Entre gemidos y jadeos entrecortados, Kate se aferró aún más a la espalda de Richard, evitando así caer.
El suelo de la ducha, aún mojado, les hacía algo dificultoso seguir con aquella danza que acaban de comenzar y que, a decir verdad, parecía tener un final tanto agonizante como delicioso.
El escritor supo que la mujer - la hermosa mujer que tenía enfrente - ya había llegado a la cima de sensaciones cuando sintió sus uñas enterrándose en su espalda y un jadeo - tanto sexy como provocador - saliendo de su boca.
Eso lo hizo explotar. Y nada más que solo ella y él, existían. Ni siquiera le importó que el agua caliente siguiese cayendo, ni la cuenta el agua, ni la de la luz, ni el jabón derritiéndose en el piso. Solo pensaba en él y en Kate. En ella abrazada a él. Acurrucada en su pecho. Sintiendo sus latidos.
Su corazón. Su amor. Ese amor que se tenían y que ni en su subconsciente se permitían admitir. Kate le plantó un suave beso en el pecho. Rick memorizó cada segundo de aquella caricia y le besó la frente. Lento, dándole todo. Le acarició el cabello y Kate se aferró más a él.
- Rick - le susurró despacio después de un minuto. Él hizo un sonido dándole a entender que la escuchaba - Están tocando la puerta.
El escritor se tensó momentáneamente. Luego intentó disimularlo pero Kate ya lo había notado.
- Debería irme - murmuró ella como reacción a lo recién ocurrido.
- No, quienquiera que esté detrás de esa puerta es quien debería irse - le dijo al oído con la voz más sexy que pudo y comenzó un lento descenso por su cuello, dejando leves moriscos aquí y allá.
La tomó por la cintura y le besó el cuello. Lo lamió y mordisqueó con suavidad y excitación. Subió de nuevo y escondió su cabeza en el hueco de su cuello, aspirando su aroma. Subió más y tiró del lóbulo de la oreja.
La detective sintió un cosquilleo por su espalda y no pudo contener la salida de un gemido de su boca.
Volvió a sonar el timbre.
Ambos maldijeron mentalmente.
Pasaron seis días, pero parecía ser más una eternidad. O al menos lo fue para Kate, que no aguantaba la intriga de no saber qué cosa estaba pasando.
Todo había cambiado desde ese día. Del día pasional en la ducha. Las caricias. Los besos. El agua. La calentura del momento. La detective se estremeció con sólo recordarlo, pero ese cosquilleo le duró prácticamente nada comparado con su preocupación por Rick.
Él ya no era el mismo. Estaba distante, muy distante, y ocupado. Y a pesar de que ambos no tenían nada oficial, ella se sentía preocupada por él y en su casi-relación.
- Oh, todo está bien - le había contestado el escritor cuando ella le había intentado sacarle algo de información.
- Rick... - se atrevió a llamarlo justo antes de que se vaya, pero él no volteó, sino mas bien atravesó la puerta. Y aunque su subconsciente barajaba la posibilidad de que quizás él no la haya escuchado, una parte de ella creía que la estaba evitando.
Así, los seis días se convirtieron en siete, ocho y finalmente en dos semanas. Y Katherine seguía analizando todas las posibilidades probables en comisaría... en casa... en la ducha.
Oh, la ducha.
Los recuerdos invadieron de nuevo su mente. Su tacto, su olor, sus besos, sus caricias. Sintió desfallecer.
La fricción de sus cuerpos.
Rápido.
Muy rápido.
La respiración se le entrecortó.
Y el timbre.
¡El timbre!
Lo había olvidado por completo. El timbre había sonado justo cuando ambos habían decidido tomar un segundo asalto. Y Rick se había tensado. Y se había ido a abrir. Y ella se había vestido mientras tanto. Y el tipo.
En ese momento no le prestó atención y quizás en ese momento tampoco debía, pero ese hombre podría ser la causa de su distanciamiento con el escritor.
Y quería averiguar por qué.
- Sabes que no debes meterte en ese terreno.
- Vas a terminar magullado, hermano.
- Eres hombre muerto, dalo por hecho.
Y a pesar de los diferentes, pero acertados, comentarios hechos por Martha, Esposito y Ryan; Rick decidió seguir sin dar marcha atrás. Metiéndose en lo que no debía y sabía, le iba a causar muchísimos problemas.
- Pasado esto, todo volverá a la normalidad - les había dado la misma respuesta a los tres.
Martha negó, Ryan no mostró reacción alguna y Espo se rió bajito.
- Me río porque en realidad es irónico. Quieres hacer esto para ayudar, pero no sabes que la estás embarrando más - le dijo el detective en modo de explicación.
Tenía razón. Pero Richard era muy orgulloso para admitirlo, y para abandonar.
Iba a seguir hasta el final. Entonces todo estaría bien. Entonces todos estarían bien.
Pero hubo un detalle que se le escapó de las manos.
De verdad siento mucho la demora entre el previo y este capítulo. Recién he estado un poco más relajada ya que fue hoy mi entrega final de mi maqueta (de la cual saqué 18 - de 20 como máximo - y fue escogida para exposición *-*) así que tuve es resto del día para poder subir (este capítulo llevaba días ya escrito).
Lamento también que sea un capítulo corto, pero aún así es de vital importancia para lo que sigue con la fic. Así que no se enojen por la pequeñez - que bueno viene en envase chico - y difruten de lo poco que he podido escribir.
Sin más, gracias por leer y dejar sus comentarios, los cuales son siempre bienvenidos, ya lo saben!
Y, preeegunta! ¿Qué crees que lleva Rick entre manos? y - la pregunta de real curiosidad -, ¿Cual es tu nombre? (Ese que te dieron tus papás, no el nickname. Y descuiden, no las buscaré en ninguna red social a menos que me dejen un link en los coments)
- Mi nombre es Paola Alejandra - eso sonó a respuesta de jardín de niños -, pero sólo me llaman por el primero; el segundo no es muy de mi gusto.
Saludos y espero sus respuestas!
Un beso (:
