Ya era casi navidad. Severus seguía con esa angustia y sufrimiento en su prácticamente moribundo corazón, aunque al menos era feliz viendo que Lily volvía a ser como siempre, a sonreír, a brillar, a desprender vitalidad…Claro que eso le dolía, pues estaba claro que él era completamente innecesario en su vida, pues mientras él seguía llorando a cada minuto aunque solo fuera internamente, ella volvía a ser feliz y a vivir. Él solo se limitaba a sobrevivir, en un mundo que no le gustaba, en una vida que no le gustaba, en un lugar oscuro en el que él mismo se había metido.
Y así, sin apenas darse cuenta, había pasado prácticamente todo el curso. Aislado del mundo, pues ya no quería saber nada de nadie. Y un día, mientras regresaba de la biblioteca, vio algo que ya esperaba ver desde hacía meses, cuando la joven pelirroja empezó a hablar felizmente con él, su enemigo, James Potter. Pero no pensó que le dolería tanto. Ver como el joven de pelo azabache abrazaba y besaba a su dulce Lily. Y fue entonces cuando el corazón de Severus murió.
Y después de estar toda la tarde llorando en el baño de su cuarto, el Slytherin decidió levantarse del suelo y lavarse la cara. Una cara que al ver en el espejo le hizo volver a sollozar y acabar rompiendo el espejo con el puño y posteriormente destrozar más objetos de la habitación. El marco de fotos, los botes para pociones, el tintero haciendo que se derramara todo su contenido en la pared de piedra,… Era su fin, había perdido la poca cordura que le quedaba. Y ya todo le daba absolutamente igual.
Y durante los siguientes días, para aliviar ese dolor infernal que le oprimía el pecho, Severus se dedicó a echarle la culpa a la joven pelirroja. Ella tenía razón, era más fácil y menos doloroso echar las culpas a otro que a si mismo. Él sabía que toda la culpa era suya pero prefería ignorarlo para poder sobrevivir, porque si no el dolor le mataría, lenta y dolorosamente, y ya no quería sufrir más.
Y así fueron pasando los días y los meses, convirtiendo ese amor puro que sentía por Lily en un odio injustificado que él trataba de justificar de cualquier manera. Él no la escuchaba cuando le advertía sobre sus amigos Slytherin pero ella tampoco le escuchaba cuando hablaba sobre lo que ocultaban los Merodeadores, sus saltos a las normas y el secreto de Lupin. Él era un falso por rodearse de gente solo por conveniencia, pero ella se había pasado años criticando a un muchacho con el que ahora se morreaba. No era más que una guarra, que como todas, solo buscaba un buen físico. James Potter no era más que un cabeza hueca, egocéntrico, ególatra, egoísta, creído, que solo servía para jugar bien al quidditch y lucirse. Aunque en realidad Severus sabía que Potter contaba con una gran personalidad, seguridad en si mismo, simpatía y sociabilidad innata y era un excelente estudiante, además de poseer un buen físico. Y por eso le odiaba tanto, no solo por ser el blanco de sus bromas o por ir tras Lily, sino también porque era mil veces mejor que él. Potter sería un idiota con el ego enorme pero él era un idiota incapaz de quererse a si mismo y por tanto a nadie, inseguro, egoísta, cobarde…Pero era mucho más sencillo pensar en lo odioso que era el joven Gryffindor a pensar en lo odioso que era él.
Y al comenzar el nuevo y último curso, después de un verano alimentándose de odio y rencor hacia la que había sido su mejor amiga y primer amor, retomó su falsa amistad con sus compañeros de casa, volviendo de nuevo a ese mundo oscuro donde para sobrevivir debías aplastar a todo el que pudieras, como simples insectos. Odiaba al mundo y ya no tenía nada que perder.
