Capítulo 25 parte 2
Nota: mis disculpas pueden sonar a pretextos, de verdad lamento tanto el retrasar el fic al haberme embarcado en dos historias en el foro de DB que ocupan gran parte de mi tiempo, así como la vida normal de una estudiante, entre tareas, clases extras, actividades y otros. Sé que me entenderán, y sin más les dejo con la siguiente parte, tratando de continuar corrigiendo lo demás con prontitud.
Previamente…
Aome, Inuyasha, ¿podrían casarse primero aquí? —dijo la señora Naomi en un leve tono de súplica, mirándolos a ambos. Inuyasha no se sentía preparado para casarse en la época actual.
Nota: Bien, continuemos donde nos quedamos…
No será un gran alboroto, sólo con nuestros conocidos más cercanos… —continuo la buena señora Naomi en tanto la pareja parpadeaba, asombrada de la petición—. Por favor, Aome, siempre quise verte vestida de blanco al lado de tu futuro esposo, es uno de mis sueños.
Eee… bueno… por supuesto que sí, mamá —la muchacha se mostraba algo abochornada ya que tampoco había pensado en matrimoniarse en su época. Pero claro que no le negaría un último deseo a la autora de sus días.
¿¡Pero… qué!?… ¿Qué fue lo que dijiste, Aome? , ¿cómo está eso de que nos vamos a casar aquí? —exclamó Inuyasha por todo lo alto, preguntando con incredulidad y mirando a su amada morena como si fuera una demente peligrosa—. ¿Acaso te has vuelto loca de remate?
La joven le lanzó una mirada de molestia por la descortesía.
No tiene nada de malo, Inuyasha —le dijo retadoramente—. Ya que estamos aquí podemos hacer una ceremonia íntima para casarnos.
¡Oh, eso sería estupendo! —opinó la señora Naomi con su gran sonrisa, sin permitirle a Inuyasha dar su opinión—. Invitaremos a Yuka, a Eri, a Ayumi, al simpático de Houjo, a la familia Takahashi, a la familia Zaotome, y por supuesto que no puede faltar el apuesto abuelo…
Cálmate, mamá, cálmate… —Aome también sonrió, un tanto forzada por las últimas palabras de su progenitora—. Yo no creo que el abuelo de Shinosuke quiera venir —opinó cautelosamente.
¿Pero por qué no lo haría? Después de todo él e Inuyasha son… —observó la señora parpadeando con algo de duda.
¡Mamá, por favor, no digas nada de eso! —a lo que la pelinegra le levantó un poco la voz pidiéndole discreción—. ¡Él aún no está preparado para saberlo, en serio! Tal vez algún día se lo… pero no ahora, por favor —poniéndole carita de súplica.
El Hanyō pareció más que intrigado, ya que Aome le ocultaba algo relacionado con… ¿Quién diablos era ese viejo del que estaban hablando y que tenía que ver él en todo ese relajo?, ¿cuál era la preocupación por lo que pensara de ese hombre mayor? Definitivamente, tal vez el cambio de época le afecto el cerebro a su amada.
Oye, Aome, ¿qué está…? —iba a preguntar, más ella no le dejó terminar.
Después te lo contaré todo, Inuyasha, te lo prometo —le sonrió con timidez plantándole al momento un pequeño y tierno beso en los labios—. Lo mejor que podemos hacer es descansar un rato para que vayamos de compras más tarde —añadió tiernamente, dedicándole unos ojitos amorosos.
Pero… OK., si eso quieres —él pensó en protestar, aunque decidió ya no insistir en el asunto ante esa mirada tal dulce que le derretía la dureza y le quitaba las dudas… momentáneamente.
Ejem… Bueno, bueno, ¿hay algo más que pueda desayunar? —en todo ese tiempo el abuelo de Aome no había pronunciado palabra, más consideró que era el momento de llamar la atención de todos, carraspeando sonoramente—. También me gustaría beber otro poco más de té… casi no tomé —añadió.
¡Oh, papá, cuanto lo siento! —la señora Naomi, apenada de verdad, se dispuso a complacer la petición del anciano—. Inuyasha querido, ve con Aome a descansar, y si gustan pueden bañarse —le dijo a la pareja mirándolos de forma maternal—. Les avisaré cuando ya esté lista para ir al centro comercial.
La joven morena casi se llevó a rastras a su amado ojidorado, el cual aún no se reponía de la sorpresa por la petición de la mamá de su amada, por las palabras del anciano abuelo, por la mención de un viejo desconocido para él, que con sólo ser nombrado había puesto nerviosa a la muchacha y por… porque lo besó en público. Al rememorar esto último enrojeció levemente en lo que subían las escaleras, más trató de guardar las apariencias al preguntar nuevamente sobre el tema que le tenía intrigado.
Oye, Aome, me merezco una explicación por todo ese teatro que armaste allá abajo —le dijo con firmeza una vez que llegaron al piso de arriba, tomándola firmemente pero con delicadeza por los hombros, y mirándola fijamente—. Así que no me ocultes nada.
Ella enrojeció con algo de intensidad al verse reflejada en las pupilas doradas tan cálidas; sabía que tenía que confiar en Inuyasha, que no debería haber secretos entre ellos, pero lo del abuelo de su amigo Shinosuke… tal vez sería demasiado, y él no estaba listo para esa verdad.
Estee… Inuyasha… —tartamudeó desviando la vista, pues también la ponía bastante nerviosa esa cercanía de sus cuerpos—… me parece que… que podemos darle ese pequeño gusto a mi mamá, y no serán más de cuatro días los que nos quedaremos aquí, lo prometo.
Él no le dijo nada pero su mirada se hizo más suspicaz, consiguiendo que la doncella se pusiera más colorada.
¿Qué… qué te pasa? —y la voz le tembló levemente ante esa mirada tan intensa y escrutadora.
Oye, Aome, no estarás… —Inuyasha la soltó con algo de brusquedad en lo también enrojecía como tomate, separándose un poco de ella, ya que una súbita y momentánea idea le cruzó por la mente—… no creerás… no pensarás que… que voy a… a dormir contigo hoy.
¿Eh? —por obvias que la pelinegra se sorprendió, y sólo atinó a abrir los ojos como platos—. ¿Pero qué estás insinuando, Inuyasha? —le preguntó con algo de molestia.
No, nada… lo que pasa es que… es que yo… —al joven se le enredó la lengua e inmediatamente desvió la vista, avergonzado por dejarse llevar. Más continuó hablando, está vez empleando su usual tono duro para disimular su bochorno—… ¡Keh!, es que luego empiezas con tus impertinencias, Aome, con eso de que no vamos a casarnos para únicamente vernos las caras y… —a este punto su voz se hizo casi un susurro—… y luego dices que quieres una gran familia y… pues estamos en tu casa y…
¡Osuwari! —claro que ella lo miró de fea manera, y lo mandó derechito al suelo sin nada de delicadeza—. ¡Eres un pervertido, morboso y cochambroso, más que el monje Miroku! —le dijo ofendidísima, y lo dejó en el piso metiéndose a su habitación y cerrando fuertemente la puerta.
Aome… —Inuyasha habló desde el piso sin levantarse apenas—… ¡¿se puede saber por qué siempre me haces esto?! —y al momento alzó la voz, visiblemente molesto.
Era aproximadamente mediodía cuando ya estaban listos para ir de compras. Aome se lo pensó mejor y, en uno de sus arranques de buena gente, le permitió al Hanyō quedarse en su cuarto en lo que le buscaba unos ropajes adecuados para vestirlo "ad hoc" a la época actual, e improvisarle un espacio adecuado en la habitación de huéspedes para pasar por lo menos cinco días. Afortunadamente tenían una cerca de la cocina, pues no deseaba importunar a Sota o a su abuelo metiendo a "ese grosero" de Inuyasha a dormir con ellos. Por cierto que el joven ojidorado se sentía bastante raro con esas prendas tan… incómodas en su opinión, pero desistió de fastidiar a su amorcito porque ella le prometió una deliciosa comida si se comportaba como un "buen chico". Y así se irían con la señora Naomi, ya que también la buena mujer quería y necesitaba hacer las compras de la semana, especialmente ahora que su futuro yerno estaría algunos días en casa… había que tener comida fresca. Para su buena suerte se presentó el señor Ryoga Hybiki, el futuro esposo de Naomi y, por decirlo así, padrastro de la joven morena, en su impactante vehículo último modelo. Al parecer ya sabía que los viajeros se encontraban ahí, porque los saludó efusivamente al descender.
¡Aome, mi guapa y pequeña señorita, es un gusto verte después de tanto! Sabía que no podías olvidarte de nosotros —y saludó a la joven dándole cortésmente la mano, para posteriormente dirigirse con amabilidad al joven ojidorado, mirándolo con atención—. Es un gusto conocerlo al fin, joven Inuyasha, eres tal y como Aome te describió… además de otras maravillas que ha contado sobre ti —estrechándole también la mano, dejándolo un tanto anonadado por esa muestra de confianza. Al instante centró su atención en Naomi, abrazándola por un momento al tiempo que le daba un tierno beso en la mejilla—. Naomi querida, luces tan encantadora como siempre… el "carruaje" está listo y a tu disposición.
¡Ay, Ryoga, corazón!, agradezco tanto tu ayuda —ella correspondió al saludo, tan sonriente como siempre.
Vamos, querida, sabes que estoy siempre a tus órdenes —el buen hombre le guiñó un ojo de forma pícara.
¡Tío Ryoga!... —Aome consideró adecuado interrumpirles, ya que abrazó al señor Hybiki con efusividad, hablando más que contenta—… el gusto es mío, y me ha dado una gran alegría la noticia de que usted y mi mamá se casarán pronto porque es el mejor hombre que ella pudo encontrar. ¿Y cómo está la familia? —le preguntó sin borrar la sonrisa de sus labios.
Todos estamos muy bien, encanto, gracia por preguntar, los niños y Rumiko se encuentran de maravilla, y les ha alegrado saber que estás aquí —le contestó el buen hombre apartándola con delicadeza de su lado, ya que notó un breve y casi imperceptible tic en una de las abundantes cejas del joven semidemonio—. Lo que es una pena es que Shinosuke no ha podido venir ahora, los estudios le absorben bastante tiempo —añadió un poco apenado.
¡Me alegro, por ellos! Será un placer tenerlos presentes en mi boda con Inuyasha— dijo la chica con visible alegría—. Y también me da gusto que a Shinosuke le vaya bien en Inglaterra, me lo saluda en cuanto se comunique con ustedes —agregó.
Estee… oye, Aome… —Inuyasha tartamudeó débilmente intentando llamar la atención de la morena.
Pero, por favor, el centro comercial espera por nosotros —más el buen hombre no le dejó terminar de hablar, cediéndoles el paso para que abordaran su automóvil.
Vamos, Inuyasha —Aome lo jaló del brazo para sentarse en los asientos de atrás en tanto el gentilhombre le abría caballerosamente la puerta a la señora, ayudándole a sentarse.
Aome… ¿puedes decirme quién m#$% es este señor? —al fin se dejó oír la voz molesta del Hanyō, soltando una palabrota.
¡Oh, oh, pero que grosero soy!, tendrás que disculparme por esta falta de cortesía, mi estimado Inuyasha; permíteme presentarme, mi nombre es Hybiki Ryoga —ante el reclamo el buen señor no dudó en excusarse al instante de tomar su respectivo asiento del lado del conductor, hablando en entonación apenada.
Tío Ryoga es tío de mi gran amigo Shinosuke, te platiqué de él y su familia —la sonriente joven no dudó en intervenir para aclarar el asunto, pasando también por alto la indecencia de su amado.
Eee… ¿en serio me lo dijiste? —él trató de hacer memoria, pero no lo consiguió.
Inuyasha, por favor, no puedo creer que seas tan olvidadizo —y ella le reprochó tiernamente por esa falta de memoria, para inmediatamente disculparse con el gentilhombre—. Siento mucho esto, tío Ryoga.
Oh, pequeña, no te preocupes tanto… es normal que no nos conozca y que no se haya acostumbrado a la época —respondió el caballero sonriendo con sinceridad, minimizando la cuestión.
Arrancó el vehículo y se dirigieron a un centro comercial ubicado en la parte central de Tokio. En el camino platicaron sobre algunas trivialidades como los negocios de la SHONY, los últimos premios obtenidos por el anime y la espera del capítulo final.
Déjame decirte que todos los seguidores del anime esperan la boda de ustedes, Aome —dijo el señor Ryoga guiñándole pícaramente un ojo a la chica—. De hecho estábamos pensando en hacerlo a nuestra manera, y ahora ya podrás concluir tú misma la trama.
¡Ay, pero qué pena!... nunca hubiera pensado en que esto ocurriría… bueno, no es que no quisiera que terminara así pero… no imaginé que causaría expectativa y… —Aome se puso muy colorada por eso, tartamudeando levemente —… ¡qué vergüenza! —y se tapó la cara visiblemente abochornada.
Inuyasha la miró con una expresión de duda. ¿A qué se refería ese hombre con arreglar… qué cosa, a su manera?
Oye, tú, tío, ¿qué carajo estás diciendo de Aome? —y le interpeló a Ryoga Hybiki en un usual tono maleducado, mirándolo con irritación.
Es sobre la romántica historia de ustedes, Inuyasha —intervino una muy sonriente Naomi, ignorando ese tono brusco y hostil—. Aome, hija, ¿qué no le platicaste a Inuyasha sobre el anime? —y, dirigiéndose está vez a su primogénita, la cual continuaba con el rostro cubierto, le cuestionó con curiosidad.
Sí lo hice, pero como es tan distraído y no le importa… por eso no se acuerda de nada —respondió ésta sin descubrir su rostro, hablando con voz ahogada.
Joven Inuyasha, su vida en el Sengoku ha sido de lo más interesante… —le dijo el señor Ryoga de forma educada, mirándolo levemente por el espejo retrovisor—… y hasta me atrevo a decir que tiene una buena cantidad de admiradoras en nuestra época —agregó en tono jocoso.
Es que Inuyasha es tan lindo —la risueña Naomi opinó una vez más, acariciando la plateada cabellera del Hanyō y haciendo que se sonrojara.
Durante el resto del trayecto terminaron de explicarle al ojidorado sobre el anime y el gran éxito que había tenido, y no había nada mejor que concluirlo con la tan esperada boda entre ambos protagonistas. En toda la charla Aome se mantuvo ruborizada evitando mirar a su amado directamente, y no porque nunca hubiera soñado vivir con Inuyasha, ese fue el anhelo que siempre le dio esperanzas durante tres largos años; pero lo que no le había pasado por la cabeza era escribirlo, y mucho menos publicarlo. A todo esto el joven semidemonio escucho el relato sin pronunciar palabra, y sin borrar el gesto de escepticismo que tenía desde el principio de la narración. Lo que si evitaron decirle, el señor Ryoga lo entendió perfectamente sin necesidad de que Aome se lo pidiera, es sobre el hecho de que Sesshōmaru siguiera vivo y fuera el dueño de la SHONY, la empresa patrocinadora del manga y el anime… eso tal vez le hubiera dado a Inuyasha una impresión de muerte.
En cuanto llegaron al centro comercial estacionaron el vehículo en el área correspondiente y descendieron para encaminarse al interior. El de la época pasada abrió la boca para expresar su asombro… aún le maravillaban todas las cosas extrañas de este nuestro tiempo.
Bueno, iré a comprar la despensa para la semana mientras ustedes ven los trajes para la boda, especialmente el de Inuyasha… ya los alcanzo —habló la dulce señora Naomi con ese tono amable y alegre, tan característico de ella.
¿Estás segura mamá, no necesitas que te ayudemos a cargar las compras? —le preguntó Aome un tanto preocupada.
No te preocupes hija, ya he venido antes aquí y muchos de los niños empacadores me conocen, todos son muy amables y sé que me ayudarán a empacar —respondió la dama sin dejar de sonreír, empleando una entonación tranquila—. Así que busquen un buen traje para que Inuyasha se vea muy apuesto ese día, ¿sí? —añadió guiñándole un ojo con un poco de picardía, y posteriormente se dirigió al señor Hybiki —. Ryoga querido, te lo encargo.
Descuida, querida, yo sé dónde encontraremos el ideal —le contestó él igual de sonriente —. Vamos jóvenes, acompáñenme por favor —le indicó a la pareja con la misma amabilidad, encaminándose delante de ellos.
Anda, Inuyasha, camina que luego podrás comer —Aome jaló al Hanyō delicadamente del brazo para llevarlo casi a rastras. Y es que el ojidorado miraba ansiosamente hacia un local donde vendían comida rápida, babeando como si no hubiera probado bocado en su vida.
Aome… yo quiero un platón de rameen, huele bien y tengo hambre —él le rezongó un poco al sentir el jalón, y estuvo a punto de tirar en sentido contrario para llevarla a comprar el platillo.
Después… en cuanto tengamos tu traje te invitaré tres platos grandes de rameen especial —ella respondió tirando un poco más fuerte para hacerlo caminar.
¿De verdad, me lo aseguras? —Inuyasha la miró con la esperanza reflejada en sus doradas pupilas, y se relamió de gusto ante la promesa.
Por supuesto, ahora vamos ya — le sonrió y al fin siguieron al señor Ryoga, que se había detenido para esperarlos.
Bueno, así ni quien se queje… momentáneamente, porque, al llegar al local de moda donde vendía trajes finos de caballero para toda ocasión, el semidemonio abrió los ojotes como platos, mirando cada una de las prendas con cara de espanto y disgusto.
Aome… ¡¿te volviste loca de verdad?!, ¡yo jamás me pondré algo de eso! —exclamó en voz bastante alta, llamando la atención de algunos cuantos compradores.
¡Claro que sí te lo pondrás! ¡Nuestra boda es un día inolvidable y debes lucir como corresponde! —por obvias que la chica también levantó la voz, disgustándose en sobremanera ante esa falta de juicio y tacto de parte del joven.
Inuyasha, aquí tienen un sastre que puede ajustarte el… —el señor Hybiki quiso interrumpirles para evitar una discusión mayor, pero fue ignorado por completo.
¿Día inolvidable?, ¡te aseguro que lo borraré de mi memoria! —ya que el ojidorado volvió a escupir las palabras sin meditar en la reacción que podía ocasionar con ellas, y sin prestar la más mínima atención al buen hombre.
¡Osuwariiiiiiiii! —así que otra vez… lo encontraremos de cara contra el piso, debido a que la pelinegra se ofuscó. Ante la cruel masacre, varios de los pocos clientes que en ese momento se encontraban ahí decidieron abandonar la tienda—. ¡Tenía que ser tú… torpeeeee!
Esteee… —el joven vendedor consideró adecuado intervenir porque se le iba la clientela, aunque se notaba asustado por lo que había visto, en tanto a Ryoga Hybiki le brotaba una pequeña gota anime en la frente—… también tenemos otros modelos, señorita, y hacemos trajes sobre medida…
Aomeeee… —Inuyasha ya le iba a reclamar a la muchacha, ignorando por enésima ocasión la presencia de los otros presentes, cuando advirtió que las pupilas café se llenaban de lágrimas—… oye no, no llores —dijo en voz más baja y un tanto preocupada, ya que no había sido su intención hacerla llorar.
¿¡Y cómo no voy a llorar, Inuyasha, si eres un… un idiota… un… un insensible!? —ella no pudo contener el llanto y ocultó el rostro entre las manos, hablándole con mucho sentimiento.
¡Oh, pequeña!, no debes derramar tus lágrimas, ya sabes cómo es el carácter de tu futuro esposo —su casi padrastro la abrazó antes que el joven Hanyō se levantara, hablándole con cariño y acariciándole la negra cabellera.
Aquel no hizo más que parpadear de asombro, quedándose un segundo más en el suelo… ahora resulta que ese señor desconocido se jactaba de saber mucho de él y, encima de todo, ponerse a consolar a su chica en sus narices. Se incorporó con algo de seriedad mirándolos fijamente, pero sin atreverse a interrumpirles.
¡Es que… es que… —sollozaba Aome sin levantar el rostro, apoyándose en el hombro del caballero—… es que a veces parece que… que no me comprende!
Vamos, vamos, a pesar de todo lo amas… por eso lo extrañaste tres años, por eso volviste con él, por eso van a unir sus vidas para siempre —observó el gentilhombre sin dejar de palmearle la espalda con cariño—. Es únicamente cuestión de darle un poco por su lado, recuerda que creció sin conocer nada de las relaciones humanas —agregó con una sonrisa, limpiándole una lágrima en cuanto la joven levantó la mirada hacia él.
Mientras el semidemonio únicamente tenía una mueca de incertidumbre dibujada en el rostro, sin entender ni pizca de lo que el hombre dijo. Pero, al parecer, la morena sí entendió porque detuvo su llanto.
¿Usted cree eso, tío Ryoga? —le preguntó secándose las lágrimas, limpiándose discretamente la nariz con un pañuelo de papel.
Por supuesto que sí, linda, y se me hace que no te costara mucho trabajo… ya lo has hecho hace mucho tiempo —completó el caballero guiñándole un ojo de forma traviesa—. Ahora sonríe, que así te ves más linda de lo que eres, y atendamos a tu galán que espera por nosotros —y nuevamente le dirigió una mirada alegre al joven peli plateado, hablándole de forma cortés—. Mi estimado Inuyasha, si gustas un traje como el que traes puesto se puede mandar a hacer también… lo importante es que te sientas a gusto para disfrutar de tu gran día.
¿Es en… en serio? —el aludido pareció un tanto dudoso e inseguro, sonrojándose levemente con vergüenza, y al instante dirigió la dorada mirada hacia la muchacha—. Aome… yo no quería moles… —bajando la voz para tartamudear una disculpa.
Descuida, Inuyasha, tampoco yo quiero hacerte sentir mal —ella sonrió con sinceridad interrumpiéndole, regalándole esos ojitos de cariño que ya había acostumbrado a dedicarle desde que regresó a su lado en el Sengoku—. Vamos a escoger un traje que te guste, y si no te mandamos a hacer uno a tu estilo.
Buueno, como a ti te parezca mejor —susurró él sin cambiar el tono bajo.
Pero, a pesar de las buenas intenciones, fue un suplicio escoger el traje ideal para alguien a quien el sentido de la moda y la elegancia le tiene sin cuidado.
¿Qué te parece este, Inuyasha? —Aome le mostró un traje negro en corte tipo frac, combinándolo con una camisa blanca—. Te verás muy apuesto con este traje.
Está horrendo —fue la opinión del joven ojidorado con ese tono suyo tan característico—, no necesito algo así para verme bien… voy a parecer un payaso si me lo pongo —y se cruzó de brazos volteando la cara en señal de desagrado.
La chica torció levemente el mohín con molestia. No pensó que un hombre tan primitivo fuera una pesadilla en cuanto a cambiar un poco de look. Inmediatamente tomó un traje en gris, de corte un poco más holgado y sencillo, procurando no perder la paciencia. Mientras que Ryoga Hybiki sonreía levemente sin atreverse a aconsejar… al abuelo Sesshōmaru no le faltaba razón al decir que el Hanyō tenía un carácter de perros.
Bueno, no me negarás que éste color está bien —dijo la chica de forma amable mostrándole el atuendo al semidemonio, esperando su aprobación—, lo único que tenemos que buscar es una buena corbata para complementarlo.
¿A esa cosa le llaman ropa? —dijo de mala manera al ver el ropaje—. Olvídalo, no sé quién se pondría algo así.
Unos cinco trajes más y Aome perdió la paciencia por completo. Y pensar que todavía faltaría un buen par de zapatos. Ante esa aura desbordada de energía maligna que emanaba de la joven, el Hanyō, espantado como pocas veces, se ocultó tras el perchero mirándola con aprensión.
Muy bien, Inuyasha, entonces mejor le haremos caso a la opinión del tío Ryoga —dijo con voz amenazante, y casi se lo quiere tragar con la mirada. Dirigió la vista hacia el buen hombre, cambiando el gesto tétrico por una cara más dulce y angelical, sonriendo grandemente—. Tío, ¿podría ayudarme por favor? — le dijo a manera de súplica.
El aludido hizo un breve gesto de asombro y extrañeza ante el cambio repentino de la doncella, para volver a sonreír casi al instante.
Descuida, pequeña Aome, tengo aquí los atuendos adecuados para el joven Inuyasha —le dijo con un tono de seguridad en la voz y, escogiendo tres de los mejores trajes en exhibición, se los dio con mucho cuidado—. El abuelo usa unos más o menos parecidos a estos, así que no dudo en que le sentaran bien —agregó guiñando un ojo cómplice—. Que se los mida para ver cómo le quedan y puedan ajustarlos a su medida.
Muchísimas gracias, tío querido —dijo ella muy contenta. Volviendo nuevamente la vista hacia el joven semidemonio, le habló dulcemente—. Vamos Inuyasha, debes probarte la ropa.
Aquel se asomó un tanto precavido y, en cuanto la vio sonreír, soltó un suspiro de alivio mal disimulado.
¿Ya… ya no estás enojada? —le preguntó con timidez, con las orejitas gachas.
Olvida ya eso… ven al probador —respondió ella jalándolo para llevarlo al lugar indicado—. Póntelo y luego sales para que podamos ver que tal te quedó —agregó entregándole uno de los trajes. Era un traje beige, corte frac, combinado con una camisa blanca de cuello elevado y una corbata tipo bufanda en rojo intenso, que armonizaban perfectamente.
Este… ¿es… necesario hacerlo, Aome? —y, ante la perspectiva de tener que quitarse por completo su preciado traje rojo, Inuyasha se ruborizó instantáneamente.
No te preocupes, mi estimado Inuyasha, nadie te verá desnudo. Lo que es indispensable es que te pruebes el traje para que el sastre tome tus medidas en caso de necesitar ajustarlo a tu talla —el señor Hybiki intervino para transmitirle confianza con ese tono suyo tan amable—. Adelante y con confianza, te esperamos aquí. Ahora, si lo que necesitas es ayuda para acomodártelo bien, puedes llamarme con toda confianza.
Es que… —el peli plateado se puso más rojo de la vergüenza.
Oye, oye, no estarás deseando que Aome sea la que vaya en tu auxilio para vestirte… más adelante podrán hacerlo si tú quieres —agregó el señor sonriendo un poco más, haciendo enrojecer a la chica de las mejillas.
¡Ya quisiera ella, ni que yo estuviera demente! —pero el ojidorado no pudo guardarse un comentario mordaz sin que se le bajara el sonrojo, así que, por enésima ocasión, abrió la boca sin pensar en el efecto de sus palabras.
Inuyasha… —eso hizo que la energía maligna de Aome volviera a brotar con intensidad, más se guardó las ganas de enterrarlo vivo—… ¡métete de una buena vez al vestidor, ahora! —y le gritó señalándole el probador.
Bueno, ni tardo ni perezoso obedeció sin chistar, ya que no quería otra escena vergonzosa. La joven bufó un poco, y después tomó una bocanada de aire para serenarse.
Pero qué grosero… —murmuró para sí.
El joven encargado que los atendía y el señor Hybiki disimularon gestos de incredulidad y asombro, pero consideraron adecuado y prudente no decirles nada. A los cinco minutos egresó el Hanyō del vestidor, con esa cara de pocos amigos cuando algo le molesta, y trataba de acomodarse el saco.
¡Keh, está ropa de mierda no me queda! ¡Es absurdo pretender que yo me ponga algo así! —expresó un tanto alto llamado la atención de los pocos clientes que permanecieron por ahí.
Y es que no se había ajustado bien el pantalón, trayéndolo algo fuera de lugar, la camisa mal puesta y el saco al revés. Los demás se aguantaron la risa y el señor Ryoga fue en su asistencia.
Inuyasha, permíteme y te explicaré bien como se debe uno vestir con esto —le dijo con amabilidad conduciéndolo de vuelta al probador.
Regresaron nuevamente después de cinco minutos más, ya vestido como Dios manda.
Oh, Inuyasha, luces guapísimo… ese modelo está de moda y el color es perfecto —al verlo bien Aome no pudo ocultar unos ojitos soñadores, ya que el joven semidemonio se veía bastante bien.
Eee… de todos modos me aprieta de aquí —él no hizo más que tartamudear, abochornado por esa mirada de fascinación. Y es que, si no fuera por lo avergonzado que se mostraba, pasaría por un modelo de pasarela.
Bien, eso se puede arreglar —Ryoga Hybiki dio su opinión viéndolo detenidamente—. De todos modos pruébate otro, tal vez te siente mejor.
El segundo traje era uno en blanco marfil con una camisa vino, en corte un tanto holgado. Aome seguía teniendo la misma expresión de embeleso, como si estuviera viendo algo celestial.
Aaahhh, con ese luces tan elegante… pareces un príncipe —dijo con tono de ensueño.
Eee… este color… no me agrada mucho —a lo que Inuyasha se avergonzó más, sintiéndose acosado.
Bueno, bueno, veamos el siguiente —el señor Hybiki le entregó el último traje, y le pasó el primero al encargado—. En cuanto terminemos hágame el favor de tomar sus medidas para ajustar los trajes… tal vez nos llevemos dos —hablándole con amigable voz.
Tercer traje un azul tipo metálico no muy oscuro, con camisa blanca y corbata a juego. La muchacha parecía en una especie de trance de lo extasiada que se veía al verlo vestido así.
¡Oh, ese color azul es más que divino!, y resalta el dorado de tus ojos —exclamó con júbilo.
Estee… —bueno, primero la miró bien y le pareció que, de verdad, su amada Aome había enloquecido—… me queda un… un poco grande —agregó en un susurro ahogado, ruborizado en extremo.
Tú no tengas cuidado por eso, mi estimado Inuyasha, recuerda que el sastre te tomará las medidas para que te queden como anillo al dedo —volvió a intervenir el señor Ryoga disimulando una carcajada—. Ahora ya puedes ponerte tu ropa, e indícame cual te gustó más para que se arregle… no olvides que saliendo de aquí Aome te comprará una deliciosa sopa — le recalcó amigablemente.
Animado con la promesa no dudó en decidirse por el traje beige, ya que en realidad no le apretaba demasiado, así que no tardarían mucho tiempo en arreglarlo. Fue a terminar de vestirse en tanto sus acompañantes iban a la caja para liquidar la cuenta; y ellos aprovecharon que el sastre lo midió para pedir también un traje azul de época, el cual usaría el Hanyō para la boda en el Sengoku.
Envíelos por favor al templo Higurashi, el gerente de la SHONY pagará por ellos —le dijo el señor Ryoga Hybiki a la señorita cajera presentándole su tarjeta de crédito.
Faltaba más, permítame —le contestó la cajera de forma respetuosa.
Perdón, tío Ryoga, pero… ¿en serio Sessho… es decir, el abuelo pagará por todo esto? —preguntó Aome mirándolo con carita de duda, ya que no se esperaba un detalle por parte del Daiyōkai.
Claro, ya sabes que en el fondo es bastante amable —le contestó el señor sonriéndole más ampliamente—. De hecho, cuando tu mamá me habló temprano esta mañana salíamos de una reunión muy importante, ya que estábamos determinando cual sería el final ideal para el anime.
¿De verdad opinó por ello? —la muchacha se sorprendió por la revelación.
Bueno, como sabrás él tiene memoria fotográfica, así que recordaba varios detalles de esa fecha en el Sengoku… aunque no habló mucho como es su costumbre, dejándonos a nosotros la posibilidad de redactarla cómo mejor nos pareciera —le dijo Ryoga más que sonriente—. Pero, en cuanto se enteró de la boda aquí, me recomendó comprar los trajes para su hermano como un regalo de su parte —agregó.
Vaya, esto sí que es algo sorprendente —externó la joven un tanto absorta por toda la información.
Pero no te apures por nada, ya que a la ceremonia no piensa asistir… dice que con una vez tuvo suficiente —complementó el buen hombre en tono de disculpa sin dejar de sonreír con amabilidad, ya que sería mucho pedir que el Inugami estuviera con ellos.
Se silenciaron al percatarse que el ojidorado se aproximaba a ellos, vestido adecuadamente como cuando salieron de casa.
Aome, ¿ya podemos ir por mi sopa? —dijo un tanto ansioso antes de llegar a su lado, mirando a la joven con ojitos radiantes de felicidad—. Tengo un apetito feroz.
Adelántense y busca a tu mamá, pequeña —le indicó el señor Hybiki a Aome—, yo terminaré de firmar las facturas y los alcanzo en cuanto termine.
Muchas gracias por todo, tío Ryoga —y la doncella lo miró con afecto, dirigiéndose inmediatamente al semidemonio—. Muy bien, Inuyasha, vayamos por la sopa —le dijo tomándolo del brazo para irse con él.
Una media hora más tarde, en lo que el amable señor Ryoga Hybiki ayudaba a la señora Naomi a llevar los dos carritos llenos de despensa rumbo a su vehículo, el Hanyō devoraba más de tres tazones extra grandes de la sopa especial de la casa en el famoso local de comida china "Neko – haten". Al cabo de diez minutos más el buen hombre acompañó al joven peli plateado a buscar unos zapatos adecuados en tanto Aome y su mamá entraron a una boutique de vestidos de novia, y eso porque a la chica le gustó uno sencillo que vio en el mostrador, el cual le señaló discretamente.
Es muy lindo, querida Aome, pero ¿no te gustaría este con chaquiras bordadas? —dijo la buena mujer y le señaló otro, que estaba junto al primero.
No mamá, el primero está bien —dijo la chica después de mirarlo bien por unos segundos—. También pienso casarme allá con este mismo… y, además, a Inuyasha ya no le hará gracia esperar mucho tiempo —señaló sonriente volviendo la vista nuevamente hacia su madre—. Por cierto, ya mero es luna nueva, ¿verdad? —preguntó curiosa como quien no quiere la cosa.
Sí, cariño, en dos noches más, ¿por qué? —respondió la señora y también la miró con un poco de duda.
Entonces nos casaremos esa noche después de la hora del crepúsculo, en la capilla cercana al templo de nuestra casa —afirmó la joven morena en tono emocionado—. Con la luna nueva Inuyasha se vuelve completamente humano, y así también se ve muy guapo.
La compra de los zapatos había sido también algo tardada, pues el terco ojidorado se empeñó en decir que no le gustaba ninguno y que no le quedaban, hasta que la chica, con toda su paciencia, le explicó porque debía usar zapatos y que ese día especial, o más bien esa noche, sería tan humano como todos y ya no le molestarían nada. Posteriormente escogió para ella unas bonitas sandalias blanco perla con un adorno floreado y de tacón medio, sin decir nada de su vestido, eso sería sorpresa para los invitados. Cerca de las cuatro de la tarde regresaron a casa.
Nota: Sorry, Gomenasai, Lo siento y todo lo demás que pueda decir para disculparme por esta falta en la continuidad, pero vamos avanzando para la boda en la época actual… y no se apuren que no tengo planeado el que Sesshōmaru e Inuyasha se crucen alguna vez en la época actual, por lo menos no he decidido hacerlo todavía. Tal vez en el Sengoku se vean algunas veces más, aun no lo tengo definido del todo.
P.D. Y esperen lo que sigue aunque me tarde un mes, tan bueno como siempre… ¿Inuyasha y Aome se casarán siempre en la época actual?... jejeje, ya verán como lo soluciono.
