Cada vez se vuelve más chiflado, creo que me estoy pasando UXD
Habían pasado ya dos años desde su salida de Hogwarts. Desde entonces habían pasado muchas cosas en la vida de Severus. Había conseguido un trabajo en un boticario del Callejón Diagon donde se fabricaban pociones y ungüentos destinados al Hospital San Mungo. Y una vez que ya tenía su propio sueldo, había abandonado su casa en la calle de La hilandera, ahora abandonada pues su madre había muerto y su padre se había ido, y se había instalado en un piso de alquiler en Hogsmeade, donde solía visitar la taberna de Cabeza de Puerco, entre otros bares, para ahogar sus penas y estrés en alcohol .
Sus amistades seguían siendo las mismas, junto a otros antiguos compañeros de Slytherin como Lucius Malfoy, y como era de esperar se había terminado uniendo a Voldemort. La mayoría de las veces no se veía capaz de torturar a personas inocentes pero entonces pensaba en su vida y en todos aquellos a los que odiaba, sus padres, Potter y sus amigos, Lily…, en todos aquellos que le habían humillado, que le habían abandonado, que le habían traicionado…y el cruciatus salía solo.
Sobre Lily, lo último que supo es que finalmente se había casado con esa sabandija de Potter y se había unido a la orden de Dumbledore, junto con el pelo azabache y el resto de sus amigos. Siempre lamiéndole el culo a ese viejo chiflado y metiche, y queriendo demostrar el valor Gryffindor cuando no eran más que un puñado de creídos inútiles. No hacían más que burlarse y reírse de ellos, mortífagos, llamándoles cobardes y estúpidos, cuando los patéticos eran ellos. Ellos eran poderosos y astutos y su señor el mago más poderoso, quizás no más que Dumbledore, pero ese viejo chocho en cualquier momento estiraría la pata.
Y pensando en todos sus logros y el poder que había conseguido en los últimos años, pues la gente ahora le temía y ya no se atrevía a hacer el más mínimo comentario sobre él, tomó la última copa de whisky de fuego de aquella noche para posteriormente regresar a su casa, no sin antes visitar a Wendy, su amante. Una joven camarera que había conocido unos meses atrás en una de sus visitas a los bares del pueblo y con la que había comenzado un romance lujurioso, pues realmente solo la necesitaba para darle compañía y desfogarse de vez en cuando.
–¿Te irás ya? –preguntó la joven desnuda sobre la cama mientras Severus terminaba de abotonarse su levita. Él no respondió –podías quedarte al menos esta noche… –le dijo Wendy casi suplicando pero él se levantó para salir del cuarto –yo no soy tu puta, Severus.
Y éste, como respuesta, introdujo la mano en su bolsillo para luego dejar caer todas las monedas que tenía en el suelo, mirándola con desprecio para luego marcharse dejando a la joven allí inmóvil sollozando.
