Capítulo 22
Nota: para los que me leen como anónimos u otro nombre, pero que no tienen una cuenta como tal, va un agradecimiento por regalarle algo de su tiempo a este fic. Y en realidad publico aproximadamente cada mes debido a los otros fics en el foro de DB y a mis ocupaciones personales, gracias también por comprenderlo.
Ya han pasado cinco días más desde la luna nueva, e Inuyasha no había mostrado interés ni intenciones de hablar otra vez, por lo que Aome tuvo que hacer un gran esfuerzo y morderse la lengua, guardándose en su interior todo lo que hubiera querido decirle al ser tan indeciso… las palabras de Kikyō, la antigua miko de la aldea y primer amor de su amor, resonaban en su cerebro: "Déjalo tomar la iniciativa, no lo presiones". La joven suspiró hondamente al recapitular en esas instrucciones, y pidió tener la paciencia necesaria para no enfadarse y enterrar al de dorados ojos en una tumba hecha por él mismo, de tantos "¡Osuwari!" que le gritaría.
A Miroku y a Sango les parecía que sus amigos mostraban un comportamiento un tanto anormal a lo acostumbrado en el pasado, pero tenían que admitir que era menester el que esos dos maduraran también… no podían seguir actuando de forma tan infantil y caprichosa como en esos lejanos días.
Una tarde, en cuanto el cielo se teñía de destellos rojizos ante la cercanía del crepúsculo, Hachi, el tanuki asistente de Miroku, se presentó en la vivienda del matrimonio. Ahí pudo ver a su amo… de mandilón, limpiando el desorden ocasionado por las pequeñas "diablitas" que son sus hijas, las cuales jugaban en el patio trasero con Lin, su amiga, su "maestra", su ejemplo a seguir. La amada esposa de su señor estaba sentada a la entrada de la vivienda, amamantando al pequeño tragón.
Muy buenas tardes, señora Sango, usted sabrá disculpar mi atrevimiento —fue el saludo bastante avergonzado hacia la joven castaña, agachando la cabeza para no ver su pecho desnudo—. Jefecito Miroku, buenas tardes —y se dirigió al monje sin atreverse a levantar la vista.
Hola Hachi, es un gusto verte —Sango le sonrió con sinceridad sin dejar de acariciar al dormilón de su hijo, el cual tenía los ojitos azules cargados de sueño pero no soltaba su "preciado alimento".
Ah, mi estimado Hachi, mi buen sirviente —Miroku se encaminó hacia donde el mapache y su esposa, dejando el sacudidor en el piso—, dime, ¿qué te trae por aquí?... Te veo preocupado —le dijo con seriedad.
Pero siéntate por favor, Hachi, estás en tu casa —le indicó dulcemente la señora de la casa antes de que el aludido le contestara a su esposo.
El tanuki se acomodó un tanto apartado de la mujer de su señor, más que enrojecido de pena. El de azules pupilas sonrió brevemente ante el bochorno de su criado y se dejó caer suavemente al lado de su adorada cónyuge, abrazándola por los hombros.
Muchas gracias, señora Sango, y excúseme por favor, no ha sido mi intención incomodarla —le contestó a la castaña en un susurro de voz, sin mirarla a los ojos. Posteriormente se dirigió con todo el respeto posible a su "jefecito"—. Verá usted, Su Excelencia, el maestro Mushin quiere verlo para empezar pronto con la instrucción del templo.
Mmm… eso quiere decir que ya se siente más enfermo… pues ni hablar —meditó el joven Hoshi apoyando su barbilla en su mano libre, y se dirigió a su amada mujer mirándola con resignación por lo que tenía que hacer—. Sango, amor mío, voy a tener que irme por unos días al templo… Mushin necesita quien lo cuide —y puso los ojos en blanco por un instante.
Bueno, Miroku, cariño mío, no te angusties ya que es parte de tu deber el brindarle ayuda a quien lo necesita, y el maestro Mushin necesita de ti ahora —ella le sonrió con verdadero amor para hacerlo sentir tranquilo, y luego se dirigió al mapache en un tono de voz amable y gentil—. Pero esta noche te quedas a cenar con nosotros, Hachi, ya se ha hecho tarde.
Así que el pobre Hachi se quedaba esa noche, siendo "acosado" por las pequeñas gemelas antes de cenar. Mientras tanto, Inuyasha se había pasado los días meditando qué hacer y cómo hacer para poder declararle, al fin, sus sentimientos a Aome, así que se encaminó una vez más a casa del antes mujeriego monje y pedirle un buen consejo, ya que era el único hombre en quien podía confiar. Antes de llegar al hogar de sus amigos percibió el aroma del mapache y pensó en regresar atrás, pues no deseaba que hubiera más involucrados en el asunto… pero, sacudiendo un poco la cabeza, se armó de valor y continuó con lo que ya había decidido; y eso porque olfateó también el delicioso aroma de la cena y sabía que Sango no le negaría un tazón de arroz.
Oye, Miroku tonto, he venido a hablar contigo de un asunto preocupante —le dijo a su amigo modo de saludo, con su brusquedad característica y teniendo los brazos cruzados sobre el pecho.
Muy buenas tardes, Inuyasha… o casi noches —le saludó el aludido llevando al pequeño dormilón de Miatsu en sus brazos—. Así que por fin te has animado a… ¿en dónde está la señorita Aome? —e iba a soltar su discursito cuando notó que faltaba la joven del futuro, preguntando un tanto dudoso de que el Hanyō la hubiera dejado de lado.
¡Keh!, Aome se fue con la vieja Kaede a donde vive Jinengi —respondió el ojidorado sin cambiar el endurecido gesto—. Ya no han de tardar en volver con algo de hierbas medicinales.
Y… ¿por qué no las acompañaste? —el Hoshi lo miró escrutadoramente… que ocurrencia el dejar ir a dos mujeres solas.
Pues porque… —el semidemonio no pudo ocultar en está ocasión el sonrojo—… este asunto me da vueltas en la cabeza.
En la parte de atrás se escuchaban las tiernas carcajadas las niñas jugando con el tanuki, obligándolo a tomar formas extrañas para su diversión. Por un instante Miroku pareció embelesado al oírlas reír, y meció al bebé de forma cariñosa… no podía quejarse de su buena fortuna, tres hijos en tres años de matrimonio no estaba nada mal.
Bien, mi querido amigo, te tomó algo de tiempo decidirte, pero, si eso fue necesario para afinar tu estrategia… —externó el ojiazul al retomar la charla, mirando al Hanyō en forma picaresca, casi como si lo vislumbrara hablándole en forma dulce y apasionada a la doncella de negra cabellera que le había robado el corazón.
¡Keh!, no empieces a imaginar cosas raras, idiota —le espetó su interlocutor recuperando la brusquedad, entendiendo hacia donde se dirigían los cochambrosos pensamientos de su amigo—, no estoy de humor para aguantarlas.
Pues deberías, Inuyasha, deberías —le indicó Miroku sin dejar de arrullar a su hijo y sin cambio en su expresión de diversión—. Has de saber que el buen humor en un hombre lo hace más interesante a los ojos de una mujer.
¡Jah!, pero tú te pasas de payaso —le criticó el ojidorado con irritación—. Lo harías mucho mejor que siendo monje —puntualizó al final con bastante sarcasmo.
De acuerdo, de acuerdo… —le respondió el ojiazul empleando el mismo tono, carcajeándose levemente a modo de externar la ironía—… tendría que hacerlo porque si no tú te morirías de hambre en el intento —ya más amable, agregó—. ¿Por qué no mejor te sientas para que platiquemos?... Llevaré a Miatsu a su "camita" y le diré a Sango que llegaste.
Este… no… no es necesario ya que… me gustaría… me gustaría platicar a solas contigo, de hombre a hombre —le respondió también de manera más cordial, tartamudeando y volviendo a enrojecer, desviando momentáneamente la vista.
Miroku lo contempló discretamente de abajo hacia arriba y sonrió con picardía otra vez, haciendo que el tono carmesí del ojidorado fuera más brillante al sentirse así de observado.
Bueno, muy bien, si así lo quieres… —le dijo al momento, hablándole ya con actitud profesional—… Dame un minuto para despedirme de Sango y darle una explicación convincente, y después vamos hacia el Árbol Sagrado, ¿te parece? —interrogó recibiendo una respuesta afirmativa del semidemonio con un leve movimiento de cabeza—. Pero espero que no sean más de dos horas de conversación… no querrás dormir sin cenar —agregó un poco burloncito entrando a su vivienda.
Pero no te tardes mucho, torpe, ya que el tiempo corre y Aome puede llegar —el Hanyō no hizo más que poner una expresión entre desesperada y resignada, hablándole un tanto alto.
Se quedó paradote en la entrada de la vivienda, con su pose de brazos cruzados y recuperando su hosca expresión en el rostro. En menos de cinco minutos sus amigos salieron.
Muy buenas tardes, Inuyasha —le saludó Sango con cortesía, provocando que el ojidorado mirara al monje con reproche por un breve instante… o sea, no pudo guardarle el secreto—, por favor no vayan a tardar para que luego Aome no haga preguntas… seguro no quieres descubrir la sorpresa antes de tiempo, ¿verdad? —y le dedicó un guiño pícaro antes de volverse a su marido y plantarle un pequeño beso cerca de los labios, dándole también un suave abrazo momentáneo—. No se te olvidé lo que te pedí, amor mío.
Descuida, corazón mío, este tu hombre cumplirá con su deber —por obvias que Miroku no podía dejar de corresponder el beso esperando tal vez algo más al "parar" un poco la "trompita"; más entendió que debía controlarse en presencia de su amigo—. Bien, Inuyasha, vámonos ya que el tiempo apremia.
El semidemonio había enrojecido levemente ante la sutileza de su amiga, y volvió a torcer el gesto por la "empalagosa y asquerosa" despedida de la pareja, poniendo momentáneamente los ojos en blanco. Ahora más que nunca comprendía que esos dos siempre habían sido tal para cual, y no le extrañaría que en menos de dos años Sango volviera a embarazarse para cumplirle los deseos a Miroku.
Los dos hombres tomaron camino hacia el Árbol Sagrado sin decirse ni una palabra por lo menos en los primeros cien metros, y el joven Hoshi parecía relamerse los labios del puro gusto, en el sitio donde su amada mujer lo besó… la cuarentena estaba haciendo de las suyas con la cordura del pobre hombre y, por lo que podía verse a simple vista, a ella le gustaba picarle la cresta, aunque tal vez no lo hacía a propósito. En fin…
¡Keh!, me imagino que ya no soportas la espera para hacer tus "marranadas", ¿verdad, canijo? — le espetó con molestia el Hanyō haciendo un momentáneo gesto de asco al acercarse al lugar indicado, adivinando, por la expresión de pervertido gozo en la cara de Miroku, en qué cosas estaba pensando.
Oye, oye, no vine a escuchar sermones y menos a que me juzgaras —le contestó el ojiazul un tanto enojado al haber sido interrumpido en sus abstracciones subidas de tono—. Mejor dime que has pensado hacer y cómo quieres que te ayude —añadió más amable.
Se detuvieron y el Hanyō se dejó caer entre las raíces con algo de ímpetu, aún con los brazos cruzados. El monje lo imitó acomodándose con cuidado, y después lo observó detenidamente esperando que hablara.
Este… pues verás… —empezó al entender la indirecta—… ya he decidido… —y dudó un poco antes de continuar, sintiéndose que se ahogaba—… pero… es que no sé… no sé cómo empezar —y enrojeció una vez más, casi como si se hubiera bronceado con el sol.
Mmm… ¿Por qué no simplemente le dices "Aome, te amo"? —sugirió el monje sin meditarlo tanto, ya que, desde su punto de vista, no había razones para no hacerlo así y era lo más sencillo.
No… —el semidemonio negó sacudiendo la cabeza, más que enrojecido—… eso se oye muy… muy directo —y farfulló otra vez—. Quiero que sea… que sea algo especial.
Miroku puso los ojos en blanco un segundo antes de decir algo más, en tanto le brotó una pequeña gota anime en la cabeza… ¿cuál era el problema por ser directo? No era usual en el Hanyō el actuar sutilmente.
Bien, entonces… —le habló con seriedad fijando sus pupilas azules en el rostro de su amigo, mirándolo escrutadoramente—… ¿por qué no le dices alguno de los poemas que escribiste inspirado en su pronto regreso?, o, mejor aún, ¿por qué no inventas otro especial? —cuestionó en entonación profesional de especialista en seducción.
¡Keh!, ¡no volveré a escribir cursilerías nunca más en mi vida!… —espetó con convicción sin que se le bajara el bochorno—… eso fue mucho para mí… —y nuevamente sintió que se le enredaba la lengua, ya que, si bien era cierto que había sufrido en el intento, internamente reconocía que había valido la pena, pero no se sentía capaz de hacerlo de nuevo—… Además no… no me acuerdo de ninguno y… dudo que… dudo que pudiera escribir otro.
Ahora el gesto del Hoshi fue de completa incredulidad y sonrisa boba, manteniendo el equilibrio para no azotarse de la impresión. ¿Acaso todo el romanticismo que fue capaz de demostrar había sido en vano?
Inuyasha, Inuyasha… —le dijo recuperando la compostura y palmeándole un hombro con conmiseración, dirigiéndose a él en tono de pesadumbre—… amigo mío, no cabe duda de que eres todo un caso…
Oye, oye, ¿qué mierda quieres decirme con eso, eh? —y el ojidorado también recuperó el mal genio y su tono natural de piel, lanzándole una mirada desdeñosa.
Vamos, Inuyasha, pudiste expresar tus sentimientos hacia la señorita Aome con sólo pensar en ella —el ojiazul le increpó hablándole como si fuera un retrasado mental—. ¿Por qué ahora que está frente a ti no lo haces?, ¿es qué hay algo que te detiene? —puntualizó a modo de pregunta.
Inuyasha desvió la vista del rostro de su amigo, enrojeciendo por enésima ocasión en la tarde; él se sentía un completo idiota y, lo peor de todo, es que Miroku se lo restregara indirectamente en la cara.
Pues… es que… —y el balbuceó no se hizo esperar. "¿Por qué mierda no puedo hablar?", se amonestó sacudiendo la cabeza como si estuviera espantando a un mosquito molesto—… es que… es que me gana la vergüenza y… —se silenció al instante, demasiado abochornado consigo mismo.
Mmm… bien, esto va a requerir drásticas medidas — afirmó el ojiazul, y al siguiente segundo lo miró fijamente, hablándole con bastante seriedad—. Pero debes prometerme que harás todo lo que te diga, sin importar lo que pueda ocurrirte.
Al joven ojidorado le dio un fugaz escalofrío, tratando de imaginar cuál era la loca ocurrencia de su amigo. Más le sostuvo la mirada con decisión, debía armarse con todo su valor, arriesgarse a lo que sea.
Está bien, aceptaré tus condiciones —contestó con seguridad—. ¿Qué es lo que tengo que hacer? —preguntó con un deje de curiosidad.
Ya lo sabrás, Inuyasha, ya lo sabrás… —le dijo el monje con una sonrisa, y ya pensaba enderezarse cuando…
¡Carajo contigo, viejo Myoga!, ¿qué mierda estás haciendo, eh? —espetó el semidemonio golpeándose bruscamente en la mejilla.
El anciano yōkai pulga cayó al suelo flotando suavemente como un pedacito de papel, y Miroku parpadeó sorprendido al verlo. En cuanto tocó tierra, Myoga se enderezó como si nada, recobrando su regordeta figura.
No se enoje conmigo, amo Inuyasha —le dijo en entonación servicial—, yo también quiero ayudarle con el asunto de Aome.
¡Keh!, ¿desde qué hora estás escondido en mi ropa? —contestó el aludido en un bufido, fulminándolo con la mirada.
Ejem… bueno, mi joven amo, en realidad… —el pequeño ser cerró los ojos de canica y cruzó sus múltiples bracitos antes de contestar sin nada de vergüenza—… he estado viviendo en casa de Miroku desde que el ingrato de Totosai me abandonó.
No me diga… —el monje miró al bichito con algo de incredulidad y molestia… ya estaba enterado de lo que ese viejo mañoso se había atrevido a hacerle a su esposa, así que no le permitiría otra falta de respeto semejante—… Y bien, anciano Myoga, ¿qué ha hecho todo este tiempo metido en mi casa? —le cuestionó tratando de sonar amable, aunque no parecía nada contento por el asunto.
Pues por ahora he escuchado cuales son los problemas de mi amo —dijo el aludido abriendo sus ojazos y mirando al ojidorado con reverencia—, y déjeme decirle que yo puedo ser su apoyo para expresarse con Aome.
¡Jah!, ¿tú?, ¿es en serio? —Inuyasha por poco no suelta una carcajada, pero sí hizo mueca de ironía mirando al pequeño insecto—. ¿De qué puedes servirme tú siendo tan insignificante?
Así como usted me ve de pequeño tengo experiencia en la vida, amo Inuyasha —Myoga se puso algo serio, sintiéndose injuriado por esas palabras—. No está bien que desprecie a sus semejantes de esa forma.
¡Keh!, qué vas a ser tú mi semejante… —el joven ojidorado le lanzó a la pulga una mirada bastante fea.
Oh, pues… si no quiere mi ayuda ni modo, usted se lo pierde —y el ancianito pareció molestarse, poniendo un momentáneo gesto de enfado—. Aunque… viéndolo de mejor manera, déjeme decirle que tal vez los consejos de Miroku le sean útiles… sí, creo que es lo mejor —añadió recomponiendo una mueca de seriedad profesional en el negocio, y luego empezó a reírse por lo bajo de forma entre pícara y maquiavélica—. Él sí es un hombre con gran experiencia en el amor, me consta… ¡y qué envidia me da!
Bueno, eso que ni qué —dijo el nombrado monje muy orgulloso de ese logro, más no dejó de observar fijamente al parásito—. Pero acláreme algo, anciano Myoga… ¿a qué se refiere exactamente con lo último?
No te hagas, tú bien sabes de lo que te estoy hablando… —contestó la cínica pulga sin parar de reír en esa forma—… Sango es una doncella de tan bella anatomía, que dan ganas de picarla todo el tiempo… y sobre todo ahora que luce más exhu…
Ni bien terminaba con su frase cuando fue tomado bruscamente por el ojiazul entre sus dedos, en tanto el ojidorado ponía cara de asqueado.
Anciano Myoga… —dijo Miroku en tono tétrico y con expresión de coraje, apachurrándolo sin nada de cuidado, y sin disimular sus ganas de matarlo. Y era posible que, de tener la Kaazana, lo hubiera absorbido sin contemplaciones—… ¿se puede saber con el permiso de quién anda viendo a mi mujer, eh? —puntualizó al ser rodeado por un aura maligna enorme.
¡Uy, encima de que te la estoy alabando te enojas!… —se quejó el viejito tratando de escapar de su presión, hablando con voz ahogada—. Pero eso no es todo… he visto las mejores "cositas" que hacen cuando están solitos… así como no se me va a antojar.
Mejor cállese ya… ¡Fuera! —el Hoshi se levantó de su posición y lanzó al insecto con mucha fuerza hasta perderlo de vista.
¡Jerónimo! —gritó la pulga la volar con velocidad entre el follaje.
¡Mph!, pero que viejo tan metiche y fisgón… —dijo Miroku sacudiéndose las manos como quien se quita el polvo, y aun parecía molesto. Más al instante volvió la vista una vez más hacia el Hanyō, preguntándole amablemente como si nada hubiera ocurrido—. Bien, Inuyasha, ¿en dónde nos quedamos?
Eee… —Inuyasha tenía la boca abierta del asco y asombro, pensando en todas esas veces que Myoga había ido a visitarles… así que el bichito se había divertido de lo lindo espiando sin ningún recato, él sí, a sus amigos en su intimidad—… Bueno… creo que… creo que tienes un plan en mente para que yo… para que yo pueda declararle mi amor a Aome —dijo un tanto precipitado, volviendo a enrojecer.
¡Ah sí, ahora recuerdo! —el monje recuperó el rostro alegre, dibujando una gran sonrisa en sus labios—. Bien, entonces vamos a cenar que ya tengo todo solucionado. Además considero que la señorita Aome ya debe haber llegado… y no me negarás que ya se te antoja un buen platón de arroz con pescado —puntualizó en tono de convencimiento.
Recogieron varios leños de los alrededores, el perfecto pretexto para engañar a Aome sobre su salida, y regresaron hacia la humilde vivienda. Mientras caminaban, Inuyasha no podía quitarse de la cabeza el hecho de que, si Myoga se había atrevido a andar de fisgón con sus amigos… podría volver a hacerlo. "¡Cómo me gustaría tener ese extraño rocío que Aome trajo de su época para paralizar a esa p#$% pulga chupasangre!... ¡Ay de él si se atreve a hacer lo mismo cuando ella y yo…!", pensó moviendo la cabeza con algo de enfado, recordando esa primera vez en que el anciano se apersonó frente a ellos después de que Aome rompiera el sello que lo ataba en el limbo. Al llegar fueron recibidos por las traviesas gemelas.
¡Papi, papi! —le gritaron al unísono antes de que entrara por completo a la estancia, jalándolo de la túnica sin mucho cuidado—, ¡vamos a cenar!
Esperen mis "mujercitas", esperen por favor —el pobre hombre hizo un esfuerzo para equilibrarse y no caer sobre sus hijas, hablándoles con apuro—, tengo que guardar está leña que su mami me pidió —añadió dando traspiés.
Niñas, dejen a su padre y siéntense en su lugar —Sango le sonrió a su marido levantándose rápidamente para retirar a sus hijas, mirándolas con severidad.
Sentirlo, mami —dijeron las chiquillas a una sola voz poniendo carita de vergüenza, y volvieron a tomar asiento.
Gracias, amor mío, no sé qué haría yo sin ti —Miroku pudo al fin colocar la leña que traía en el fondo de la habitación, a donde Inuyasha ya había dejado su correspondiente carga.
¿Dónde estaban par de ton…? —Shippou les habló a ambos en tono de reproche cuando Lin lo obligó a callarse pellizcándole cuidadosamente un cachete.
Muy buenas noches tenga usted, Excelencia —le saludó Kaede al fin, sonriéndole con amabilidad—, buenas noches, Inuyasha —añadió mirando al semidemonio.
Monje Miroku, que gusto verlo… hola, Inuyasha —y Aome también les saludó al mismo tiempo, sonriéndoles a los dos, levantándose para darle a Inuyasha un pequeño abrazo y llevarlo con ella a sentarse a su lado, lo cual lo hizo sonrojar imperceptiblemente.
Muy buenas noches, disculpen la tardanza y siéntanse como en su casa —les respondió el Hoshi a todos con gesto de amabilidad, al tiempo que tomaba asiento al lado de su mujer y le acariciaba la cabeza a sus hijas—. Agradezcamos al Creador de todo por estos benditos alimentos que disfrutaremos gracias a mi amada esposa… así que, ¡buen provecho! —añadió tomando su respectivo tazón de arroz y empezando a comer, siendo imitado por los demás.
¡Buen provecho! —dijeron los demás al unísono. Incluso Inuyasha trató de tener buenos modales, pero eso sólo duró medio minuto.
Tuvieron una buena cena escuchando los emocionantes relatos de Shippou sobre los exámenes terribles de alta sabiduría e invocaciones secretas que tenía que hacer a la perfección, y así obtener un título indispensable de magia ordinaria que le permitiera subir de grado dentro del clan kitsune; en tanto Hachi les comentó sobre la delicada salud del maestro Mushin, motivo de su visita. Y fue por eso que Miroku se despidió amablemente de Aome, Shippou, Lin y Kaede, ya que partiría a primera hora de la mañana junto con el tanuki para quedarse por lo menos diez días en el templo al cuidado de su anciano maestro, y a la vez regresar a comprobar como seguían las cosas por la región Oeste, de la cual aún no habían recibido alguna señal de calma. Ante esas palabras, la joven morena estaba considerando ir a saludar al viejo monje y a alguien más que sabía habitaba por esa zona, a la vez de brindarle a su amado otra oportunidad para sincerarse. Y, al parecer, el semidemonio pensó lo mismo que ella.
Oye, Aome… sé que te gustaría saludar al Sarnoso de Koga, así que podemos irnos junto con Miroku —le dijo con seriedad al hablarle.
Sus amigos parpadearon con incredulidad y extrañeza ante el hecho de que el Hanyō sugiriera ir a visitar al Ōkami… no podía decirse que ellos fueran amigos. Como las niñas y Lin desconocían el motivo de semejante reacción de los demás, terminaron pronto de comer su arroz y tomaron su té con cuidado. Y la pelinegra lo miró fijamente igual de extrañada, más decidió tomarle la palabra.
Por supuesto que sí, Inuyasha… también deseo ver a Ayame y a sus hijos —le contestó sonriente.
Un poco más tarde, después de que las gemelas "torturaron" a su padre y al tanuki montándolos de caballito, su madre las mandó a dormir, señal para que los demás se retiraron también a sus hogares, despidiéndose y dando las buenas noches a los anfitriones. Inuyasha decidió conducir a las mujeres y al kitsune hacia la cabaña de Kaede, apartándose un momento de sus acompañantes para hablar con Aome en voz muy baja.
Oye, Aome… ¿estás segura de querer ver a Koga? —una duda había cruzado por su mente, imaginando que el lobo podría… no, eso sería una deshonra para su pelirroja esposa y una vergüenza para sus críos. Aparte, él no lo dejaría cometer algún acto impropio con SU chica.
… pues claro… —afirmó la muchacha mirándolo con algo de asombro—… quiero conocer a los lobeznos y saludar a Ayame… Además, tú lo sugeriste —añadió un tanto seria.
Bueno… eso sí, pero… —el joven Hanyō tartamudeó brevemente, enrojeciendo una vez más.
Vamos, Inuyasha, creo que ya no tienes que preocuparte por Koga ya que él ama a Ayame… por algo se casó con ella, y ahora tiene una familia y un clan que dirigir —ella le dirigió una mirada cariñosa, como diciéndole que no debía angustiarse más por esas cosas anteriores.
Sí, alguna vez, en aquel lejano tiempo de búsqueda de los fragmentos de la Shikon no Tama, el Comandante lobuno llegó a decir que la joven del futuro era "su" mujer y que viviría con ella, desairando a la loba con la que ya tenían un compromiso de por medio. Pero eso fue en ese pasado que quedó atrás, ya que el presente de Koga ahora es otro viviendo muy feliz con Ayame, la que lo ha amado desde el principio. Cuando llegaron a la vivienda Inuyasha se despidió de sus acompañantes tratando de mostrarse más que cortés, ya que tenía una cita con el futuro.
Este… ya me voy al… me voy al Árbol Sagrado —dijo un tanto precipitado… su modo de decir "buenas noches".
Duerma bien, señor Inuyasha —le contestó Lin bostezando con algo de disimulo.
Que descanses, Inuyasha —también Kaede se despidió amablemente, entrando a la vivienda junto con la pequeña morena.
¡Ajum!... muy buenas noches, amargado —Shippou miró un momento al Hanyō con suspicacia, después bostezó también y siguió a las dos.
Inuyasha también lo miró inquisitivamente, meditando en que el pequeño zorro ya no era del todo un niño aunque seguía siendo un enano, por lo que no debería dormirse solo con tres mujeres. Pero bueno, ya hablaría con ese zorrito abusivo a su tiempo, ya que por ahora tenía otros asuntos que solucionar respecto de su situación con Aome.
Este… Inuyasha… —la voz de Aome lo hizo volver a la realidad, dando un respingo—… ¿nos vamos a ir temprano con el monje Miroku? — preguntó tímidamente.
Sí —le confirmó empleando un tono suave y cordial—. Como son dos días de camino no olvides llevar comida —añadió.
Muy bien, entonces… hasta mañana y duerme bien —la joven le dio un abrazo y él correspondió por un instante, alejándose lo más rápido posible hacia el Árbol Sagrado.
"Bien, espero que cualquiera de las tonterías que se le hayan ocurrido a ese idiota de Miroku sirva para lo que quiero" pensó encaminándose al lugar indicado. A lo lejos divisó la silueta del joven monje y… de una mujer. "¿Sango?" se preguntó abriendo los ojos de más, y luego se sintió indignado. "¡El muy mierda no pudo dejar esto entre los dos!".
Oye, Miroku idiota, ¿por qué m"#$…? —les habló fuertemente haciendo que la pareja volteara a verlo, pero parpadeó con verdadera estupefacción al darse cuenta que esa mujer no era la esposa de su amigo… y despedía un extraño olor.
La doncella se sonrojó bastante al verlo llegar y tomó a Miroku por la túnica, sacudiéndolo levemente.
Excelencia, esto es vergonzoso, por favor no me obligue a hacerlo —se quejó lastimeramente con una voz un tanto familiar.
¡Ha callar!, debes cumplir con lo que te he ordenado —le contestó seriamente el ojiazul retirando bruscamente las pequeñas manos de su vestimenta—. Sólo será un momento, no es nada serio —agregó.
Pero… Miroku, ¿qué mierda tienes en el cerebro? —le espetó el ojidorado con enfado al llegar a su lado—. ¿En qué puede ayudarme este… imitador bueno para nada?
Vamos, Inuyasha, no lo ofendas ya que hace su mejor esfuerzo —contestó el Hoshi palmeándole el hombro a la "mujer" con amabilidad—. Ahora debes imaginar que se trata de la señorita Aome y declárale tu amor con espontaneidad… y, si no te sale a la primera, tienes otra oportunidad ya que Hachi no te golpeara ni te mandará al suelo —añadió con una sonrisita—. Lo único que tienes que hacer es tomar delicadamente sus manos entre las tuyas y hablarle desde el fondo de tu corazón enamorado —especificó haciendo el movimiento por un instante, lanzándole a la "doncella" una breve mirada de borrego a medio morir—. ¿Quedó claro? —preguntó al momento volviendo a mirar a su amigo.
Tanto uno como otro torcieron el gesto ante esa actuación tan… convincente, de completo asco por parte del Hanyō, y más qué vergüenza por parte del tanuki.
Este… ¿qué tengo que hacer qué…? —tartamudeó el semidemonio representando de esa manera su desconcierto.
Bueno, si se te complica creo que Hachi puede tomar la apariencia de la señorita Aome… —más el joven ojiazul continuó con su explicación sin mostrarse incómodo por las expresiones de sus interlocutores—… a todos nos consta lo bueno que es en transformarse.
Y… ¿no se podrá mejor… con una mujer de verdad? —preguntó el Hanyō sin modificar el gesto de asco—. No te ofendas por esto, mapache, pero apestas a… mapache —y se dirigió al tanuki con algo de brusquedad.
Miroku puso los ojos en blanco por un breve segundo. O sea, limosnero y con garrote.
Y bien, Inuyasha, dime una cosa… ¿dónde vamos a conseguir una mujer que esté dispuesta a oír tu declaración de amor a esta hora de la noche? —le preguntó con sarcasmo, mirándolo con reproche.
Este… —muy buen punto… no lo había considerado. Dudó un poco antes de contestar, y su expresión cambió a una apenada—… ¿qué me dices de… Sango? —preguntó en un susurro de voz.
Hachi quería que se lo tragara la tierra, porque la mirada del ojiazul fue de molestia absoluta. Tratándose de su mujer, el monje nos había salido más que celosito.
¡Oh, sí, claro!, ¿cómo no lo tomé en cuenta?, que tonto soy... —dijo irónicamente como si esa brillante idea no se le hubiera ocurrido, y después le espetó enfadado, casi como si quisiera "devorarlo"—… Muy gracioso, Inuyasha, muy gracioso… si hubiera querido utilizar a mi bella mujer de "carnada" vendría conmigo, así no hubiera hecho compromisos con este sirviente tan llorón — añadió señalando al pobre mapache avergonzado, e inmediatamente cambió el tono a uno escrutador—. Además… no te gustaría que Sango se enterara de tus planes macabros, ¿o sí? —puntualizó.
La vergüenza de Inuyasha fue más grande que la del tanuki, adquiriendo en su piel el brillante color rojo de su traje. Claro, lo único que le faltaba es que la yōkai taijiya lo regañara por su indecisión, y después se carcajeara cantarinamente en su cara antes sus inútiles esfuerzos. Aunque… pensándolo bien, era posible que Sango ya estuviera enterada de lo básico porque Miroku tal vez la tuviera al día con las noticias, aunado también al hecho de ser la mejor amiga de Aome, y la "maldición" de las mujeres es que son bastante comunicativas entre ellas. Pero bueno, por el momento no tenía mejor opción que hacerle caso a su amigo.
¡Carajo!, ya te entendí —el Hanyō sacudió la cabeza con presteza para eliminar estos pensamientos de su mente y concentrarse, y sin dudarlo ya tomó con "suavidad" las manos de la "linda doncella", tratando también de mirarla con amor—. Aome, quiero decirte que… —pero, al fijarse bien en el rostro colorado y asustado de la "mujer", se le enredó la lengua… le era más difícil de lo que pensó—. ¡Mierda, esto es basura! —exclamó soltando bruscamente a la "jovencita", encarando al monje—. ¡Miroku idiota, sólo a ti se te ocurren estas cosas absurdas! —le espetó enfurecido.
El Hoshi lo miraba entre divertido y enojado por su actitud.
Ah, bueno, Inuyasha, pues si no te agrada la idea… —le contestó soltando un leve suspiro de resignación y pena, encogiéndose de hombros—. Que conste que quise ayudarte… pero, si no pones de tu parte, no puedo hacer nada más por ti.
Este… prefiero mejor… hacerlo a mi modo —el semidemonio se tranquilizó al ver que su amigo no lo presionaría a hacer el ridículo.
Pues que tengas suerte, mi buen amigo, y descansa que mañana nos iremos antes de que salga el sol —le dijo con amabilidad despidiéndose de esa manera. Posteriormente se dirigió al mapache antes de encaminarse por el sendero—. Vamos Hachi… mi esposa me espera para dormir.
Excelencia… ¿ya puedo destransformarme? —preguntó el aludido en tono suplicante, antes de seguirlo.
Por supuesto que sí… no te ves muy bien de mujer enamorada —afirmó el monje sin detener su avance.
Muy buenas noches, señor Inuyasha, me retiro y disculpe las molestias —el mapache se despidió educadamente del ojidorado al momento de recobrar su aspecto natural, para encaminarse tras su amo.
Tratando de borrar de su mente la "genial" ocurrencia del monje, Inuyasha se dispuso a descansar entre las ramas del Árbol Sagrado, acomodándose en su favorita. El día de mañana sería otro día para hablar.
Nota: ¿Qué les pareció la ideota de Miroku?... ese monje ocurrente y sus sugerencias para tratar de darle la mano a su amigo… XD. Aunque, al final, sí que le será de mucha ayuda a Inuyasha alguno de sus consejos, para así tomar la iniciativa y declarar sus sentimientos para con Aome… Ya verán de que se trata, les va a parecer fabuloso. Un saludo y gracias por su paciencia.
