Capitulo 9

Una vez todos preparados, partieron de inmediato, siguiendo camino hacía la aldea donde se suponía que Naraku tenía su cuartel general. Según los rumores se había apoderado de la mansión de un señor feudal y había exterminado a toda la población de la aldea, lo que llamó la atención de otras poblaciones contiguas haciendo que los rumores corrieran de boca en boca por todo el norte de Japón.

La temperatura había descendido considerablemente y el cielo que estaba muy nublado amenazaba con dejar caer las primeras nevadas del invierno. La escarcha comenzaba a ser una compañera más cada mañana desde unos días atrás y no era muy apetecible viajar en condiciones adversas.

Todos habían conseguido gruesas prendas de abrigo para afrontar el frío invernal a excepción, claro esta, de cierto hanyou que se jactaba del hecho que a el no le afectaba el frío en absoluto, aunque más de una noche sus amigos le habían visto tiritar, claro que nunca se rebajó a confesarlo.

Miroku e Inuyasha abrían la marcha en el más absoluto silencio, seguidos unos metros atrás por la taijina y la miko del futuro que igualmente caminaban sin decir una palabra. Un cada vez más confuso Shippo cerraba la marcha junto con Kirara.

- Oye Kagome, ¿porqué no viajas sobre la espalda de Inuyasha como haces siempre?- preguntó el niño inocentemente.

La chica se volvió hacía él, roja como un tomate, consciente de que todos los demás se habían parado también y esperaban expectantes su respuesta.

- Verás… es que…me hace falta ejercicio… Inuyasha me dijo que…que estaba engordando demasiado, por eso voy andando.

- Pues a mi me parece que a la señorita Kagome no le sobra nada- intervino el monje. Arrepintiéndose en ese mismo momento de su comentario ante la mirada fulminante que la taijina le dejo caer.

- Yo…yo no dije semejante cosa- balbuceó el hanyou, ante los ojos que tenían sus compañeros.

El pequeño le miraba con ojos acusadores dándole a entender que se fiaba más de la palabra de la chica que de la de él.

- Ja! Todos sabemos que te encanta molestar a Kagome, no lo niegues ahora.

Inuyasha abrió la boca para soltarle un improperio, pero antes de que llegara a decir nada la voz de la exterminadora lo interrumpió.

- ¿No notáis nada extraño?- preguntó mirando a todos lados, como esperando encontrar algo.

Todos siguieron su mirada esperando ver que era lo que había captado la chica.

- No, ¿sucede algo?- inquirió el monje acercándose a ella.

- ¿No creéis que hay... demasiado silencio?

- Pues ahora que lo dices, la verdad es que si- aseguro la miko, aliviada por el cambio en la conversación.

Del bosque no salía ni un sonido, como si toda la vida en el hubiera decidido permanecer dormida.

-¿A donde se fueron los pájaros?- pregunto el kitsune, al darse cuenta que no se oía ni un débil trino.

- Esto es muy raro- asevero el monje, concentrando sus sentidos- es como si todo ser viviente hubiera decidido abandonar el bosque de repente- algo se acerca... ¡por allí!- exclamo señalando al norte.

Una bruma muy oscura emergía en el horizonte por entre las nubes, todavía a cierta distancia.

- ¿Qué demonios es eso?- pregunto el hanyou, desenvainando su espada ante un mal presentimiento.

- Sin duda, problemas- aseguro la taijina preparando su hiraikotsu para el ataque.

A muchos kilómetros en una mansión situada en lo alto de una pequeña montaña un malvado hanyou se encontraba mirando por un gran ventanal admirando quizás su última gran obra, la devastación total de la aldea sita a los pies de su montaña. Jugaba con una esfera que hacia rotar en la palma de su mano, congratulándose de la oscuridad que se extendía a lo largo de su superficie.

Una puerta se abrió y entro en la habitación una sombra envuelta en bruma que acarreaba algo en su interior. La nube sombría llego hasta el centro de la habitación y dejo lo que traía en el suelo para que Naraku lo admirara.

- Aquí la tienes, ¿que piensas hacer ahora?- pregunto la sombra al hanyou que acababa de volverse.

Este avanzó hasta la pequeña figura que sin conocimiento se hallaba tendida en el suelo. La toco suavemente con el pie para ver si reaccionaba, cuando no lo hizo, se agacho hacia ella y la tomo de los cabellos castaños, alzándola unos centímetros para admirarla mejor. Zarandeo un poco el pequeño cuerpo inerte y la contemplo un momento, sabiendo que ya tenía una buena baza en sus manos para el macabro juego que su mente había tramado. Su plan iba viento en popa y nadie podía detenerle.

- ¿Tuviste algún problema para hacerte con ella?- quiso saber Naraku.

- La humana estaba solo acompañada por el sapo ese y no tuve problema alguno para librarme de el

- ¿Lo mataste?- cuestiono el hanyou, torciendo el gesto en disgusto.

- ¿Y quien le daría entonces tu mensaje a Sesshomaru?, no soy tan estúpido- contesto la sombra irritada.

- Bien, solo nos falta que Byokuya cumpla con su parte.

- Hablando de eso ¿era necesario tanto despliegue solo para capturar a una simple humana?, ni siquiera tiene poderes con los que defenderse.

El villano camino por la estancia, arrastrando por los pelos a la pequeña, hasta llegar a un sillón que se había colocado a modo de trono. A sus pies dos juegos de grilletes esperaban a sus ocupantes. Con tranquilidad, esposo a la niña y le coloco un collar en el cuello, tiro de las cadenas para ver si eran resistentes y se aseguro de que todo estaba bien cerrado. Se volvió y camino con parsimonia hasta ponerse delante de la sombra.

- Magatsuhi, no deberías subestimar a Inuyasha y sus amigos, podrían traernos graves problemas- le contesto, mirándolo fijamente.

- Me preocupa más Sesshomaru y su estúpida espada.- alego este en respuesta- ¿qué harás con las dos humanas cuando las tengas en tu poder?

- Las usare como seguro si es necesario pero antes creo que me divertiré un poco, sobre todo con esa miko del demonio- aseguro muy convencido- son el mejor señuelo para atraer a las victimas que verdaderamente me interesan.

La esencia de la perla se encaro a el con un sonido que asemejaba a un trueno. La diversión de Naraku no entraba en sus planes.

- ¿No habías acabado con esa obsesión que tenia Onigumo por la antigua sacerdotisa cuando te libraste de el?- le recrimino entre gruñidos- solo te debe interesar su alma, no su cuerpo.

Naraku comenzó a reírse ostensiblemente ante la pregunta que le había Magatsugi. Como respuesta extendió la palma de una de sus manos y le mostró la oscura perla.

- Ku, ku, ku, créeme cuando halla acabado de jugar con esa cría, su alma te resultara de lo mas sabrosa.

No, no quedaba nada de Onigumo en el, aun así se resarciría con la miko del futuro por lo que no pudo hacerle a Kikyou. Hacerla gritar de dolor hasta lo indecible antes de acabar con su patética vida y absorber su alma corrompida. Ella era la reencarnación de Kikyou y sufriría en su lugar y con ella, el estúpido de Inuyasha. Si la muchacha era tan importante para el hanyou como sospechaba, se divertiría mucho viéndole sufrir por segunda vez antes de hacerle formar parte de él mismo.

- ¿Qué planeas para el otro hermanito?- indagó Magatsugi.

- Lo uniré a su querido hermano para toda la eternidad, dentro de mí por supuesto.

- ¿Crees que Sesshomaru será tan fácil de engañar?

- Acudirá a rescatar a su patética humana- sentenció el hanyou

No dudaba ni por un momento que Sesshomaru acudiría directo a sus manos, después de todo ambos hermanos habían demostrado tener cierta debilidad por las chicas humanas que les acompañaban y estaba seguro que intentarían rescatarlas aun a costa de sus patéticas vidas.

- No te preocupes tanto, no podrá resistirse a mi invitación y entonces... esos dos formaran parte de mí.

- Tu mismo, mientras la miko sea para mi puedes devorarlos a todos si te apetece.