Esa noche Rick no dejó de teclear. Ni siquiera se alejó de su laptop cuando oyó a Alexis buscando comida en el refrigerador en plena madrugada.

Nikki Heat. Le gustaba. Era sexy, sofisticado, complicado. Era todo lo que la detective Beckett le había parecido desde el momento que cruzó la puerta de la sala de interrogatorios. E incluso se detuvo a pensar que, sus ojos, aquella vez, también habían reflejado todo aquello que recién se animaba a entender.

Y sintió unas ganas tremendas de cachetearse.

《O podría quitarse la blusa》, recordó que le dijo.

Dios, ¿Que clase de persona era?

Buscando esos ojos, por años, para encontrarlos y pedirles que se quite la blusa en una sala de interrogatorios.

Dejó de teclear. Se recostó en el respaldar de la silla. Y se permitió pensar.

En Katherine. Qué nombre para más hermoso.

En su encuentro. En su comportamiento de chico de instituto. Y sus respuestas de ella, que la permitían salir de la situación airosa y dejando a su acompañarte con un cosquilleo bajando por la espalda. Y no sólo por la espalda.


Kate pasó mayor parte de la tarde y de la noche en el gimnasio, golpeando la bolsa de boxeo. Desquitandose. Dejándolo ir.

Estaba tan enojada con él, porque ella había estado soñando - día y noche - con encontrar al extraño de ojos azules. El extraño que a la época de la muerte de su madre tomó un nombre. Y una cara. Y ahora una decepción.

Y ella había sido tan tonta. Había temblado por dentro antes de entrar a esa sala, cuando le había insistido a Ryan y Esposito para no dirigir el interrogatorio.

- Beckett, ¿acaso no podrías controlarte ante tu ídolo?

Porque ellos, Lanie y el capitán, eran los únicos que sabían sobre su fanatismo. Y ella estaba segura que la estaban retando... y no lo iba a permitir.

Se armó de valor y entró al interrogatorio. Y entre preguntas y comentarios terminó siendo un desastre total.

Le pegó de nuevo a la bolsa. Otra vez. Y otra.

Ya no daba más.

Se tiró al suelo y tomó aire de forma entrecortada.

Miró a su alrededor y notó que estaba sola, entonces una lágrima resbaló por su mejilla. Rebelde, desesperada, frustrada.

Y se odió por permitirse llorar. Porque ella ya no era una niñita. Porque ya había aprendido a dejar de sufrir por amor, por hombres. Y su vida se había simplificado.

Justamente fue en ese instante en que él reaparecía en su vida. Momentáneamente.

Y sonrió, porque sabía que él ya no volvería, porque ya se había encontrado con él y ahora cada quien volvería a donde pertenecían.


Rick estuvo listo bastante temprano. Tan temprano que hasta su hija lo notó.

- Quería comenzar el día temprano - le dijo y, aunque él sabía que su hija no le creía completamente, él no aclaró nada y ella no se esforzó en preguntar.

Tomó un taxi y volvió a donde había estado el día anterior. De frente se dirigió al capitán Montgomery, sin pretender aceptar un "no" por respuesta.

Y no tuvo que obligarse, ya que el as que tenía bajo la manga funcionó mejor de lo que había pensado.

Se fue a la sala de descanso, decidiendo de pronto prepararse un café. Se arrepintió al tomarse el primer sorbo. Estaba horrible.

- Sabe a pipí de mono - dijo en voz baja y dejando la taza aún llena sobre la mesa.

Ahora, sólo tenía que esperar a Kate Beckett. Su Nikki Heat.


Kate abrió los ojos lentamente. Y se levantó de un salto al ver la hora que marcaba el reloj. Ya estaba una hora tarde.

Pero se rió de sí misma, porque hacía demasiado que no se levantaba tarde. Y debía admitir que había descansado plácidamente.

Salió, ya cambiada y café de por medio, y llegó relajada a la comisaría. Se plantó frente a la blanca pizarra y mentalmente le preguntó a la víctima sobre lo que había sucedido.

Miró su fotografía. Y sintió ese escalofrío que siempre le bajaba por la espalda al ver al fallecido. Ese escalofrío que tuvo comienzo el día del asesinato de su madre. Aun después de diez años, recordaba cada uno de los detalles. Recordaba cada segundo.

Desde que habían programado la cena para esa noche, hasta cuando su ceño fruncido que se reflejó en su padre al ver al detective Raglan en su puerta.

La cinta amarilla. Los agentes. El forense. La sangre.

El cuerpo.

Se le nubló la visión. Sintió una lágrima cayendo por su mejilla y se aseguró de quitársela sin que nadie la viera.

Miró a su alrededor para comprobarlo.

Y lo vio. Saliendo de la sala de descanso, mirándola fijamente. Su cara reflejaba preocupación, entonces notó que había una lágrima que no se había esfumado. Volvió la vista a la pizarra e hizo desaparecer esa pequeña gota de agua.

Pero él ya la había visto. Así de vulnerable. Así de humana. Así como la había conocido.

- ¿Todo bien? - le preguntó ni bien llegó a su lado.

Ella lo miró, con el ceño fruncido.

- ¿Y tú qué haces aquí? - le contestó con dureza y evaporando inmediatamente esa pequeña flaqueza que la había invadido momentos atrás.

Richard lo notó, pero no tuvo tiempo qué contestarle, porque Montgomery llamó a Beckett y esta desapareció de su vista.

Pero estaba seguro, por su mirada, que ella no estaría feliz con su presencia, como supo mucho tiempo atrás, que esa mujer sería uno de los mayores misterios de su vida.


Siento de nuevo la demora, de verdad.

Este capítulo estaba listo desde el sábado por la noche, pero en serio quería dormir. La semana pasada he dormido un promedio de tres/cuatro horas por noche, así que ya imaginarán cuantas ojeras tengo.

Espero que les guste y también ver muchas eviews, que me impulsan a seguir con esta fic.

Ah! Y estuve pensando en hacerles una inofensiva pregunta después de cada capítulo, a ver si así los/as puedo conocer mejor.

Primeeera pregunta (?)- ¿Qué edad tienen?

- Yo tengo 17, en julio cumpliré -obviamente- 18.

Anyway, un saludo a todos mis lectores! Son geniales :)

Gracias por leer!