De verdad lamento la tardanza y agradezco los reviews que siempre levantan el ánimo cuando estas metida en otras cosas, como las tareas extraescolares aunque estuve de vacaciones, y los asuntos de la casa, los otros fics, etc. Sin más que lamentar y para no abrumarlos con mi vida les presento la continuación de la trama... disfrútenla.

Capítulo 25.

Previamente, en el capítulo anterior…

Por cierto, Inuyasha… —Aome se enderezó otra vez, aunque en esta ocasión no se soltó de los brazos del semidemonio, y lo miró con ternura—… me gustaría ir nuevamente al futuro para darle la buena noticia a mi familia… claro, sí es que se puede —mostrándose al instante algo apenada por su descabellada petición.

Al siguiente día después de su regreso donde los lobos, y antes de que el sol se levantara más arriba del horizonte, Inuyasha fue por Aome a la cabaña de la anciana Kaede y así "regresar" una vez más al futuro que la joven había abandonado, y todo para darle a su familia la buena noticia de su próximo casamiento.

Bueno, entre más pronto abriera los ojitos la muy tonta muchacha más pronto se le borrarían esas ideas locas, ya que el joven semidemonio pensaba que la pelinegra se llevaría un buen fiasco al comprobar lo que creía comprobado… el pozo no funcionaría otra vez para volver al tiempo que ella había decidido dejar. Pero no sería él quien se lo negaría, tarde o temprano se daría cuenta de lo estúpida que fue al pedirle eso.

¡Oye, Aome, apúrate que no tenemos todo el día! —le llamó desde las afueras de la vivienda.

La chica salió desperezándose soltando un discreto bostezo, estirando un poco los brazos para terminar de despertar, ya que en realidad era bastante temprano aun.

¡Ajum!, muy buen día, Inuyasha —le saludó mirándolo un poco soñolienta—. Dame un momento para terminar de arreglarme.

Pues date prisa… es mejor que nos vayamos temprano para así regresar temprano —el muchacho le soltó un tanto molesto por que no estuviera lista, más pareció divertido al verla tallarse los ojitos de esa forma.

Si, tienes mucha razón… en seguida estoy lista —la chica le respondió ya más despierta, dándole la espalda para volver al interior de la choza—. Muy buen día, anciana Kaede, lamento que Inuyasha le haya importunado tan temprano con sus gritos —y saludó a la buena mujer que en ese momento asomó también por la puerta, dedicándole una respetuosa reverencia al tiempo que le hablaba con deferencia.

Oh, no te apures por eso, Aome, muy buen día —contestó la viejecita correspondiendo el gesto amable y la sonrisa, y después miró al Hanyō con mayor seriedad—. Y buen día a ti también, Inuyasha.

Mmm… Buen día, anciana —el joven le respondió en entonación algo apenada e irritada, ya que no tenía la intención de ver a nadie por el momento. Decidió cruzarse de brazos para así fingir indiferencia.

Kaede salió por completo y se le acercó al muchacho, mirándolo escrutadoramente.

Dime una cosa Inuyasha, ¿estás seguro de lo que van a hacer? —le preguntó un poco dudosa.

¿A qué te… refieres exactamente con eso, anciana? —y éste se avergonzó un poco más—. ¿A… casarnos?... Pues… bueno, por… por supuesto que… que… —contestando en un susurro bajo sin dignarse a mirarla—… ¿qué no eso es lo que todos ustedes quieren?

En realidad no es a eso a lo que me refiero, Inuyasha —le sonrió la buena mujer palmeándole cuidadosamente un hombro para reconfortarlo —, aunque debes recordar que no te casas porque nosotros queremos, sino porque ustedes se aman y así lo han decidido… creo que ya eres lo suficientemente maduro para formalizarlo esta vez…

El sonrojó del Hanyō se hizo tan intenso como el tono de su traje, y la respetable retomó la seriedad antes de continuar con su discurso.

… Yo hablo de atravesar nuevamente la barrera del tiempo… —dijo con voz profunda.

¡Uf, era de eso! —él soltó un suspiro bajo de alivio, ya que no tenía ganas de contestar más preguntas tontas sobre su decisión.

Y es que la noche anterior, festejando la noticia en casa de Sango, y cenando con sus amistades, Aome les contó sobre la gran idea de darle a su mamá la buena noticia de su próximo matrimonio, y para eso necesariamente tendrían que "volver al futuro".

… ya que tal vez sea peligroso intentarlo —observó la anciana con seriedad, mirándolo un tanto inquisitiva.

Bueno, yo no estoy seguro de que podamos pasar otra vez… —Inuyasha respondió hablando más calmado, retornando a su gesto habitual de seriedad y dureza—… pero tú ya sabes lo terca y obstinada que puede ser Aome, así que no quise discutir con ella… ya se dará cuenta la muy...

Se silenció muy justo a tiempo, pues la aludida salía en ese instante junto con la pequeña Lin, la cual se veía bastante despierta. La joven vestía con un cómodo traje deportivo, de los que acostumbraba a usar en su tiempo, y el semidemonio decidió que lo más prudente era guardar el comentario un tanto despectivo sobre esa clase de ropa ya que, al parecer, su damisela no terminaba de acostumbrarse a las vestiduras antiguas de sacerdotisa.

¡Muy buen día tenga usted hoy, señor Inuyasha! —la niña le saludó con su característica y linda sonrisa, dedicándole una respetuosa reverencia.

Etoo… hola, Lin, buen día también para ti —y el semidemonio correspondió al saludo un tanto cohibido, ya que la chiquilla se mostraba siempre tan alegre y confiada, inclusive ante el antisocial de Sesshōmaru.

Muy bien, Inuyasha, ya podemos irnos —le dijo Aome con una sonrisa idéntica a la de la infanta dibujada en su bello rostro, tomándole amorosamente del brazo.

Si… claro… —ante la visible muestra de cariño el ojidorado trató de recomponerse un poco, pero el rubor de sus mejillas se hizo intenso por un segundo—… Entonces… regresamos más tarde —y se despidió de sus acompañantes evitando mirarlas de frente, cargando con el equipaje que llevaría la morena.

Si no estamos de vuelta pronto es porque sí fuimos al futuro —puntualizó la pelinegra despidiéndose también con educación.

¡Qué les vaya muy bien, señorita Aome, señor Inuyasha! —les gritó Lin agitando la mano, yéndose con Kaede por otro sendero que conducía a las afueras del poblado.

Los viajantes se encaminaron hacia una cabaña cercana para despedirse como correspondía, en donde Sango les esperaba en la puerta, dándole a su pequeño bebé el primer alimento del día. Las gemelas continuaban dormidas todavía, ya que aún era temprano para ellas.

Muy buenos días, amigos —les saludó amablemente al verlos llegar, cambiando a su hijo de lado y acomodándose la túnica—, ¿gustan desayunar antes de irse? —preguntó con amabilidad.

Buen día, Sango, gracias por invitar —Aome correspondió al saludo mientras Inuyasha sólo gruñó un poco, ya que no le agradaba verla en esa postura—, pero no te preocupes por eso, hoy desayunaremos con mi mamá.

Bien… como digas —observó la castaña sin cambiar la cara alegre, mirando de reojo al Hanyō y disimulando una risita, ya que se apostaba que el pobre moría de hambre y no despreciaría un platón de arroz.

Además espero poder traerte algo más para… para… bueno, para ya sabes qué — agregó la pelinegra sonrojándose y tartamudeando momentáneamente, lo que ocasionó que el semidemonio la mirara con algo de duda… bueno, analizándolo esas eran cosas de mujeres que no le importaban para nada.

Este… si, Aome, gracias por eso —la exterminadora se apenó también al enrojecer levemente de los pómulos—. Pues les deseo un buen viaje y no se preocupen por nada, los esperamos para ultimar los detalles de su boda —añadió sonriendo ampliamente para disimular su bochorno.

¡Keh!, no creas que vamos por una eternidad, Sango —Inuyasha se animó al fin a hablar, empleando su habitual tono seco—, así como llegaremos allá así nos regresaremos —dijo firmemente para que no hubiera duda de su determinación.

De acuerdo, Inuyasha, eso me parece bien —Sango volvió a sonreír sin ánimo de contradecir a su amigo… conociendo a Aome como la conocía, cualquier cosa podría pasar, y, aunque el Hanyō rezongara, terminaría cediendo a sus deseos.

¡Adiós! —Aome jaló firmemente a Inuyasha del brazo y se alejaron con rumbo al pozo, ya que una idea le cruzó por la mente… ¿cómo había pasado por alto un detalle tan importante?

Antes de llegar al sitio, la joven se dirigió con un poco de seriedad al muchacho, soltando un suspiro bajo.

Oye, Inuyasha… ¿tú… tú crees que… qué podamos ir al futuro y volver sin ningún contratiempo? —le dijo en forma dudosa.

"Ahora resulta…" pensó el joven un tanto molesto, y ya no pudo disimular su descontento.

¿De verdad quieres que te diga lo que creo, Aome?... —le soltó de forma agresiva deteniendo su andar, y sin esperar respuesta, puntualizó casi como si ladrara de rabia—… ¡Es la idea más idiota que has tenido! ¿En serio pensabas que el pozo funcionaría otra vez como si nada después de tanto tiempo?... ¡abre los ojos y no pienses tonterías! —añadió observándola con dureza.

Las achocolatadas pupilas de la doncella se clavaron el semidemonio, y entonces soltó un suspiro más hondo que el anterior, haciéndolo retroceder del susto esperando lo peor. "¡Oh, no…" se reprendió internamente mirándola está vez con aprensión "… Aome va a desquitarse por lo que le dije!". Y ella se sentó decaída en un tronco cercano, dejándolo boquiabierto de la impresión.

Este… ¿Aome? —preguntó cautelosamente.

Tal vez tengas razón, Inuyasha… —respondió la aludida en un susurro muy bajo, con la cara apoyada en sus manos—… Pero me gustaría tanto ver otra vez a mi familia y darles la buena noticia… mi mamá se sentiría tan feliz… y Sota… y mi abuelo… y… —y le brotaron unas pequeñas lágrimas al tiempo que soltaba sollozos ahogados.

Oye, Aome, yo no… —Inuyasha se le acercó sintiéndose un canalla, no debió ser tan sincero en su opinión—… no llores… tenemos que comprobar si el pozo funciona o no antes de darse por vencidos.

Bueno, lo mejor que pudo hacer para enmendar su error fue agacharse a la altura de la chica, acariciarle suavemente una mejilla para limpiarle una lágrima, y suavizar su expresión contemplándola está vez con una mezcla de ternura y arrepentimiento. Aome levantó la vista y le sonrió.

Entonces… ¿te parece bien que lo intentemos? —le preguntó esperanzada.

Él afirmó con la cabeza y le dio la mano para levantarla, y así, tomados de la mano, avanzaron el último trecho para llegar al lugar indicado. El pozo devorador de huesos se veía tan normal como siempre, alguien lo había tapado con unas maderas y a su alrededor crecían diminutas flores y mucha yerba. Era un lugar abandonado pero, al estar rodeado por la naturaleza, lucía bastante encantador. Inuyasha movió las tablas que cubrían el brocal y se asomó al interior para comprobar que no hubiera alguna sabandija oculta en la oscuridad.

Bien, parece que no hay nada extraño por aquí —dijo volviendo la vista a Aome, dispuesto a tomarla nuevamente de la mano para entrar al pozo.

Este… Inuyasha… tengo que… me parece que… —la pelinegra pareció dudar otra vez.

¿Y ahora qué? —le preguntó entre dudoso y molesto.

Es que… bueno, me parece que… me parece que antes de irnos debemos practicar un poco… —ella tartamudeó levemente para continuar, aspirando una bocanada de aire… eso era lo más correcto—… practicar lo que le diremos a mi familia cuando nos presentemos frente a ellos.

El Hanyō parpadeó con incredulidad y asombro… ¿de qué estaba hablando su amada? De verdad que a veces no la entendía.

¿El… qué…? —cuestionó con la boca abierta—. ¿Y qué cosa vamos a… practicar?

Pues… pues practicar como… —la muchacha volvió a ruborizarse, levemente avergonzada por lo que diría a continuación—… como vas a pedir mi mano —externó un tanto apresurada.

… ¿Pedir tu… pedir tu mano? —a él casi se le cae la quijada—. ¿Y eso para qué, para qué quiero pedir tu mano? —preguntó con desconcierto.

¿Cómo que para qué? —ahora ella lo miró extrañada—. Eso es lo que se tiene que hacer para que nos casemos… ¿no lo sabías?

Inuyasha se rascó la parte alta de su cabeza con verdadero desconcierto, sin comprender absolutamente nada de lo que le decía Aome.

¿En serio se tiene que hacer eso para poder casarse? —dijo haciendo la observación—. Que yo sepa el idiota de Miroku no tuvo que pedirle a nadie la mano de Sango para desposarla… —agregó.

Eso es porque Sango ya no tenía familiares mayores a quien pedirla, pero no dudo que, si su padre siguiera con vida, el monje Miroku la hubiera pedido correctamente sin dudarlo —explicó la muchacha con convicción después de suspirar por lo bajo—. Tú debes pedírselo a mi abuelo, ya que él ha sido como mi padre desde que yo era una niña.

Eee… pues… —ahora el tartamudo fue otro. Que difícil y complicado resultaba eso de unirse en matrimonio—… esto es… ¿es necesario hacerlo así? —interrogó el semidemonio en voz muy baja.

Pues si quieres ser parte de mi familia… sí —le contestó la joven en entonación solemne.

¿Y quién dice que yo quiero ser parte de tu familia? —respondió él sin razonar.

… —obvio que por esas palabras se ganaría un castigo, ya que la mirada de Aome se tornó indignada—… ¡Osuwari!... ¡Pues tú… tontooooo! —le gritó con verdadera molestia.

Y el azotón merecido llegó por no pensar al hablar y morderse la lengua para no decir burradas, así que el Hanyō comió tierra aunque quiso evitarlo a toda costa.

Aome… argh… —dijo escupiendo el "bocado" que casi se traga al tener la bocota abierta—… perdón, no era mi intención ofenderte… blegh… en serio lo siento —le dijo en tono compungido al enderezarse y sacudirse el polvo.

Ella lo fulminó levemente con sus pupilas cafés, y después le sonrió.

Está bien, Inuyasha, te perdono — le dijo con dulzura acariciándole las orejas—. Entonces veamos cómo vas a pedir mi mano… ponme toda tu atención.

Bien, la joven se tomó una media hora para decirle al Hanyō las palabras exactas y adecuadas con las cuáles pediría su mano al abuelo, y dejar así una huella en su tiempo de que todo se había hecho con la formalidad que requiere un acto de esta naturaleza, dado que el matrimonio es un pacto que no se puede echar por la borda como si nada. Pero los resultados no fueron los esperados, así que tuvo que darse por vencida.

Bueno… no será difícil —dijo suspirando por lo bajo, ya que en realidad sería complicado el que Inuyasha fuera espontáneo en expresar sentimientos—, sólo relájate y sé tú mismo.

Pues si tú lo dices —le contestó el ojidorado visiblemente alterado, esforzándose en conservar la cabeza fría.

Entonces… ¡vámonos! —dicho esto la muchacha le jaló del brazo para tomar impulso y cruzar el brocal hacia adentro del pozo.

El semidemonio la abrazó rápidamente para evitar el mal golpe contra el fondo… ya después le llamaría la atención ante su falta de cordura. Pero no pasó nada de lo que él había pensado, lo único fuera de lugar fue el cálido resplandor que les rodeaba cuando cruzaban la barrera del tiempo. Y los dos se dieron cuenta de que había funcionado una vez más.

¡Oh, Inuyasha, es maravilloso, que alegría! ¡Si pudimos volver, estamos en el futuro! —dijo Aome abrazándolo emocionada, visiblemente gozosa por su buena suerte.

Etoo… ya veo que aún funciona… —él estaba tan asombrado y sacado de onda que no supo ni que decir por unos segundos—… pero, ¿por qué? —susurró por lo bajo al final, para que la morena no fuera a escucharlo.

¡Anda, vamos ya! —sin notar esa duda en el rostro del muchacho la chica volvió a jalarlo para que salieran del pozo.

Pues, en vista de lo sucedido, había que cumplir como hombre. Emergieron del pequeño local donde el pozo se hallaba oculto y se encaminaron hacia la casa. Aome miraba fascinada para todos lados… ya había pasado poco más de un mes en que regresó al Sengoku para no volver a casa, y ahora estaba nuevamente ahí para comunicar la gran noticia que soñó por tres largos años. Inuyasha también miraba todo, entre sorprendido y anonadado de que el pozo siguiera en funcionamiento. Ese enigma lo tenía intrigado, pero después haría entrar en razón a su amor y analizarían el porqué de semejante incógnita. Fue entonces que una enorme silueta se abalanzó sobre la chica, y casi la tira.

¡Oh, "Inu" querido! —la muchacha reconoció a su mascotita y lo abrazó con mucho afecto, acariciándole la cabeza—, ¡pero qué lindo estás!... veo que Sota te ha cuidado muy bien.

Efectivamente, "Inu" les ladraba sonoramente moviendo la cola, al segundo le gruñó brevemente a Inuyasha y después le hizo fiestas como la primera vez, saludándolo a su manera y tratando de lamer su rostro.

Oye, no, perro, no… no soy tu juguete… espera… —lógico que el Hanyō trató de desembarazarse de los arranques de tan juguetona criatura—… estate tranquilo y déjame en paz —agregó en tono de mando, mirándolo muy fijamente para imponer su supremacía canina.

"Inu", por favor llévanos a donde está mamá, ¿sí? —le dijo la pelinegra al can de manera cariñosa.

El obediente animalito ladró más bajo y se encaminó a la casa delante de ellos, como si hablaran el mismo idioma que su antigua ama y la entendiera a la perfección.

Anda ya, Inuyasha, tenemos que saludar a mi mamá antes de desayunar —Aome tomó una vez más el brazo de Inuyasha lanzándole una mirada amorosa y complaciente.

El desayuno… tienes razón, Aome, vamos ya —por el desayuno no protestaría, ya que se cargaba un hambre feroz desde que el sol salió esa mañana.

Recorrieron juntos el último trecho del patio para entrar al hogar materno de la joven, y encontraron a la buena señora Naomi en la cocina, preparando el desayuno para su buena suerte.

¡Mamá, mamita querida! —la muchacha soltó al joven semidemonio para abrazar a su progenitora con alegría—, ¡sorpresa!

Aome… —parpadeó la buena mujer al reconocerla, para después sonreír grandemente—… ¡oh, hija mía, qué alegría, viniste a visitarnos! —correspondió el abrazo e inmediatamente fijó una cariñosa mirada en el muchacho de dorados ojos—. Inuyasha querido, me da gusto verte… tú tan guapo como siempre.

Eto… el gusto es mío, señora —él contestó algo apenado, dedicándole una leve reverencia a modo de respeto.

¿Y dónde está mi abuelo, y Sota? —preguntó la muchacha con curiosidad mirando hacia todos los rincones, aunque en realidad suponía la respuesta.

Tu abuelo aun duerme… ya sabes, la edad y los achaques —le respondió la señora sin dejar de sonreír—. Y Sota se fue a la escuela —puntualizó.

A todo esto "Inu" se acostó en su rincón favorito, muy quietecito y reflejando en sus facciones perrunas la alegría de ver nuevamente a su "amita" y a su muy olorosa pareja (es que Inuyasha tiene un aroma familiar). Buyo se les acercó como buen minino, cauteloso y silencioso, y muy confianzudamente se frotó contra las piernas del semidemonio.

Oye, gato feo, yo no soy de tu propiedad, así que respétame —el joven ojidorado percibió las intenciones del felino y le espetó algo molesto tratando de apartarlo.

Inuyasha… no seas así, Buyo sólo quiere saludarte —le reprendió la pelinegra en tono amable, agachándose para acariciar al gato—. Buyo, gatito lindo, estás más gordo que la última vez —le dijo a modo de regaño.

¿Ya desayunaron? —les dijo la señora Naomi muy amable, continuando con su labor.

¡Yo tengo un hambre voraz! —por toda respuesta el Hanyō se sentó rápidamente en un lugar cercano, relamiéndose de gusto.

Oye, Inuyasha, no seas cochino y lávate las manos antes de comer —esta vez el regaño de parte de Aome fue con algo de autoridad.

¡Keh!, no me fastidies con eso, Aome —rezongó Inuyasha con fastidio, más decidió obedecer y se levantó para ir a asearse.

La señora Naomi les sirvió un buen desayuno consistente en platillos típicos y algo más para su futuro y querido yerno en ciernes, y tanto ella como su hija charlaron largamente sobre los logros escolares de Sota, sobre las ganancias obtenidas por el anime y las regalías que aseguraban una buena situación financiera, y sobre los asuntos del corazón de la buena mujer con el señor Ryoga Hybiki, el tío político de Shinosuke, el "nieto" del gerente general de la SHONY… el amable señor Hybiki le había propuesto matrimonio a Naomi, y eso llenó de alegría a la joven morena.

¡Oh, mamá, es una noticia maravillosa! —dijo abrazándola una vez más, dejando un poco de lado el cerro de trastes sucios que le estaba ayudando a lavar, dado que Inuyasha no paraba de devorar la comida—. Aun eres muy joven y mereces rehacer tu vida, y el tío Ryoga es un buen hombre.

Me da tanto gusto oírte hablar así, hija —la señora sonrió grandemente ante esas palabras—. Ya sólo arreglará algunos pendientes de la compañía en el extranjero y tal vez nos casaremos en dos o tres meses.

¿Y qué dice Sota a todo esto? —preguntó la muchacha volviendo al quehacer.

Sota es un niño tan generoso y bueno, así que opina lo mismo que tú —le contestó Naomi sin cambiar el gesto alegre —. Pero no me han contado de ustedes… dime, Inuyasha querido, ¿se han casado ya? —añadió mirando a su futuro yerno con interés.

El Hanyō se había concentrado tanto en comer y satisfacer su apetito que no intervino en una conversación que no le importaba, por lo tanto la pregunta lo tomó desprevenido.

… ¡Cof, cof!, ¡me ahogo! —y por poco se le atora la doceava empanada con carne que devoraba… tosió levemente golpeándose el pecho, lagrimeando un poco para recuperar la respiración normal—. Perdón… yo… es que aún no… ¿de qué hablaban? —y, avergonzándose en sobremanera, quiso fingir demencia desviando la vista.

¡No pensé que fueras tan tímido, Inuyasha querido! — la señora Naomi se carcajeó cantarinamente por lo bajo, divertida del bochorno de joven semidemonio.

Este… mamá… por eso venimos, porque necesitamos hablar con mi abuelo para que dé su autorización —Aome también se sonrojó intensamente, y hasta se le cayó un plato que se rompió estrepitosamente contra el suelo—. Oh, lo siento —añadió presurosa, dispuesta a recoger los pedazos de loza.

Ya veo… descuida, hija, ya limpiaremos más tarde —le dijo la buena mujer tomándola del hombro para impedir que se agachara, mirándola con ternura maternal, y, asimismo, le dirigió al ojidorado una mirada para confortarlo—. Inuyasha querido, no debes preocupes que el abuelo no va a matarte, sólo tienes que ser tú mismo y decir las cosas con sinceridad.

Es que… —el semidemonio no pareció muy convencido.

¿Alguien habló de mí? —fue entonces que el aludido anciano entró a la cocina, desperezándose y bostezando grandemente.

¡Oh, abuelo querido! —Aome lo abrazó por sorpresa, plantándole un beso en lo alto de la coronilla—, ¡me da tanto gusto verte bien!

¿A… Aome?... ¿Inuyasha? —el respetable veterano parpadeó con incredulidad, reconociéndolos a ambos.

Estee… muy buen día, abuelo —el ojidorado volvió a mostrarse cohibido ante la presencia del buen hombre. Eso ya era demasiado suplicio para él.

Buen día, papá, toma asiento para que pueda servirte el desayuno y dame un minuto mientras escuchas lo que los muchachos tienen que decirte —le dijo solícitamente la señora Naomi al ancianito, acercándole un asiento para que se acomodara a la mesa.

La joven morena fue a sentarse al lado del peli plateado, y le tomó una mano bajo la mesa para animarlo a hablar, lanzándole una fugaz mirada de apoyo y cariño.

Bueno, he de confesar que esto es sorprendente e inesperado —el buen hombre recuperó la cordura después de sentarse, mirando todavía a los recién llegados—. ¿Cómo han estado las cosas por allá, Aome? —preguntó con curiosidad.

Muy bien, abuelo, bastante bien ahora —le contestó la muchacha en tono respetuoso—. Y todos mis amigos mandan saludos, para ti, para mamá y también para Sota.

Son muy amables —agradeció el anciano empleando está vez un tono serio—. Ahora dime una cosa más, Aome… ¿Inuyasha te ha cumplido como es debido? —cuestionó lanzándole al semidemonio una mirada escrutadora y un tanto dura.

Etoo… —el pobre aludido volvió a desviar la vista al sentir una vez más el intenso rubor en sus mejillas.

Pues es precisamente de eso de lo que queríamos hablarte, abuelo —la chica también se apenó, pero le respondió a su abuelo con toda su educación, cerrando los párpados por un segundo y esperando que el Hanyō soltara el breve discursito ensayado con anterioridad—. ¿Verdad que sí, Inuyasha? —agregó lanzándole una breve mirada desesperada, dándole un suave apretón a la mano que tenían bajo la mesa.

Estee… pues yo… yo no… es decir que yo… —Inuyasha tartamudeó sin dignarse a ver la cara del anciano ni la de su amada. "De haberlo sabido no venimos" se dijo internamente, con el rostro ardiendo de la puritita pena.

Al sentirse duramente observado por Aome, así como la forma escrutadora en que el abuelo de ésta lo veía, el Hanyō quería desaparecer para estar en el Sengoku, mucho más seguro lejos de ellos. La señora Naomi les interrumpió muy a tiempo para darles un respiro.

Toma, papá, come con mucho cuidado que están recién hechecitos, no te vayas a quemar —dijo amablemente colocando con cautela frente al hombre mayor un platón rebosante de hot cakes con jamón y una taza de té, para posteriormente sentarse a su lado sin dejar de sonreír.

Ese lapso fue aprovechado por Aome para hablarle a Inuyasha muy cerca del oído, jalándole bruscamente una de sus sensibles orejas.

¿Acaso no te acuerdas de lo que te dije, Inuyasha?... —le dijo en voz muy baja empleando un tono de reproche.

¡Auch!, Aome, tienes que ser tan brusca… —él protestó también en un susurro.

¿Dijeron algo? —el abuelo volvió a mirarlos con curiosidad, masticando un pequeño pedazo de hot cakes.

Habla de una buena vez… —la mirada de la chica se hizo siniestra y amenazante, viendo al semidemonio como si tuviera ganas de mandarlo al suelo.

Estee… no… es decir… Aome, ¿estás enojada? —al peli plateado se le enredó la lengua por enésima ocasión, y ahora del susto ante la inminencia de ser castigado.

¡Vamos, Inuyasha querido, no tengas miedo! —le dijo la señora Naomi en tono alegre riendo discretamente, dirigiéndose posteriormente al buen hombre—. Papá, Inuyasha vino a pedir la mano de Aome para casarse formalmente.

¡Ah, era eso!... por ahí hubieras empezado, muchacho —dijo el viejito hablando en tono de conformidad y volvió a comer con toda la calma del mundo—. Naomi, hija, los hot cakes están tan deliciosos como siempre —agregó saboreando el bocado, y volvió a mirar a Inuyasha con curiosidad y algo de recelo—. Muy bien, Inuyasha, te escucho.

Pues… bueno… bueno, vera… yo… tengo que… tengo que… —y el pobre ojidorado continuaba tan rojo como su traje, deseando ser invisible.

A todo esto Aome lucía un tanto histérica… "¡No es posible que no pueda decir algo tan simple!" se dijo a sí misma en su interior, y tuvo que guardarse un hondo suspiro… "Me imagino que el monje Miroku lo haría mejor si le hubiera tocado". Bien, tenía que picarle el orgullo al semidemonio o se pasarían media hora oyéndolo balbucear como lactante.

Inuyasha, me dijiste que sería muy fácil para ti el pedir mi mano, ya que anhelas con todo tu corazón el que nos casemos pronto… —le habló un tanto amenazante.

¿En serio yo dije eso?... no recuerdo haberlo hecho —el aludido la miró con dudoso, intrigado por sus palabras. ¿Cuándo había dicho algo así?

Por supuesto… incluso me aseguraste que el monje Miroku es un inexperto a tu lado —la muchacha continuó su perorata haciéndose la ofendida, esperando a su vez que el joven se tragara la mentira y no se delatara solito—, pero puedo creer que hasta Koga lo debe haber hecho mejor que tú cuando le pidió matrimonio a Ayame, sin dudarlo tanto —puntualizó.

¡Keh!, ¿estás insinuando acaso que el Sarnoso ese es mejor que yo? —por obvias que esa comparación le llegó al muchacho, así que levantó un poco la voz olvidando que tenían interlocutores presentes.

No, Inuyasha, no estoy insinuando nada — insistió la chica tratando de no exasperarse, ya que tampoco quería que él se molestara de verdad—, sólo digo que eres un indeciso que no puede hablar cuando tiene que hacerlo, y que no puede hablar bien —adicionó antes de desviar la vista para ocultar su ansiedad… quiera Dios que la treta funcionara.

El abuelo y la mamá parpadearon un poco con incredulidad… ya los habían visto discutir antes, pero siempre era algo cómica la manera en que esos dos peleaban verbalmente. Para el Hanyō todo el asunto no era más que un reto a su valor y a su hombría, de la que nadie podía dudar, y mucho menos Aome.

¡Jah, pues ya verás que soy mucho mejor que el Sarnoso de Koga o el idiota pervertido de Miroku! —espetó retadoramente y dirigió la vista al abuelo, serenándose un poco ya que no quería verse grosero—. Mire, abuelo, pienso casarme con su nieta y por ello vine a pedirle su mano, pero si no le parece no me im… —dijo tratando de oírse cortés.

Descuida, Inuyasha, te agradezco la consideración… —el buen hombre le interrumpió sonriendo abiertamente en está ocasión—… por mí no hay ningún inconveniente ya que Aome te quiere mucho, siempre lo sospeché cuando regresaba enojada del Sengoku y no quería hablar de ti… —agregó un poco nostálgico recordando esos días, lo que hizo enrojecer a Aome.

"¡Uf, menos mal que ya pasó todo!..." el ojidorado se guardó un suspiro de alivio después de escuchar al anciano hombre, sin poner tanta atención a las últimas palabras. "… ahora ya podremos irnos para terminar con esto de una buena vez". La verdad no es que estuviera tan ansioso de casarse… bueno, claro que ya deseaba vivir con Aome, pero lo que en ese momento quería de verdad era alejarse del barullo ya que no había nada como la tranquilidad del Sengoku.

… Es más, pensé que a estas alturas ya vivían juntos como buen matrimonio… ¿pues qué les ha pasado? —el abuelo seguía hablando, y está vez les interrogó mirándolos una vez más de forma escrutadora.

Ay, abuelo, no pensarás de verdad que… —la muchacha no ocultaba su felicidad, más el rubor de sus pómulos se intensificó al decir lo siguiente—… que iba a llegar al Sengoku para… para luego luego… ¡qué pena! —y se tapó la cara para no ver de frente a su amor, quien la quedó mirando con perplejidad… ¿a qué se refería exactamente?

Bueno, bueno, hija, ya eres una mujer en plenitud de la palabra, e Inuyasha… bueno, es todo un hombre mayor con muchos años de experiencia, así que pensé que tal vez… —le contestó el viejecillo retornando a sonreír con algo de picardía.

¡Abuelo, por favor, no digas esas cosas! —la joven casi se sofoca.

Vamos, vamos, Aome, tranquilízate —el anciano señor pidió clama con las manos, sin dejar de sonreír grandemente—. Yo sé que Inuyasha no negará su júbilo el día en que consumen su amor.

Un salvaje tono carmín se dibujó en el rostro del aludido semidemonio.

¡No inventes viejo, yo no estoy loco para querer algo así! —soltó rápidamente sin meditarlo, y por obvias se ganó el castigo a pulso.

¡Osuwari! ¡Tenías que ser tú… tonto de pacotilla! —ya que Aome se encolerizó al notar su falta de tacto.

El azote de boca en la mesa no se hizo esperar… lo bueno es que ya habían acabado con la comida y únicamente se derramó la taza de té del abuelo.

Aome… ¿por qué siempre lo haces? —le protestó levantando un poco la cara, mirándola de forma brava.

¡Porque eres un idiota insensible, por eso! —ella le reprochó en voz muy aguda, desgañitándose de la irritación—. ¿Es que sólo nos vamos a casar para vernos las caras? —y volvió a enrojecer con intensidad, desviando un poco la vista—. A mí me gustaría… me gustaría tener una… una familia grande —agregó bajando la voz hasta convertirla en un susurro ahogado.

¡Oh, Aome querida, eso suena maravilloso! Me encantaría tener vatios nietos de ustedes —habló la señora Naomi en tono feliz después de limpiar el té derramado—. Pero ahora quiero pedirles algo importante antes de que regresen al Sengoku… ¿verdad qué no me lo negarán? —y miró a la pareja preguntándoles con inocencia.

Por supuesto que no, mamá, puedes pedirnos lo que quieras —su hija la abrazó una vez más, sonriéndole con cariño. A su madre no le negaría un favor, sobre todo porque no sabía si volvería a verla.

Aome, Inuyasha, ¿podrían casarse primero aquí? —dijo la buena mujer en un leve tono de súplica.

La boca del Hanyō se abrió de más hasta dar su quijada en el suelo… ¿Casarse en la época actual? No estaba preparado para eso.

Nota: ¡Estalló la bomba!, ¿boda en las dos épocas?... XXXDDD. Las cosas que tendrá que soportar el querido Inuyasha por complacer a Aome. No se pierdan la continuación, voy a pulirla, y me disculpo una vez más por la tardanza, ya que la vida de una preparatoriana es extenuante… jejejeje. Un saludo.