8. Remordimientos
Julian Solo avivó el fuego con un fuelle. Las llamas crepitaban lentamente consumiendo la leña.
Kanon se recogió en el albornoz, tiritando de frío. Sorrento se mantenía sereno, con la mirada perdida en la hoguera.
Un silencio sepulcral se generó entre los tres hombres, hasta que Julian decidió romper el hielo.
—Dime Kanon…¿qué es lo que te pasó? ¿Cómo te afectaron las lluvias torrenciales?—
El ex general de Dragón Marino lanzó una mirada a Sorrento, en busca de ayuda. Tenía la mente embotada y no se sentía con ganas de elaborar una mentira que le encubriera.
—Creo, mi señor, que nuestro invitado se encuentra en un estado de shock debido a los recientes acontecimientos sucedidos en su vida. Será mejor que no ahondemos en sus recuerdos, puesto que sería como echar sal a una herida abierta—
Julian comprendió las palabras de Sorrento y se reclinó en la butaca. De repente empezaron a sonar unas campanadas suaves como el cristal en la sala. Kanon se sobresaltó, ya que estaba empezando a sentir sueño. El reloj de péndulo marcó las once de la noche. El joven millonario se incorporó de su butaca.
—Disculpadme, pero he de irme a dormir ya. Sorrento, haz el favor de acompañar a Kanon a una de las habitaciones del ala oeste, donde se alojará los días que estime oportuno. Podéis quedaros cuanto gustéis, pero por favor, procurad no hacer ruido para no despertar al resto de invitados. Buenas noches a los dos y bienvenido seas a mi casa, Kanon—
Una vez que el muchacho desapareció, Sorrento emitió un suspiro y se reclinó frente al fuego.
El gemelo se quedó unos segundos observando el semblante de su ex compañero de armas.
—Sorrento—
El austríaco emitió un sonido interrogativo.
— ¿Qué sucedió con Tethys?—
El general marino se pasó la lengua por los labios antes de responder, mientras un nudo se formaba en su garganta.
—Murió por salvar a Julian—
Kanon tragó saliva y musitó un "lo siento" casi imperceptible. Sorrento frunció el ceño y miró al gemelo.
— ¿Qué es lo que sientes Kanon? ¿Que ella muriera? ¿Qué todos nuestros compañeros murieran también por perseguir un sueño de ambición y poder que tu creaste? ¿Por mentirnos?—
—Yo…estoy confuso…no sabía todo aquello…si hubieras vivido lo que pasé en el Santuario, entenderías por qué lo hice— trató de excusarse el gemelo.
Sorrento se levantó de la butaca iracundo y señaló a su ex compañero.
— ¡No Kanon! ¡No excuses tus acciones en un problema personal que tuvieras! El problema está dentro de ti, eres tú. Te escudas en tu egoísmo, sólo sabes hablar de ti, de lo mucho que sufriste en el Santuario, de que tu hermano te encerró en Cabo Sunion…pero no te paras a pensar en lo que tus acciones han supuesto. No te importó nada sacrificar la vida de tus compañeros y amigos por tus ansias de poder, como tampoco te importó manipular a Poseidón para iniciar una guerra contra Atenea. Sólo piensas en tu propio beneficio Kanon, y mientras sigas pensando así, tus "lo siento" o "perdones" no sirven de nada—
El gemelo sintió como esas palabras desgarraban su corazón. Otra vez la sensación pesada invadió su cuerpo y sabiendo que se desmayaría de nuevo, se levantó de la butaca y se sentó en el suelo para evitar el golpe. La desazón interna brotó en forma de lágrimas.
Sorrento observó a su excompañero.
— ¡Ayúdame Sorrento! ¡Acaba con mi vida te lo suplico, no aguanto esta sensación, es constante! No puedo conciliar el sueño, tengo pesadillas recurrentes con todo lo que sucedió, me estoy volviendo loco— exclamó Kanon entre sollozos.
—Eso que sientes es el sentimiento de culpa, los remordimientos. Tu carácter endiosado se ha hecho añicos porque no eres un dios, eres un mortal con poderes divinos. Pero humano al fin y al cabo. Este es el castigo justo que mereces, por tu egoísmo y tu crueldad. Si te matara, no expiarías tus pecados, morirías cobardemente, incapaz de enfrentarte a tus propios demonios. Quizás por eso Atenea te ha permitido seguir con vida. Levántate Kanon, deja de arrastrarte, es patético— dijo Sorrento obligando al hombre a incorporarse.
Kanon obedeció y se sentó en la butaca de nuevo, pasándose la mano para limpiar las lágrimas.
— ¿Qué estás haciendo en Atenas?— preguntó el austríaco.
—Sólo estoy de paso…mañana me marcho a China a buscar al legendario caballero de Libra. Tengo que hablar con él—
Sorrento asintió levemente y pidió a Kanon que le contara lo que había sucedido en esos días atrás. Tomando aire, el ex general relató lo acontecido con todo detalle.
De repente se acordó de que debía regresar al bar.
—Espera un minuto— solicitó el austríaco. Y desapareció tras una puerta. Al cabo de un rato regresó y le entregó un sobre.
— ¿Qué es esto?— preguntó Kanon mirándolo, sin atreverse a abrirlo.
—Es dinero, para tu viaje— antes de que su excompañero pudiera quejarse, Sorrento esbozó una leve sonrisa –Es la asignación que suele entregar Julian a los damnificados. He puesto un poco más de lo que me da a mí, puesto que creo que te va a resultar necesario. Además, así puedes devolver rápidamente el dinero a Vasilis y Voula—
—Pero ahora tengo una deuda contigo— dijo Kanon, sacudiendo el sobre.
Sorrento asintió y señaló el sobre.
—La única deuda que tienes conmigo es que te conviertas en caballero dorado al servicio de Atenea y luches en la guerra que se avecina. Salvar a la humanidad es tu prioridad ahora mismo—
Kanon miró a los ojos de Sorrento interrogativo.
— ¿Una guerra? ¿Contra quién?—
El austríaco desvió la mirada hacia el fuego, y al musitar el nombre del dios del Inframundo, una llama se elevó con fuerza.
El gemelo se retiró el albornoz y lo tiró sobre la butaca.
—Tengo que darme prisa entonces, debo prepararme. Me voy al bar de Theófilos a dormir y mañana partiré a China. Volveré a tiempo para unirme—
Sorrento le miró con cara de preocupación mientras se incorporaba de su asiento, acompañando al ex general hasta la puerta.
—Kanon, esta guerra no va a ser sencilla. No subestimes el poder de Hades y mucho menos de los espectros. Tenéis mi apoyo, aunque poco pueda hacer. Quizás Poseidón…— meditó unos segundos.
Sin más qué decirse, ambos se despidieron, deseándose suerte para sus respectivos quehaceres.
Había dejado de llover y las nubes se habían retirado al horizonte. Kanon se alejó por las calles de Atenas, mientras Sorrento le observaba desde la puerta.
—Ten cuidado y regresa cuanto antes. Te necesitamos— murmuró bajo el cielo estrellado.
Poco a poco vamos metiéndonos en harina. El viaje continúa, y en el próximo capítulo se verá algo que sucede en el Santuario, aparte del viaje a China en busca de Dohko.
Espero que os haya gustado este capítulo.
¡Un abrazo a todos los que siguen este fic y por los comentarios!
