Carrie se asustó con el feroz grito proveniente de su espalda. Retrocedio unos centimetros del borde y su mirada se posó en la figura de un hombre que trataba de pasar por la ventana.

La figura se movió hacia adelante y levanto un pie con algo de nerviosismo para luego apoyarlo en el techo. Su cabello negro se le pegaba a la frente. Una distancia de dos metros los separaba. El viento comenzo a soplar fuertemente, arrastrando diminutas telas de ceniza que pronto estaban adheridas a sus cuepos.

Él resbaló unas dos veces antes de poder tomar un buen equilibrio sobre el tejado, parte de su oscuro cabello se le fue hacia sus ojos y con un rápido movimiento de sus manos lo quitó. No tenía el cabello tan largo, pero definitivamente necesitaba un corte. Luego de eso miró hacia Carrie y ella pudo notar unos penetrantes ojos azules que la acechaban con enojo.

- Ven... no hagas nada estúpido. - él estiró su mano. Su mandibula estaba apretada y su espalda tensa. Su voz, sin embargo, era suave.

Carrie se paralizó allí mismo. No podia moverse. Estaba como hipnotizada. Le era imposible quitar la mirada de esos ojos. Tenian una fuerza que la atrapaba y sumia en un efecto que solo sentía cuando soñaba. Pero de los buenos sueños, donde sientes que flotas en una paz inexplicable; no en comparacion con esas extrañas y horrorosas pesadillas. Con solo mirarlos se le había olvidado lo que estaba apunto de hacer, además de la necesidad de respirar y moverse. Pero cuando al fin lo hizo, fue solamente para fijarse en la mano estrechada, se veia fuerte y segura. Por un segundo quizo alcanzarla. Pudo sentir como, involunariamente, su mano derecha se levantaba y sus piernas se preparaban para alejarse de la orilla e ir en direccion al extraño. Pero se contuvo. No entendía cómo, en menos de un segundo, cambió la idea de suicidarse por hacerle caso a él. Un completo desconocido. Una completa tontería.

Negó con su cabeza y bajo la mirada. Nadie la haría cambiar de opinion.

- Ven... - insistió el chico, esta vez su tono de voz fue mas grave - no lo hagas, sea lo que sea que ocurrió. No vale la pena que pierdas tu vida por eso.

Carrie esta vez movió su cabeza de un lado a otro con más fuerza, negando.

- Si lo vale - respondió, su labio superior comenzo a temblar. Y las lágrimas se asomaron por sus ojos.

Sin siquiera esperar a tener el beneficio de la duda nuevamente. Se dió media vuelta y se lanzó al vacio.

Él reaccionó lo mas rápido que pudo. Estaba preparado para que la chica hiciera... bueno, lo que hizo; Se lanzó por el tejado tras ella, cayendo sobre unas cuantas tejas sueltas y resbalosas, quizá fue su imaginacion pero aseguraría que todo se había mesido de un lado a otro. Milagrosamente alcanzó a afirmarla, agarró con una mano parte de su ropa, apunto de rasgarla mientras lo hacía, y luego dificilmente la tomo de uno de sus brazos de una forma un tanto bruta. Ella gritó y se agitó, mientras él trataba de sostener a ambos y evitar una inminente muerte.

- ¡Resiste! - gritó. Hizo un intento por jalarla y estuvo a punto de resbalarse. Necesitaba ayuda. Sentía un monton de sensaciones extrañas. Miedo era una de ellas.

- ¡Ayuda! - pidió con todas sus fuerzas por que alguien lo escuchara. Abajo estaba lleno de gente, era imposible que nadie lo notara.
Carrie sentía mucho miedo. Definitivamente era alguien que actuaba y se dejaba llevar por los sentimientos. Se dió cuenta que había sido mucho mas facil tratar de quitarse la vida cuando estaba influenciada por la tristeza de perder a su madre. Ahora por otro lado, solo sentía un rastro de ella. Fuerte, si, pero al parecer no lo suficiente como para dejar de temer por una caída de cuatro pisos. Se aferró como pudo a la mano del hombre que luchaba por salvarla. Las heridas de su cuerpo comenzaron a abrirse, le dolía.

El chico pudo oirla sollozar, la miró a los ojos y pudo distinguir el dolor que la atravesaba. Pudo ver que algo la atormentaba ademas del dolor fisico, sus ojos estaban poco a poco siendo consumidos por una pared de lágrimas. Él sintió una indescriptible impotencia. Nadie llegaba a ayudarlos.

Sue Snell corria de un lado a otro en busca de vendas y desinfectantes. Al menos cien personas llegaron a aquel lugar en busca de ayuda, escapando de las llamas que azotaban a la ciudad.

Caminar como zombie era la forma mas exacta de describir la manera que se movia entre la histerica multitud. Un hombre obeso tenía quemada la mayor parte de su brazo derecho, una pequeña niña sangraba de su pierna mientras se aferraba a un osito de peluche, muchos adultos con batas lloraban. Adolescentes alteradas y otros sollozaban en silencio afirmando sus cabezas... Admitía que sentía la menor cantidad de pena por ellos. No es que su pensamiento fuera cruel, pero habiendo visto cómo sufrio su compañera de clase, Carrie White, hace unas horas antes de morir, incluso antes de que el desastre de la fiesta ocurriera. Lo de ellos le pareció simplemente un capricho. Creía que gran parte de esas personas allí eran superficiales. No todas, pero si la mayoría. Era de seguro que esas adolescentes lloraban por perder sus autos de lujo; los adultos por perder sus casas y el hombre obeso estaba pendiente de abrir una bolsa de papas fritas que ella misma le había llevado mas que de la idea de perder su brazo.

Le habían ordenado ayudar a los heridos, pero ¡¿qué sabía ella de eso?!

Aún le dolían los hechos ocurridos. Tommy había muerto, ella lo vio morir, Tambien a todos en la fiesta, vio morir a Carrie White, ¡por el amor de Dios!

Se sentó en una solitaria silla. Estaba cansada. Una mano se desvió a su estomago. "ES UNA NIÑA" , La voz de Carrie llegó a su memoria. " ¿NO LO SABES?"

Las comisuras de sus labios se levantaron, semejante a una sonrisa.

Embarazada.

La sola palabra la asustaba y la extaciaba. No tenía idea de como ser madre.
Tommy Ross, no sería padre.

No había llorado antes. Y no lo haría ahora. Debía ser fuerte por su hija. Por ella se tragaría todas las emociones florecientes que pudieran causarle daño.

- Hey! ¿podrias ayudarnos por aquí? - una señora grito a lo lejos.

Sue despertó de su letargo.

- si.. si, claro. - se levantó del asiento y con vendas en las manos, fue a ayudar.

Cuando llegó al lado de la mujer. Vió como trataba de deneter una hemorragia, un chico se había enterrado un enorme trozo de madera en el abdomen. Las ganas de vomitar no se ausentaron.

- Presiona aquí, por favor. - dijo la mujer

- ¿es una broma?

La mujer la fulminó con la mirada. Sue no dijo nada mas y puso la mano sobre la herida. Sintió la sangre entre sus dedos inmediatamente. Un escalofrío le recorrio el cuerpo.

- Bien ahora solo tie...

La mujer dejó de hablar, al igual que el resto del mundo en el norme local utilizado como refugio.

Un leve temblor se sintió en el edificio. Las luces comenzaron a parpadear y durante un par de segundos todo se volvió negro. Cuando las luces se encendieron, varios objetos chocaron contra el suelo. Todo el mundo saltó por el susto. Incluso Sue.

- ¡Es ella! - escucho a alguien gritar de entre la multitud. Sue se volvió al origen de la voz. No reconoció a nadie.

En menos de un segundo la desesperación consumió el lugar.

¿Ella? ¿era posible que se refirieran a Carrie? ¿cómo se enteraron? ¿Está viva?

- ¡Esa maldita puta está aquí! - gritó otro - ¡¿Dónde está?! - un enorme hombre se acercó a la mujer al lado de Sue. Ella lo miró confusa.

- ¿Qué? - dijo la mujer

- ¡Una-maldita-perra-rubia-insignificante! ¡Que se hace pasar por mosca muerta! - el hombre le gritó a la señora - ¡¿Dónde?!

Los ojos de ella se iluminaron en reconocimiento y luego su mirada se volvió hacia unas escaleras detras de el furioso sujeto.
- no..no sé de quien estas hablando. - dijo finalmente.

Respuesta erronea. Él tipo se dió cuenta del cambio en la mujer y siguió el destino de su mirada.

- Está aquí..

A Sue le saltó el corazón cuando un grupo de ocho hombres, además del enorme sujeto, se apresuró a subir por las escaleras.

NO! - pensó Sue. Si era verdad eso de que Carrie White había sobrevivido al derrumbe de su casa. No permitiría que realmente muriera. De alguna forma, ella era lo único que le permitiría estar en paz. No se había perdonado dejarla morir, Sue podría haber impedido aunque sea una muerte, pero no lo hizo. Al menos eso creía.

Las luces continuaron parpadeando un minuto mas y luego se detuvieron. Los objetos rotos del suelo eran una prueba de una fuerza paranormal. Y (al parecer) todos ahí conocían el caso.

Definitivamente Carrie White estaba viva.

- ¡Un intento más! - le gritó él - solo afirmate fuerte de mi..

Carrie asintió con la cabeza y se aferró su brazo.

Él sintió cómo las uñas de la chica se enterraban en su piel.

Un último intento y por fin pudo hacer algo más que solo dejarla ahí colgando. La levantó con fuerza y el pequeño cuerpo de la chica cayó sobre el suyo.

Se apresuró en sostenerla con fuerza y retroceder hasta la ventana. Entró a la habitacion y cayó de espaldas contra el suelo. No la conocía, pero él no tardó en abrazarla como si hubiera estado a punto de perder al tesoro mas grande de su vida.

Carrie lloró contra su pecho y daba grandes suspiros desesperados. No pensaba con claridad. Ninguno de los dos lo hacía.

- shhh shhh.. tranquila.. ya pasó, todo está bien.. tranquila...

Él tenía las manos alrededor de su espalda y pudo sentir una humedad pegajosa. Sangre. Aun no la habían curado completamente.

- Demonios.. - maldijo él.

Carrie no podía alejarse. Esa había sido una de las experencias mas desagradables de su vida. Una más agregada a la eterna lista.

Estuvieron varios minutos en silencio. Abrazados. Él acariciaba su cabeza buscando calmarla.

Carrie fue la primera en apartarse y cuando lo hizo una mueca de dolor se escapó de sus labios.

- Ah!..

- ¡No te muevas!- dijo afirmandola contra él - ya vendrá alguien a curarte, ahora deberías estar en esa cama.

La señaló. Su mano tenía sangre fresca y Carrie no tardó en darse cuenta de que era su propia sangre.

Ignorando la mirada que la chica le había dado a sus manos, la levantó con cuidado y la deposito en la cama. Ella volvió a dar gemidos de dolor cuando lo hizo.

Las sábanas fueron acomodadas a la figura de Carrie. Ella cerro los ojos cuando apoyó su cabeza en la almohada. Su pecho subía y bajaba rápidamente. Lágrimas aun humedecían su cara y él aprovecho para quitarla con sus pulgares.

Eso la pilló desprevenida y abrió los ojos. Él estaba regalandole una sonrisa que encendió algo en el pecho de Carrie, era una sonrisa de niño atrapado en una travesura.

Él se dió cuenta de lo hermosa que era ella. Sus labios, grandes y rosados, la pequeña nariz y esos enormes ojos verdes hacían una perfecta combinación.

- Soy Tommy - dijo estrechando la mano - Tommy Evans.

Carrie pudo sentir una puñalada directa al corazón. "Tommy" Era una palabra dolorosa.

Miró la mano de Tommy y luego de titubear por unos segundos la tomó. Ambos compartieron un saludo mas formal. Definitivamente ambos descubrieron que sus manos habían sido estrechadas mas de la cuenta en los pocos minutos que llevaban de conocerse.

Tommy sonrió y ella tambien. Se sentía bien hacerlo.

- y... ¿cual es tu nombre? - preguntó Tommy.

Iba a responder pero fue interrumpida por un brusco y estrepitoso ruido fuera de la habitación. Ambos saltaron y Tommy se acercó a la puerta, notablemente preocupado.

- ¡CARRIE WHITE! SABEMOS QUE ESTAS AQUÍ... SAL AHORA MALDITA PERRA!