Siento la tardanza en actualizar, he estado fuera unos días. Pero ya he vuelto y aquí traigo raciones :)
¡Espero que os guste!
7. ¿Te acuerdas?
Cuando Aaron subió a su cuarto para ir con Kanon a cenar, se lo encontró tendido en la cama durmiendo. Sin saber muy bien qué hacer, el joven se inclinó sobre el gemelo y le tocó el hombro.
Emitiendo un gruñido de desagrado, el gemelo farfulló algo y se dio la vuelta. Sin embargo, al insistir, abrió finalmente los ojos. Dio un respingo al no recordar el rostro del muchacho y saltó de la cama para ponerse en guardia.
— ¡Tranquilo Kanon, soy Aaron!— dijo el muchacho, sorprendiéndose por la agilidad de su invitado. Levantó las manos en son de paz.
No pasó mucho tiempo hasta que el gemelo se dio cuenta de su error y relajó los músculos. La expresión serena de Aaron provocó que sonriera avergonzado.
—Perdona, es que tenía una pesadilla— murmuró disculpándose. El joven sacudió la cabeza y le comunicó que bajara a cenar.
Ambos salieron del cuarto y bajaron a la cocina del restaurante. Allí les esperaba Theófilos, con varios platillos de mezze y restos de la mussaka que había preparado a mediodía para comer.
Kanon engullía todo sin cesar, llenándose los dos carrillos a tope. Sentía su energía renovarse cada vez más.
—Tranquilo muchacho, come sin prisa— le aconsejó Theófilos, mientras desgarraba un pedazo de pan.
Aaron desmontaba el pedazo de mussaka que tenía en el plato, pensativo. De repente había perdido el apetito y se dedicaba a juguetear con el tenedor.
Su tío le recriminó el comportamiento y Kanon levantó la vista.
— ¿Piensas comértelo o no?— preguntó señalando con su tenedor el plato del joven. Éste sacudió la cabeza y el gemelo lanzó su cubierto contra los restos de berenjena, carne picada y bechamel, acabando con su plato.
Theófilos y Aaron miraron con extrañeza al invitado.
—Menos mal que sólo te vas a quedar un día, si no acabarías con mi despensa— soltó el dueño, acompañando la frase con una sonora carcajada.
Aaron depositó el tenedor en el borde de su plato, ya vacío.
—Kanon… ¿de dónde vienes?— preguntó de sopetón. El gemelo tenía comida en la boca y la tragó con un poco de vino. Se limpió los labios antes de responder.
— ¿Por qué quieres saberlo?—
El muchacho miró directamente a los ojos de su interlocutor.
—Porque te vi…en medio del mar…con una armadura—
Kanon dejó de comer inmediatamente y Theófilos se reclinó en su silla de madera.
— ¡Aaron! Déjate de esas historietas y no importunes al invitado—
El gemelo sonrió de medio lado.
—Los jóvenes deberíais cuidaros de beber en exceso— respondió evasivo.
Pero el chiquillo no se dio por rendido.
— ¡Es cierto! Si no eras tú, sería un hermano gemelo tuyo, y juro que no lo soñé ni estaba borracho. Además, he visto más como tú o tu hermano o quien quiera que fuera, y recientemente— añadió convencido de sus palabras.
Su tío suspiró y le recriminó más fuerte, amenazándole con hacerle trabajar más horas al día siguiente. Por su parte, Kanon se quedó pensativo "¿Cómo? ¿Recientemente? ¿Acaso han sido revividos los generales marinos?". Decidió interrogar al muchacho, pero no delante de su tío.
Depositó la servilleta sobre la mesa y recogió una pequeña vasija de barro con yogur y una cucharilla.
Aprovechando que Theófilos se había levantado para llevar los platos para fregarlos, Kanon susurro al muchacho que quería hablar con él en privado. Aaron asintió triunfal. Así que ese invitado tenía algo que ver con aquellas personas con armaduras.
Ambos abandonaron la cocina y subieron a la habitación del joven. Kanon se asomó una vez más, para asegurarse de que Theófilos no escuchaba nada.
—Veamos, ¿qué viste y cuándo?— disparó sin más.
Aaron pensó unos segundos antes de responder.
—Te vi a ti, bueno, suponiendo que fueras tú. Pero eras igual. Una vez que salí con mi padre a pescar. Él no te vio, pero yo sí. La mar estaba muy picada e íbamos a regresar a la costa, cuando vi a unos delfines…o lo que me parecieron delfines atravesando las grandes olas. Pero juraría que eras tú, con una armadura de color naranja y te movías rápido. No sé explicarlo, fue muy extraño. Sólo recuerdo que te quedaste mirando unos segundos el horizonte antes de zambullirte al fondo. De hecho te giraste y al vernos, fue cuando desapareciste. Y al otro lo vi hace un par de días. Estaba en el rompeolas del puerto, mirando al mar, tocando una flauta. Y llevaba una armadura como la tuya, naranja—
Kanon meditó unos segundos. No se acordaba de la situación con la embarcación, pero era posible que fuera él, ya que acostumbraba a patrullar de vez en cuando por el Mediterráneo cuando era Dragón Marino.
—Oye Aaron ¿puedes decirme cómo llegar al rompeolas?— preguntó.
— ¿Piensas ir ahora? Está lloviendo y es de noche, no creo que sea muy seguro— respondió Aaron, que le dijo cómo ir.
El gemelo asintió y sin decir nada más se abalanzó sobre la puerta para irse.
—¡Espera!— gritó el muchacho, agarrando a Kanon del brazo —¿No me vas a explicar quién eres?— preguntó molesto.
—Cuando regrese— respondió el gemelo, deshaciéndose del amarre y corriendo escaleras abajo.
Aaron se quedó de brazos cruzados y exhaló un suspiro.
Theófilos gritó que a dónde pensaba ir con esa lluvia, pero Kanon simplemente sonrió y salió por la puerta.
Apenas había gente por la calle a esas horas y con esa lluvia casi torrencial. Corrió sin importar que se empapara. Sólo quería llegar a su destino.
Una vez llegó al puerto, buscó el rompeolas. Las rocas apiladas estaban horadadas por las embestidas de las olas. La mar estaba revuelta y recordó los acontecimientos que desencadenaron la guerra. Poseidón tratando de inundar las ciudades…él esperando pacientemente junto a sus compañeros…
—El mundo es un pañuelo ¿verdad?— susurró una voz no muy lejana.
Kanon sintió un escalofrío recorriendo su espina dorsal y su corazón palpitando con fuerza.
—Sorrento— deletreó su nombre.
Se escuchó una risa complaciente y entre la lluvia emergió la figura esbelta del General de Siren Alada. Sus ojos rosáceos refulgieron en la oscuridad.
—Parece que tu diosa ha sido muy generosa contigo, por alguna razón que no alcanzo a comprender. Si no ¿quién diría que sobreviviste?—
Las aceradas palabras de Sorrento punzaron el corazón de Kanon, quién sintió como la culpa iba rellenando su ánimo.
—No he venido a discutir, ni a pelear ni a…— empezó, tratando de tomar aire.
Sorrento avanzó hasta ponerse delante de su ex compañero de armas, que estaba doblado agarrándose el tórax.
—Sería muy insensato por tu parte buscarme para pelear contra mí. Podría destruirte de un solo golpe ahora mismo, pero no sería noble por mi parte atacarte en tu estado. Así que dime, qué es lo que quieres—
Kanon se quedó estupefacto. No iba a golpearle. Pero eso era lo que Kanon casi quería, para aliviar esa incómoda sensación que le atoraba. Aunque saliera derrotado, tal y como vaticinaba el austríaco.
Sin embargo lo que se encontraba era a Sorrento invitándole a conversar, a preguntarle.
"¿Por qué? ¿Por qué eres condescendiente conmigo?" se preguntó el ex general de Dragón Marino.
Al ver que Kanon no acertaba a decir nada, Sorrento colocó la flauta en sus labios y comenzó a tocar una melodía. Una que solía deleitarle cuando ambos resguardaban los pilares de los océanos.
Una sensación de vértigo azotó al gemelo, que cayó frente a Sorrento de rodillas. Éste seguía tocando la melodía y Kanon empezó a llorar amargamente.
Al finalizar la canción, Sorrento permaneció inmutable frente a su ex compañero. Finalmente se acuclilló y colocó su mano derecha sobre el hombro del griego. Kanon levantó la llorosa mirada.
—Lo siento Sorrento…de verdad…no merezco estar vivo…perdóname…por favor—
El austríaco dulcificó la mirada y emitió un suspiro.
—Si Atenea te ha salvado, es porque te ha perdonado. Tienes suerte de que ella tenga tanta paciencia contigo. Por algo será— respondió, despejando los ojos de Kanon, tapados por el flequillo empapado.
Tiró de él hacia arriba para incorporarle y le pasó el brazo por debajo de los hombros.
Los dos se perdieron entre la densa lluvia, que poco a poco empezaba a amainar.
— ¿Dónde me llevas?— preguntó el gemelo, más sereno.
Sorrento sonrió y se limitó a señalar con su cabeza una mansión.
Atravesaron la puerta principal y un sirviente fue a informar de la llegada a su señor.
Al cabo de unos minutos, apareció un joven de cabellos azules y vestido de blanco.
—Sorrento, qué manía te ha dado por salir…¿quién es éste hombre?— preguntó mirando a Kanon.
—Buenas noches Julian, éste es Kanon. Él también es un damnificado por las lluvias torrenciales—
El muchacho miró preocupado al gemelo y rápidamente pidió un par de albornoces para ambos.
—Vamos, vamos, no os quedéis ahí. Con este tiempo no es bueno permanecer mojado durante tanto tiempo— invitó Julian Solo a pasar a un amplio salón con chimenea.
Kanon se giró hacia Sorrento.
— ¿No se acuerda de quién soy yo?— preguntó incrédulo.
El austríaco negó con la cabeza.
—A veces tiene ensoñaciones y pregunta por alguien en concreto, pero una vez que Poseidón abandonó su cuerpo, no recuerda nada—
El suceso con Tethys, acontecido hace poco, hizo que un par de lágrimas asomaran por el borde de los ojos de Sorrento.
Los dos entraron en la sala y se sentaron en unas butacas, frente al fuego.
NOTAS:
Mezze: Aperitivos que se sirven juntos antes de empezar la comida.
Mussaka: Uno de los platos más conocidos de la cocina griega. Se prepara con berenjena, carne de cordero picada, bechame y un poco de queso rallado. También se puede preparar una mussaka sólo con verduras.
Pues nada más por ahora, Kanon se ha encontrado (o reencontrado) con Sorrento y Julian Solo. Parte de su proceso es pedir perdón a ambos, aunque Julian ya no esté influido por Poseidón.
¡Un abrazo a todos los que me leen y comentan!
Cualquier duda, escribidme :)
