Elroy

Albert dejo de respirar mientras acortaba aun más las distancias, ya no era capaz de pensar, solo de sentir, ese dulce aliento que se desprendía de la boca de su pequeña. Tan cerca, un roce a su labio superior…

Golpes en la puerta lo obligaron a volver a la realidad. El pánico lo invadió mientras retrocedía con torpeza y rapidez, sentía el rostro incendiado, estaba avergonzado. Más grande se hizo su miedo al ver como Candy reaccionaba. Ella tiritaba como hoja al viento, y en apenas una fracción de segundo, salió corriendo de la habitación, hecha un mar de lágrimas.

"¡¿Qué mierda hice?!"

-¡Candy!- quiso correr tras ella. Pero la figura de la tía abuela se lo impidió.

-¡Hasta cuando, tendré que soportar los arrebatos de esta mocosa insolente! ¡Pero qué poca educación, salir corriendo de esa manera! ¡Casi me atropella William, tienes que hacer algo a este respect…

-¡¿Qué deseas tía?!- Albert sonó muy exasperado mientras peinaba sus cabellos.

-¡¿Cómo osas tratarme esa forma?!- dijo mirándolo directamente a los ojos con la voz contenida y cargada de ira.- Esa mujercita mal criada es una mala influencia en tu persona…- Elroy comenzó a pesarse por estancia conteniendo su rabia.

-Discúlpeme tía- dijo Albert con resignación.- ¿En qué puedo servirle?- se dirigió hacia el asiento que estaba frente el escritorio abriéndolo para ella.

Elroy tomo asiento, su mente trabajaba a mil por hora, mientras lo miraba tomar posición detrás de su escritorio. ¿Qué pudo haber ocurrido entre ellos para que Candy saliera corriendo de esa forma? Albert se notaba igual de alterado, solo podía concluir que entre ambos el altercado debió ser mayor, pero…

-¿Tía?- Albert interrumpió el curso de sus pensamientos.

-¿Qué ocurrió aquí William?-

-Nada de lo que deba preocuparse tía, ya hablare con ella- dijo mirando seriamente a su tía.

Decidió guardar silencio. Por la respuesta de su sobrino dedujo que las cosas no iban nada bien entre ellos, cosa que la tranquilizo, de momento. De todas formas seguiría adelante con sus planes.

Una hora después, Elroy salía satisfecha de la oficina de su sobrino, pensando que había jugado bien sus cartas. No era ninguna tonta, los años no pasaron en vano por ella.

Mientras se dirigía a sus aposentos para poder vigilar como se desarrollaban los acontecimientos, recordó como la verdad se mostró ante ella. Noto los cambios de ánimo en la muchacha, que deambulaba una que otra vez por la mansión, ya sea por saludar a la servidumbre o para buscar una que otra pertenencia. La chica parecía un fantasma, si bien sonría a todo el mundo, su espíritu se notaba comprometido. No es que quisiera reconocerlo, pero la chica le preocupaba. Sin embargo y con el correr del tiempo el semblante de esta fue mejorando, volvía el color en sus mejillas y el negro bajo los ojos desaparecía. Tampoco paso por alto que sus visitas se hacían más frecuentes, curiosamente justo después de la ultima carta que enviara su sobrino anunciando que volvería... "Es como si lo esperara"... No era de extrañar entonces sus constantes paseos, pero tampoco era su costumbre, mientras era un fantasma, casi ni notaba la presencia de este, sus ir y venir, y es que simplemente no lo esperaba.

Elroy sabia que Candy desconocía la fecha de llegada, lo notaba porque la chica se removía inquieta si un vehículo de acercaba a la mansión, el rostro se iluminaba y se apagaba con la misma rapidez al notar que el personaje en cuestión no era lo que esperaba. Sin mencionar que vivía mirando hacia el horizonte. Siempre andaba con un manojo de cartas en la mano y suspiraba a cada rato. Se distraía con mas frecuencia de la usual, la chica siempre trataba de buscarle conversación, pero nunca lograba seguirla, siempre tenia que despertarla de su mundo de fantasías para traerla a terreno. La desquiciaba, sentía que de alguna manera la estaba utilizando. ¿Cuál era su propósito? ¿Por qué insidia en mantener una relación con ella, si sabia que apenas y la soportaba?. Entonces lo vio, claro como el cristal, los sentimientos de la joven se revelaron sin que dijera palabra. El horror la invadió por completo ante lo que estaba descubriendo, simplemente no era posible.

Algo debía de hacerse, si bien desconocía los sentimientos de su sobrino, podía adivinar que este caería rendido rápidamente. Esta mujercita parecía ejercer una especie de encantamiento sobre todos ellos. Anthony, Staer, Archie. Perdió al primero por culpa de esta, llego a odiarla por no tener a su amado muchacho con ella. Pero la cuota que rebaso el vaso fue saber que hasta Neal era preso de los sentimientos que albergaba por esa muchachita.

¡No! ¡No! ¡No! Esta vez no se quedaría de brazos cruzados, a como de lugar alejaría a esa huérfana del infierno de William.


Que se puede hacer cuando las musas llegan? Absolutamente nada salvo obedecer.

No tenia contemplado continuar esta historia pero me evadieron las ideas XD... Mil gracias por sus comentarios, me animan a seguir con la locura de escribir. Ahora que ya paso la Guerra Florida me dedicare de lleno a actualizar mas escrito y subir los aportes de la GF de este año...