Capitulo 12

Miroku mantenía atrapado al lobo mientras Inuyasha comenzó su descenso hacia la profunda sima en busca de la miko.

No había muchas posibilidades de que la joven hubiera sobrevivido a semejante caída, pero sabía que Inuyasha jamás se lo diría a Shippo. Y por Buda que él tampoco lo haría. El pequeño tenia esperanzas y no seria él quien se las destrozara. Y por extraño que fuera, algo en su interior le decía que volvería a ver a Kagome con vida, que el viaje de la chica aun no había concluido y todo lo que les ocurría era por alguna razón.

- Vamos, debemos seguir, tal como dijo Inuyasha- animó a los demás a ponerse en marcha- ya nos alcanzara cuando encuentre a la señorita Kagome- aseguró con confianza.

- A menos que a Kagome le hayan salido alas de repente dudo que este con vida- gruñó Kouga irritado- suéltame maldito humano- protestó intentando escaparse.

El lobo no paraba de retorcerse intentando liberarse de la prisión que Miroku había creado con su báculo. Pero las heridas que había recibido le impedían impulsarse con la suficiente fuerza como para hacer soltar el agarre férreo con el que el bonzo sujetaba el báculo contra su pecho. Bufó hastiado al ver que no lograba zafarse y se quedo quieto por si su captor aflojaba y conseguía una rendija por la cual escabullirse. El bonzo pareció darse cuenta de su estratagema por que no solo no aflojo su presión sino que se rió un segundo y volviendo a ponerse serio le dijo:

- No te soltare hasta que no me prometas que no iras tras Inuyasha, no es momento de vendettas personales Kouga- y bajando la voz a un susurro- y como vuelvas a insinuar que la señorita Kagome esta muerta delante de Shippo te las veras conmigo, pedazo de idiota. No hay necesidad de hacerle pasar un mal rato si no estamos seguros de lo que le ha ocurrido a la señorita. Hasta que no vuelva Inuyasha mantendrás tu bocaza cerrada y no dirás una palabra más. ¿Me has entendido bien?

El lobo volvió su cabeza hacia el para mirarle con furia, pero el bonzo no se inmuto ante su mirada furibunda y únicamente le indico con la mirada hacia el borde de la garganta, donde el pequeño kitsune se hallaba arrodillado mirando hacia abajo.

- Kagome es como una segunda madre para el y no dejare que nadie le robe sus esperanzas de que este viva-le susurró- si vuelves a mencionar el tema delante de el, me las pagaras. Nos acompañaras y estarás calladito por el camino o el que no saldrá vivo de aquí serás tú- le amenazó sin la más mínima sutileza- ¿De acuerdo?

Algo en la expresión del bonzo le hizo ver que hablaba muy en serio, así que asintió, aunque deseara con desesperación ir a buscar el cuerpo de Kagome.

- Bien entonces todo arreglado- dijo sonriendo de repente, mientras le soltaba- Sango, Shippo vayamos hasta la aldea mas próxima y esperemos allí, no tardara en anochecer y hay que buscar un refugio para dormir. Hoy será una noche muy fría- añadió contemplando el cielo- no me extrañaría que comenzara a nevar.

Se mantuvo cerca de Kouga por si este salía corriendo hacia el borde, alerta ante cualquier movimiento y con el báculo dispuesto a asestarle un buen golpe en su dura cabezota si insistía en marcharse.

Con eso bastaría, pensó, pero si no le quedaba mas remedio no dudaría en tragárselo con su kazaana. Seria una pena perder a un potencial aliado pero ya estaba hasta las narices de estar en medio de los dos insensatos youkais y si se tenía que decantarse por alguno este seria indudablemente el hanyou.

La taijina miro a ambos y negó con la cabeza.

Idiotas.

Se acercó al niño que seguía mirando ensimismado hacia el abismo, se arrodilló junto a el y posó una de sus manos en su hombro, dándole un pequeño apretón de animo.

- No te preocupes, no descansara hasta que la encuentre y la traiga de vuelta. Anda ven les esperaremos en la aldea- y ante la resistencia del youkai- Inuyasha cuidara de ella, sabes lo que significa Kagome para el.

Shippo se limpió las abundantes lágrimas que surcaban su rostro y se volvió hacia la chica con ojos brillantes.

- ¿Crees que Kagome estará bien, Sango?

Ante aquella cuestión tan simple la joven se quedo por un momento sin saber que decir. Si alimentaba las esperanzas del niño y el resultado no era el esperado se hundiría pero no podía mentirle tampoco diciéndole que todo iba a salir bien.

- No lo se Shippo, en realidad no lo se, esperemos que si- respondió suspirando

Tomó al pequeño youkai y lo abrazó contra su pecho para darle algo consuelo y a la vez dárselo a si misma. Kagome se había convertido en su mejor amiga y la posibilidad de no volver a tener su compañía le llenaba el corazón de angustia. El maldito Naraku le volvía a robar algo de su vida. Primero su familia, luego a su hermano Kohaku y ahora le arrebataba a su mas querida amiga. A su hermano lo creyó muerto y ahora volvía a estar con ella, tenia que aferrarse a la posibilidad de que la miko siguiera viva. Si alguien había demostrado que podía superar todos los retos que se le presentaban esa era Kagome. Su amiga era capaz de hacer todo lo que se proponía y de superar cualquier obstáculo que se le presentara.

Se puso en pie con el niño en brazos y caminó despacio hasta Miroku y Kouga que esperaban ya por ellos. El bonzo parecía haber convencido al lobo de que lo mejor era seguir camino y este se encontraba enfadado pero no iba a salir corriendo detrás de Inuyasha, aunque tenia la preocupación dibujada en su rostro.

Kirara al verla llegar, trepó hasta su hombro con un maullido, y se acurrucó allí mirando al kitsune que comenzaba a cabecear adormilado por el agotamiento psicológico y el suave calor reconfortante de los brazos de la chica. Esta, sonrió con ternura y lo acomodó para que descansara mejor.

- Es más duro para ti que para nadie, ¿verdad pequeño?- murmuró para si- espero que tengas razón y se encuentre bien.

Miroku tomó el arma de la chica y lo cargó a su espalda con intención de llévaselo, al notar la imposibilidad de esta de llevar al niño y el boomerang a la vez. La chica le hizo un gesto en agradecimiento por este acto, porque sabia cuan pesado era el hiraikotsu y del tremendo esfuerzo que le supondría al monje llevarlo durante mucho tiempo. En cuanto el niño se despertara tendría que recuperar su arma, sino el pobre bonzo acabaría deslomado.

- Vamos, haber si avanzamos un poco. Tenemos que encontrar un lugar donde poder dormir antes de que la noche se nos eche encima- mencionó el monje, poniéndose a andar, sin querer quedarse allí a esperar a que el hanyou volviera. Si les había dicho que continuaran, eso es lo que harían- ¿joven Kouga?- inquirió, mirando de reojo, con cierto aire de advertencia, al mencionado.

El lobo abrió la marcha a regañadientes sabiendo que si se negaba las consecuencias no serian agradables para el. Aun no se le acababan de curar las heridas de la batalla y se sentía débil. Cuando recuperara las fuerzas le daría su merecido a aquel idiota por impedirle la búsqueda de su mujer y más aun por osar amenazarle como si fuera un youkai cualquiera. El era el jefe de clan de los lobos y se veía amedrentado por un patético humano. ¡Maldito sea!, un humano que le podía mandarle al infierno con un solo movimiento de su peligrosa mano. Obedecería por ahora pero en cuanto pudiera iba a ver ese bonzo.

Mientras no tuviera noticias de Kagome no se marcharía, una vez se confirmara si estaba viva o muerta seguiría su camino, no sin antes acabar con el estúpido perro que le robaba el amor de la chica. Ya estaba más que harto de la intromisión del hanyou y aunque se ganara el odio de la miko, si estaba viva, cosa que dudaba. Vengaría su muerte y la de sus compañeros, matando de una vez al maldito Naraku y colgaría su cabeza de la pica más alta que encontrara para que todos los youkais y humanos se enteraran de que les ocurría a los osados que se atrevían a cruzarse en su camino.

Los tres miraron una última vez con preocupación hacia el abismo antes de dejarlo atrás y ponerse a andar de nuevo por la senda que les conduciría a su muerte o a la victoria definitiva.