Y había amanecido, las ocho, tal vez las nueve de la mañana y lo único en lo que podía pensar era en el miedo que tenía.

Su novio no había aparecido, pero bueno, era el nuevo gerente, imaginó que debía quedarse mas tiempo. Además de eso, otras cosas la habían perturbado: Los ruidos.

Durante toda la noche en las calles y los edificios se habían dejado escuchar gritos ensordecedores y diversos ruidos como choques de autos, disparos, incluso juró que había un sonido parecido al que hace un cuerpo al caer. Tal vez en el noticiero dirían algo.

Caminó desde su habitación a la sala para encender la televisión pero solo se encontró con la estática obviando que no había señal. Decidió sentarse en uno de los grandes sillones para tratar de descansar un poco.

Definitivamente no había dormido nada.

No se sentía cansada, de hecho se sentía un poco mas animada que en la noche anterior, tan animada que lo intentaría de nuevo.

Caminó a la cocina para prepararse el desayuno pero al abrir el refrigerador se encontró con un vacío inigualable, bueno, tal vez el de la alacena era idéntico.

No lograba explicarse como no había alimentos. El día anterior antes de marcharse había comprado todo lo necesario para la semana. Tal vez su chico lo había vaciado, como lo prometió, para llenarlo de cosas con mas calidad.

No le tomó mucha importancia. Caminó hacía su alcoba para ponerse algo de ropa, aunque estar desnuda era muy cómodo no creía conveniente salir así a la calle.


Q: ¡Hola!.-Dijo muy animada al ver a la morena salir de su apartamento.

R: Eh, hola.-Saludó cerrando su apartamento.

Q: ¿Y? ¿Qué tal?.-Preguntó con una gran sonrisa, siguiendo a la morocha que ya caminaba hacía el ascensor.

R: ¿Qué tal que?.-Preguntó adentrándose en el elevador y maldiciendo al ver que la rubia también entraba.

Q: ¡Tu primera noche tonta!.-Dijo como si nada.- ¿Qué te pareció? ¿Ruidosa eh?

Rachel la miró interrogante deseando que en algún momento su novio saliera de la nada diciéndole que todo eso era una absurda broma, pero lamentablemente no sucedió.

R: No comprendo lo que dices, llevo dos años viviendo en este edificio, no es mi primera noche aquí.

La rubia clavó su mirada en el suelo con el ceño fruncido para después levantar su rostro con una sonrisa y chasqueando los dedos.

Q: Claro, que eres nueva, lo olvidaba. ¿Aun no entiendes, cierto?

R: No se que debería entender.

Q: Pues, que estas muerta.-Dijo como si fuera lo mas obvio del mundo.

Rachel examinó a la chica con el ceño fruncido pero pocos segundos después una mueca comenzó a aparecer en su rostro hasta terminar en una sonrisa que se transformó en carcajadas. No se podía contener, lo dicho por esa chica era tan absurdo.

El elevador se detuvo abriendo sus puertas. Rachel fue la primera en salir aun riendo.

Quinn se quedó parada en la recepción viendo como la morena salía del edificio aun riendo.


Esa era la mejor manera de despedirse del mundo: riendo, y aquella chica le había dado el placer de poder irse así. Todo un ángel, pensó Rachel al estar parada al borde de ese risco.

Cerró los ojos y de nuevo con su gran sonrisa se arrojó.


Despertó al sentir una leve presión en su abdomen. Abrió los ojos lentamente, sintiendo como la sal y la arena provocaban un leve ardor en ellos. Lo primero que pudo visualizar fueron unos grandes ojos verdes.

Q: Hola.-Saludó la chica con su ya característica sonrisa.

Rachel, asustada, la empujó quitándosela de encima provocando la caída de la chica.

Q: Hey, tranquila, solo vine a comprobar que no estuvieras muerta.-Dijo bromeando mientras limpiaba la arena de su ropa.

R: Que…¿Qué haces aquí?.-Logró preguntar al recordar por que se encontraba a la orilla del mar empapada y repleta de arena.

Q: Te seguí.-Dijo encogiendo los hombros.

R: T-tu ¿Me salvaste?

Q: No creo que pueda salvar a una persona muerta.

R: Estas loca. Yo no estoy muerta. Si lo estuviera ya me abría dado cuenta. L-la muerte no es así. Se supone que al morir tu alma se va al cielo o al infierno y este no es ninguno de los dos.-Dijo levantándose.

Q: Bien. Explícame entonces por que no te sientes hambrienta si no haz probado bocado desde ayer, o por que aun sin dormir te sientes descansada o por que tu corazón no palpita o por que no tienes ni una sola gota de sangre en tu cuerpo. Mejor aun, explícame por que aun después de haber tragado litros y litros de agua no haz muerto ahogada, o por que no respiras.-Finalizó sentándose junto a la morocha.

Rachel tocó su pecho. Cierto, su corazón no palpitaba. Trató de suspirar pero la acción no se podía completar. Ya no respiraba, trataba de inhalar aire pero no podía, sus pulmones no realizaban acción alguna.

Miró a la rubia que se dedicaba a sentir como el viento movía su corta cabellera y la alborotaba aun mas si era posible.

R: Bien, digamos que te creo. ¿Qué es esto? ¿Qué es este lugar?.-Preguntó dudosa señalando su entorno.

Q: Estas en Selfish Town.-Dijo cerrando los ojos.

R: ¿Pueblo egoísta?

Q: O Pueblo de los Egoístas, como se te plazca.

R: ¿Y se puede saber por que?

Q: Bien, cuando mueres tu alma es enviada al lugar que mereces y pues bueno, nosotros los suicidas merecemos estar en Selfish Town por ser egoístas. Miles de niños mueren aun sin nacer y nosotros tuvimos la oportunidad de hacerlo pero abandonamos a medio camino, somos egoístas.-Respondió.

R: Pero, me supongo que tenemos un castigo o no tendría sentido el separarnos de los demás.-Dijo comenzando a creer en las palabras de la chica.

Q: Claro que lo tenemos.-Dijo con una triste sonrisa, se levantó indicándole a la morena que la siguiera.

R: ¿No vas a responderme?.-Preguntó minutos después de caminar junto a la chica por las calles de aquella ciudad.

Q: Creo que es mejor que lo veas por ti misma, algún día tendrás que hacerlo y es mejor hacerlo pronto.

R: ¿Ver que?.-Preguntó pero no tuvo que recibir una respuesta.

Se detuvieron en la acera contraría a un gran edificio. Quinn dirigía su mirada hacia el techo de la construcción y Rachel hizo lo mismo.

Mala idea.

En el mismo instante en el que levantó la vista pudo apreciar como un joven saltaba de el y segundos después el cuerpo se estrellaba contra el suelo rompiéndose manos y cuello, derramando sangre por todas partes. Solo los gritos desgarradores del chico rompían el silencio sepulcral que se había formado.

Rachel permanecía con los ojos totalmente abiertos de la impresión y no entendía como estos no soltaban ni una sola lagrima. Veía pasar a otros habitantes de ese lugar pero no prestaban atención al chico, seguían caminando como si nada estuviera pasando.

Los gritos cesaron cuando el chico se desmayó.

Quinn tomó su mano para sacarla de ahí.

R: ¿Q-que rayos fue eso?.-Preguntó cuando estuvieron lo mas lejos posible de ese lugar.

Q: Su castigo.-Respondió.

R: ¿Arrojarse de un edificio?.

Q: En parte. El castigo de todos aquí es repetir su muerte una y otra vez. Todos los ruidos que escuchaste hoy son consecuencia de esta regla.

R: P-pero ¿lo tenemos que hacer de por vida?.-Preguntó con un hilo de voz.

Q: No, lo tenemos que hacer por eternidades. Por ejemplo yo, a mi me faltan ciento veinte eternidades.

R: ¿Cuánto tiempo es una eternidad?.-Preguntó confusa.

Ya habían llegado al edificio y Quinn decidió sentarse junto al ascensor invitando a la morena para que se uniera.

Q: Bueno, eso depende, cada quien tiene su propio criterio.-Dijo rascando su cabeza.-Cuando era pequeña y mis padres y yo llegábamos de las fiestas escuchaba a mi madre quejarse del dolor de pies que le daba por andar en zapatillas toda la noche: "!Este dolor me va a durar una eternidad!" pero al otro día la veía completamente bien, caminando con zapatillas por toda la casa.-Sonrió.-Como dije, todos tenemos un concepto muy distinto sobre la eternidad.

Rachel quedó callada cuando la rubia se levantó para presionar el botón del ascensor, invitándola a ingresar en el.