Los personajes son de Stephenie Meyer. La trama es mía. Gracias por vuestro apoyo.

BPOV

Acababa de salir del comedor. Los pasillos atestados de gente me agobiaban. Algo pasó corriendo por mi lado, provocando que se me cayeran todos mis libros.

-!Eh¡ ¡Ve con más cuidado imbécil!- le grité a mi agresor. Levanté la cara para ver quién era el causante de esto.

Mierda...

Samantha Brown, la capitana del club de lucha femenina me observaba desde su gran altura. Sus grasientos rizos caían por su frente llena de acné. Demasiado acné. Justo encima de su ceja izquierda, se podía distinguir un grano que perfectamente lo podrías haber confundido con otro estudiante. Si lo ves desde lejos parece que puede hablar y todo...

-¿¡Qué estás mirando, Swan?!- El torrente de voz de Samantha me hizo saltar. A nuestro alrededor se había congregado un grupo de estudiantes.

-N-nada- dije casi sin voz.

-¿!Se te comió la lengua el gato, Swan?! -Samantha se rió de su chiste sin gracia. Al ver que los demás no reían, los miró, retándoles con la mirada, para que rieran su chiste.

Un coro de risas nerviosas se escuchó por el pasillo.

-Déjala en paz, Samantha. Has sido tú la que le has tirado los libros.-dijo una voz abriéndose paso entre los estudiantes.

Edward Cullen, en todo su esplendor, me había defendido ante esa mole. Me pellizqué para comprobar si seguía despierta o si Samantha me había pegado ya una paliza.

-Oh, mi Edward, tienes razón- ¿su Edward?- Te preocupas por mí porque sabes que tengo un aviso de expulsión, es es tan romántico- la mole siguió hablando.

-No, eh, yo no quería...- Samantha interrumpió la explicación de Edward.

-¡Pero si estás nervioso! No pasa nada peluchito, estamos en confianza.- La palabra peluchito hizo que lo viera todo rojo.

Bella, no hagas nada de lo que te puedas arrepentir luego. Espira e inspira. Con tranquilidad. Así, muy bien.

-¿Qué te parece si olvidamos a esta panoli y me acompañas a mi entrenamiento?- Desde luego, la sensualidad no era su punto fuerte.- ¿Quieres ver como le pego una paliza a alguien? Luego podríamos ir a un restaurante y...- Oh, no. Eso sí que no. Edward Cullen era MÍO.

Ni siquiera es tu novio. Déjalo, recoge tus libros y sigue como si no hubiera pasado nada.

Al carajo la conciencia.

Cogí mi libro de lengua (Pude comprobar que era el que más pesaba) y se lo tiré a Samantha.

Recuerdo una vez, en la que crucé demasiado deprisa la carretera, sin mirar a los lados. Una bicicleta venía por la derecha a alta velocidad. Vi mi corta vida pasar por mis ojos. Mi nacimiento, mis primeros pañales sucios, mis caídas, aquella vez que salí del agua de la playa sin saber que se me había perdido la parte de arriba...

Sentí exactamente lo mismo al ver la mirada de Samantha.

Dejando mis libros en el suelo, y corrí, corrí lo más lejos que pude (no sin antes comprobar que tenía la parte de arriba. Ya se sabe, ante la duda...)

Busqué un sitio en el que esconderme. Cualquiera. Podía escuchar las pisadas de Samantha detrás mía.

Torcí a la izquierda y vi mi salvación. Una puerta de salida al final del pasillo.

Corrí hacia el pomo de la puerta y lo giré lo justo para abrir la puerta.

De repente, sentí un dolor agudo en mi brazo y algo que se atravesaba entre mis pies. Caí y todo se volvió negro.

A lo lejos escuché una voz que gritaba mi nombre.

…...

-¿Estará bien?- Preguntó una primera voz.

-La bestia aquella le ha dado bien fuerte – Respondió una segunda voz.

Comencé a abrir los párpados poco a poco.

-¡Está despertando, corre Emmett, ven!- ¿Emmett? ¿Que demonios hacía Emmett Cullen aquí?

Al abrir completamente mis ojos, pude comprobar que me encontraba en una habitación pintada de un rosa chillón. A mi lado se encontraban Ángela, Alice y más allá, en la puerta, estaba Emmett.

Inmediatamente, los tres me acorralaron y comenzaron a hacerme preguntas.

-¿Te duele mucho, Bella? - Esa era Ángela- ¡Hablé con el director hace 10 minutos! ¡Esa bestia estará expulsada lo más antes posible!- En verdad parecía indignada.

-¡Bien echo Bella! Yo le habría lanzado una mesa o una silla, pero supongo que un libro está bien- Alice me aplaudía.

-Estoy orgulloso de tí, tomatito- ¿Pero es que no se le acababan los apodos ridículos?- Oye, ¿no te parece que huele mal por aquí?Huele como a... ¡mofeta!- Emmett se rió y Alice lo miró mal y le propinó un golpe. Mi cara era de confusión total.

Miré a mi alrededor y pude comprobar que estaba en una camilla, con una bata blanca.

Alice debió de haber entendido mi silenciosa pregunta, ya que me contestó- Estás en el hospital, Bella. Tienes un brazo roto, y una leve contusión en la cabeza, lo que provocó que te desmayaras.- Genial. Dos semanas y media en Forks y ya me había partido el brazo derecho.

Alguien tocó a la puerta. Edward se encontraba en la puerta, inseguro.

-Pasa Edward, nosotros ya nos íbamos, ¿verdad chicos?- preguntó Alice.

-No, en realidad yo acab... ¡Ah! ¡Alice, no se que extraña obsesión tienes con pegarme!- Exclamó Emmett.

Alice sacó una foto del bolsillo y le enseñó el reverso a Emmett. Éste se puso lívido.

Inmediatamente recogieron y se fueron a paso rápido.

Edward se sentó junto a mí.

-¿Qué tal te encuentras?- Preguntó Edward con voz dulce. Mientras acariciaba mi brazo bueno. Miles de descargas recorrieron mi piel.

-He tenido mejores días- respondí con una sonrisa. Me correspondió con otra.

-Siento en verdad el percance de antes, yo solo quería defenderte, no era mi intención crear un conflicto- Se veía arrepentido. Un momento. ¿Ha dicho que quería defenderme? Mi cara enrojeció

-N-no hacía falta, pero gracias de todas formas- Respondí cohibida.

Edward se rió ante mi repentina vergüenza.

Dejó a un lado mi timidez y nos quedamos hablando sobre cosas triviales.

-Lo que no entiendo, Bella- Saltó Edward después de estar un rato charlando- Es... ¿Por qué le tiraste un libro?

Por que soy una celosa de mierda.

-Eh... porque me molestaba demasiado ese grano de su cara como para dejarlo ahí.- dije lo primero que se me ocurrió.

La estruendosa carcajada de Edward se escuchó bien fuerte. Era la primera vez que lo oía reír así. Era como música para mis oídos.

-Bueno, ahora que tienes el brazo inmovilizado, alguien te tendrá que dar de comer, ¿no?-preguntó mirándome fijamente mientras se acercaba.

ESPERA. ¿EDWARD CULLEN ESTABA COQUETEANDO CONMIGO?

-Ehh, supongo que no... quiero decir, que sí, pero buenoseríadegranayuda- Lo dije todo muy rápido y con el corazón acelerado, con lo cual, un molesto pitido comenzó a sonar a mi derecha.

Una enfermera vino y echó a Edward, alegando que ya no era horario de visitas.

-¡Bella!-gritó Edward antes de salir- ¡Mañana en mi casa por la tarde para lo del trabajo! ¡Alice te irá a buscar a tu casa!- dicho esto, salió por la puerta.

Iba a ir a casa de Edward Cullen...

Entraría a su casa, y Edward se pondría cómodo. Se quitaría su chaleco, levantando un poco su camiseta, dejándome ver parte de sus abdominales bien formados..

oh...

La enfermera debió ver mi cara de pervertida, ya que cerró la puerta y salió corriendo. Debo controlar mi imaginación.