrazo, obligándola a acercarse aún más a él.
Tenia que hacerlo. Tenia que saborear aquellos jugosos labios aunque ella le mandara directo al infierno con uno de sus poderosos osowaris. Algo que siendo humano, como había experimentado esa noche por primera vez era tremendamente doloroso. Casi podía rozar los bordes de su sensual boca. Estaba tan cerca que sentía llenarse su nariz con el agradable aroma que de la chica emanaba. Alguna delicada fragancia floral que no llegaba a identificar.
- Me encanta tu olor – le susurró, acortando aún más el camino que le separaba de ella.- tan dulce y excitante a la vez.- le dijo, rozando suavemente su barbilla en la nariz de ella.- me pregunto si tus labios sabrán así – añadió, deslumbrado por la tersura de estos cuando los rozó ligeramente, terminó posteriormente con la distancia que les separaba.
Se pregunto por un momento si el maldito Kouga ya la habría besado. La sola idea de que otro se hubiera atrevido a tocarla le hizo enfurecer. Si era así, el se encargaría de acabar con ese lobo lenta y dolorosamente, pero primero borraría cualquier rastro que pudiera haber dejado en ella.
¿Inuyasha la estaba… besando?
Imposible. Inconcebible. Tanto que había soñado con aquel momento y cuando este había llegado, no se lo podía creer.
Seguía tan atónita ante su beso que no se podía ni mover. Él encontrarla junto a Kouga, ¿había provocado aquella reacción? Quería morirse, gritar. La embargó una sensación de alegría que le inundó el pecho. Intentó tomar algo de aire, pero él tenía sus labios atrapados evitando cualquier posibilidad de respirar. Notaba el toque de su boca ardiente, viajando, casi de forma salvaje, sobre sus labios. Con fuerza, de un modo ávido, posesivo y absorbente. El se había adueñado de su boca y no parecía querer volver a soltarla.
Notaba el duro roce de sus labios que, paulatinamente, se fue sosegando hasta convertirse en una caricia más suave. Sin aspavientos, casi delicadamente. Sin casi darse cuenta comenzó tímidamente a responder, lo que pareció enardecer los deseos del hanyou, ya que segundos después aquel beso se fue profundizando hasta convertirse en una caricia casi incandescente. Se colgó de su cuello sintiéndose desfallecer, cuando la lengua de Inuyasha irrumpió dentro de su boca. Buscando su lengua. Enredándose, jugando con ella, queriendo llegar más allá. Hasta el fondo de su alma. Se abandonó a la sensación placentera que comenzó a recorrer su cuerpo. Su piel ardía en llamas. Su sangre, en ebullición, corría por sus venas frenéticamente. Su corazón palpitaba furiosamente. No podía pensar, no podía actuar, sólo dejarse llevar por el deseo de permanecer junto a él por la eternidad.
Él escogió ese momento para deslizarse suavemente hacia su cuello. Con pequeños besos y mordiscos fue recorriéndola hasta llegar a una pequeña zona justo debajo de su oído, donde se concentró. Un suspiro escapó de los labios de ella sin que lo pudiera detener ante el cosquilleo que recorrió todo su cuerpo. Si no fuera por que él la tenía atrapada con su abrazo de seguro que se hubiera caído redonda ante la debilidad de sus piernas.
Parecía como si él pretendiera dejar en ella alguna marca indeleble y en cierta forma no le importaba lo más mínimo. Mil veces había imaginado estar así con el hanyou pero la realidad superaba con creces hasta su más lujurioso sueño.
Se sorprendió a si misma ansiando aún más. Deseaba que él la tocara como nunca antes lo había hecho nadie. Que recorriera su piel con besos y caricias hasta tomar completa posesión de ella.
Pero, de pronto su sentido común, se abrió paso a codazos dentro de la niebla de su mente y su cuerpo se tensó. No pensaba con claridad, no podía respirar. Sus pulmones clamaban pidiendo a gritos algo de ventilación.
¿Porqué, cuando por fin había decidido superar su enamoramiento, él volvía a confundirla con un acto semejante?
Tenía que parar ahora, sino se dejaría llevar en sus brazos y a saber donde llegarían. Ya no era ninguna niña atolondrada y sabía bastante sobre la teoría de las relaciones entre hombres y mujeres.
¿Serian los hanyous igual que los hombres?
¿Por qué demonios se preguntaba eso?
Por que en el fondo tenía curiosidad por saber que se sentiría en brazos de Inuyasha. Por que no le interesaba ningún otro. Por que su cuerpo solo reaccionaba cuando él estaba cerca. Por que quería que él fuera el primero y el único. Por que nunca la habían besado y no quería que nadie volviera a hacerlo sino era él.
Si se marchaba se vería abocada a la soledad más absoluta porque nadie podría superar ese momento que estaba viviendo. Pero aún con todo debía detenerse, sino acabaría entregándose por completo a él y no podía. No mientras la sombra de Kikyou rondara sobre ellos como una nube negra. No, cuando no sabía en quien pensaba el hanyou mientras la devoraba.
Intentó, inútilmente, zafarse de su amarre. Pero, su abrazo era férreo y le fue imposible destrabarse de él. Empujó su pecho con las manos para crear una mínima separación entre ellos, intentando recuperar el aliento perdido. Le vió abrir los ojos lentamente, parpadeando varias veces algo confuso.
- Espera… ¿qué… qué estás haciendo?- le espetó Kagome jadeante.
No pudo impedir que sus ojos se posaran en el pecho de la chica. Ella respiraba agitadamente, al igual que él. Su busto subía y bajaba vertiginoso, intentando recuperar el aliento que él le había arrebatado. La observó llevarse la palma de la mano al pecho, quizás intentando retener el galope de su corazón.
¡Mierda ¡No pudo resistirse a su estúpido deseo y ahora, ante el aparente desagrado de ella, había comenzado a desear no haberlo hecho. Se había dejado dominar por los celos y empezaba a arrepentirse. ¡Malditos sentimientos humanos ¡Iban a ser su ruina.
Aún así no pudo evitar pasar, disimuladamente, su lengua por su labio inferior intentando saborear una vez más la esencia que ella le había dejado.
¿Por qué ella se comportaba así? ¿Acaso no le había correspondido con la misma hambre? Su actitud de victima le produjo cierta irritación. No lo había soñado. Ella le había besado con su mismo ímpetu, igual de ansiosa. ¿Por qué le reclamaba como si hubiera cometido un pecado?
Kagome aprovecho su momento de distracción para liberarse de su abrazo y alejarse unos pasos de él. Inconscientemente, se llevó la yema de los dedos hasta los labios notando que aún le hormigueaban. Los sentía húmedos e hinchados por el roce.
Sus turbadas miradas se cruzaron por un instante. Ambos visiblemente ruborizados y abochornados ante lo que había ocurrido entre ellos.
- Lo…lo siento, yo…yo no…no pude resistirme-alegó el hanyou en su defensa, bajando la vista avergonzado.
