Nunca Kate se había sentido así al despertar, incluso a pesar de que ambos ya se conocían, por decirlo de alguna forma, en ese ámbito. Sin embargo, Kate tenía una sonrisa tatuada en la cara.
Se acomodó en las sábanas y su pierna desnuda rozó con la de Richard, quien aún dormía plácidamente, como un niño. Casi se le podía distinguir una sonrisa.
La detective le acarició la cara con ternura, por la que nunca antes había sentido por alguien más.
Ya lo había olvidado, había olvidado lo que era caer rendidamente enamorada de alguien. Y Rick se había dispuesto como propósito hacérselo recordar. Hacerle recordar lo maravilloso que era el amor.
Pero había algo, en el fondo de su corazón, que no le dejaba olvidar todo lo pasado el día anterior.
Se sintió mal, porque era como escoger. Entre el asesinato de su madre y el amor. Entre Johanna y Rick.
No quería escoger. Ambos formaban parte de su vida. Eran seres importantes, pero sabía que iba a tener que hacerlo en algún momento.
- Los buenos días nunca antes fueron tan acertados - dijo el escritor mirándola fijamente, haciéndola olvidar en un instante todo aquello que ella tenía en la cabeza.
Kate sonrió, porque ella también lo creía.


- Yo no maté a Montgomery, Smith - ya era la tercera vez que lo decía frente al hombre que lo tenía tomado por el cuello de la camisa -. La estás arrugando por las puras.
- Sabes que la camisa me vale. Tú, mas bien, sí me interesas y ¿sabes por qué? Porque todas las fuentes me llevan a ti.
- ¿Qué fuentes?
- Eso debe interesarte tanto como mi interés por tu camisa.
El hombre se encogió un poco, con miedo.
- Vaya, vaya. ¿Quién iba a pensarlo? Tú, a punto de orinarte en los pantalones - comentó al borde de la risa.
- Smith, no tienes pruebas.
- ¿Ah no? ¿Por qué lo crees?
- Porque no me han arrestado. Podrías mandar a todo el ejército de la nación si quisieras, a llenarme de agujeros, pero no lo haces, ¿por qué?
Smith lo soltó de pronto y aprovechó el verlo tendido en el suelo para propinarle un par de patadas.
Antes de alejarse y desaparecer tras unos camiones, dijo lo suficientemente alto para que el hombre lo escuchase.
- Por que quiero a todos los implicados dentro, no sólo a ti. - hizo una pausa y, antes de continuar, cambió su tono por uno más burlón. - Y, por cierto, ese color de camisa no te queda, Bracken.


Habían pasado tres días, tres hermosos y espectaculares días, y Rick no podía creérselo.
Madre, la felicidad no me cabe en el pellejo - le comentó una noche que habían quedado para cenar -, pero...
Pero... - intentó animarlo Martha
Es que no lo sabe. Bueno, ni siquiera yo lo sé.
Martha no entendía nada.
¿A qué te refieres?
Ella sabe. Que estuve viendo cómo resolver el asesinato de Johanna. Me ha perdonado. - La madre del escritor permanecía en silencio, sin entender cuál era en ese caso el problema -. No creo poder dejarlo.
Martha lo entendió al fin.
Su hijo no podía dejar ir cuestiones que Kate podía ocultar mejor, incluso cuando ella debería de ser la que se aferre.
Como un tigre.
Ante su presa.

Aquella tarde Richard no dejó de mirarse al espejo, buscando en sí mismo una respuesta.
Tu vanidad ya no te da más, ¿verdad? - incluso se atrevió a bromear Kate, sin siquiera tener una idea de lo que en realidad estaba sucediendo.
Rick fingió algo así como una sonrisa. Una casi sonrisa y volvió al estudio.
Kate se preparó una taza de café, y fue entonces que supo que nada había cambiado.
Rick volvería a caer en el pozo del caso, lo sabía; como todas aquellas veces que no pudo quedarse sin poder resolver a más a fondo lo que sea.
Tenía una curiosidad increíble. Increíblemente peligrosa.
Pero no, no se atrevía sin embargo a decírselo.
Rick, déjalo ir.
Esa no era la manera.


A partir de ese día Rick se aseguró de contactar a Smith sin que Kate lo supiera, siendo este propósito todo un éxito. Sin embargo, él sabía que nada estaba yendo por buen camino cuando Smith se armó de agallas para decírselo.
Ya tengo claro lo que me vas a decir, Richard. "Esto es por un bien", "Nada se me escapa de las manos" y "Siempre y cuando Kate no lo sepa, todo estará bien". ¿Pero sabes algo Rick? La mentira tiene patas cortas y tú, mas que nadie lo sabes. Como cuando Meredith te engañó -. Smith se iba acercando al escritor lentamente, pero éste no podía dejar de pensar en cómo él sabía lo de Meredith. Sintió su pierna flaquear -. Oh vamos, Castle, te has puesto pálido.
Smith quiso contener una risa sin éxito y el escritor se asustó aun más.
Soltó una risa involuntaria de completo nerviosismo.
Nos vemos mañana, escritor.
No le dio tiempo a Castle de contestar, y para cuando este pestañeó, Smith ya se había ido.
Parecía todo mas bien un sueño. Un rarísimo sueño.
En el que el bueno adopta una postura inquietamente escalofriante.
Y era real.
Más real de lo que en cualquier momento pudo haber pensado.

Volvió casa a pie, aunque estaba lo suficientemente lejos para tardarse horas.
Y así fue. Llego empapado, con todos los efecto de la lluvia que lo había perseguido durante el camino y una gripe como las que no había cogido desde que Alexis lo contagió cuando estaba en el preescolar.
Kate lo cuidó sin preguntar y Richard lo agradeció inmensamente.
Tenía miedo. De contagiarla, de que se vaya, de cualquier cosa, hasta de Smith.
Ese hombre sí que había cambiado de un momento al otro. Se había puesto casi como una fiera delante de su carnada. Una inofensiva hormiga compañera se había transformado en una cucaracha. Prehistórica. Gigantesca.
Imaginó de nuevo su cara mientras la detective lo arropaba con unas cuantas mantas. Olían a perfume. Su perfume. Y se preguntó que hubiese sucedido si es que Smith se hubiese salido de sus casillas para matarlo.
Jamás hubiera visto a Kate de nuevo. Y todo habría ido en vano.
Pero no podía estar seguro de que Smith tenía intenciones de matarlo, ni siquiera de asustarlo. Pues porque. pesándolo bien, un oscuro y desolado estacionamiento era un buen escenario para que cualquier acción se viese como peligrosa.
La detective le frotaba el cabello despacio con la toalla para secarlo. A aquella hora no iba a permitir dejarlo secar solo.
Incluso prácticamente lo vistió y Rick sintió como si esa hubiese sido una de las más largas jornadas de su vida. La pesadez lo vencía y el miedo lo obligaba a buscar refugio. ¡Y qué mejores brazos que los de Kate!
Decidió dejarlo ir, ahora si prometiéndolo con seriedad. Simplemente porque no podía pensar de mirarla. A Kate, ver sus ojos y ver en ellos reflejado su ser, sus miedos, sus incógnitas y rechazos. Sus ganas.
Ambos fueron a la cama cerca de las dos de la madrugada.
Ninguno pronuncio palabra alguna. Ni preguntas, ni respuestas, ni comentarios.
Sólo se abrazaron hasta caer en sueño. Kate sin embargo, escuchó claramente decir:
- Creí que iba a matarme.


Lo siento TANTO.

Sé que ahora SÍ me pasé de la bendita raya pero si les contara todo lo que me ha sucedido, probablemente terminaría siendo esto mas largo que le capítulo (?

Sólo les diré que hasta termine con una operación, para que se hagan una idea, pero por suerte no es nada grave.

Espero, como siempre, sus comentarios (en los que seguramente me putearán hasta morir y eso ._. ) Igual los espero y les mando un abrazo :)

Uhh... la preguntaa!

Si pudieras moverte a cualquier otra época de cualquier otro país, ¿Cual escogerías?

- París, en los años 20, por supuesto.