Él sintió la mirada de odio por parte de la detective por días, quizás un par de semanas, y al principio le fue incómodo, aunque no lo pareciera y lo actuara bastante bien.
- Esa cosa con Katherine, Richard - le dijo su madre ni bien llegó a casa con una sonrisa en la cara -. Te tiene muy cambiado.
Él la miró entre confundido y sorprendido.
- Madre, una mujer no puede cambiarme en un par de semanas.
Pero el hecho era que Martha tenía razones suficientes para creerlo y asegurarse, porque de pronto su hijo dejaba de andar con una mujer y otra - o al menos se aseguraba de no llevarlas a casa - y más que cualquier otra cosa, hablaba de la detective hasta por las orejas.
Alexis también lo notó.
- Papá, te gusta ¿verdad? - le dijo ni bien terminó su cena.
Y por más que él lo negara, sin mentir, porque no lo creía en serio, Alexis no cambió de parecer.
Y Kate, por su parte, sufría las miradas insinuantes por parte de su mejor amiga que, al ser su compañera de trabajo, aprovechaba sus visitas al laboratorio para preguntarle sobre su relación con el escritor.
- No tenemos una relación. Ni de pareja ni de compañeros - le contestó una Katherine enojada. Aunque finalmente toda la oficina, incluyendo el capitán, había notado esa extraña conexión que tenían ambos.
Esa conexión que estuvo apunto de romperse definitivamente una tarde. Kate, frustrada por no poder resolver el caso en el que estaba atorada por días, decidió desquitarse con Castle enviándolo a casa
- Pues tendrás que quejarte con tu madre, porque no me iré y el capitán tampoco me echará.
Kate se tragó su ira y lo miró con la verdadera molestia reflejada en sus ojos.
- Richard - se tomó un segundo-. Vete a casa. Y no vuelvas.
Ni bien terminó de decir aquello se metió en la sala de descanso y fingió prepararse un café en lo que el escritor, completamente descolocado, tomaba sus cosas y se retiraba.
No la entendía, no la había ofendido. La había retado y la había contradicho, pero no le había lanzado nada ofensivo. ¿O si?
Kate comenzó a sentir una punzada de culpabilidad pasados los veinte minutos.
- Beckett, él no sabe lo de tu madre - le dijo Esposito cuando se enteró lo que su amiga había hecho. Y ella se sintió aun peor.
Pero su orgullo era mayor. Mucho mayor como para marcar su número y decirle que regresara. Además de que tendría que explicárselo. Decirle que su madre había sido asesinada y abandonada en un callejón. Desangrándose. Y admitir que ella había actuado de la forma más inmadura posible.
Disculparse.
No podía.
Pero a pesar de todo, en el fondo estaba segura que lo extrañaba. Sus bromas, su inmadurez, su habilidad, sus ojos. A él. Y por más que a comienzos de la noche Ryan se hubiese aparecido con el nombre de un nuevo y potencial sospechoso, Kate se sentía mal.
Alrededor de las once atraparon al asesino. Felicitó al equipo, rechazó una invitación a un bar cercano y se fue a casa.
Se abofeteó mentalmente durante todo el camino hacia su llegó a casa y se encontró con un repartidor parado frente a su puerta.
- ¿Katherine Beckett?
Ni bien ella asintió el hombre le entregó un pequeño pero hermoso ramo de flores.
Kate no sabía como reaccionar.
Entró a su casa y notó que había una pequeña tarjeta entre las flores.
Olió las rosas. Luego las acarició. Sintió su pureza, dulzura y suavidad.
Su mano se hizo paso entre los pétalos y cogió la blanca tarjeta y la leyó lentamente. Sintiendo de nuevo una punzada de culpabilidad.
Kate, no sé qué de lo que he dicho ha estado mal. En ningún momento he pretendido ofenderte, por lo que me disculpo, sin saber de qué.
Espero que aceptes mis disculpas pero aun así, voy a respetar tus deseos.
Richard.
La detective sintió cómo el corazón se le detenía, y le comenzaba a palpitar a los dos segundos, mucho más fuerte.
Decidió tragarse su orgullo.
Lo llamó. Escuchó las timbradas y creyó que no le iba a contestar. Tampoco iba ella a rogarle.
Rick, en un ataque de confusión terminó contándole todo a su madre.
- Richard, en lo que la conoces, has aprendido que ella es así. Y eso no va a cambiar, por lo pronto no - procuró abrirle los ojos -. Pero eso no es lo que me preocupa.
Richard no la entendió y esperó a que continuase, cosa que no hizo.
- Madre...
- Ya tienes un personaje, ¿por qué tanta preocupación? Ya sabes que, por más que te duela, que ella no te necesita. Y que tú a ella, tampoco.
Richard pensó en ello toda la noche. Soñó con ello. Sonó con ella. Con sus ojos.Y al instante estuvo seguro de que por más que lo que su madre dijese cobrara el máximo de los sentidos, él no iba a poder olvidarse de ella, como no pudo mucho tiempo atrás y esperaba, de todo corazón, que ella se sintiese igual.
Sintió la vibración del celular sobre su mesa de noche y al instante vio su nombre aparecer en la pantalla. Sintió un nudo en el estómago y tomó el aparato.
Vibraba, una y otra vez, pero él seguíamos sin contestar.
Casi al final de la última vibración apretó el pequeño dibujo verde.
- ¿Beckett? - se hizo el desentendido.
- Rick, lamento mucho mi actitud, te debo una disculpa y una explicación. Te veo mañana.
No dio tiempo al escritor de reaccionar y a la mañana siguiente se lo lamentó porque estuvo, desde que llegó a la comisaría, con la vista pegada al reloj.
Se sintió terriblemente mal. Y desilusionada.
Hasta que, pasadas las once de la mañana, lo vio atravesando la puerta del ascensor.
Se dirigió de frente a ella, con café en mano y se lo tendió.
- Es para ti. He notado cuál es el que te gusta y lo he comprado de camino - le dijo como si nada hubiese pasado el día anterior -. Ah, disculpa por la tardanza, he tenido una reunión con la editorial esta mañana - se excusó y pasó a preguntar por el nuevo caso, dejando completamente confundida a Kate.
Al final del día ella lo llamó, antes de que él decidiese irse y él colocó una silla al lado de su escritorio.
Le contó sobre su madre. Abrió parte de su corazón y Rick se limitó a oírla.
Al final, él se paró y le plantó un suave beso en la mejilla. Más largo de lo que cualquier beso debería durar.
- Hasta mañana - dijo mirándola a los ojos.
- Buenas noches.
Ambos sintieron que ante ese roce, de sus alientos contra el otro, aquella conexión volvía a parecer.
Y, como aquella silla que minutos antes Rick había plantado al lado de la detective, no se iba a ir.
Hoy me he tomado parte el día para escribir esto y, como siempre, espero que les guste.
Gracias por leer, como siempre. Se los agradezco de corazón.
Ah, y con respecto a la pregunta del capítulo anterior, me han sorprendido muchísimo. No pensé que tendría lectoras de todas las edades! Gracias a todas!
Preeegunta! ¿Cual es su sueño frustrado?
- El mío es ser bailarina. Antes bailaba ballet pero lo dejé y cuando quize retomarlo me costó muchísimo más. Ahora, con la universidad, ya se me ha hecho imposible. Y el otro es ser escritora. Podría haber estudiado literatura pero no sé si tendré potencial para eso. Ahora ya saben qué tan feliz me hacen con sus reviews - ya sean buenas o malas.
Espero sus respuestas y reviews. Un abrazo! :)
