Notas de la traductora: Hola, qué tal. Voy a subir este capítulo hoy porque mañana tengo un montón de trabajo para la universidad (estrés, estrés, estrés) y no me va a ser posible actualizar. Espero que les guste, muchas gracias por leer.
Día 5 – Honor a las cicatrices
Capítulo 4:
La paciencia es una virtud (aunque no cuando se trata de sexo)
Dean levantó la mirada cuando la puerta del Pop's Place se abrió con un alegre tintinear de campanas, y su rostro se iluminó cuando reconoció la cabeza con el desordenado cabello negro. Cas miró alrededor un momento antes de localizar a Dean en la mesa de siempre. Dean se puso de pie y abrazó apretadamente a Cas; Cas había estado en California por las pasadas dos semanas, haciendo trabajos de arriba para abajo en el Golden State.
"Te extrañé," murmuró Dean.
"Estoy aquí ahora," respondió Cas, presionando un rápido beso en la oreja de Dean antes de dejarlo ir.
Se sentaron y se tomaron de las manos por encima de la mesa. Normalmente a Dean no le gustaba sostenerse las manos en público, pero no había visto a Cas en dos semanas.
Cas movió su pulgar sobre los nudillos de Dean, frunciendo el ceño ante la áspera cicatriz en ese lugar.
"¿De dónde vino esto?" preguntó.
"Oh, estaba ayudando a Bobby a reparar la carrocería de un coche oxidado el fin de semana pasado," respondió Dean. "Me descuidé y me corté la mano."
"¿Hiciste que te revisaran?" preguntó Cas.
"Seh, no hay tétano aquí," dijo Dean. "Estoy bien, Mago, en serio."
Cas asintió y entonces sonrió. Dejó ir la mano de Dean y sostuvo su propio pulgar en alto. "Yo obtuve una cicatriz por cortarme con ese cuchillo," dijo orgullosamente, refiriéndose a cuando había intentado darle una sorpresa a Dean.
Dean tomó la mano de Cas y besó la cicatriz. Cas se sonrojó, sorprendido por la pública demostración de afecto.
"¿Tienes alguna otra cicatriz?" preguntó Dean.
"Una en la cabeza de cuando Gabriel me empujó de la escalera cuando éramos niños," dijo Cas, frotándose la cabeza. "Una en mi espinilla de cuando me corté con una roca mientras excursionaba. No puedo recordar ninguna otra.
"Hay una en tu espalda," complementó Dean. "Por el omóplato."
Cas arqueó una ceja y Dean se removió avergonzado.
"Me gusta," murmuró.
Cas se rió. "Ahora la recuerdo. Estaba durmiendo y Hael me lanzó su gato para despertarme. El gato no era muy atento, por decir lo menos."
Dean sonrió.
"¿Qué hay de ti?" preguntó Cas. "¿Cuál es la historia detrás de la que hay en tu brazo?"
Dean pasó sus dedos por la pequeña línea blanca en su antebrazo. "Ah, no lo recuerdo. Era un chico revoltoso, siempre metiéndome en alguna clase de problema. Tengo un montón de pequeñas cicatrices como ésta."
"Lo he notado," dijo Cas con una sonrisa.
Dean sonrió cautelosamente. "¿Si? Bueno, ¿Has notado la de mi muslo?"
Cas frunció el ceño mientras trataba de recordar. "No creo que lo haya hecho."
Él sonrió. "No es demasiado notoria. Mi jeans se enganchó en una cerca cuando era un crío y cuando lo desenganché, agarró mi piel."
Cas frunció el ceño más profundamente y se puso de pie. "Vamos."
"Ni siquiera hemos tomado nuestros cafés aún," dijo Dean con una risa.
"Quiero encontrarla, ahora vamos," dijo Cas insistentemente.
Los ojos de Dean tuvieron un brillo coqueto. Amaba cuando Cas se ponía todo mandón. Se puso de pie y Cas tomó su mano y comenzó a arrástralo fuera del café.
"¿Tú departamento o el mío?" preguntó Dean, moviendo sus cejas.
"El mío está más cerca."
"La paciencia es una virtud, sabes."
"Cállate."
