Q: Vamos, respira.
R: Si tan solo pudiera hacerlo.-Dijo fulminando a la chica con la mirada.
Q: Por favor, lo peor que te puedes encontrar ahí son muertos, y ¡sorpresa! Tu eres una de ellos.-Exclamó empujando a la chica para que entrara en aquel edificio.
Cuando salieron del departamento esa misma mañana Quinn se ofreció para ayudarle con la cuestión de el cuarto oscuro.
R: Pero no entiendo porque debo hacerlo.-Insistió tratando de librarse de los brazos de la chica.
Q: Ya te lo expliqué. Mientras mas energía tengas menos dolor experimentarás.-Dijo cargando a la morocha y caminando hasta lo que parecía ser la recepción. Una mujer las atendió.
Q: Hola, queremos usar un cuarto.-Saludó batallando con Rachel, a lo cual la recepcionista dudó.-Es nueva y le tiene miedo a la oscuridad.
Bien, ¿Cuánto tardarán?.
Q: Un rato.
Un rato.-Anotó en una libreta.-¿Números de identificación?
Q: 722 y 456
Bien, 722 ya sabes las reglas del comité
Q: Claro, ya se.-Dijo rodando los ojos mientras caminaba arrastrando a la morocha.
R: ¿Un rato?.-Preguntó después de entrar al ascensor.
Q: Ya te lo expliqué, aquí no existe el tiempo como tal, dejó de importar aquí. El único momento en el que debes acordarte de el es cuando cumples tu condena, tienes que ser puntual.
R: Pero al decir un rato están utilizando el tiempo ¿no?
Q: ¿Haz visto algún reloj por aquí?.-Rachel negó.-Pues eso, no podemos decir "una hora" o "a las 3:30" porque no hay relojes.
R: ¿Y por que no hacen uno?
Q: ¿Para que? Es mejor vivir sin apresurarse.
Justo en ese momento el ascensor se detuvo.
La puerta se abrió dejando ver una inmensa oscuridad.
R: Ni de broma entro ahí.-Dijo tratando de presionar un botón para irse de ahí pero Quinn la detuvo.
Q: Vamos, ya estamos aquí.-Empujó.-No puedes huir ahora.
R: Si puedo, pero imagino que no me dejarás.
Q: Exacto, ahora ven.-Dijo tomando delicadamente la mano de Rachel.
R: Pero…
Q: Ven.
Al primer paso que dieron fuera del ascenso las puertas se cerraron eliminando la poca luz que entraba en el cuarto.
R: No me sueltes, no me sueltes, no me sueltes.-Susurraba aferrándose al brazo de la ojiverde.
No podía ver nada, no distinguía entre un pestañeo y la vista. Pero Quinn se movía libremente, sin miedo.
Q: Rachel, no puedo caminar así.-Dijo deteniéndose.
R: No me sueltes.-Repitió abrazándose al cuello de Quinn. La ojiverde se paralizó.
Q: Estas muy cerca.-Susurró.
La morena no la escuchó y se acercó más, quedando pegada al pecho de Quinn, justo en ese momento la ojiverde la empujó suavemente.
Q: No vuelvas a hacer eso.
R: Lo siento.-Respondió al notar el tono de voz usado por Quinn.
La rubia se alejó un poco y se sentó recargando su espalda en la pared.
R: Quinn…Quinn.-Susurraba, su voz sonaba un poco quebrada.
Q: Estoy aquí.-Dijo e inmediatamente escuchó los pasos de Rachel aproximándose a ella.-Estoy sentada.-Advirtió, pero fue demasiado tarde, ya que en ese mismo instante sintió como la morena caía sobre sus piernas.
R: Perdón.-Dijo incorporándose.
Q: No te disculpes, fue un accidente.
R: ¿Puedo abrazarte?
Q: No creo que sea conveniente. S-si quieres puedes recostarte en mis piernas.
Rachel inmediatamente recostó su cabeza en las piernas de la rubia, escuchando como Quinn mascullaba algunas cosas.
"No fue buena idea" Pensaba la ojiverde.
R: No volveré nunca más.-Dijo sentada al borde del risco.
Q: Admítelo, te sientes con mas energía.
R: Está bien, si, lo admito, pero no quiero volver.-Sentenció.
Quinn solo encogió los hombros.
Cerró los ojos, rememorando aquel día que lo intentó la primera vez.
La brisa golpeaba contra su rostro, el viento alborotaba su cabello, pero esta vez no estaba sola. Quinn la acompañaba.
Q: No te preocupes, solo dolerá por un momento.-Susurró.
La morena abrió los ojos con el ceño fruncido.
R: ¿Qué?
Q: Si, en cualquier momento te desmayarás.-Dijo balanceándose un poco. El mar se veía tan hermoso debajo de sus pies.
R: ¿Por qué te preocupas tanto por mi?
Q: Eres de las pocas ¿personas? Que quieren hablar conmigo.-Respondió mirando el cielo. Las nubes se veían tan hermosas sobre ella.
La tranquilidad del mar se vio interrumpida por el sonido de las olas chocando violentamente contra aquel risco. Rachel sintió un leve escalofrío.
Q: Es hora.-Susurró dolorosamente.
La morena solo asintió.
Q: Te esperaré ahí abajo.
Y con esa ultima sentencia Rachel dio un paso hacia el frente, cerrando los ojos.
Quinn bajó solo hasta que no pudo ver más a la morena.
