¿Qué es lo que lleva a una persona a suicidarse?
Quinn encontró dos posibles respuestas: Depresión y creencias idiotas, como las que tenían las personas del "coliseo". Según algunos guardianes eran una secta que decidió hacer un suicidio masivo para alcanzar la iluminación o algo así.
Ilusos.
Obviamente Hiram Berry era del tipo de los depresivos. Había perdido a su hija de forma tan tragica y, probablemente, nunca encontraron el cuerpo, lo que agrega peso a los hombros de la familia.
La situación era grave y depresiva, pero no era motivo suficiente como para acabar con una vida, por eso Quinn trataría por todos los medios evitar un evento desagradable.
Había pasado ya un mes desde el suicidio de Rachel y la casa de los Berry no se veía en buenas condiciones. El jardín estaba descuidado, el agua de la fuente parecía sucia y algunas hojas secas cubrían la entrada al hogar.
Y por dentro el panorama no era mejor. Todas las cortinas estaban cerradas lo cual provocaba una penumbra total. El olor a alcohol y humedad invadió sus fosas nasales con desagrado. La casa parecía abandonada.
Subió al segundo piso recorriendo cada una de las habitaciones, hasta llegar la principal.
Supo que había llegado a tiempo al ver a Hiram subiendo a una silla y ajustando una cuerda a su cuello. Su rostro lucía demacrado igual que su cuerpo. Lo más seguro era que su mente también lo estuviera.
Quinn ya había lidiado con situaciones como esa y esperó hasta que el hombre saltara para cortar la cuerda.
Hiram cayó sobre su espalda con un ruido seco para después soltarse a llorar. Ahora que podía la rubia lanzó un vistazo a la habitación. Ropa sucia por todas partes, botellas de cerveza tiradas junto a la cama y ese olor a humedad de nuevo. El hombre estaba solo. ¿Y Leroy? ¿En donde se encontraba su esposo que no evitaba que eso pasara?
Hiram trataba de abrirse paso entre la ropa y las botellas para llegar a su cama, en donde se tiró para caer casi inmediatamente dormido.
Quinn no podía verse pero sabía que en su rostro había una mueca de desagrado y horror desde que pisó el jardín de la casa y también había una sensación de culpabilidad que la invadía al ser parte de la situación la impulsaba a arreglarla
La perdida de su única hija había llevado a ese agradable y ejemplar hombre (según decía el registro que Sue le envió) a ser un completo desastre hasta el punto de querer acabar con su vida.
Sabía que el se sentía culpable y se estaría atormentando día y noche pensando que no había sido buen padre para su pequeña, que el era el responsable de su muerte.
Si quería hacer algo de cambio en el hombre tenía que aprovechar sus sueños para convencerlo de lo contrario, pero ¿Cómo?
Si ella misma se materializara en sus sueños la tomaría como una completa desconocida, además era judío ¿Creería en los ángeles? No lo sabía, pero no podía arriesgarse, así que decidió usar a alguien en el que Hiram confiaría.
Rachel.
El día más escalofriante de su vida había llegado. Pensó que nunca llegaría, porque bueno, era joven y con muchas ganas de experimentar, pero su mayor temor se hizo realidad.
Odiaba el sexo.
Si, lo odiaba y todo era culpa de Kitty. Tenían sexo prácticamente todos los días y a cualquier hora (bueno, mientras ambas estuvieran consientes) y era extremadamente horrible para ella.
Desde la primera vez que se acostó con la rubia no había tenido ni un solo orgasmo, ni uno pequeño. Siempre era lo mismo, lograba calentarse lo suficiente como para llegar al clímax, pero poco antes de que este llegara todo se desvanecía y mientras Kitty disfrutaba de un maravilloso orgasmo ella se quedaba frustrada.
Después de unos cuantos días se dio por vencida y cada vez que Kitty quería hacerlo se dedicaba solo a complacerla, como ahora, que estaba de rodillas entre las piernas de la rubia, lamiendo y mordiendo todo lo que encontrara ahí, mientras Kitty permanecía sentada en el sillón, con la boca entreabierta y los dedos clavados en la cabellera de la morena.
Un suave gemido (que muchas veces llegaba a confundir con un maullido) salió de la rubia mientras acababa en el rostro de la morocha y acariciaba su cabello. Lo único que se escuchaba en la habitación era la respiración agitada de Kitty (y un leve ronroneo), descansó su cabeza en el muslo de la chica esperando que esta se compusiera.
K: Amo tu boca.-Dijo sonriéndole y acariciando su mejilla.
R: Bueno, gracias.
La rubia se levantó y caminó hasta la cama.
K: Recuéstate, sigues tu.
R: Eh, no gracias, me conformo con satisfacerte a ti.-Dijo sentándose en el suelo, notando como su vista comenzaba a nublarse.
K: No seas tonta, vamos, te debo el favor.-Insistió.
R: Es enserio Kitty, no es necesario.-Sacudió la cabeza para tratar de ahuyentar las manchas grises en sus ojos.
K: ¿Estas bien?.-Preguntó acercándose a la morena al ver una mueca en su rostro.-¿Rachel?
Todo a su alrededor era claridad absoluta que la cegaba obligándola a entrecerrar los ojos. ¿Qué rayos había pasado? Tres segundos antes todo estaba perfecto, ahora se encontraba en quien sabe donde.
A través de sus pestañas logró ver una figura lejana y borrosa que se acercaba a ella.
"Oh Dios. Oh Dios. Esto lo he visto antes en películas ¡Es un extraterrestre! Viene a secuestrarme y utilizarme como objeto de experimentos. Oh Dios."
Mientras la figura se acercaba toda la luminosidad se desvanecía poco a poco, solo lo necesario ppara dejarla ver el rostro de la persona.
R: ¿Quinn?.-Preguntó tratando de enfocarla.
Q: Dile que estás bien.-Habló, pero Rachel no podía escucharla con claridad.
R: ¿Qué?.
Q: Dile que no fue su culpa, hazlo entrar en razón.
R: ¿A quien?
De repente todo cambió, dejándola apreciar el interior de la casa de sus padres. LeRoy estaba en la sala viendo ese aburrido programa de televisión que tanto a Hiram como a ella los hacía dormir.
R: ¿Papá?.-Susurró parándose frente al hombre pero este no le prestaba atención. Pronto recordó que era un fantasma.
Escuchó ruidos en la cocina y se dirigió ahí para ver a Hiram picando algunas zanahorias rapidamente. Recordó todas las veces que intentó hacerlo y terminó con una herida en el dedo, ante eso rió un poco, lo que no esperaba era que Hiram levantara la vista del cuchillo y la fijara en ella.
Su padre dejó caer el cuchillo estrepitosamente sobre la mesa cuando sus manos comenzaron a temblar y sus ojos se llenaron de lagrimas. A pasos agigantados se acercó a su pequeña y la envolvió entre sus brazos, riendo un poco al notar la gran ventaja que le llevaba en cuanto a estatura.
Al contrario de lo que creía cuando se encontrara en una situación así (aunque sabía que nunca sucedería) sintió paz y alegría. Ni un pensamiento de tristeza o una lagrima. Solo estaba feliz de ver a sus padres de nuevo.
H: Mi pequeña, lo siento, lo siento tanto.-Susurraba en su oído.-Siento no ser suficiente, lo siento de verdad.
R: ¿Por qué te disculpas?.-Preguntó confundida cuando se separaron.
H: Porque por mi culpa…lo hiciste.-Respondió mirando el suelo.-Fue mi culpa.
R: Claro que no.-Dijo preocupada.-No quiero que pienses eso nunca. Tu y papá me dieron todo lo que quise y más. Fueron unos excelentes padres para mi y siempre lo serán.
H: Pero si no te hubiera descuidado…
R: Papi, créeme, fue mi dedición y de nadie más. No me descuidaron, yo me aislé y no dije nada a nadie porque pensé que cuando me fuera sería menos doloroso, pero creo que me equivoqué.
H: Te fuiste, nos dejaste solos.-Dijo con voz rota.
R: Lo siento papi, yo, yo no encajaba más aquí y tal vez fue una dedición egoísta de mi parte pero ahora estoy bien, ya no me siento tan mal conmigo misma, aún no veo al abuelo, pero muy pronto lo haré. Te juro que estoy bien.
"Hora de irse".-La voz de Quinn se dejó escuchar en su mente.
R: No te culpes, por favor. No era mi intención que te sintieras culpable, pero puedo asegurarte que tu y papá son los mejores de este mundo. No los hubiera cambiado por nada ni nadie. Te quiero papi.
H: Gracias pequeña.-Volvió a abrazarla.-Muchas gracias.
De nuevo todo a su alrededor se volvió brillante. Su padre y su casa habían desaparecido.
"Bien hecho".-Escuchó decir a Quinn.
R: ¿Quinn en donde estás?.-Preguntó entrecerrando los ojos.
-¿Rachel? ¿Estas bien?
K: ¡Rachel!
Se encontró con el rostro de Kitty a centímetros del suyo, llamándola y sacudiéndola.
K: ¿Qué rayos te pasó?.-Preguntó acariciando su rostro.
R: Quinn y-y papi y luz y…y.-No lograba formar una oración coherente.
K: Oh no, creo que se te rompió el cerebro.-Dijo asustada.
Si eso no funcionaba, nada más lo haría porque bueno, no conocía otra forma para alegrar a Hiram.
Ahora lo observaba mientras el hombre miraba atentamente la pared frente a el como si fuera una gran obra de arte. Desde que despertó no hizo nada más que eso y Quinn tuvo que resignarse a sentarse delante de el esperando que algo pasara. Y justo en ese momento algo pasó.
Hiram se levantó de repente y se encerró en el baño, segundos después Quinn escuchó el agua de la regadera indicando que se estaba duchando.
Evitó ver justo a tiempo cuando el hombre salió completamente desnudo y buscaba en su armario algo limpio para vestirse y como finalmente salía de su casa y subía al auto yendo a algún lugar.
Su destino fue un hospital en el cual Hiram entró corriendo dirigiéndose a un consultorio al cual entró sin tocar lanzándose a los brazos de LeRoy quien respondió el abrazo sorprendido.
H: Necesito ayuda.
Eso fue lo ultimo que Quinn escuchó antes de volver a casa.
Y esa noche durmió bien, sabiendo que salvó a su suegro de la muerte.
¿Por que todos escriben fics G!P? Yo quiero escribir uno :(
Tengo una duda queridos lectores: ¿Saben por que en algunos fics aparece publicidad en la parte superior y en otros no?
Dudas, comentarios, recomensaciones, criticas, piropos, insultos y demás son recibidos :D
