Capítulo 2: La versión de Tsubasa

Tsubasa invitó a sus amigos a su casa, cosa a la que Genzo no puso negación mientras que Hyuga dijo que se tenía que marchar a su casa. Cenaron junto con Naiara y Daiane y después de que éstas se subieran a estudiar un poco, ellos siguieron conversando.

-Parece que no eres tan mal padre – dijo Wakabayashi.

-Hombre, muchas gracias por la parte que me toca. – gruñó – Tampoco es que resulte difícil – confesó

-Claro, tú lo dices porque tienes unas niñas educadas, responsables y lo siento mucho pero te lo tengo que decir, muy lindas. – reconoció

-Bueno, en eso te doy la razón. Pero también es lo más bonito del mundo. – sonrió – No te voy a negar que un poco me costó, sobre todo en la adolescencia, criar a dos niñas yo solo no era muy fácil.

-¿Hubo problemas?

-No, ellas nunca suspendieron, nunca se juntaron con malas personas, no tengo problema los fin de semanas porque no suelen salir y mucho menos que vengan a altas horas de la madrugada y tampoco he tenido problema con la bebida ni con el tabaco. Una adolescencia estupenda.

-Vaya, entonces no tuviste muchos quebraderos de cabeza.

-Bueno, en lo único que me costó fue que ellas son chicas y cuando ya dieron el paso a mujeres me hacían preguntas que yo como hombre, no puedo responderlas porque no sé. – sonrió – Me preguntaban si era normal que les doliera cuando estaban en sus días, que si esto, lo otro…

-En eso sí es verdad, dónde se ponga una madre o una hermana que te responda esas preguntas… Pero de todas maneras, tienes tu mérito

-Esos mitos de que los hombres no sabemos solos criar a los hijos es una estupidez. El padre está igual de cualificado para hacerlo él solo. También te digo que claro, una madre siempre es una madre. – confesó.

-Me alegro que pienses así – sonrió – Cambiando de tema, mañana mismo me marcho a Múnich nuevamente.

-¿Y eso por qué? Creía que ibas a pasar más tiempo aquí en España.

-No. Sólo vine a darte la invitación de mi boda. Mañana vuelvo a los preparativos, que como no colabore, Sherezade será viuda antes de casarse. – Tsubasa echó a reír.

-Te domaron y te ataron bien. Veo que la boda es un poco temprano, es menos de un mes.

-Sí, Sherezade así quiso, bueno y porque…

-Vamos, un buen penalti. – sonrió

-Se puede decir que sí. – dijo avergonzado. – Sus padres son así de clásicos.

-Tampoco hay nada de malo.

-La verdad que no. Por cierto, ¿Cuándo te vienes para Múnich?

-Pues aún mis hijas están con los estudios, así que iremos el mismo fin de semana de la boda.

-Ya veo, también quieres ir lo más tarde posible por algo, ¿No? – le preguntó, sabiendo que dio en el clavo.

-Digamos que más o menos. Aunque lo de que mis hijas aún están con sus estudios es verdad. Pero sí, la verdad que contra menos les tenga que ver la cara, mejor. – confesó

-Si quieres no estás obligado a ir, aunque claro, me encantaría que estuvieras.

-Genzo, yo voy a tu boda por ti, no por los demás. Yo no voy a dejar de hacer mi vida sólo porque cuatro personas me den la espalda y me tachen de miserable.

-Estoy de acuerdo contigo amigo, que nadie pueda contigo.

Las semanas pasaron rápidamente y Tsubasa tenía que viajar ya a Múnich, dentro de dos días se casaba su amigo Genzo. Mientras guardaba un poco de ropa en una maleta y ponía los billetes bien a la vista, iba pensando en cómo iba a reaccionar al verles. Hacía ya dieciocho años que no veía a todos y que perdió todo tipo de contacto. Por una parte pensó que aún no estaba preparado para llegar y que todo el mundo cuchicheara y lo viera de mal modo. Pero quizá también pensó que ya era hora de afrontar el presente y no puede seguir escapando de un horrible pasado. También se le vino a la mente que era mejor contarles todo a sus hijas, no quería que ellas se sintieran cohibidas por las miradas de odio y rencor hacia su padre.

-Papá, esto no me entra en mi maleta, ¿Me lo guardas en la tuya? – dijo Naiara entrando con su vestido para la boda.

-Naiara hija, ya no me entra nada más, ¿No sería lo mejor que dejaras algo aquí? Sólo vamos a estar un fin de semana…- pero la niña se lo colocó en lo alto de su cama.

-No. Lo siento papá, pero llevo sólo lo justo y necesario; mi neceser, ropa para el viernes y domingo, dos pares de zapatos, el vestido de la boda más sus complementos, la laptop, la Tablet, el cargador del celular…

-Naiara, la laptop no te va a servir de mucho. Si ya llevas la Tablet deja aquí lo otro.

-Y después no lleva muchas cosas…-dijo Daiane sentándose en la cama de su padre. – Yo que tú le pararía los pies a esta pija.

-¡Vale ya Daiane y Naiara, deja algo aquí!- Tsubasa estaba exasperado, veía tantas cosas que llevar para tan poco tiempo. – Venga niñas, escúchenme, tengo que hablar con ustedes.

-¿Qué pasó? – preguntaron ambas intrigadas.

-Veréis – no sabía cómo empezar – En la boda conoceréis a gente que nunca antes habíais visto y notaréis que muchas miradas se posarán sobre mí.

-¿Y eso por qué?

-Bueno, ya sabéis que no me hablo con mi familia desde hace varios años y tampoco con amigos de la infancia, sólo con muy pocos.

-Sí, eso lo sabemos, no es nada nuevo, pero nunca nos dijiste el motivo.

-Pues el motivo viene a que hace dieciocho o diecinueve años me techaron de malo de la película por algo que nunca hice y hasta mi propia familia me dio la espalda.

-¿Y qué hiciste? – preguntó Daiane.

-Tranquila, os lo voy a contar todo. Pero primero quiero aclarar que yo os contaré las cosas sin tapujos, os lo contaré dándoos mi versión, que yo creo que es la verdadera, aunque cuando os cuenten la otra versión es cuando deberéis opinar si queréis.

-De acuerdo – asintieron al unísono. – Nosotras no te vamos a juzgar.

-Bien, empiezo la historia. – Tsubasa tomó aire y tragó saliva antes de empezar.

*FLASBACK*

Todo empezó hace años, cuando yo estaba con Anita. Éramos novios y llevábamos bastante tiempo juntos, pero ella se tuvo que marchar a Alemania nuevamente, de donde es. Por ese tiempo también, descubrí que tenía un medio hermano en Alemania, que se llama Karl Heinz Schneider. Ellos se conocían, aunque yo desconocía tal cosa.

Yo acababa de llegar a España, por fin había fichado por el FC Barcelona e iba a cumplir mi sueño de mejorar como futbolista y hacerme más reconocido mundialmente. Estaba feliz, tan feliz que no tardé ni dos minutos en llamarla. Necesitaba que ella lo oyera, mi mejor apoyo, mi amiga, mi amor.

-¿Sí? – se oyó en el otro lado del auricular

-Anita, mi amor, ¿A que no sabes qué? – dijo agitado.

-No, mi amor dime, te noto muy contento.

-¡Al fin fiché por el FC Barcelona! – solté emocionado.

-¡Vaya, no me lo puede creer! Qué bien Tsubasa, me alegro mucho por ti – respondió feliz

-Gracias. Pero dime tú, ¿Qué tal por Alemania?

-Bien, no me va mal, ya sabes. Aunque hay ocasiones que no puedo aguantar al novio de mi madre. – refunfuñó

-Ese tío nunca me cayó bien. – respondí

-Ni a mí, pero aún me queda por aguantarlo.

-Tranquila, pronto no tendrás que verle la cara nunca más.

-Eso espero. – después de un silencio – Por cierto, tengo que contarte algo muy importante. – en ese momento empezó a salir agua de la lavadora.

-Lo siento mi amor, no puedo hablar ahora mismo, se me acaba de estropear la lavadora y está todo el suelo lleno de agua. Besos cariño.

Después de esa llamada no recibí ninguna más de ella. Yo intentaba llamarla, pero siempre me salía el buzón de voz; se cambió de número de teléfono para que no pudiera llamarla nunca más.

Entonces decidí ir hasta Alemania para conseguir una explicación, pero cuando me abrió la puerta Ferdinand, su padrastro, no me dio buenas noticias y me echó como un perro de allí.

-Hola Ferdinand, ¿Está Anita?

-No, ella ya se independizó y no vive aquí. Será mejor que te marches. – pero sujeté bien la puerta para que no la cerrara.

-¿Me puedes decir dónde vive ahora? - notaba demasiado enigma en el ambiente. – Necesito verla.

-Creo que no tengo derecho, aunque toma – me dio un papelito – Yo nunca hablé contigo – y después de decirme esto, me cerró la puerta en mi cara antes de que pudiera reaccionar.

Miré el papelito y en él estaba escrita una dirección. Tomé curiosidad y decidí ir hasta allí, quizá ahí era donde vivía y me dio la dirección para que la visitara. Después de andar por aquellas calles alemanas como medio perdido, conseguí llegar. A simple vista se veía un apartamento, lujoso, con su jardín. Pensé que ahí es donde vivía y no me lo pensé dos veces antes de llamar. Pero cuál fue mi sorpresa cuando abrieron esa puerta de madera. Ahí estaba Karl Heinz Schneider, mi medio hermano. Él al verme puso cara extraña y eso que nos llevábamos bien.

-¿Se puede saber qué haces aquí? – no entendía por qué a todo el mundo le extrañaba tanto verme en Alemania.

-¿Aquí vives tú?

-Sí y te vuelvo a repetir que qué haces aquí. – su tono parecía molesto.

-¿Jope tan extraño es que venga a Alemania? – respondí exasperado – Llevo tiempo sin saber de Anita y estoy preocupado.

-Ella no quiere saber nada más de ti.

-¿Por qué tú lo digas? ¿A qué viene eso?

-Bien lo sabes. – en ese momento ella apareció detrás de Schneider.

-Vete Tsubasa por favor, no quiero que me hagas más daño. – dijo

-¿Pero qué daño te hice? ¡No entiendo nada de nada! – la verdad que estaba muy desconcertado.

-Ahora no te hagas el que no sabe. Por favor, vete y desaparece de mi vida – me pidió con los ojos llorosos.

-Será mejor que te marches, te lo digo por las buenas – cogió su mano y en ella vi un anillo. Al ver mi cara de asombro Schneider respondió a mi duda. – Sí, me casé con ella. Ahora que ya lo sabes, no vuelvas a aparecer por aquí y mucho menos a molestar a mi esposa. ¡Desaparécete!

Yo me marché, extrañado y dolido. No entendía por qué me trataban así, porque me echaban como un perro y nadie me dirigía la palabra. Y lo peor y que más me dolió fue, sin duda, que mi propio hermano me traicionara. Llamé a mis amigos, a ver si me podían explicar por qué estaba pasando todo aquello, pero todos coincidieron en 'tú solo te lo buscaste'.

Al cabo de cinco años me enteré por Hyuga y Genzo (claro que a escondidas de Sherezade), por supuesto, que ellos fueron los que estuvieron ahí para apoyarme cuando me dieron la espalda, que tenía dos hijas. Yo estaba en estado de shock, no sabía cómo reaccionar. Pero lo que no podía permitir era que Schneider las criara bajo su apellido y a mí me echaran a un lado como si nunca hubiese existido, como si fuese un pasado que todo el mundo estaba dispuesto a olvidar. Hyuga también fue el que me contó por qué todos tomaron esa decisión de alejarse de mí y por qué me decían que era un miserable, pero él en un fondo o pensaba que no era capaz de hacer tal cosa o porque confiaba en mis palabras. Después de buscarme un buen abogado, me fui nuevamente a Alemania a recuperar lo que sí me correspondía, mi lugar como padre; al llegar allí y exigir mis derechos todos se me lanzaron a la yugular.

-¡No te atrevas a hacer eso Tsubasa Ozora o no respondo! – me gritó Anita enojada

-¡Nunca llegué a pensar que eres tan miserable y rastrero!

-¡Tú cállate, a mí no me vengas a hablar de ser dignos! – nuestra conversación se estaba empezando a subir de tono. – Quiero lo que es mío.

-Sólo quieres llevártelas por puro rencor y así hacerme daño

-Mira, lo que tú hagas con tu vida, con quién te cases o te divorcies no me interesa para nada, lo único que me importa ahora es llevarme esas niñas. ¡Son mis hijas!

-Como quieras, aunque tienes las de perder. Si quieres ir a juicio, venga vayamos – Schneider me retó. Yo acepté y en el juicio testificaron en mi contra varios de mis amigos, mejor prefiero no nombrarlos, no soy un chivato. Aun así llenándome de basura no consiguieron lo que querían y yo por fin pude traerme a mis hijas a mi casa.

*FIN DEL BLASHBACK*

-¡No me lo puedo creer! Un propio hermano quitándole la novia

-Y menos mal que son hermanos, llegan a ser conocidos o simples amigos…

-Yo quise tomar mi derecho sobre ustedes, cosa que mi propio hermano quería tomar. Pero yo no lo permití y quise quedarme con ustedes, claro estaba que vuestra madre se opuso, vamos hasta todo el mundo. Declararon en el juicio en contra mía, pero al fin conseguí lo que quería. Ya se había robado a mi novia, no iba a permitir que también lo que sí puedo llamar mío; mis propias hijas.

-Normal, yo hubiera hecho lo mismo. ¿Y entonces te empezaron a odiar por traernos aquí?

-Exacto, eso fue ya lo que terminó de echarme más odio encima, decían que era muy injusto y un desgraciado. Desde ese momento, todo el mundo me dejó de hablar y se pusieron de parte de ella. – se empezó a sentir extraño – Quizá no hice lo correcto trayéndoos aquí con apenas cinco años, cosa que no recordaréis supongo, pero yo tenía derecho.

-Tranquilo papá, nosotras no te vamos a juzgar – Daiane se acercó y lo abrazó.

-Que sepáis que yo a vuestra madre nunca le prohibí que os viera y mucho menos poneros en su contra, ya sabéis que yo siempre os dije que si queríais ir a verla podíais ir.

-Nosotras no tenemos nada que reprocharte. – dijo Naiara – Tú lo has hecho lo mejor que has podido y creo que has hecho lo correcto – sonrió

-Pues esa es la historia, quería contárosla ahora para que cuando lleguemos no veáis que todo el mundo me mira raro y no me dijere la palabra.

-Tranquilo, ya sabemos por qué.

-Ahora, os pido por favor que no vayáis a odiar a vuestra madre, eso es cosa de ella y mía.

-No te preocupes, esta no es nuestra división.

-Nunca cambiaréis – dijo sonriendo Tsubasa mientras era abrazado por sus hijas – Venga, ahora a terminar, que nos tenemos que marchar al aeropuerto que se nos hace tarde – las chicas asintieron y siguieron terminando sus maletas.

-Por cierto, ¿Kojiro cuando va a la boda? – preguntó Naiara.

-Quedé con él en el aeropuerto para irnos juntos, tranquila Naiara, que él viene – sonrió

-Ah, entonces perfecto. – Una vez que tenían todo listo, la familia Ozora se marchó al aeropuerto El Prat dónde se encontrarían con Hyuga.

-Hola amigo – dijo el moreno acercándose a la familia. - ¿Cómo andas?

-Ahí vamos, deseando de que todo esto acabe pronto. – respondió afligido.

-No te preocupes, hasta mañana no verás a nadie, los ignoras, saludas a Wakabayashi, termina la boda y al día siguiente de vuelta. – le dijo su amigo.

-Gracias. La verdad que no tengo muchas ganas de ir, pero todo sea por Wakabayashi, él tampoco me dio la espalda, aunque llevase tiempo sin hablar. - Espero no estar equivocándome al asistir a esa boda…

Continuará.