Capítulo 3: Cara a cara.

El vuelo 404 de Airlines procedente de Barcelona con destino a Múnich aterrizó a su hora en tierras germanas. Hyuga, Tsubasa y sus hijas se dirigieron en un taxi hasta el hotel 'Bayerischer Hof'. Tsubasa y Hyuga estarían cada uno habitaciones individuales y las mellizas en una habitación doble para las de sus maletas sus trajes para la boda y los colgaron para que no se estropeasen. Después de eso, darían una vuelta por los alrededores.

-Oye niñas, ¿No queréis ir a ver a vuestra madre? – Le preguntó Tsubasa.

-La verdad es que no. Prefiero quedarme en la piscina del hotel. – Contestó Naiara.

-Pues a mí sí me apetece. – Respondió Daiane. - ¿Me llevas?

-Claro…Vive por aquí cerca. Naiara, ¿Por qué no vas con tu hermana y saludas a tu madre? – volvió a insistir Tsubasa.

-Dije que no papá, mañana la veré. Ahora me apetece quedarme en la piscina. – Respondió.

-Como quieras, cualquier cosa me llamas al celular, voy a ir a llevar a tu hermana. – Ella asintió y se despidió de Hyuga, que los acompañaría.

-No se ve que tenga mucha emoción de volver a ver a su madre después de un año. – Dijo Hyuga.

-Yo no sé por qué se comporta así cuando se trata de su madre. Es como si no quisiera nada con ella. – se preocupó Tsubasa.

-Tranquilo, ya cambiará de opinión, también tienes que entender que ellas son las víctimas de todo y quizá ella sienta rechazo pero poco a poco seguro que se le pasa, una madre es una madre.

-Tienes razón. Daiane es al contrario, me pregunta mucho, me comenta cosas de su madre pero Naiara no. – siguieron caminando hasta llegar a una casa de dos plantas. – Aquí es Daiane, aquí vive tu madre con tu tío.

-¿Tú no vienes? – Preguntó la chica al ver que su padre se quedaba fuera de la reja.

-No. Visítala tú. Cuando acabes me llamas y te recojo o si ella gusta de llevarte. Te todas maneras avísame al celular. – Tsubasa se despidió de su hija y se marchó con Hyuga.

-No te apetece verla, ¿Verdad?-Para nada. No quiero reproches. Que si mi hija quiere verla que la vea, es su madre. – cerró sus ojos – Pero a mí no me une nada a ella.

-Te equivocas. Te une lo que más quieres en esta vida. – Le dijo su amigo poniendo la mano en su hombro.

Daiane llamó al timbre y una mujer rubia muy bella abrió la puerta. Su cara cambió completamente al ver a la chica.

-¡Daiane! – gritó la mujer abrazándola fuertemente.-Hola mamá – correspondió al abrazo sonriendo.-Pasa, no te quedes aquí. ¿Y tu hermana?

-Se quedó en el hotel, estaba cansada.

-Vaya, me hubiera gustado verla también. – dijo cabizbaja – Pero pasa hija, ven te enseñaré mi casa.

-¡Cariño! ¿Quién llamó? – se oyó una voz procedente del segundo piso.

-¡Karl, baja, mira quién nos visita! – el hombre bajó intrigado y al ver a la chica se asombró, pero sonriendo.

-¿Tú eres Daiane verdad? – la chica sonrió – Cómo creciste, casi no te reconozco. Te pusiste muy linda.

-Muchas gracias. – Aunque Schneider fuera su tío paterno, nunca le llamaba así.

-¿Gustas algo de tomar? Te traeré un jugo y nos sentaremos en el jardín, tenemos mucho de qué hablar. – Anita estaba muy emocionada, pero a la vez temía que su pasado estaba a punto de aparecer. Schneider, por su parte estaba deseoso de preguntarle dónde se encontraba su padre, pero no se atrevía. Su cabeza quería pensar que habían venido ellas y Tsubasa se había quedado en España. Pero en el fondo él sabía que eso no iba a ocurrir.

-Vinieron para la boda de Wakabayashi y tu tía, ¿No es así? – preguntó el rubio.

-Sí, hace dos horas que llegamos aquí, pero el domingo por la tarde nos volvemos a Barcelona, mi padre tiene entrenamientos.

-Claro. – Su cara cambiaba cada vez que la chica nombraba a su padre.

Las horas fueron pasando y Daiane llamó a su padre para que viniera a buscarla. A la media hora, alguien llamó al timbre; Anita abrió la puerta.

-Hola – Saludó Tsubasa desde fuera de la reja.

-¿Qué haces aquí? – Respondió la rubia a la defensiva como si no supiera el por qué.

-Vine a por mi hija, tranquila, no vine a visitarte.

-¿Tu hija? Te recuerdo que no es sólo tuya.

-Por favor, deja de buscar cualquier cosa o palabra que haga o diga para reñir conmigo. Sólo te dije el motivo por el cuál estoy aquí. Vine a recoger a Daiane. Punto. – Tsubasa se estaba enojando, con esta mujer no se podía conversar.

-Es que contigo es fácil enojarse. Parece que tiene que haber algún evento para que traigas a que vea a mis hijas.

-Te recuerdo que tú también puedes ir a visitarlas siempre que quieras, pero no vas por tal de no verme. Yo no les prohíbo de que vengan a verte, que quieran, ya es otra.

-Por favor Ozora, deja de ponerme a mí como la mala madre que no quiere cuentas de sus hijas.

-Y tú por ponerme el miserable que te embarazó y te abandonó. Porque así no es la historia. – En ese momento apareció Daiane.

-Podríais dejar de discutir en plena calle, las cosas que tengáis que aclarar podríais hacerlo en privado. Adiós mamá, mañana nos vemos en la boda – La abrazó y se marchó junto a Tsubasa.

El día de la boda llegó, para desgracia de Tsubasa. Hoy sería cuando tendría que ver las caras de todas las personas que le dieron la espalda. Tendría que aguantar las impertinencias de todos aquellos que lo odiasen y tendría que ver como sus hijas estarán en medio de todo sin tener culpa de ello.

Para desesperación de Tsubasa la mañana pasó rápidamente y la hora de ir preparándose se estaba acercando. Él veía como momentos antes de la boda era un caos; sus hijas histéricas yendo de un lado para otro de la habitación, buscando sus zapatos, los complementos, la otra peinándose, maquillándose…mujeres. Y a él que ni le salía el nudo de la corbata por nervios. Por nervios no, él siempre había tenido peleas con el nudo de la corbata desde joven. Hyuga llamó a la habitación y entró, ya vestido y preparado.

-¿Estáis ya Tsubasa? – vio salir del aseo a Naiara – Qué guapa vas Nai.-Gracias Kojiro – Se sonrojó la morena.

-Sí, ya estamos listos. Venga tortolitos, dejen de hacer una escenita. – Cogió a Hyuga del hombro y lo sacó de la habitación. – Venga niñas, que al final llegaremos tarde.

Llegaron al lugar de la ceremonia; la mansión Wakabayashi de Múnich. Entraron al jardín, donde se encontraron con todos los integrantes de la selección japonesa y jugadores del Bayern Múnich. Nada más llegar Wakabayashi se acercó a Tsubasa, agradeciéndole que estuviera en su boda a pesar de todo y para que no se sintiera tan desplazado.

-Muchas gracias por venir amigo, te lo agradezco de corazón – Le dijo abrazándole.

-No tienes que dármelas, eres mi amigo, los demás me importan bien poco. – Le sonrió.

-Gracias de todas maneras. Gracias por venir tú también Hyuga.

-A ti por invitarme. – Se abrazaron. - ¿Nervioso por si la novia no llega? –Bromeó.

-Más bien porque vendrá – Le guiñó el ojo bromeando también. - No en serio, sí, un poco nervioso sí estoy. Os dejo amigos, voy a saludar a otros invitados que acaban de venir, Tsubasa, tú ni caso de cualquier cosa, intenta divertirte.

-Gracias - La tranquilidad le duró poco, porque nada más marcharse su amigo apareció Schneider.

-Vaya, pensé que no vendrías.

-Nadie me tiene que privar de nada. Y déjala ya, no le estropees la boda a Wakabayashi. – Contestó Tsubasa dándose la vuelta para marcharse a otro sitio.

-A quién se le estropeará la boda será a mi prima cuando te vea.

-Ella sabe que venía, Wakabayashi me invitó porque soy su amigo.

-Por poco tiempo como tú seas quién le cause el divorcio. – Sonrió. – Creo que aquí nadie te quiere Ozora, márchate.

-Eh, Schneider, por favor, no es el momento. Márchate tú pero a otro lugar y déjalo en paz, no te está haciendo nada ni a ti ni a nadie. El que molesta y sobra eres tú con tus impertinencias – Le dijo Hyuga. – Si te une una gran amistad con Wakabayashi, deja a su amigo y no le estropees la boda.

-Tranquilo Hyuga, no quiero pelea. Pero éste tarde o temprano va a tener que hacer frente a muchas cosas.

-Me parece bien, porque hay que solucionar muchas cosas, pero este no es el lugar ni el momento. – Schneider miró de arriba abajo a Tsubasa y se marchó, no sin antes dejarle otro recado.

- Por cierto, a ver si dejas que tus hijas puedan saludar a su madre.

-Ellas pueden saludarla cuantas veces quieran. Ahí está, que vayan y la saluden, que te saluden a ti y a quiénes ellas quieran, mis problemas no son problemas de ellas.

-Seguro – y se marchó.

-No le hagas caso a tu…bueno a Schneider.

-Tranquilo, puedes decirlo, a mi hermano. Pero me da igual, yo no vine a aguarle la fiesta a nadie, así que te dejo a cargo de mis hijas, me marcho al hotel. – pero lo paró Hyuga.

-Tú te quedas quietito aquí. De aquí nadie te está echando. Y mucho menos si el novio, que es el que invita a quién quiere es quién te invitó. Venga, vayamos al balcón lejos de miradas. Espera, voy en busca de Naiara, que desde que llegamos la perdí de vista.

-De acuerdo, cuídamela y vigílamela.

-A sus órdenes capitán – ambos sonrieron. Cuando Hyuga se marchó, una voz le habló a las espaldas.

-Aún no vi a mis hijas, no me digas que no las trajiste, Ozora.

-Tranquila, Hyuga fue a buscarlas. – No le dio la cara, siguió mirando al frente.

-Sienta mal que te de la espalda la gente que quieres, ¿No? – se apoyó en la barandilla junto a él.

-Hablas de ello como si en verdad te hubiese pasado.-

¿Y no me pasó, no me dejaste después de embarazarme?

-¡Por supuesto que no! Sabes perfectamente que así no fue. Encima que no me dices que tengo dos hijas y no me dejas reconocerlas, quieres que Schneider les ponga su apellido.

-Él se ofreció debido a que tú me abandonaste.

-¡Y dale con la misma canción! – Tsubasa se estaba empezando a desesperar – Tú y Schneider fuisteis quienes pusieron a todo el mundo en mi contra con vuestras mentiras. Yo colgué aquella llamada por una emergencia, pero tú nunca me volviste a llamar después de eso. Yo te llamaba y cambiaste de número. ¿Quién desapareció de la vida de quién?

-En ese momento te iba a decir que estaba embarazada, pero tú preferiste dejar nuestra conversación por una dichosa lavadora. – Se justificaba una y otra vez.

-Pero yo eso no lo sabía. Si me hubieras dejado localizarte me lo hubieras dicho, yo me hubiera puesto muy contento y todos formaríamos ahora una familia feliz. – Tomó aire – Pero preferiste sacar tus propias conclusiones y ese orgullo que tienes y desaparecerte de mi vida sin decirme nada.

-¡Pusiste a la lavadora por delante del momento más especial a una lavadora!, ¿Cómo querías que estuviera?

-¿Quieres dejar la lavadora, que me estoy ya desesperando? Sólo sabes decir eso para que no salga a la luz que tú liaste las cosas, contaste tu versión y que por eso todo el mundo está en mi contra.

-¿Me estás llamando mentirosa Ozora? – la rubia lo encaró.

-No. Yo te estoy diciendo que por lo orgullosa que eres contaste otra versión por el enojo del momento. Ya somos adultos para hablar las cosas bien. Por cierto, ¿Por qué no me dijiste que era padre?

-¿A caso te preocupaste en saberlo?

-¿Sabes? Si de verdad me hubieses amado en ese momento, hubieras insistido, me hubieras llamado o recriminado en su momento. Pero interpusiste tu orgullo por encima de nuestro amor, por eso es justamente que estamos en esta situación.

-¿Cómo puedes estar diciéndome todo esto? Yo no antepuse mi orgullo a nada.

-¿Ah no? ¿Y entonces por qué me tuvieron que decir Hyuga y Wakabayashi que tenía dos hijas? ¿Por qué cuando fui a reclamar mis derechos no me dejaste?

-¡Contra, porque me las ibas a quitar, te las ibas a llevar a otro país!

-Yo no quería quitártelas, quería verlas crecer a mi lado, darles mi apellido…Pero preferiste que mi queridísimo hermano les diera su apellido y cuando le vieran a él le llamen papá y a mí sólo tito Tsubasa. ¡Y no, yo soy papá, no tito!

-La palabra padre no se gana por ser el padre biológico, si no por el cariño.

-¿Ah, sí? Pues ve y pregúntale a Naiara y Daiane si me llaman papá por ser su padre biológico o por como las he tratado. Y para que veas que no soy rencoroso, a ellas nunca les dije que no te visitaran, o que las abandonaste o cualquier chorrada que seguro les hubieras contado tú.

-¿Yo, por quién me tomas? Yo no les hubiera dicho tal cosa – Le gritó

-Claro, y si no me llegan a decir nada ellas crecen con la idea de que Schneider es su padre. Estupendo. – Se quedó callada, se acercó a la barandilla y se apoyó junto a él nuevamente.

-Tienes razón…- susurró

-¿Perdona? Es que no te oí. - Tsubasa le hizo repetir lo que él deseaba que ella soltara por sus labios; que se había equivocado.

-Que tienes razón, si no te hubieras enterado yo lo más seguro es que no te hubiera dicho nada. – Tsubasa estaba atónito y sorprendido que Anita, la persona más orgullosa del mundo estuviera reconociendo su error.

-Acepto que hayas reconocido tu error después de varios años sólo porque no soy rencoroso. Y porque quiero que esta situación acabe ya de una vez. No quiero que me vean a mí como una víctima, o que se compadezcan de mí; lo único que quiero es que se aclare todo, volvamos a llevarnos bien y listo.

-Vas listo si quieres que vuelva contigo Ozora, yo estoy con Schneider y seguiré con él.

-Párate, yo no te estoy pidiendo que vuelvas conmigo, es más, no quiero. Yo lo que quiero es que no nos recriminemos nada cada vez que nos veamos. Punto. – Le respondió.

-Ah, bueno, si es a eso a lo que te refieres me parece bien. – Ambos sonrieron.

-No sólo es por convivencia, si no por las niñas, a ellas no les gusta que sus padres se pongan a discutir cada vez que se vean.

-De acuerdo – En ese momento apareció la última persona que debería aparecer, Schneider.

-¿Se puede saber qué haces aquí hablando con mi esposa?

-Punto uno, no es tu esposa. Punto dos, aclarando lo sucedido. Punto tres, no es asunto tuyo.

-Vaya, vaya veo que te volviste muy gallito Ozora. Qué pasa, ¿Le estás suplicando a mi mujer que vuelva contigo?

-¡Por supuesto que no! – Tsubasa estaba desquiciado, su medio hermano no podía ser más hipócrita y prepotente. – Pero si me preguntas eso es porque tienes miedo de que ella vuelva conmigo.

-Eso ni lo sueñes Ozora, nunca volverá contigo. – Lo encaró enojado.

-Tranquilo, no tengo esa necesidad. Sólo estábamos haciendo las paces.

-¿Las paces, qué paces? – Se dirigió a Anita, que se había mantenido al margen de la conversación - ¿Qué paces tienes que hacer tú con éste? No me digas que lo perdonaste después de que te abandonara.

-¡No la abandoné!-

¡Tú cállate que no estoy hablando contigo! – Lo empujó -¿Se puede saber por qué lo perdonaste?

-Porque tiene razón. – temió.

-¿Qué tiene razón? Después de todos estos años y ahora quieres perdonarle. ¡Venga, déjalo ahí, volvamos a la fiesta que bastante estupideces escuché por hoy! – La cogió del brazo, cosa que la rubia no quería.

-Espera Schneider, ¿No te estás dando cuenta que ella no quiere más peleas? ¡Déjala en paz y no la sujetes así del brazo!

-Te vuelvo a repetir que no estoy hablando contigo, tú lo que quieres que te deje aquí a mi mujer contigo para reconquistarla, pero no te voy a dar el lujo. ¡Olvídanos Ozora, desaparece de nuestras vidas!

-Pero Anita, ¿Vas a consentir que las cosas vuelvan a estar como antes, de enojos siempre?

-Por supuesto Ozora, yo de seguro que dije esas cosas porque me estabas confundiendo, en la vida te perdonaré que me abandonaras – Contestó la mujer dándose la vuelta.

-Pero, pero si yo no te abandoné, tú misma hace unos minutos recapacitaste

-Deja de llorar y suplicar, aquí el malo de esta historia eres tú. – y acto seguido, ambos se marcharon dejando a un Tsubasa muy confundido.

-Definitivamente, Anita no es la que inventó todo eso, algo me dice a mí que el que le ha comido la cabeza a todo el mundo y a ella es Schneider. Tengo que hacerle ver que la está anulando totalmente. – Pensó el moreno mirando cómo se marchaban. – Algo tengo que hacer.

Continuará.