Richard se pasó toda la tarde pensando en qué decirle Kate ni bien se plantara en la puerta de su apartamento.
Hey, oye, te amo
No, no podía ser tan absurdamente vacío y fácil, aún más considerando que era escritor de profesión.
Se salteó el almuerzo, la cena y uno de los vodkas a los que ya se había acostumbrado.
Quería ir sobrio. Tenía que ir sobrio, sino no respondería, no lo soportaría y la besaría, como todas aquellas veces en las que habían compartido una noche de pasión.
Meses. Habían pasado meses desde que habían dejado de hacerlo y el deseo crecía cada vez más, sin embargo, lo que más lo mataba era el no poder estar con ella.
Sentir su piel contra la suya mientras le daba su típico café mañanero, sentir su lenta respiración cuando se enfocaba en la pizarra, sentir su olor. Cerezas.
Ya en la noche se rindió y supo que, finalmente, cualquier cosa que diría, aun estado fuera de cualquier perfección, sería el puro reflejo de sus sentimientos.
Así, salió de casa sin siquiera coger un abrigo.
Mientras tanto, la detective se metía a la cama antes de lo usual. Había pedido permiso para salir antes de la hora y Gates, entre sorprendida y confundida, no pudo decirle que no.
Ni bien la detective se fue, Victoria consultó con su computadora para saber qué tan ocurrente era que aquella pidiese salidas prematuras, y a pesar de que en la máquina no aparecía ningún dato, Gates estuvo segura por lo que escuchó de Esposito justo al ver a Kate despedirse.
- Debe estar pasando algo.
Ryan se limitó entonces a asentir y Gates se resignó porque había algo que se par sabía y ella ignoraba.
Pero Kate, ahora sí que para ella tomaba todo sentido. Su actitud, la de Richard, ahora tenía una razón aparente.
Negó con la cabeza y las lágrimas comenzaron a fluir, como habían hecho durante todo el día, tornando sus ojos rojos.
Se miró al espejo y agradeció no tener que ver a nadie en ese estado. Tan frágil, tan enojada con el mundo, tan... decepcionada. Y todo era por su culpa, de él, de el hombre al que le había dado todo sin dárselo, sin pedirle a cambio lo único que no podía darle.
Amor.
- Y así me paga - susurró bajito.
Katherine Beckett ignoraba entonces que el escritor estuviera a punto de tocar el timbre y que al más ligero roce con el objeto, sentía una sensación de morir.
Entonces se armó de valor, y coincidiendo con un suspiro, apretó con su dedo el pequeño interruptor, desatando un sonido que tomaba un nuevo significado.
Kate se acercó a la puerta y a pesar de que no sabía quien estaba detrás de esa, asumió saberlo.
- Lanie, no estoy de humor para juergas, lo siento.
Y Rick, sorprendido por la declaración, aclaró la garganta y tono algo nervioso aclaró.
- Kate, es Rick.


Ante la mirada atónita de los hombres que lo acompañaban, el jefe, como le decían, no se inmutó. Dejó caer el cuerpo inerte al suelo, sin siquiera preocuparse por quitar la mancha de sangre que sobre su mejilla había salpicado a reacción del corte.
- Ya saben qué pasa si me contradicen. Ya saben qué pasa con sus cuellos.
Nadie habló y el garaje se hundió en una neblina de silencio.
El jefe prosiguió.
- ¿No van a decirme que ya saben como acabar con esto? - permanecieron nuevamente en silencio, entonces el jefe se enfureció -. ¿Matan al capitán y pretenden seguir como si nada? Yo les dije, claramente, 'asustenlo'. ¿Acaso dije yo 'metele un balazo entre las cejas'?
Uno de los que estaba a su costado negó con la cabeza, atrayendo la mirada de hombre que creía ser el rey del mundo.
- ¿Entonces?
- Vayamos a resucitarlo - comentó el otro con la burla saliéndosele de los poros y el rostro enojado del jefe comenzó a acentuar mas -. Oh vamos, querido jefecito - pronunció cada sílaba con ironía -, aquí todos sabemos que quería a Montgomery bajo tierra.
Nadie dijo nada. Ni siquiera el jefe.
Se sintió la atmósfera más densa que nunca, la incomodidad fue casi palpable y, menos de dos horas, un muerto se convirtieron en dos.


- Castle, ¿a qué has venido? - fue directa la detective.
Richard se sorprendió por su actitud, pero había dado demasiadas vueltas al asunto como para rendirse tan fácil.
- Quería hablar, Kate, sólo eso.
- Estoy ocupada.
- Pensé que era sólo un no a las juergas -aclaro queriendole dar un toque de carisma a la situación, cuando por dentro moría de miedo.
- Richard, - decidió ser honesta - si no entiendes las indirectas, pues bien, te lo diré de frente: no quiero verte.
Decir que fue como una estaca al corazón del escritor sería poco. Y es que nunca él se imaginó que ella lo que rechazaría como lo esta a haciendo en ese instante.
Le dio cólera. Por ser lo suficientemente idiota para no verlo venir y enamorarse de quien menos le daría.
La detective Beckett lo había usado, estaba convencido; pero no pretendía irse sin decir por lo que fue.
- Kate, tengo algo que decirte.
Esta estalló, porque ya no soportaba que él estuviera como si nada y ella tuviera que resistirse frente a él.
- ¡¿Qué rayos vienes a decirme?! ¡Sea lo que sea no quiero oírlo, señor escritor, porque ya lo sé!
Ambos se quedaron en silencio. Rick afuera y Kate a punto de cerrarle la puerta de su casa... y su corazón.
- ¿Desde cuándo lo sabes? - le preguntó a punto de tirarse al suelo y llorar - ¿desde cuándo sabes que te amo?
La detective sintió un baldazo de agua helada recién sacada de la Antártida recorriéndole el cuerpo.
No pensó oír eso. Ni siquiera se le pasó por la mente, por más obvio que hubiese sido después de la confesión que el escritor había declarado en aquel callejón.
Junto a la otra confesión.
- ¿En serio quieres saberlo? - preguntó una Katherine calmada, pero fría. Y, sin siquiera tomarse la molestia de cerciorarse que Rick asentía, prosiguió -. Lo sé desde anoche, Castle. Desde que declaraste también meterte con el caso de mi madre.
Entonces él comprendió todo. El porqué de la actitud de ella, de su rechazo, y quiso morir.
Quiso desaparecer el tiempo y no haber metido la pata - literalmente - en tremendo lío.
Kate le cerró la puerta en las narices y él no se opuso, sabía que se lo merecía.
- Soy un idiota - susurró sin moverse ni un milímetro. Sintió sus piernas temblar, su alma partirse y sus rodillas flaquear.
Se sentó en el suelo, justo en la puerta de su amada, quien también se había dejado caer del otro lado de la puerta.
- Lo siento, Kate, de verdad lo siento - dijo sin saber que ella lo escuchaba -. Todo lo que hice, lo que hago, es por ti.
Kate estaba atónita, escuchando en silencio el monólogo del escritor. Se tocó el pecho, justo encima del corazón y las lágrimas comenzaron a fluir.
- Kate, en serio pensé que podría ayudarte. A superar esto, hacerte sonreír, dejar de verte sufrir y... amarte. Porque eso es lo único que deseo.
La detective seguía sin pronunciar palabra alguna, sólo se dedicaba a derramar lágrimas. Lágrimas de desesperación, porque sentía y sabía que lo amaba; pero no sabía si podía perdonarlo, no era lo justo para ella, ni para su madre, ni Montgomery. Y para estar con él iba a tener que dejar ir el tema, olvidarse de ello, enterrarlo y no volver a mirar atrás.
Imposible.
Ya lo había intentado por casi diez años y su ser no lo dejaba ir. Ahora, iba a tener que intentarlo una vez más y tenía sus dudas.
¿Acaso iba a poder? ¿Y si no resultaba como ambos querían?
- Kate, estoy en agonía y sólo tú puedes salvarme.
Ella tenía un nudo en la garganta que no le permitía pronunciar palabra alguna.
Se levantó del suelo y tomó una hoja y lápiz del escritorio.
Escribió sin pensarlo.

No es tan simple

Rompió ese pedazo y lo pasó por debajo de la puerta, dejando al escritor sorprendido,
- Kate, olvidemos esto. Olvidemos el tema. Olvidemos todo, excepto todo lo que hemos pasado, porque si he estado siguiendote todo este tiempo, ha sido por tu cariño, Kate.
Ella volvió a escribir.

¿Y cómo voy a olvidarlo? ¿Cómo voy a olvidar que me has traicionado?

Arrancó el retazo y lo pasó nuevamente. Richard se demoró en contestar.

- Nunca he querido traicionarte. Jamás ha sido esa mi intención, Kate. Sabes cuál es mi intención, ahora lo sabes y lo repetiré mil veces si es necesario, si así vas a perdonarme.

Kate de pronto cortó su papel de detective, de mujer enojada y lastimada y se paró para abrir la puerta.
Rick se levantó asimismo de un salto, de modo casi desesperado. Ninguno dijo ninguna palabra por unos segundos
- Te amo, Kate - susurró despacio, acercándose a su boca con timidez -. Con todo mi ser.
Estaban separados por unos pocos centímetros, cada uno convertido en una muerte.
Tres muertes.
Y cada una de ellas más mortal que la otra.
Rick la tomó del cuello y cerró sus ojos. Sintió el mismísimo paraíso. Kate sólo lo miraba. Tan débil.
Estuvo a punto de flaquear y rozar sus labios con los suyos, pero detuvo ni bien se dio cuenta que acortaba a distancia entre ambos.
Dos muertes.
Rick abrió entonces los ojos y ambos quedaron encantados con el tono del otro. Kate se perdía en el azul del cielo, azul del mar. Azul profundo, seductor.
Increíblemente seductor.
Rick no estaba lejos, perdido en el oscuro de los ojos de la detective, veía sus intenciones.
Su labio inferior atrapado entre sus dientes lo demostraba.
Se acercó un poco más y el tiempo se detuvo. Ya nada existía mas que él, ella... y su boca.
Esa irresistible boca a la que se moría por besar.
Le besó la punta de la nariz y ella sintió el roce de su aliento con el del escritor.
- Rick -. Susurró casi implorando, y fue todo lo que él necesitó.
No se lanzó físicamente hacia ella, mas bien la acercó por la cintura y rozó levemente su boca.
Kate ya no podía pensar en nada más, sólo quería sentir sus labios, esos por los que se había muerto por tanto tiempo, esos a los que tantas veces había besado pero en otro contexto.
Sin amor, sin nada.
- Kate, lo siento de verdad. Y te amo, con todo mi corazón - le susurró el escritor, antes de plantar sus labios sobre los de la detective, con temor a su rechazo.
Pero ella ni quiera lo rechazó, ni siquiera se le pasó por la mente rechazarlo, es más, se moría por que no termine.
Una muerte. La más mortal e infinita de todas. Y eso les encantaba.
Lento, fueron subiendo la intensidad.


HEEY (:

Me he tardado en subir. Sí, en subir porque ya lo tenía hecho pero como estoy a punto de entrar en finales, mis días están tan miserables como nunca antes creí.

Bueno, espero que les guste y hayan notado que está mas largo de lo usual (? jajaja sino, pues LO ES :D

Y como siempre, la pregunta del capítulo.

PREEEGUNTA!

Describete en una palabra -si, I know, no es pregunta, pero se entiende -.

-INGENIOSA. Yo, soy eso. Y lo tengo claro porque ya mucha gente me lo ha dicho y quien me conoce lo sabe. De pronto puedo dar una respuesta super ingeniosa a la que nadie sabe cómo responder.

Sí, eso no les conviene a los que intentan coquetearme jaja

Anyway, así soy yo.

Espero sus respuestas y/o comentarios. Gracias por darse el tiempo de leer, lo aprecio muchísimo.