6. Refugiado
El avión aterrizó en Atenas bien entrada la tarde. La gente salía atropelladamente, para acudir raudos a la salida de equipaje, agotados por el viaje y deseando regresar a sus hogares o al hotel donde se alojarían.
Como Kanon no llevaba nada más que dinero encima, se dirigió directo a la salida. Preparó el pasaporte que Vasilis le había prestado. Ambos sabían que era delito, pero afortunadamente nadie se fijó que se había despegado una foto de la casilla correspondiente.
"No importa, aquí pasan bastante de los controles aeroportuarios. Eso sí, cuando llegues a Atenas, es posible que te lo pidan. En cuanto vean que es el pasaporte de Grecia, pasarán de revisarlo. Parece que les vale únicamente que seas griego". Esas fueron las últimas recomendaciones de Vasilis.
Y así sucedió. Cuando el policía apostado en el control de pasaportes se lo pidió, en cuanto vio cómo era, lo dejó pasar sin miramientos.
Kanon sonrió satisfecho. Así había evitado montar un numerito delante del policía, para enseñarle el escudo de Atenea grabado en su cinturón.
Rápidamente salió fuera, puesto que no quería que el policía decidiera portarse debidamente y le retuvieran.
En la ciudad llovía a mares. A pesar de ello, el joven no quiso comprarse un paraguas. La lluvia no le molestaba en absoluto. Es más, casi que agradecía ese frescor y el olor a cemento empapado.
Esquivó a los taxistas que, apoyados fuera de sus coches, aguardaban pacientes por los turistas perdidos. De un lado a otro sólo veía a gente portando maletas.
Prosiguió su andar errante, puesto que no sabía muy bien por dónde tirar. De estar tanto tiempo bajo la lluvia, los mechones de pelo azules se pegaban a la frente. Fastidiado, decidió echarse el flequillo hacia atrás mientras sacaba un papelito con una dirección escrita a boli.
Un goterón cayó encima de las letras, emborronando el papel con la tinta.
Kanon se acercó a un taxista.
—Disculpe, ¿por dónde se va a esta calle?— preguntó al hombre. El conductor, que estaba apoyado en su coche fumando un cigarrillo, se quitó la visera, tiró el cigarrillo al suelo e indicó a Kanon para que montara en su coche.
—No, si no quiero montar, sólo quiero que me indique cómo ir— dijo el joven.
El taxista volvió a colocarse la visera y frenó en seco.
—Pero muchacho, está lloviendo a mares y esta calle está a más de veinte minutos andando de aquí—
—No importa, prefiero ir andando— respondió. Cada vez la lluvia era más y más intensa.
El taxista se encogió de hombros y con un "Como quieras" le explicó el camino.
Tras agradecer la ayuda, Kanon emprendió su caminar por las calles de Atenas.
Él jamás se había mezclado con la gente "vulgar". Había vivido recluido durante prácticamente toda su infancia, y cuando pudo librarse de esa particular prisión, se refugió dentro de un santuario submarino, emergiendo pocas veces a tierra.
Por aquí y por allá se cruzaba con gente, unas con prisa, otras sin ella. Gente que charlaba animadamente y corría a refugiarse en los bares. Señores que salían de sus oficinas con sus trajes impecables y sus paraguas. Niños que saltaban en los pequeños charcos, tras haber terminado su jornada escolar, mientras sus padres les llevaban de la mano.
Para él todo eso era casi nuevo. Los pitidos de los coches le molestaban al oído, pero siendo un día de lluvia, era normal que hubiera tráfico.
Kanon no se percató de las miradas de asombro que levantaba entre la gente. Parecía un anacronismo. Un joven de pelo azul, con unas ropas raídas y propias de una época muy pasada.
De repente, sintió un golpe en su flanco izquierdo, que casi le hace perder el equilibrio.
— ¡Mira por dónde vas, imbécil!— le espetó un joven furioso.
El gemelo se quedó aturdido unos segundos.
— ¿Me ha llamado imbécil? Pero si el que me ha golpeado ha sido él— se preguntó mientras se recomponía y veía al joven desaparecer entre la muchedumbre.
La ira apareció como un huracán, subiendo por su torrente sanguíneo. Decidió seguirle.
No le costó mucho alcanzarle, puesto que él era muy rápido. Tocó el hombro del chaval, y cuando éste se giró, Kanon le metió un puñetazo en toda la cara.
El muchacho cayó al suelo noqueado y la gente alrededor se apartó con caras de espanto.
El gemelo apoyó el pie derecho sobre el cuerpo del muchacho, que se retorcía en el suelo con las manos ensangrentadas y aullando de dolor.
—Eso por llamarme imbécil— espetó soberbiamente Kanon.
Y sin más, se giró y prosiguió su camino, abriéndose paso entre la muchedumbre que se había congregado.
A medida que iba avanzando por las calles para llegar a su destino, se percató de que alguien le seguía. Aceleró el paso para poder despistar a quien quiera que le siguiera, pero cada vez que se giraba, no veía a nadie.
—Sin embargo he sentido un cosmos— musitó escudriñando cada esquina y callejuela que iba pasando.
Molesto con esa sensación, terminó por correr por las calles como un corcel desbocado, esquivando gente que se volvía iracunda o asustada al sentir una ráfaga poderosa derribándolas.
Exhausto por la carrera, levantó la vista al cielo plomizo mientras jadeaba por el esfuerzo realizado. Los párpados se le cerraban para evitar que las gotas se metieran dentro de los ojos. Buscó entre los tejados de las casas circundantes y siguió sin ver a nadie.
—Sé que me estás siguiendo… ¡vamos, deja de esconderte y enfréntate a mí!— gritó Kanon.
En ese momento se escuchó un poderoso trueno.
Kanon se mantuvo firme en su posición, esperando una respuesta. Pero nadie respondió a su petición. El gemelo se escurrió el cabello y decidió proseguir. Quizás serían imaginaciones suyas.
"Kanon"
El joven se giró bruscamente. Esta vez había oído su nombre. Alguien le llamaba. Pero en lugar de buscar el origen de esa voz, sintió un miedo atroz que le paralizó por unos segundos.
Tras espabilarse, volvió a salir a la carrera huyendo de esa voz.
Mientras corría, su corazón latía frenéticamente dentro de su pecho, sentía la adrenalina recorriendo sus venas y dándole fuerzas extraordinarias para escapar de aquellas calles.
Finalmente, llegó a la calle donde estaba el bar del hermano menor de Vasilis. Su refugio.
El bar "Koukouvágia Adélfakis". Recordó lo que le dijo Voula respecto al título. Curiosamente, él no recordaba el "Koukouvágia" del bar de los hosteleros. A decir verdad, ni se había fijado en el nombre.
Entró precipitadamente, dando un portazo a la puerta de aluminio. Se quedó sujetando la puerta, como si quisiera impedir la entrada a alguien.
Los clientes y los dueños miraron con desagrado a Kanon. Antes de que nadie dijera nada, escuchó una voz joven dirigiéndose a él.
—Tú debes de ser Kanon, ¿verdad?— el que hablaba era Aaron, el hijo de Voula y Vasilis.
El gemelo abandonó la postura y se giró lentamente. Frente a él tenía a un muchacho, aparentemente más joven que él, pero de estatura similar, aunque de complexión menos marcada. Heredó los ojos grises de su padre y el cabello rizado, aunque él carecía de canas y un color castaño así como unas facciones dulces pero masculinas le recordaron a su madre.
El muchacho tenía extendida la mano derecha y Kanon se quedó mirando unos segundos, antes de estrechar su mano con la de él.
— ¡Aaron ¿quién narices ha entrado en mi bar dando un portazo?!— se escuchó un grito desde la cocina. Definitivamente, era el hermano de Vasilis.
—Tranquilo tío, es Kanon, el hombre que nos dijo mi padre que vendría— gritó de vuelta Aaron. Luego se giró hacia el gemelo.
—No te asustes, esto es típico en mi familia— murmuró el joven, mientras le invitaba a seguirle.
Kanon sonrió, mientras ambos se adentraban en la cocina.
Allí les esperaba Theófilos, que era igual que su hermano, aunque con menos tripa y con perilla. Llevaba el pelo largo, donde se distinguían algunas canas, atado en una coleta.
Se adelantó y sacudiendo la mano de Kanon, lo abrazó y le dio unas palmadas en la espalda.
La situación resultaba un poco incómoda para el gemelo, que se quedó tieso mientras esperaba a que el abrazo terminara.
—Bienvenido seas Kanon. Te esperábamos, sé que te vas a quedar sólo una noche con nosotros, pero espero que tu estancia sea agradable. Aaron, enséñale la habitación donde dormirá mientras le preparo algo de comer—
Sin más dilación, el sobrino dirigió a Kanon hacia una puerta tras la cocina. Recorrieron un pequeño pasillo y dieron con unas escaleras que daban al piso de arriba. Era muy similar que en el bar de Vasilis.
Aaron le enseñó la salita y el baño común. Aparte estaba el dormitorio de Theofilos y otro cuarto más.
— ¿Dormiremos juntos?— preguntó Kanon. No era que le molestara, pero se sentía un poco cohibido.
El hijo de Voula emitió una carcajada al notar la cara de circunstancias que puso el gemelo.
—No te asustes, no compartiremos cama, sólo habitación—
Kanon respiró aliviado y el joven abrió la puerta de su cuarto. Una habitación mediana, con un escritorio donde el muchacho estudiaba para terminar la carrera universitaria, un armario estrecho y las dos camas, una en un lado y otra en el otro, dejando un pasillo en medio.
—Dormirás en mi cama, puesto que ésta de aquí es en realidad un sofá cama. Ahí dormiré yo— señaló Aaron.
—No hacía falta…puedes dormir tranquilamente en tu cama—declaró turbado el gemelo.
Pero el muchacho se negó a ello y por más que insistiera Kanon, no iba a ceder en su decisión.
—Te dejaré a solas un rato, ya que tengo que atender unas mesas. Acomódate tranquilamente, dentro de una hora cenaremos y pasaré a buscarte, ¿de acuerdo? Puedes coger un libro o una revista mientras tanto— informó Aaron, antes de regresar a su trabajo. Kanon asintió y se sentó en la cama.
Una vez que el muchacho desapareció, se tumbó completamente sobre la cama, con los brazos cruzados bajo su cabeza. No quería pensar en nada en ese momento, tan sólo echar una cabezadita.
Demasiadas emociones en un solo día.
NOTAS:
Koukouvágias: es búho en griego.
Aunque suene surrealista la escena del pasaporte, tened en cuenta que este fic no está ambientado en estos días (donde sólo les falta que te hagan una analítica de sangre para dejarte embarcar), sino en el año del manga. Supongamos, que es 1986 cuando lo del Santuario, pues por ahí.
Por aquel entonces los controles eran más laxos. Los pasaportes no se rellenaban digitalmente, se hacía a mano y se pegaba una foto de carnet. Tampoco se plastificaba, era muy rudimentario.
Pues aunque parezca mentira, esta anécdota me la contó mi padre, de hecho en el aeropuerto de Grecia, cuando viajaba por cuestiones de trabajo. Aún teniendo él pasaporte español, el policía ni siquiera revisó su pasaporte para confirmar la identidad. Le dejó pasar tranquilamente. Puede sonar racista por parte del policía, pero sólo paraban a gente "sospechosa" para ellos, es decir, gente de aspecto turco. Mi padre como es rubio de ojos grises, pues parece que al policía no le resultaba "sospechoso". Eso sí, sólo le sucedió una vez. El resto de veces que fue a Grecia, sí le pidieron el pasaporte y lo abrieron para revisarlo.
Un día en Atenas, sólo uno. Hasta que compre el billete para China.
Hasta aquí el capítulo de hoy, ¡espero que os haya gustado!
Muchas gracias a Sanathos Ananke, Lule de Zodiak, Greece SJL, Hikaru Kino88, Kaito Hatake Uchiha por los comentarios y seguir la historia, a Nemain y Sylver-Hunter por seguirla y a Denebof Cygnus, Ede Monster y Floriiblue12 por marcarla como favorita :D
¡Un abrazo a todos!
