Capitulo 15

El hanyou se frotó los ojos por si su imaginación le estaba jugando una mala pasada. Nunca había creído en fantasmas pero, o estaba equivocado, o delante suyo tenia uno. Había visto cosas más extrañas en su viaje así que no sabía por que se sorprendía tanto.

- Eres...Mido...Midoriko?- balbuceó Inuyasha algo aturdido- la sacerdotisa de la que salió la perla.

La creadora de la perla. Pero eso era imposible. Había visto su cuerpo momificado en la cueva cerca de la villa de los exterminadores. Según la historia que les contó Sango aquella mujer había muerto luchando contra unos youkais. Y ahora la tenía frente a él como una figura etérea suspendida en el aire.

- Uhm, Inuyasha te estaba esperando.

El hanyou dio unos pasos hacia ella, aún boquiabierto por que aquella figura le hablase, para cerciorarse que realmente era Kagome la que se encontraba suspendida en los brazos de la antigua sacerdotisa. Cuando comprobó que así era suspiro algo mas aliviado. Al menos no se había estrellado contra el lecho del río, pero una sospechosa mancha oscura se extendía por la superficie de su abrigo, allí donde la onda expansiva de su ataque la había herido.

- Kagome está bien no te preocupes, la herida no es profunda.

Mirándola de nuevo, asintió con la cabeza, como aceptando su palabra. Pero no estaría tranquilo hasta que Kagome no le dijera personalmente que se encontraba bien. Y si era entre sus brazos, mejor.

Ante un gesto que aquel espíritu le hizo con la cabeza dio unos pasos más hacia la orilla del río.

Debía saber el motivo de su presencia. Si estaba allí para causarle algún mal a Kagome se las tendría que ver con él.

- ¿Cómo es posible? Tú estás…estás muerta, yo te vi en la cueva. ¿Por qué estás…?- se quedo mudo sin saber como plantear sus dudas.

- Solo viste mi envoltura terrenal. Sellé mi alma en la perla junto a aquellos malditos demonios, ¿lo recuerdas?

No había prestado mucha atención a aquella parte de la historia porque se perdió en la parte en la que Miroku comenzó a explicar las partes que comprendían la esencia de la perla. Después todo lo que había escuchado le resultaba tremendamente confuso. Aún así no quiso parecer un diota, o no demasiado.

- Sí lo se- afirmó sin mucho convencimiento- ¿pero cómo…?- preguntó alzando la mano hacía ellas, queriendo saber su presencia allí.

- Sencillo hanyou, una parte de mí alma se quedó en el interior de Kagome cuando la perla abandonó su cuerpo. Y…respondiendo a tu pregunta de por que estoy aqyí- le dijo como adivinando sus pensamientos- no podía permitir que nada malo le pasara a la protectora, así que ante la imposibilidad de que llegaras a tiempo de salvarla tú , no tuve más remedio que manifestarme para protegerla.

Protegerla. El había prometido hacerlo y había fallado estrepitosamente. Si aquella mujer no hubiera salvado a Kagome, ella habría muerto y él sería el único responsable de ello. Se sentía avergonzado. Una vez más había faltado a su promesa. Un momento si una parte de ella estuvo siempre en el interior de Kagome, ¿porqué ahora…?

- Has estado todo este tiempo dentro del cuerpo de Kagome, pero ella…ella ha estado otras veces en…pe…en apuros, ¿porqué no la ayudaste en otros momentos?

- Esa no era mi misión en está historia, ese es tu destino, no el mío- alegó, algo ofuscada la mujer- nadie debía saber de mi presencia, la situación me ha obligado a manifestarme antes de tiempo.

¿Su destino? Cada vez entendía menos. ¿A que demonios se estaba refiriendo aquella mujer?.

- ¡¿De qué rayos estás hablando?! ¿Qué tengo yo que ver en todo esto?- explotó, harto ya de no pillar el sentido de sus palabras

- Tu destino quedo sellado cuando entraste en contacto con la perla Inuyasha, fuiste elegido para ser el guardián de la sacerdotisa custodia.

- ¿Sacerdotisa custodia? ¿Hablas de Kikyou o de Kagome?

La figura pareció estar pensándose la respuesta por un momento.

- Como sabes su alma es la misma. Kikyou no necesitaba de tu protección. Ella creció sabiendo que era una sacerdotisa y se preparó para ello. La perla se unió a su alma cuando se hizo quemar con ella y se reencarnó con su alma cuando esta lo hizo. Kagome es distinta, ella no fue consciente de su poder hasta que cumplió los quince años y no estaba preparada para enfrentarse a un mundo que no conocía. Ella no sabe nada de demonios y necesitaba de tú ayuda.

- ¿Sabías que todo esto iba a ocurrir?

- Sí y no. Yo no controlo el destino. Magatsuhi se canso de esperar e hizo que la presencia de la perla pudiera ser percibida y yo no podía saber que aquel demonio ciempiés la iba a arrastrar a esta época, donde los youkais la perseguirían para hacerse con ella. Y como no podía dejarla a merced de ningún demonio sin saber la razón de ser perseguida, tuve que despertar sus poderes de miko y el resto ya lo sabes.

- ¿Porqué yo?, solo soy un hanyou no tengo el poder necesario para proteger a nadie, ya lo habrás notado hoy- terminó cabizbajo- en vez de ayudarla casi…casi… cualquier otro lo habría hecho mejor, solo la he hecho sufrir desde que me conoció.

La figura levitó hacia él con una sonrisa en los labios y posó el cuerpo de Kagome muy suavemente a sus pies. El hanyou inmediatamente se arrodilló ante la miko del futuro y la tomó en sus brazos, abrazándola protectoramente contra su pecho. Sentía el fuerte latido de su corazón y su alma se apaciguó por un instante al saber que estaba viva. Apartó unos mechones de cabello del rostro de la inconsciente muchacha y la observó por un momento su tez calmada y serena.

- Kagome despierta…dime algo…mándame al suelo con uno de tus osuwaris, lo que sea pero abre los ojos y contéstame- rogó suavemente sin prestar atención a Midoriko por un segundo. Le importaba más el estado de la muchacha en ese momento,. Que importaba lo que el destino le deparara si no tenia a Kagome a su lado.

- ¡Déjala dormir y escúchame!- le gritó la figura resonando en todo el lugar, para obtener su atención- Es por ser un hanyou que eres perfecto para ser su guardián, esa mezcla única de tu sangre hace que seas tan especial aunque no lo creas. No eres ni humano, ni demonio pero a la vez sí lo eres. Además creo que has aprendido de tus errores.- continuó la sacerdotisa fantasma cuando el hanyou volvió a escucharla.

El hanyou la miró algo desconcertado. Siempre ambos bandos le habían despreciado por ser un hibrido. Todos los que había conocido en su niñez, humanos o demonios le habían tratado mal por su condición y eso le había hecho volverse arisco, desconfiado y agresivo con todo el mundo hasta que Kagome le abrió los ojos. Y ahora Midoriko le decía que era especial por ser la mezcla de dos razas.

- Yo quería la perla para convertirme en un demonio completo y no ser un hanyou.

- Pero no lo hiciste, ¿cierto? Muchos ansían el poder que puede darles la perla. Humanos, youkais, la gran mayoría solo albergan en su alma el anhelo de ser más poderoso, el dominio sobre los demás. Aspiraciones egoístas en su totalidad- escuchó decir al espectro- demostraste tener buenos sentimientos y eso es lo que me llevó a elegirte, al final solo deseabas ser feliz.

Ser feliz. Si lo había deseado, ser humano y ser feliz junto a Kikyou por el resto de los días que le deparara la vida, pero en cambio se encontró sellado por cincuenta años y todo por la ambición desmedida de un bandido que solo se guiaba por su afán de poder y por su lujuria.

- Habría renunciado a todo por tener algo de felicidad, aunque solo fuera por un instante- contestó al fin.

- ¿Dejarías de ser quien eres por un momento de dicha?

Inuyasha posó sus ojos de nuevo sobre la desvanecida chica que tenía entre los brazos.

- Ahora no, pero antes…yo…

- Si no te aman y te aceptan tal y como eres, esa felicidad no es real. Aunque es más importante primero aceptarse uno mismo tal y como es.

Inuyasha no dijo nada, solo asintió con la cabeza sin apartar su mirada de Kagome, acariciándole suavemente el cabello.

Ahora se aceptaba su condición de hanyou. Solo gracias a aquella menuda chica, ahora entre sus brazos, había logrado aceptar su condición de medio- demonio. Había encontrado personas a las que no les importaba si era una mezcla de razas y más aún le ofrecían su lealtad incondicional aunque a veces no lo mereciera.

- Bien, te encargo el cuidado de Kagome, si continuo aquí más tiempo le será más difícil recuperarse y aún os queda camino por recorrer- dijo empezado a desvanecerse paulatinamente- sé que serás capaz de protegerla.

- ¡Espera!

- Lo siento Inuyasha, pero para manifestarme en esta forma corpórea he de utilizar la fuerza vital de Kagome al tener sus poderes espirituales sellados. Si sigo aquí podría hacerle daño. Nos volveremos a ver antes de lo que crees muchacho, te encargo su bienestar hasta entonces.

Desapareció en el aire y cuando lo hizo la bruma que les cubría se fue con ella como si nunca hubiera estado allí, dejándoles expuestos a ser vistos por los todos.

Inuyasha levantó el cuerpo inerte de la chica del futuro. Debían marcharse antes de que viniera alguien. Miró hacía arriba buscando algún camino entre las escarpadas rocas para subir. Imposible. La única salida era seguir el curso del río hacia algún lado. Sabía que si seguía la corriente del torrente llegaría tarde o temprano cerca del claro donde habían dormido la noche anterior. Si remontaba el curso del río se enfrentaría a lo desconocido y ante todo necesitaba curar las heridas de la joven y visto como se oscurecía el cielo un lugar resguardado del frío de la noche y de la inminente lluvia que oscuros nubarrones amenazaban con dejar caer sobre ellos.

Un ligero movimiento en la chica le hizo clavar sus dorados ojos en ella. Un leve quejido salió de sus labios, haciéndole notar al hanyou que la aquejaba algún sufrimiento, ya fuera por su herida o por el desgate de energía vital.

- No te preocupes pequeña yo cuidare de ti ahora- le susurró al oído impotente, deseando en su fuero interno que poder de alguna manera evitarle a la muchacha el dolor que seguramente debía sentir en ese momento- si pudiera…si solo pudiera…