12. Mi destino
"Que nadie le diga lo que tiene que hacer a alguien que ya ha decidido cuál tiene que ser su destino"
Sólo había una manera de alcanzar el Santuario, y esa era arrancándose la cobardía de lo más profundo de su alma.
Superado ese escollo, lograría su objetivo.
Había pasado toda el día pensando en cómo hacerlo, en cómo afrontar ese reto, tan necesario en esos momentos de incertidumbre.
La Guerra Santa se iniciaría, sin esperar por él.
Sentado sobre unas rocas frente a aquella playa, donde al amanecer había enterrado el cuerpecito de Tethys, observó las vendas que cubrían sus antebrazos. Y las numerosas pisadas que sus pies, en su ir y venir durante todo el día, habían marcado la suave arena.
Se sintió muy pequeño, diminuto. Como una pieza muy simple en un juego que duraba milenios entre dos deidades, opuestas entre sí.
Un peón. Una figurita en un inmenso tablero de ajedrez, donde los dioses movían con esmero cada pieza, con el objetivo de dar jaque al rey.
"Hasta un simple peón puede acabar con la partida. Entiende este juego, es pura estrategia. Piensa tu próximo movimiento, porque con él desencadenas una serie de reacciones que podrán ayudarte…o devastarte. Jaque al rey, hermano"
Las palabras de Saga resonaban en su cabeza. Una sonrisa amarga afloró en sus labios.
—Nunca pude derrotarte al ajedrez—
"Porque siempre te dabas por vencido antes de tiempo. Con esa actitud derrotista lo único que haces es amoldarte a una situación negativa, en lugar de revertirla. Es tu momento, Kanon. "
— ¿Y si…y si no estoy listo para esto?—
"Sí lo estás. Ha llegado la hora de que regreses al Santuario y te enfrentes a tu destino. Huir de él te acarreará mayor sufrimiento. No quiero que llores más, no quiero que sufras más. Lo único que deseo es que mi hermano haga honor a su título de Caballero de Oro de Géminis."
— ¿Para qué? No soy más que una sombra a tu lado—
"¡Kanon! ¡La constelación de Géminis no sería nada sin los gemelos! ¡Ambos son necesarios! ¡Tu luz brilla igual que brilló la mía! ¡Enciende tu cosmos, honra a nuestros ancestros, a nuestra constelación, a nuestra Diosa!"
La luz del crepúsculo deslumbró a Kanon. Un resplandor que hizo que el muchacho cerrara los ojos por la intensidad, cubriéndose con el brazo derecho.
Una silueta se recortó en ese resplandor.
— ¿Estoy soñando?— se preguntó, al reconocer esa forma.
Como si de una aparición divina se tratara, Saga se acercó suavemente hasta pararse frente a su hermano.
"Vete al Santuario. No esperes más. No hay mucho tiempo. La armadura te aguarda, ha sentido tu presencia. Tu cosmos ya está unido a ella. Vamos"
Kanon permaneció estático, con la boca abierta, escuchando esas palabras. No podía ser. ¡Su hermano estaba vivo!. Con la emoción embargada, las lágrimas brotaron en sus ojos y se incorporó rápidamente, hacia los brazos de su gemelo.
— ¡Hermano!—
Cerró los ojos.
Le abrazó.
Sintió un inmenso calor dentro de su pecho y el peso que llevaba, se había disipado prácticamente entero.
Abrió los ojos, para poder contemplar a su hermano.
Frente a él, el astro rey se iba ocultando lentamente en el horizonte.
El abrazo que había dirigido a su hermano, estaba conformado por la brisa y el murmullo del mar.
Quedó perplejo.
—No…no puede ser…si estaba aquí…le vi…le sentí…¡Saga!...—
"Kanon…"
El viento cálido que se levantó despidió el momento.
[Santuario]
Atenea lloraba. Las lágrimas se escurrían por sus delicadas mejillas, mientras sus manos entrelazadas rezaban una hermosa plegaria. Al fin abrió los ojos acuosos.
"Aguarda allí, escondido"
Había convocado a los Santos Dorados vivos, en el Templo Patriarcal. Para ponerse al día de los acontecimientos acaecidos en Rodorio y el Santuario. Buscando pistas que los caballeros de bronce restantes habían recabado por los alrededores.
Allí estaban. Los cinco.
Mü de Aries. Aldebarán de Tauro. Aioria de Leo. Shaka de Virgo. Milo de Escorpio.
Cinco jóvenes que se preparaban para la Guerra Santa. Los días pasaban lentos, a la espera de cualquier movimiento del enemigo. Pero éste se mantenía al acecho, esperando abrir un hueco en la férrea defensa del Santuario.
—Señorita Atenea…—
El caballero de Leo, con su natural impulsividad, decidió romper el hielo que se había instalado en la sala.
La diosa terminó su rezo y se giró hacia sus protectores.
—Dime Aioria—
El griego se rascó la cabeza. Un gesto que en el revelaba cierta inquietud y nerviosismo.
— ¿Por qué llora?—
Shaka sonrió y volvió sus hermosos ojos hacia su compañero de armas.
—Más bien ¿por quién llora?—
El resto de dorados se giraron hacia su diosa, sorprendidos.
Atenea emitió una risa dulce, al ver las caras de confusión de los jóvenes guerreros.
—No os preocupéis, son lágrimas de felicidad. Quedad tranquilos—
Esas palabras calmaron los agitados corazones de ellos, y sin más dilación, se despidieron de ella.
Aldebarán seguía a Mü, escaleras abajo hacia sus respectivos templos.
Al cruzar por Géminis, el lemuriano se paró unos momentos, indeciso.
—Aldebarán—
Su compañero se giró sobre sí mismo y frunció el ceño.
—Hay algo extraño— musitó, también alertado por una fuerza inexplicable.
Los dos hombres vieron a la armadura de Géminis brillar con muchísima fuerza.
El sonido del fuego de las antorchas que iluminaban suavemente el centro del templo crepitaba haciendo eco.
El brasileño echó un vistazo a todas y cada una de las esquinas de la estancia, pero no halló nada. Sin embargo, su compañero, permanecía de pie, estático, con el oído alerta.
—Debe de ser la armadura, será mejor que apremiemos el paso—
Mü terminó por ceder ante las palabras reconfortantes de Aldebarán, y ambos salieron del tercer templo.
A punto de bajar las escaleras que daban al templo de Tauro, el lemuriano volvió la vista atrás. Pero más allá de la entrada a Géminis sólo había una oscuridad profunda.
Sacudiéndose la idea de la cabeza, prosiguió el camino.
[Templo de Géminis]
Kanon respiró aliviado. La ilusión que había creado se derrumbó y el templo recuperó el brillo tenue del fuego.
Aún así, decidió no moverse del lugar, a pesar de que se moría de ganas por recorrer el templo.
— Kanon—
La voz dulce y acristalada de Atenea rasgó con suavidad el silencio de la noche.
El muchacho se giró lentamente, con el corazón latiéndole como un tambor.
Al verla allí, frente a él, con su vestido blanco y sus ojos verdes, cayó de rodillas.
Era como si todo el peso de la gravedad le arrastrara hacia abajo. No se atrevía a mirarla, mantuvo la cabeza agachada.
Tras todos esos días deambulando por Grecia, al fin llegaba a su destino. Todo lo que había vivido, desde que apareció varado en aquella playa de Zakynthos, se revolvió rápidamente, revelando todo su peregrinaje.
Ella comprendió todo. Sus ojos brillantes atravesaban el alma sin oposición alguna, e indagó en la de Kanon.
Atenea glaucopis, escaneando los pasos que había dado aquel joven griego, de casi treinta años, que suplicaba perdón por todos y cada uno de los pecados en los que había incurrido desde que era pequeño.
Avanzó un par de pasos hasta donde Kanon permanecía arrodillado, sumiso ante su diosa.
Acuclillándose, extendió su delicada mano hacia la barbilla del muchacho y empujó hacia arriba suavemente para verle el rostro.
Frente a frente.
Los dos, caballero y diosa.
Mirándose a los ojos.
Ninguna palabra fue dicha, puesto que las lágrimas que brotaron de los cansados ojos de Kanon pedían perdón por sí mismas.
Y Atenea simplemente fue borrando con sus dedos todas y cada una de las lágrimas de su protector. De su caballero.
Finalmente, él pudo dejar de llorar.
Su mirada recobró la paz, su corazón quedó libre de toda culpa y traición.
Su alma podía, al fin, conectarse con Géminis.
La diosa sonrió dulcemente. Él imitó el gesto y una sonrisa se esbozó en su faz.
—Bienvenido seas, Kanon, Caballero de Oro de la constelación de Géminis. Te esperábamos—
Penúltimo capítulo de este fic, que finaliza.
La primera frase entrecomillada es un proverbio árabe.
Algunos os preguntaréis que cómo Kanon llegó al templo de Géminis, supongo que no hacía falta explicarlo, ya que hay que leer entrelíneas, pero si alguien no lo entiende, aquí va la respuesta: Atenea organiza esa reunión con los caballeros de oro para dejar paso libre a Kanon y que pueda refugiarse en el templo de Géminis. De ahí la frase "Aguarda allí, escondido".
Si nos retraemos a anteriores capítulos, donde Kanon escucha una voz llamándole, era Atenea. Misterio resuelto.
Sé que en este fic Kanon queda como un llorón, pero sinceramente, no hay nada más hermoso que ver a un hombre llorando de arrepentimiento. Nada vergonzoso, por supuesto. Aún no entiendo por qué a muchos hombres les da vergüenza llorar.
Muchas gracias a Raixander, Sanathos Ananke, Lule de Zodiak, tomoechan100, Greece SJL Hikaru Kino88, Kaito Hatake Uchiha,grisselldemonns y a los anónimos que me dejáis comentarios en este fic, seguís la historia o la habéis dado como favorita. Agradezco mucho vuestro apoyo :D
Así como a los que dáis como favorita a esta historia Deneb of Cygnus, Sagittarius no Liz, floriiblue12, Human Being y Ede Monster o la seguís Nemain y SYlver Hunter. ¡Gracias por todo! Espero que os esté gustando.
Sin más me despido por hoy. Ya el próximo capítulo será el cierre de esta historia. Espero no haberos defraudado con mi visión de las andanzas de Kanon.
¡Un abrazo y feliz semana!
