Capitulo 8
El sol empezaba a despuntar en el horizonte, iluminando las sombras de la noche a su paso. Una suave brisa comenzó a mecer los cabellos del pelinegro, avisándole que el cambio estaba próximo. Sus cabellos comenzaron a aclararse paulatinamente hasta llegar a su plateado característico. Dos esponjosas orejitas perrunas emergieron desde lo alto de su cabeza, al tiempo que desaparecían las humanas. Sus uñas se alargaron hasta convertirse en garras y los colmillos le crecieron hasta dejarse entrever en los bordes de su labio superior. Sus ojos pasaron de ser dos ascuas negras a ser dos orbes doradas que miraban a la chica ruborizada que le contemplaba frente a él, con la cabeza baja.
- Será mejor que... que volvamos al campamento, seguro que han empezado a preguntarse donde estamos- murmuró la chica, con afán de romper el embarazoso silencio que se había interpuesto entre los dos.
- Si... será lo mejor, ya deben haber despertado- contestó él- oye Kagome, sobre lo que ha pasado... yo... no tengo excusa... no debí... ya sabes...
La chica levantó la cara para mirarle directamente.
¿Él se arrepentía?
Claro como sí, su cara se lo decía, se había dejado llevar por sus tontos celos o por alguna otra extraña razón y ahora buscaba pretextos para justificase ante ella por lo que había hecho.
Una sensación de molestia recorrió su cuerpo, sorprendiéndola.
Increíblemente ella no se arrepentía y no lo haría nunca porque había sido la experiencia más increíble de su vida, aún sabiendo que no había estado bien corresponderle. Pero el evidente arrepentimiento de Inuyasha le dejaba un mal sabor de boca. Él la había besado y ahora la miraba como si le hubiera tentado hasta hacerle caer. Oh No!, ni pensar, no iba a ser ella la culpable, aunque quizás lo fuera por haberle correspondido. Decidió que cortaría aquello antes de que él dijera algo que la humillara aún más.
- Déjalo Inuyasha... olvidémonos de lo que ha pasado... y no...no hablemos más de esto, ¿de acuerdo?- dijo ella, con falsa sonrisa, aunque en el fondo, sintiendo como en su interior, su alma se partía en pequeños trozos.
Aquel beso no había sido nada para él, tantos que se habría dado con Kikyou, quizás incluso los habría comparado y decidido que los suyos no eran tan buenos como los de su antigua noviecita, pero para ella, era la mejor experiencia de su vida y no podría olvidarlo nunca. Y no podía compararlo con otro porque nunca la habían besado antes. Era su primer beso y tenía que hacer como que no había ocurrido nada. Aquello hundió su autoestima en un pozo de miseria
El chico asintió silencioso.
Quería decirle que había sido algo maravilloso, que nunca se había sentido así antes pero si ella no quería hablar del beso más le valía callarse antes de enfadarla. No pudo evitar sentirse algo molesto. A ella no le había gustado. ¿Tan mal lo hacía? No tenía mucha experiencia dando besos, ¡que demonios esperaba ella! ¿Tan bien besaba aquel lobo apestoso que él la había dejado insatisfecha? Ese pensamiento le hirió en su orgullo y tuvo que menear la cabeza para espantarlo.
- Pues no creí haberlo hecho tan mal- farfulló entre dientes algo avergonzado.
- ¿Qué dices Inuyasha, no te he oído bien?- preguntó la chica llegando a su lado con la cabeza gacha.
- Nada, vámonos antes de que salgan a buscarnos- mascullo el hanyou, dándose la media vuelta para que ella no viera su semblante.
Caminaron en silencio, uno al lado del otro sin atreverse ninguno a mirarse. Sin querer, él rozó ligeramente la mano de la chica y ambos dieron un respingo poniéndose colorados, conscientemente se separaron unos pasos para no tocarse en lo que restaba de trayecto.
Llegaron al campamento para encontrarse con la mirada inquisitoria de los dos adultos, ansiosos por saber la causa de sus repentinas desapariciones en plena noche. El desayuno estaba preparado y ambos se sentaron alrededor del fuego sin soltar prenda. Miroku y Sango se miraron mutuamente y ambos encogieron los hombros al no entender el comportamiento de sus amigos.
Por la cara con la que ambos habían regresado, algo les tenía que haber ido realmente mal.
No se peleaban, no se gritaban, ni siquiera se dirigían la palabra, amen de mirar los dos a la fogata como si las llamas fueran lo más interesante que había por allí en esos momentos. El monje se acercó a ellos con cautela y se sentó a unos pasos del hanyou, temeroso de alguna explosión de su carácter si le molestaba. Una mirada a su novia y decidió, por su bienestar, no preguntar el motivo de sus ausencias. Algo veía Sango que a él indiscutiblemente se le escapaba. Mejor tener el desayuno en paz. Ya tendría tiempo de sonsacar a Inuyasha durante el viaje, porque desde luego la cara del hanyou era todo un poema. Esto hacía que su curiosidad aumentara y que los más degenerados pensamientos se colaran en su mente.
¿Había ocurrido algo entre los dos he intentaban ocultarlo?
Supuso que aún tendría que dar alguna que otra lección al hanyou de cómo tratar a una mujer porque la cara pálida de la miko le hacía creer que no lo había pasado del todo bien con Inuyasha.
Sango, carraspeo para llamar la atención de ambos sobre los platos que amablemente les estaba ofreciendo y de los cuales al parecer no se habían percatado.
- Chicos, creo que deberíais coméroslo antes de que se enfrié- les dijo
Kagome pareció despertar de el letargo en el que se había sumergido y con una sonrisa forzada tomó el plato que su amiga le tendía y lo posó sobre su regazo, dando gracias internamente por tener algo donde fijar su atención. Las caras interrogantes del monje y la taijina no dejaban lugar a dudas. Querían una explicación sobre su escapada nocturna y ella no estaba preparada para hablar de ello.
- Gracias Sango- respondió únicamente, llevándose una pequeña porción de comida a la boca.
- Bah!, solo es lo que sobró de la cena de anoche no es para tanto-le contestó su amiga.
Inuyasha mientras, había cogido el plato y comenzó a picotear en él con desgana ante la sorpresa de Shippo que le miraba sin poder creer lo que veía.
El hanyou sin devorar la comida, eso era muy raro en él. Amen del extraño comportamiento que habían traído el y Kagome. Definitivamente nunca entendería a los mayores.
-¡Tengo monos o ¿qué?- gruño al fin el medio-demonio ante la mirada de inquisitiva de Miroku.
- Vaya, vaya que humor traemos hoy- bromeó en respuesta el monje- una mala experiencia sin duda- murmuro para si finalmente.
Dejo de mirar al hanyou y se levantó despacio comprendiendo que no era el mejor momento para interrogatorios. En silencio, se dedico a recoger los platos ya vacíos de Sango y Shippo y uniéndolos al suyo los limpió junto con la olla en la que habían cocinado la noche anterior.
- Será mejor que nos demos prisa si no queremos que nos de aquí la hora de comer- terció su novia con la esperanza de romper en alguna medida la tensión que empezaba a respirarse en el ambiente.
La miko se levantó dejando a un lado su desayuno casi intacto y se dirigió al lugar donde debía de haber dormido, para recoger el saco de dormir y preparar su mochila.
Mientras lo hacía cayó en cuenta del desastroso aspecto que debía presentar. Observo lo desarreglado y arrugado que parecía su uniforme. Se lo colocó bien e intentó, en vano alisar las arrugas que lo surcaban. Se llevó las manos al cabello para notar que lo tenía revuelto y enredado. Sacando el cepillo de la mochila comenzó a peinarlo con fuerza intentando adecentarlo en lo posible.
No era extraño que Sango y Miroku la hubieran mirado con cara rara. A saber que habían pensado cuando la vieron llegar con ese aspecto. Podía hablar con su amiga, después de todo no había secretos entre ellas, pero el monje...
Se ruborizó visiblemente.
Conociendo a Miroku seguro que había pensado lo peor de ella e Inuyasha, y no habría estado desencaminado en sus sospechas después de todo.
Inuyasha la miraba de reojo sin perder detalle de sus movimientos. Se la veía visiblemente nerviosa y cepillaba con tanto ahínco su cabello que temía que se quedara calva con tanto cepillado. No pudo evitar sonreírse, pensando que después de todo ella estaba tan afectada como él, más aún cuando observó el sonrojo que acudía a sus mejillas.
¿Estaría recordando ese momento que habían tenido?
