Los peor de los exámenes ha pasado! Ya casi termino todo.

Antes que nada, esta historia se terminará en breve. Voy a crear una historia nueva, si quereis un género específico o algo me lo decís y yo lo desarrollo.

Si no os contesto vuestros reviews es debido a que soy nueva aquí y no tengo la menor idea de cómo hacerlo.

Los personajes son de stephenie Meyer, la historia es mía.

BPOV

Mi estadía en casa de los Cullen terminaba en breve. Solo me quedan unas horas más, en las que deberé cerrar mis ojos y dormir al lado de él. Respirar su mismo aire. Sentir la caricia de su presencia a mi alrededor y poder oler su dulce aroma a vainilla y canela. Sería una tortura el no poder acercarme, hablarle y verlo.

Me sentía fatal, y un dolor en el pecho empeoraba mi situación. Tenía ganas de llorar por lo ocurrido anteriormente.

No debí confiarme como lo hice anteriormente en la cocina.

Miré hacia arriba con la intención de que nadie en la mesa se diera cuenta de las lágrimas que estaban a punto de salir.

Respiré hondo una, dos y hasta tres veces hasta conseguir calmarme un poco y afrontar la situación.

Yo no comencé nada. Él fue el que se acercó sin previo aviso a mí. Fue él quien me halagó y definitivamente fue él quien estuvo a punto de besarme. Quizás debí hacerme la chica fría e indiferente con todo el mundo. Quizás eso hubiera sumado puntos a mi favor, como un reto. Pero no fue así.

En fin, lo pasado, pasado está y nadie puede hacer nada para cambiarlo. Afrontaré esta situación con la madurez suficiente.

¡Es un estúpido encaprichamiento adolescente!

Todos en la mesa parecieron reflexionar ante la noticia. Alice se veía frustrada, mientras los demás Cullen mantenían su rostro sereno. Excepto Él. Edward tenía el labio ligeramente hacia abajo, y la mandíbula fuertemente apretada. Agarraba el tenedor con fuerza.

Ángela y Ben parecían contentos de poder volver a casa, pero estaban disgustados debido al hecho de que ya no dormirían juntos. Ese par de pervertidos se las tendrían que ver con el padre Webber.

¡JA! Me cambia el color de los ojos antes de que puedan dormir en una misma habitación.

-Bella, cariño- me llamó Esme- Ya he llamado a tu padre. Mañana te llevaremos nosotros a tu casa. Saldremos por la mañana temprano.- Dirigió su mirada a todos- Id haciendo la maleta para así acostaros pronto. Cuando digo temprano, me refiero a verdaderamente pronto.

…...

Terminamos de cenar poco después y me fui a recoger lo poco que había traído. El proyecto finalizado se lo llevaría Ben, y él lo entregaría una vez estuviéramos en el instituto. Entre mi torpeza y mi brazo lastimado, era posible que yo me lo cargara todo.

Me duché despacio y colocando una bolsita sobre mi brazo. Demoré bastante tiempo, ya que no me decidía entre los sesenta y cinco (y no exagero) botes de champú, todos ellos misteriosamente con olor a fresa y frutas del bosque. Era como si hubieran estado en mi casa y hubieran elegido a conciencia todo eso. Aunque dudo que en un pueblo tan pequeño como Forks, con tan solo tres supermercados hubiera tal cantidad de champú.

Salí despacio de la ducha, envuelta en mi toalla y con cuidado de no resbalarme y me sequé en pelo.

¡Madre mía, son más de las doce!

Todo el mundo debe estar acostado.

Ugh, mierda. ¿Dónde está la ropa que dejé sobre la taza del váter? ¡Estoy más que segura de que traje ropa!

A ver... donde estará... ¡aquí hay ropa interior!

Contenta me dirigí a la pequeña cesta del cuarto de baño. Era ropa interior roja, con pequeños murciélagos negros por toda ella. Al lado, había una pequeña notita con mi nombre.

Seguramente habrá sido la demoníaca cabeza de Alice la autora de todo esto.

Me puse rápidamente el extravagante conjunto y aún con la toalla a mi alrededor me dirigí a la que era la habitación de Edward.

Con suerte él estaría dormido y me ahorraría la situación de encontrarme medio desnuda delante de mi nuevo tormento.

Me estremecía de solo pensarlo.

Tras tropezarme dos o tres veces por el pasillo, conseguí llegar...

Hay algunas situaciones en la vida donde desearías no haber nacido. Quieres que la tierra te trague, no sabes si llorar o reír. Piensas que todo es una pesadilla y que te despertarás en cualquier momento.

Una situación parecida me pasó hace un tiempo cuando entré sin llamar al cuarto de baño y descubrí que la tía Johanna era en realidad tío John.

Cuando entré en esa habitación, con el pelo enmarañado, cubierta por una toalla y ropa interior de frikis y vi a Edward Cullen sentado en la que se suponía que era mi cama, con la boca abierta y mi verdadera ropa interior, creo que se me paró el corazón.

Durante unos segundos nadie habló.

-Yo... Yo.. m-me encontré e-esto e-en m-mi c-cuarto de b-baño y-y pues... pensé q-que era tt-uyo y no s-sabía que ha-hacer y...- Edward estaba tartamudeando a más no poder. Me hubiera reído de él, pero en este momento ni siquiera me sentía las piernas.

-S-si, es mío.- Quizás fue una mala idea retirar las dos manos de la toalla para coger la que era mi ropa interior, ya que ésta se escurrió hacia abajo.

Una ráfaga de viento pasó a mi lado y la toalla volvió a su lugar.

¿Pero qué...?

Edward estaba en la otra punta de la habitación con la mandíbula fuertemente cerrada y las manos echas puños.

Corrí a la cama y me tapé aún con la toalla húmeda. Ya me daba igual todo. Aunque mañana lo pagaría caro.

…...

Ugh, llevaba más de dos horas y media en la misma posición, con la toalla, y helándome de frío.

Tenía miedo de darme la vuelta y encontrarme a Edward señalándome y acusándome con la mirada.

Estornudé lo más flojito posible. Pero claro, después de un estornudo viene otro, y este no vino tan flojito.

Sentí la cama hundirse a mi lado.

-Anda, quítate la toalla húmeda, pequeña- Edward me quitó la toalla sin destaparme. Ante todo era un caballero.

Pero no podía relajarme. En mi mente todavía se recrea el incidente de la cocina.

-¿Ves cómo estás mejor así? Ten, toma una camiseta vieja. Siento el dibujo. Soy adicto a Bob Esponja- ¿Que lo siente? ¿Puede ser este hombre más perfecto?

Me colé la camiseta y olía a él. Era el cielo. Era suave y ancha. Me cubría hasta la mitad del muslo.

-¿Mejor, princesa? - asentí con la cabeza y me rodeó la cintura con sus brazos mientras enterraba su rostro en mi cuello – Me da un poco de miedo dormir solo, pero no se lo digas a nadie.- Estaba soñando. ¿Habré muerto y no me he dado cuenta? Qué maravilla.

-¿Bella?- Me zarandeó un poco- ¡BELLA!- ¿Pero ahora qué ocurre?

Menudos pulmones.

-¡BELLA DESPIERTA DE UNA VEZ, ERES LA ÚNICA QUE FALTA!- Esa no era la voz de Edward. Era una más chillona, aguda e irritante. Era Alice.

Sentí como me destapaban de un tirón y me quitaban algo pesado y húmedo de encima. La maldita toalla.

La luz que atravesaba la ventana me dañaba los párpados, pero aún así los fui abriendo poco a poco.

Me encontraba en ropa interior, muerta de frío y sin ninguna camiseta de Bob Esponja.

No había ningún rastro del saco de dormir de Edward, lo que me indica que no ha dormido aquí esta noche.

Alice me escogió ropa y fui bajando las escaleras medio dormida.

-¡Buenos días dormilona! Pensábamos que te habías quedado en coma profundo. - Ben se carcajeó ante la idiotez de Emmett.

-Ja ja. Mira cómo me parto de risa.- Señalé mientras me rascaba la cabeza.

-Desayuna un poco, coge tu mochila y nos vamos Bella. Se nos a hecho un poco tarde, pero no queríamos despertarte.- Concordando con lo que había dicho Esme, todos estaban ya preparados, peinados y con mochila en mano listos para irse.

Yo estaba con un nido de pájaros en mi cabeza y una tostada de mantequilla pegada al lado derecho de mi cara.

Vale, estaba más en el mundo de los sueños que aquí.

-Emmett, cogela en brazos y métela en el coche. Alice, coge su mochila. Edward ve a por las llaves, Rosalie...- Carlisle iba dando órdenes mientras me elevaban en el piso.

¡No!

¡No quería irme!

¡No podía irme así porque así!

-¡No! ¡Suéltame! ¡No quiero!- Comencé a patalear y a lloriquear como una niña.

-Dámela Emmett, ve tu por el coche.- Sentí cómo me cambiaban de cuerpo y me colocaban en otros brazos mucho más delicados.- Ven, yo te llevo...

Hundí mi cara en el cuello de Edward y aspiré su olor.

Posiblemente era la última vez que lo vería. ¿Y si ya no me hablaba más?

¿Y si ya no me miraba?

¿Y si...?

-Shhh, calmate, mi Bella- me susurró a un oído- Duermete otro ratito, yo me quedo contigo, tranquila...

Podría decir que me desperté y le relaté a Edward mis sentimientos para así quedar bien.

Pero lo cierto es que me dormí y no me desperté ni cuando escuché el grito de alegría de mi padre.

¿Me habrían drogado en casa de los cullen? ¿Me habían echado algo en la comida? Lo cierto es que anoche no los vi probar bocado...

Menudos días.

Sólo me arrepiento de una cosa.

De haber olvidado escribir mi nombre en el dichoso proyecto del señor Banner.

¡Maldita biología!

…...

Bueno. Pues ya he terminado! Solo queda el epílogo.

Besitos!

-bohe-