Tenía miedo de moverse, mucho miedo. Podría jurar que le tenía más miedo a eso que al guardián que se encontró en el risco.

Con el no hubo tanto problema, solo una intensa charla sobre el tiempo y el destino, además de un pequeño aumento en su condena, nada más. Pero ahora, en ese mismo momento, temía moverse, porque sabía que si lo hacía perdería la poca cordura que le quedaba.

Como siempre lo hacía, cargó el cuerpo de Rachel para llevarla a un cuarto oscuro, más específicamente al de su apartamento, la única diferencia era que ahora la morena estaba desnuda y Quinn no podía evitar el contacto que su piel tenía con la de Rachel. Además ya se había acostumbrado a la posición que mantenía con la chica al estar en el cuarto: La morocha entre sus piernas con la espalda pegada a su pecho y ella rodeando su cintura con sus brazos, esa postura ayudaba mucho a que la morena no despertara inquieta al notar toda la oscuridad a su alrededor.

Pero ahora estaba jodida.

Rachel despertaba lentamente, un leve mareo la desorientaba, pero nuevamente, el sentir a Quinn tan cerca le daba cierta tranquilidad.

Q: Hasta que despiertas.

R: Lo siento, creo que esta vez fue peor que las anteriores.-Respondió desperezándose.

Q: Si, me empapaste de sangre.

R: Lo siento.

Q: Da igual.

Y callaron.

Las dos estaban nerviosas. Rachel estaba recordando lo que pasó antes de lanzarse y le preocupaba un poco el hecho de haber incomodado a Quinn.

Q; Que te parece si salimos y planeamos nuestro viaje.

R: Me parece bien.

Salieron rápidamente gracias a la gran capacidad de Quinn para ver en la oscuridad.

Q: Toma.-Dijo dándole una bata.-pontela.

La morena obedeció. Tal vez si intimidó a Quinn. Las dos se sentaron.

Q: Bien, necesitamos salir inmediatamente después de que yo despierte. Creo recordar el camino así que llegaremos pronto. Lo he calculado todo y creo que tenemos poco mas de medio día para hacer todo lo que queramos. Es importante que estemos puntuales aquí ¿a que hora moriste?

R: Creo que a las 6.-Respondió rápidamente.

Q: Entonces regresaremos a las 5. Cuando estemos en la Tierra tendremos que robar un reloj.-Rachel asintió.-Necesito que me prometas que obedecerás a cualquier indicación que te de, ¿entendido?

R: Si.

Q: Entonces yo comienzo con mi parte.-Señaló el cuarto.-mientras tu vas a vestirte, en un rato voy por ti.


R: Wow, tus ojos están verdaderamente rojos.

Q: Si Rachel, eso sucede cuando te ahorcas.

R: Pero resalta el verde que…

Q: Dejemos el tema.

R: Lo siento.

Todo iba como lo habían planeado, Salieron del edificio y se acercaban a los limites de la ciudad evitando a los guardias. Un par de metros más y se encontrarían en la Tierra, lo único malo era el comportamiento de Quinn hacia la morocha.

R: Quinn…

Q: Shhh, es ahí.-Dijo en un susurro

R: ¿El árbol?.-preguntó ocultándose detrás de un arbusto junto a Quinn. Un guardia vigilaba la zona.

Q: Si, pasándolo nos encontraremos en la Tierra. Los guardias son ciegos pero tienen el oído muy desarrollado, así que tendremos que correr muy rápido para que no nos note.-Rachel asintió.-Una ultima cosa, tenemos que pensar en el lugar en el que queremos aparecer ¿Te parece bien el recibidor de tu edificio?

R: Claro.

Q: Bien, entonces toma mi mano y piensa en ese lugar, no te desconcentres. A la cuenta de tres.

1...2...3

Segundos antes se acercaba a un viejo árbol ahora, de golpe, se encontraba dentro de su edificio.

R: ¿E-estamos…?

Q: Si.-Susurró mirando todo el lugar.

La Tierra era tan distinta a Selfish Town. En la Tierra todo se sentía tan…calido, mientras que en Selfish Town se podía notar la tristeza y desgracia que abundaba en el lugar.

Rachel sintió una fuerte necesidad de llorar.

Sabía que solo estaba viendo un vestíbulo casi vacío, a no ser por Henry que dormitaba a un lado de la puerta principal ese lugar estaría desierto, pero de repente sentía un mar de emociones golpear violentamente contra su pecho solo por volver a ese lugar.

Miró a Quinn, quien la observaba con una sonrisa en el rostro, demostrando que ella sentía lo mismo.

R: Todo es tan…

Q: ¿Raro? Lo se, todo cambia aquí.

R: Es muy abrumador.

Q: Lo es.

Ninguna se movía, aún seguían con sus manos entrelazadas y con la mirada perdida en algún lugar de la pared frente a ellas.

Q: ¿Y bien? ¿Qué quieres hacer ya que estás aquí?.-Preguntó rompiendo el silencio.

R: Quiero ver a Noah, y a mis padres, también quisiera ver mi tumba.

Q: Eh, bueno, son las dos de la madrugada, según eso.-Dijo señalando un reloj.-Tenemos tiempo para todo.

R: ¿Y tu? ¿No quieres hacer algo?

Q: Claro, muchas cosas, pero yo puedo esperar.-Respondió con una sonrisa. Su humor había cambiado.

R: ¿Te importaría si hacemos algo de lo tuyo primero? No creo que alguien esté despierto a esta hora y los cementerios me dan miedo por las noches.

Q: No hay nadie ahí.

R: Si, fantasmas.-Respondió sacando una pequeña risa de Quinn.

Q: Eres tan graciosa.-Dijo con sarcasmo.-Como sea, conozco a alguien que puede estar despierta a esta hora: Santana López.


R: Se siente tan raro.-Dijo sacudiendo su cuerpo.

Q: Y es peor cuando las personas pasan a través de ti.-Dijo sonriendo.

R: Siempre pensé que eso de atravesar paredes era un invento.

Q: Has comprobado que no lo es.

De repente, Quinn se detuvo delante de una puerta.

Q: Es aquí.-Dijo mirando el numero 379 que colgaba de la puerta.

R: ¿y que esperamos para entrar?

Q: No lo se.-Susurró.

Rachel sabía que era un poco complicado para Quinn el entrar en aquel departamento, pero tenía que hacerlo. Tomó su mano y caminó con ella hasta cruzar la puerta.

Una sala bastante espaciosa se mostraba frente a ellas.

R: Wow, se ve que tiene dinero.

Q: San es dueña de un sello discográfico, yo era arquitecto y le dejé todo lo que tenía, así que si, tiene bastante dinero.-Dijo tratando de acariciar el respaldo de un sillón de cuero.-Este es su favorito, no combina con la decoración pero insistió tanto en comprarlo que no me pude negar.

R: Es lindo.

Q: Oh, mira.-Dijo acercándose a una pared cubierta totalmente de fotografías y cosas colgadas.- Es el muro del "Siempre quise".-La morena la miró interrogante.-Todo lo que soñábamos hacer está aquí, por ejemplo: Siempre quise acariciar un pingüino.-Señaló una fotografía de Quinn junto a la persona que se suponía era Ex-novia acariciando un pingüino.-Siempre quise buscar un oasis en el desierto.-Señaló otra fotografía.-Siempre quise aprender a boxear.-Señaló dos pares de guantes de box colgados.-No puedo creer que aún conserve todo esto.

Rachel alternaba su mirada entre Quinn y las fotografías, prestando atención a la historia detrás de cada imagen y a la sonrisa de la rubia, una sonrisa tan triste, tan fingida.

La morena posó su mirada en el final del muro. Un estante sostenía una pequeña caja de vidrio.

R: ¿Y eso?.-Preguntó interrumpiendo a Quinn para caminar hasta el objeto.

Q: Eso…no lo se.-Respondió siguiendo los pasos de Rachel.

Un anillo descansaba en la caja con una breve inscripción al pie de esta.

Siempre quise casarme contigo.

Y siempre querré hacerlo.

Los dedos de Quinn rozaban aquellas palabras con la sorpresa reflejada en su rostro. Nunca pensó que Santana hiciera algo así.

Q: Aún recuerdo cuando lo compré.-Dijo con voz ronca sin dejar de mirar el anillo.-Había recorrido casi todo Nueva York tratando de encontrar el anillo perfecto para alguien tan maravillosa como Santana. Estaba a punto de darme por vencida cuando pasé delante de una tienda de antigüedades y lo vi. Oro blanco con pequeñas incrustaciones de diamante. Nada ostentoso pero elegante. El anillo perfecto para ella.

Rachel escuchaba embobada lo que Quinn le contaba, algo había cambiado en la chica, tal vez su sonrisa, o su mirar.

Q: Y cuando se lo entregué ¡Dios, ese día no lo olvidaré jamás!.-Esbozó una gran sonrisa.-Fue el día que acariciamos el pingüino. Por alguna rara razón ese animal es el favorito de San, así que pedí a los cuidadores que le pusieran un collar con el anillo y un letrero que decía "¿Quisieras casarte conmigo?" colgado de el. ¿Qué crees que sucedió?.-Preguntó despegando su mirada de la caja para posarla en la morocha.

R: ¿Atacó al pingüino para que le diera el anillo?.-Preguntó graciosamente.

Q: Casi. Se abalanzó contra el pobre animal y lo abrazó llorando mientras repetía "Si" Y como no soltaba al pingüino tres guardias la tuvieron que separar de el. Después de eso me abrazó a mi aún llorando y oliendo a pescado.-Dijo soltando una pequeña risa.-Nunca más pudo volver a utilizar su abrigo, y peor, nunca más pudo volver a visitar a aquel pingüino por que le prohibieron la entrada al zoológico.

Una carcajada escapó de la boca de Rachel.

R: Me imagino que eso la entristeció mucho.-Dijo tratando de calmar su risa.

Q: Demasiado.

En ese instante el sonido de la puerta abriéndose las distrajo

R: ¡Oh Dios! ¡Vamos Quinn, escóndete!.-Dijo ocultándose detrás del sofá blanco.

Q: ¿Enserio Rachel?.-Preguntó incrédula mientras se acercaba a la morocha.

La puerta se cerró mientras una chica morena se quitaba un gorro, unos guantes y bufanda.

Q: Santana.-Susurró.

R: ¡Shhh!

Q: ¡Rachel por favor! ¿Estas conciente acaso de que eres un fantasma y no te pueden ver ni escuchar?

R: Lo lamento tanto pero soy primeriza Quinn.-Exclamó incorporándose.-Nadie me ha dado la guía de cómo ser un fantasma.

Quinn rodó los ojos para volver a posar su mirada en Santana quien ahora bebía un vaso de jugo.

Había cambiado tanto. Un nuevo corte de cabello que la hacía parecer mas madura pero sin perder su belleza, las gafas que utilizaba solo cuando se reunía con algunos amigos permanecían en su rostro. Todo era igual. Casi todo.

La latina dejó el vaso sucio en el fregadero y miró por un instante la ventana frente a ella. Caminó lentamente hasta su sillón favorito atravesando a Rachel.

S: Maldición, aquí hace más frío.-Masculló mientras se sentaba.

Q: ¿Estás bien?.-Preguntó a la morena quien quedó paralizada.

R: ¿Q-que…que…

Q: Cuando atraviesas a una persona puedes ver dentro de ella.

R: E-es… Es horrible.-Logró pronunciar.

Q: Te lo advertí.

-¿San?.-Escucharon que alguien preguntaba desde otra habitación.

Santana sonrió de medio lado mientras se levantaba para dirigirse al lugar de donde provenía la voz.

Quinn se hizo a un lado para ver como esta se alejaba.

R: No entiendo quien en su sano juicio está despierto a estas horas, las…cuatro de la madrugada.-Señaló un reloj en la mesita ratona.

Q: A veces tenía juntas muy importantes en bares o prostíbulos.-Dijo lo ultimo con una mueca rara.-Dependiendo de donde la citaran, por eso llega a esta hora.

R: ¿Y eso no te molestaba?

Q: Por un momento, luego recordaba que ella era solo mía y que nunca se atrevería a engañarme.-Dijo encogiendo sus hombros.

R: Pufff, eran la pareja perfecta.

Q: Si, lo éramos.

R: ¡Y me lo restriegas en la cara!.-Dijo dramáticamente.

Q: Calla y vamos a ver en donde se metió San, no vine hasta aquí solo para verla unos segundos.

De nuevo sujetó su mano y atravesaron una de las paredes que las llevó a un pasillo, justo frente a ellas una puerta más fue atravesada.

R: Wow.-Pronunció Rachel mientras inclinaba un poco su cabeza para tratar de comprender lo que sus ojos veían.

La reacción de Quinn fue la misma al descubrir como Santana estaba con otra chica, obviamente desnudas y realizando una postura casi imposible de realizar.

R: Esa rubia es muy flexible.

Q: No puedo ver quien es.

R: Si te inclinas un poco así, giras tu rostro un poco para acá y entrecierras un poco tus ojos puedes verla un poco.

La ojiverde siguió las indicaciones de la morena.

Q: ¿Brittany?

R: ¿La conoces?

Q: Si, trabaja, trabajaba, trabaja, como sea, para Santana.-Respondió enarcando una ceja.-Creo que será mejor irnos.

R: Claro, si tu quieres.-Dijo alejándose junto a Quinn cuando un fuerte gemido se dejó escuchar.-Aunque pensándolo bien.-Volvió a mirar a las chicas.-Se está muy bien aquí.

Q: Rachel Barbra Berry nos vamos ahora mismo.-Ordenó jalando a la chica.

B: Mmm San…

R: ¡Pero las necesito!.-Fue lo ultimo que logró decir antes de ser sacada a la fuerza de la habitación.


Es el capitulo mas sencillo que he escrito hasta ahora.

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