Capitulo 13

Byokuya se dirigía raudo y veloz, hacia la mansión de Naraku para comunicarle la noticia de la perdida de la sacerdotisa. Se demoro unos segundos en pensar como iba a exponerle la situación. Tenia que buscar la manera de no sufrir las represalias de su jefe.

Conociendo como se las gastaba el malvado hanyou, temía que su fracaso en la misión le trajera malas consecuencias para su integridad física. Y el estúpido de Magatsuhi no perdería la oportunidad de socavar la precaria fe que Naraku ya tenia en el. Ese maldito Magatsuhi no tenia confianza en el y cada vez que podía se lo hacia saber a su señor Si mencionaba que la chica había caído por causa de su barrera protectora, estaría acabado. Tenia que encontrar el modo de explicar ocurrido sin ponerse por el medio a si mismo. Decidió que si llegaba el momento, mejor achacaría la muerte de la chica a alguno de los demonios menores que le habían acompañado. Menos mal que no había usado su ojo en esta ocasión sino Naraku ya estaría al tanto de lo acontecido y no le daría ni la menor oportunidad de explicarse.

Paso sobrevolando la despoblada aldea sita en la falda de la montaña. Echo un leve vistazo a las ahora deshabitadas calles mientras avanzaba hacia su meta.

Triste el destino de todo aquel, ya fuera humano o youkai que se interpusiera en el camino de Naraku, y él no tenia la intención de acabar igual que sus predecesores.

Rebasó la ladera de la montaña y contempló, suspendido en el aire, la impresionante fachada de la mansión que se hallaba ante él. Una nube de shouki rodeaba la casa contra inesperados intrusos, y se podían apreciar los despojos de algún desventurado animal que había caído victima de tan mortífero veneno.

Bien, era hora de mentir como un bellaco.

Llegó volando hasta las enormes puertas y allí descendió de su montura. Abrió las puertas y entró en la hall con paso dubitativo, mirando, al caminar hacia la estancia donde suponía que se encontraba el hanyou, los restos de los infortunados sirvientes del antiguo señor feudal que habían caído, al igual que la población de la aldea, bajo el veneno que invadió el lugar cuando Naraku se hizo el dueño.

Respirando profundamente se dijo que estaba listo para embaucar a su señor.

Recorrió los pasillos que le llevarían a la estancia principal de la mansión, donde su señor había decidido instalar su cuartel general. Llegó hasta la señorial puerta de madera tallada y la golpeó suavemente con los nudillos, esperando después, hasta que oyó que se le permitía el paso. Abrió la puerta y asomó la cabeza para comprobar quienes estaban en el interior de la habitación. Para su desgracia el maldito Magatsuhi se hallaba revoloteando junto a Naraku que estaba sentado cómodamente en su trono, atormentando a la pequeña cautiva que tenia a sus pies, con uno de sus apéndices.

- Vamos, despiértate de una vez pequeña desgraciada, así no puedo divertirme contigo- le decía a la niña que seguía al parecer inconsciente- ¿alguna noticia de Sesshomaru?- preguntó dirigiéndose a la sombra que rondaba a su alrededor.

- No, pero de seguro vendrá en cuanto se entere de tenemos a su amiguita.

- Perdón, ¿puedo pasar?- pidió Byokuya.

Naraku miro hacia la entrada donde asomaba la cabeza de su subordinado.

- Vaya, ya era hora de que volvieras- dijo Naraku, mirando anhelante detrás de él- ¿dónde está mi cebo?

- He tenido un...digamos... contratiempo- respondió, entrando en la estancia.

El hanyou le hizo un gesto con la mano para que se acercara un poco más hacia él.

- Explícate, ¿qué contratiempo es ese?

- La sacerdotisa...bueno ella... se despeñó por un precipicio, huyendo de los youkais que mande tras ella. Creo que está muerta- respondió dando unos pasos.

- ¿Viste el cadáver?

La extensión se quedó perpleja ante la pregunta.

- ¿Cadáver…? En realidad...no. No vi el cuerpo, pero estoy seguro de que esta muerta. La caída fue mortal de necesidad- reconoció indeciso.

El hanyou dejó de molestar a la inerte chica y observó a su secuaz, cruzando los brazos sobre su armadura.

- Te atreves a presentarte ante mi asegurando que la chica esta definitivamente muerta, sin tener ninguna prueba fehaciente de ello.

- Pero...

Antes de que alegara cualquier excusa, un tentáculo le cruzo la cara, creándole un profundo surco sangrante que le recorrió el borde del ojo derecho hasta la comisura de la boca. Se llevo la mano sobre la hendidura que le producía un dolor terrible.

- Te asigné la misión de traerla, preferiblemente viva, aunque no era un requisito imprescindible. Su helado y exánime cuerpo me era de igual utilidad. Ese hanyou no dejaría a mi merced ni su patético cuerpo difunto. ¿Qué hacías mientras la chica se caía?, ¿te quedaste mirando?

- Impedía que ese idiota de Inuyasha se interpusiera. Dame otra oportunidad, te la traeré, este viva o muerta, lo prometo. No volveré a fallarte- suplico ante un nuevo movimiento amenazador del tentáculo.

Naraku pareció sopesar sus opciones y finalmente retiro el tentáculo.

- Te daré una ultima oportunidad, pero si fallas de nuevo no te molestes en volver- amenazó- mejor que desaparecieras a manos Inuyasha, haciendo algo de provecho.

Le despidió con un gesto de su mano y centro de nuevo su atención en su inerte rehén, retirándole los revueltos cabellos que ocultaban su diminuto rostro con una de sus manos, comprobó sí aún tenía aliento. Una vez se cercioró de que la niña seguía con vida, volvió a apoyarse en el respaldo de su trono, dejándola tranquila por el momento.

Era una verdadera pena perder a la sacerdotisa, después de lo que había planeado para ella. Toda su diversión echada a perder por un incompetente. Pero aún le quedaba una baza. Se haría con la fuerza demoníaca del hermano mayor para hacerse aun más poderoso y pensaría otra forma de atraer al hanyou a su muerte.

- Eres demasiado permisivo con tus ayudantes. ¿No piensas castigar a ese idiota por su fracaso? Esta claro que esta mintiendo, es un cobarde, no se ha ensuciado las manos- interrumpió la esencia sus pensamientos- ha fallado estrepitosamente en su misión.

- ¿Estas enfadado por no conseguir el alma de esa humana, eh?- contestó tranquilo- quizás deberías haber ido tu a buscarla, después de todo sus armas no podían causarte ningún daño importante- añadió encogiéndose de hombros.

- ¡Maldito seas Naraku!, es que has olvidado que el vórtice del monje puede tragarme. Por no hablar del ese endemoniado boomerang- mencionó rabioso- Esos dos humanos son un peligro para mi. Yo he cumplido mi parte de nuestro pacto, trayéndote a esta maldita mocosa que no me vale para nada. Me prometiste el alma de esa humana si te ayudaba y he cumplido.

- No te sulfures tanto, solo ha sido un pequeño error de calculo, esperemos a ver como se desarrollan los acontecimientos. Al final tendrás todas sus almas si las deseas.

La sombra bufó furiosa ante la pasividad de su socio.

Para que demonios quería el las débiles almas de los otros humanos. La que verdaderamente le interesaba era la de la aquella chica. La fuerza espiritual de aquella humana le hubiera sido de mucha ayuda en la lucha continua que aun mantenía con la sacerdotisa Midoriko en el interior de la esfera. Pero el alma de esa chica era demasiado pura y necesitaba la ayuda de Naraku para que la corrompiera hasta que pudiera servirle a sus planes de vencer en la batalla. Por eso acepto el trato con el maldito híbrido. Si hubiera absorbido su alma siendo tan pura solo habría conseguido auxiliar a su enemigo. Aun con sus poderes sellados, no había podido acercarse a ella sin el riesgo de ser en parte purificado. La chica era un peligroso adversario a tener en cuenta y su socio no parecía darle a tal hecho la importancia que realmente tenia, obcecado como estaba en conseguir absorber el poder youkai de los dos inus. Subestimar los poderes de Kagome podría traerle a Naraku nefastas consecuencias, pero ese era su problema.

- Si esa humana está realmente muerta, cosa que dudo, me plantearé seriamente no concederte tu deseo, así que será mejor que yo consiga lo que quiero para que tus anhelos se cumplan.

Naraku le miró sin comprender por que se mostraba tan seguro de la supervivencia de la miko.

- ¿Cómo estas tan seguro de que esta viva, sabes algo que yo ignoro?

- Digamos que esa miko y yo estamos conectados a un nivel espiritual. Estuve encerrado en la esfera mientras esta permanecía en el interior de su cuerpo. Eso creo un vínculo entre los dos. Por eso pude sellar sus poderes y ella podía purificar la joya con su sola presencia cerca aunque careciera de sus verdaderos poderes espirituales.

A Naraku le importaba poco si la chica vivía o se moría, solo era el medio de acabar con el testarudo hanyou que jamás dejaría de perseguirle buscando venganza y se interponía en sus planes una y otra vez. Poco importaba si era la reencarnación de Kikyou, ya había logrado acabar con aquella poderosa y aquella cría no era ninguna amenaza para él. No comprendía el temor que aquellos estúpidos demonios parecían tenerle. Una vez completa la perla no le hallaba mas utilidad que la de ser un cebo para su verdadera presa. Como la estúpida esencia de la joya no quería unirse a el a menos que le entregara el alma de la miko, había accedido a hacer un trato ya que les unían intereses comunes.