Capítulo 2: Dolor

-¿Dónde está? – preguntó fríamente Hanare al entrar en la casa del hombre que la había destrozado completamente.

-En el cajón del armario creo – pensó esto último para sí mismo. Ella se estaba agachando para buscarlo.

Era una situación muy tensa e incómoda para ambos.

Hanare estaba enfadada, dolida y tenía que admitirlo celosa también de esa mujer que había conquistado el corazón de su, ahora exnovio. No podía aceptarlo, quería recuperarlo costara lo que costara. Estaba siendo egoísta, pero era algo que no podía evitar si se trataba de él. Lo recuperaré, hoy no, pero lo haré. Sé cómo hacerlo. Pensó ella interiormente.

-No lo encuentro. – dijo después de haber buscado sin muchas ganas.

-¿No? Debería estar ahí. Qué raro. – contestó extrañado agachándose a su lado. Empezaron a buscar por todos los lados y rincones de la casa que según Kakashi debía estar por ahí o cerca de ese sitio. Hanare no podía creer que ese objeto no tuviera un sitio especial en esa casa que le traía tantos recuerdos.

-Al parecer ni siquiera cuando me fui tuviste cuidado de guardarlo bien. – dijo con rencor.

-Ummm… no fue del todo así.

-¿Ah no? Pensaba que lo teníamos era fuerte. Me dijiste que me esperarías.

-Hanare. – la interrumpió. –Yo te quería. En cambio te importaron más tus estudios que tu relación conmigo. – ella lo miró con furia.

-¡Me dijiste que estabas de acuerdo, no me vengas ahora haciéndote la víctima! – gritó.

-Yo te esperé cinco malditos años. – se cansó de la actitud egoísta de ella. - ¡Ni una llamada ni una puta carta, nada! – gritó enfadado. - Y sí, acabé aceptando. ¿Pero dime, cuantas veces te pedí casi supliqué que no te fueras, eh? – le contestó con ironía.

-¡¿Y que querías que hiciera?! ¿Qué lo mandase todo lo que había logrado conseguir a la mierda? ¿Qué me arruinara?

-Yo ganaba dinero de sobra y lo sabías. Hasta que hubieras encontrado trabajo te lo hubiera dado… con tal de que no te fueras. – hizo una pausa y suspiró. – Sigue buscando tú, estoy cansado. – Y se tumbó en el sofá del salón intentando dormir un poco. – Avísame cuando lo encuentres. – dijo finalmente durmiéndose.

Ella se quedó callada, admitió en ese momento que quizá escogió la opción equivocada y que lo correcto hubiera sido no alejarse de Kakashi. Si lo hubiera hecho todo ahora sería distinto.

Después de un rato finalmente encontró lo que andaba buscando detrás del mueble del salón, sonrió ante el recuerdo. Era una pechina de color marrón oscuro, con la inicial H en el borde. Sacó otra de su bolsillo, el tamaño era similar, pero la de ella era de color plata brillante y tenía la inicial K. Guardó ambas en su bolsillo del pantalón. Se acercó al sofá donde dormía el peli-plata.

No había quien lo despertara cuando él dormía en el sofá, eso era lo se aprendía cuando vivías con él. Una oscura idea pasó por la cabeza de la castaña.

'¿Cómo te has atrevido? Maldito bastardo.'

Pensó con tristeza mientras dirigía sus manos al fuerte cuello de él con obvias intenciones, estaba a un centímetro de distancia y se detuvo.

'No puedo hacerlo.'

De nuevo sus lágrimas brotaban de sus ojos, pero estos ya no tenían vida, antes que eran dorados y brillantes ahora era solo una mancha de color.

'Todo es culpa suya. De ella.'

Le venían a la mente imágenes del pasado de él y ella cogidos de la mano y mirándose con ternura mientras caminaban por un parque lleno de niños jugando. Y ella comentó como sería tener un hijo suyo. A lo que él solo contestó que seguramente sacaría la belleza de su madre.

Borró todos esos recuerdos enseguida al darse cuenta de su situación actual. Había estado a punto de asesinar al hombre que amaba. Pero no era su culpa, era culpa de ella.

'Si tan solo ella despareciese para siempre.'

Olvidó enseguida esa idea, pues él seguramente la odiaría, y entristecería. Optó por algo más sencillo.

'La alejaré de él. Haré que ella no quiera volver a verlo a la cara. Haré que lo odie, que lo rechace, que lo menosprecie…'

Del bolso que tenía colgado en su cintura sacó un pintalabios rojo, restregó la punta por el pulgar haciendo que cogiera un color rojizo. Después restregó el dedo por su cuello con mucho cuidado de no despertarle. Terminó haciendo que pareciera lo que ella quería. Una mancha rojiza con forma un poco ovalada.

Hizo que pareciera un chupetón.

Él gruñó un poco y se movió para quedar de lado, pero para la suerte de Hanare él no se despertó.

'Esto lo hago por nosotros, mi amor.'

En su rostro se formó una sonrisa falsa dejó una nota en la mesa del salón y se fue de la casa.

El peli-plata empezó a desperezarse, la imagen de cierta castaña se le vino a la mente y después de despertarse completamente recordó que ella estaba en su casa.

-Hanare. – la llamó. – Oye ¿Lo has encontrado? – De nuevo no obtuvo respuesta. Se levantó del cómodo sofá y vio un pequeño papel blanco que él no recordaba haber visto antes de dormirse. Lo cogió y vio que era una nota.

Ya lo he encontrado.

Kakashi si alguna vez necesitas algo

Puedes contar conmigo.

Hanare

Vio por la ventana que ya era de noche y la luna llena iluminaba las calles de Tokio. 'Podría haberse despedido cara a cara al menos.' Pensó mientras miraba el reloj. Las 10:30, quizá si voy a hacerle una visita a Sakura se enfadará. Ummm… me arriesgaré. Acabó su reflexión mental, se puso una chaqueta ligera. Salió de la casa, se subió a su coche plateado y se dirigió a casa de la pelirosa.

Mientras tanto en una acogedora casa de dos plantas Sakura estaba en su habitación con la cara entre las rodillas con marcas secas de lágrimas en los ojos, intentaba reflexionar sobre lo que había visto y sentido e intentaba lograr convencerse a sí misma de que todo había sido un error. Que Kakashi nunca había besado a otra mujer mientras salía con ella. 'Si, debo haberme confundido, Kakashi nunca…' Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de su móvil. Que oportuno.

-¿Si? – contestó a la llamada.

-Sakura, hija ¿Cómo estás? – era su madre.

-Bien, estoy bien. – contestó con voz baja y triste.

-¿Ocurre algo? Te noto desanimada. – le preguntó preocupada.

-No, no pasa nada 'solo que creo que Kakashi me está engañando' – pensó interiormente.

-Bueno, por cierto ¿Cómo te va con ese novio tuyo? Como se llamaba… Takashi. No. Sakashi. - No conseguía acordarse del nombre del novio de su hija.

-Kakashi mamá. – le recordó. – Vamos haciendo, es decir, bien supongo. – contestó simplemente.

-Hn, eso no me suena bien ¿Te ha hecho algo?

-No, es solo que… - se le estaba creando un nudo en la garganta y las lágrimas rodaban de nuevo por sus mejillas.

-Sakura ¿Estas llorando?

La madre escuchaba a través del teléfono los sollozos de su hija.

-¿Qué ha ocurrido?

-¡Que me está engañando mamá! – gritó desahogándose por fin.

La madre de la pelirosa se quedó en silencio unos segundos asimilando lo que acababa de escuchar. Luego habló.

-Voy para allá. – dijo finalmente y colgó.

-¿Qué? ¡No! ¡Oye!

No pudo seguir discutiendo dado que llamaron al timbre puerta. 'Que rápida' pensó asombrada. Bajó las escaleras rápidamente.

-¡Te he dicho que no vengas! Es mi problema y lo solucionaré yo. – dijo cuando bajó el último escalón. Mientras abría la puerta empezó a hablar.

-No necesito que te entro… - no terminó la frase por que la persona que había ahí no era la que esperaba ver. – metas. – terminó.

-Em, hola. – saludó Kakashi.