p class="MsoNormal"En toda mi vida había oído un sonido tan fuerte. Era como si una bomba estallara justo al lado de mi oreja... una bomba que retumbaba al ritmo de thriller /de Michael Jackson. Me di la vuelta medio dormida, cogí el móvil que vibraba sobre la mesita de noche y le eché un vistazo a la hora antes de contestar. Las cinco en punto de la madrugadabr / —¿Diga? —dije con voz / —Siento haberte despertado, cielo —dijo mamá a través del altavoz—. No habré despertado también a Mina, ¿verdad?br / —Eh... no. ¿Estás bien? ¿Qué pasa?br / —Me fui de casa hace unas dos horas —explicó—. Tu padre y yo tuvimos una larga charla, pero... no se lo tomó muy bien, Usagi. Aunque yo ya lo suponía. En fin, que he estado dando vueltas con el coche desde entonces, intentando averiguar qué hacer. He decidido quedarme unos días en un hotel de Kinmoku para poder pasar más tiempo contigo, y este fin de semana voy a empezar a mudarme a Fukushima. Tu abuelo necesita que alguien cuide de él. Es un buen lugar para vivir, ¿no crees?br / Claro —murmuré.br / Lo siento —se disculpó—. Debería haberte contado todo esto más tarde. Vuelve a dormirte. Llámame cuando salgas del instituto y te diré en qué hotel estoy. Podríamos ir a ver una película esta noche. ¿Qué te parece?br / Suena bien. Adiós, mamá.br / Adiós, cariñ / Volví a dejar el móvil en la mesita de noche y estiré los brazos por encima de la cabeza, conteniendo un bostezo. Esa cama, con su blando colchón y caras sábanas, era demasiado cómoda. Nunca me había costado tanto levantarme por la mañana, pero al final conseguí plantar los pies en la / —¿Adónde vas? —preguntó Seiya medio / —A casa —contesté mientras me ponía los vaqueros—. Tengo que darme una ducha y prepararme para ir a / Seiya se apoyó en un codo para mirarme. Tenía el pelo completamente alborotado: unos mechones negros le caían sobre los ojos y tenía otros de punta en la nuca y la coleta / —Puedes ducharte aquí. Si tienes suerte, quizá te acompañ / —No, gracias. —Cogí la chaqueta del suelo y me la colgué sobre los hombros—. ¿Despertaré a tus padres si salgo por la puerta principal?br / —Eso sería difícil, teniendo en cuenta que no está / —¿No volvieron a casa anoche?br / —No volverán hasta dentro de una semana —me explicó—. Y después quién sabe cuánto se quedarán. Un día, tal vez / Ahora que lo pensaba, nunca había visto otro coche en la entrada de la semi mansión. Seiya siempre parecía ser la única persona que había en la casa cuando iba a verlo... que últimamente era muy a / —¿Dónde están?br / —No me acuerdo. —Se encogió de hombros y se tumbó de nuevo de espaldas—. De viaje de negocios. De vacaciones en el Caribe. No puedo seguirles el / —¿Y tu hermana?br / —Hotaru se queda con nuestra abuela cuando mis padres están fuera. Que es prácticamente todo el / Volví a la cama despacio. br / —Bueno... —dije en voz baja mientras me sentaba en el borde del colchón—. ¿Y por qué no te quedas allí también? Seguro que a tu hermana le gustaría tenerte / —Puede —asintió Seiya —. Mi abuela, sin embargo, va de otro rollo. Me detesta. No aprueba mi —hizo un gesto con las manos representando unas comillas— estilo de vida. Al parecer, soy una deshonra para el apellido Kou y mi padre debería avergonzarse de mí. —Su risa sonó hueca—. Como mi madre y él son el paradigma de la perfección...br / —¿Cómo se ha enterado tu abuela de tu... eh... estilo de vida?br / —Sus amigas le cuentan los cotilleos. Esas viejas brujas oyen a sus nietas suspirar por mí, pero ¿quién puede culparlas?, y luego se lo cuentan a mi abuela. Puede que le cayera bien si saliera en serio con una chica un tiempo, pero una parte de mí no quiere darle esa satisfacción. No debería tener que cambiar mi vida para contentarla. Ni a ella ni a / —Entiendo lo que quieres / Y era verdad, porque yo había pensado lo mismo un millón de veces a lo largo de los años. Últimamente, incluso le concernía a él. Sería fácil cambiar la opinión que Seiya tenía de mí, quedar con personas diferentes o incluir a otra chica en mi círculo de amigas (como aquella alumna de primero del partido de baloncesto) para evitar ser la Duff. Pero ¿por qué debería hacer algo solo para modificar lo que él u otra persona pensaran de mí? No debería tener que hacerlo. Y tampoco é / Sin embargo, de algún modo, su situación parecía diferente. Eché un vistazo alrededor de la habitación y me sentí idiota por compararlo siquiera con el tema de las Duff. Entonces, sin querer, le pregunté:br / —Pero ¿no te sientes solo en esta casona?br / Ay, Dios mío. ¿De verdad estaba compadeciéndome de Seiya? ¿ Seiya, el mujeriego? ¿ Seiya, el ricachón? ¿ Seiya, el cretino? De todas las emociones que había sentido por él, la lástima nunca había sido una de ellas. ¿Qué diablos estaba pasando?br / Pero si había algo con lo que me identificaba eran los dramas familiares. Así que, al parecer, Seiya y yo teníamos algo en común. Por / —Te olvidas de que casi nunca estoy solo. —Se sentó y me miró con una sonrisilla socarrona, aunque no le llegó a los ojos—. Tú no eres la única que me encuentra irresistible, Duffy. Normalmente tengo un torrente interminable de invitadas / Me mordí el labio preguntándome si debería decir lo que estaba pensando. Al final, decidí soltarlo de una vez. Después de todo, no perdía / —Oye, Seiya, puede que esto suene raro viniendo de mí, como te odio y todo eso... pero puedes contarme lo que quieras. —Parecía algo sacado de una cursi película de sobremesa. Genial—. Bueno, yo te solté todo el rollo de Mamoru; así que si quieres hacer lo mismo... bueno, me parece / La sonrisilla vaciló un / —Lo tendré en cuenta. —Luego carraspeó y añadió con frialdad—: ¿No habías dicho que tenías que volver a casa? No querrás llegar tarde a / —Sí, / Empecé a ponerme de pie, pero me rodeó la muñeca con su cálida mano. Me volví y vi que me miraba. Se inclinó hacia delante y apretó sus labios contra los míos. Antes de darme cuenta siquiera de lo que estaba pasando, se apartó y susurró:br / —Gracias, / —Eh... de / No supe cómo interpretar aquello. Las demás veces que Seiya y yo nos habíamos besado, había sido un feroz cachondeo parecido a una batalla. Una introducción al sexo. Nunca me había besado de una forma tan dulce y generosa, y me acojoné.br / Pero no tuve tiempo de pensar en ello mientras bajaba corriendo las escaleras y atravesaba el vestíbulo. Cuando llegué a mi coche, tuve que pisar el acelerador (algo que odiaba inmensamente) durante todo el camino hasta casa, y aun así no llegué antes de las seis. Eso solo me dejaba una hora y media para ducharme, vestirme y ver cómo estaba papá. Qué manera tan fantástica de empezar el dí / Aún peor fue el hecho de que vi que las luces de la sala estaban encendidas cuando aparqué en la entrada. Eso no era una buena señal. Mi padre siempre (y digo siempre) apagaba todas las luces de la casa antes de acostarse. Lo consideraba una especie de ritual. El que las hubiera dejado encendidas era sin duda un mal / Oí los ronquidos en cuanto entré de puntillas y supe al instante que había comprado más cervezas. Lo supe incluso antes de ver las botellas sobre la mesa de centro o su cuerpo inconsciente en el sofá. Se había emborrachado tanto que había perdido el / Empecé a avanzar, pero me detuve. Por mucho que quisiera, no tenía tiempo de limpiar el desastre. Necesitaba subir al piso de arriba y prepararme para ir al instituto. Y, mientras me dirigía sigilosamente a mi cuarto, me dije que mi padre se repondría. Solo estaba impresionado, pero todo se arreglaría, y ese... episodio pasaría sin incidentes. Además, no podía reprocharle que se hubiera tomado unas cervezas teniendo en cuenta la bomba que mamá le había soltado, ¿no?br / Me di una ducha rápida y me sequé el pelo con el secador (algo que siempre me llevaba una eternidad: iba a tener que cortármelo como Mina en lugar de perder el tiempo) antes de ponerme una muda limpia. Después de cepillarme los dientes, regresé a la planta baja y fui a la cocina a buscar un bollo para el camino. Y, a continuación, salí por la puerta / Cuando llegué al instituto, el aparcamiento para alumnos estaba casi lleno. Tuve que aparcar en la última fila y correr (con mi mochila de diez kilos a cuestas) hacia las puertas dobles. Así que, naturalmente, cuando llegué al pasillo principal ya estaba sin aliento. «Dios —pensé abatida mientras arrastraba mi culo hacia la clase de Francés—, no me extraña que sea la Duff; estoy tan baja de forma que es deprimente.»br / Bueno, por lo menos los pasillos estaban prácticamente vacíos. Eso significaba que nadie había tenido que presenciar mi patético / —¿Adónde fuiste ayer? —me preguntó Lita cuando me desplomé en mi pupitre segundos antes de que sonara el timbre—. No estuviste en el almuerzo ni en Inglés. Mina y yo estábamos un poco / —Salí / —Pensaba que las tres íbamos a hacer algo por San Valentín para celebrar que ninguna tenemos / —Eso es un poco irónico, ¿no crees?br / Suspiré y negué con la cabeza, intentando no mirar aquellos ojos grandes de expresión dolida. Dios, qué bien se le daba hacerme sentir culpable. Y sabía que iba a pagar por haberle colgado el teléfono a Mina / —Lo siento, Lita. Ayer me surgió algo. Te lo cuento después de clase, ¿vale?br / Antes de que pudiera contestarme, la señora Black carraspeó y gritó:br / —Silence! Bonjour, mes amis/em. Hoy vamos a empezar con el pretérito perfecto, y os advierto que es bastante difí / Y lo era. La señora Black repartió una hoja de ejercicios que nos mantuvo ocupados hasta el final de la clase. Cuando sonó el timbre, estaba empezando a replantearme mi aprecio por el francés, y no era la ú / —¿Es demasiado tarde para cambiar de asignatura este semestre? —nos preguntó Kakkyu a Lita y a mí cuando salimos del / —Como un mes demasiado tarde —le / — / —¡Adiós, Usagi! —me gritó Lita mientras corría hacia su clase de Química—. ¡Nos vemos a la hora de comer!br / Me despedí con la mano y bajé por el otro pasillo. Hoy, sin embargo, estaba deseando llegar a la clase de Política de nivel avanzado. Kelvin Taylor me había pedido que me sentara cerca de él. Ya no sería la chica solitaria del fondo de la clase. Nunca había pensado que mi situación cambiaría ni que me alegraría tanto cuando ocurriera. ¿Qué puedo decir? El aislamiento voluntario estaba empezando a / Pero Kelvin no estaba allí. Su asiento se hallaba completa e inequívocamente vacío cuando entré en el aula (había llegado temprano por una vez, como le gustaba al señor Tomoe), y casi se me cae el alma a los pies... ¿A quién quiero engañar?, sí se me cayó. Al menos no tuve que sentarme sola. Unazuki prácticamente me arrastró hasta la parte delantera de la clase: por lo visto, se sentía perdida sin Kelvin para mantenerla entretenida. Aunque debió de decepcionarla que no se me diera igual de bien soltar ingeniosas ocurrencias sobre política que a su compañero habitual. Lo único que pude ofrecer fueron unos cuantos comentarios sarcásticos sobre la utilidad del sistema judicial. Dios, cómo echaba de menos a / Y el señor Tomoe también. El profesor pareció aburrirse con su propia explicación ininterrumpida y despidió la clase sin demasiado entusiasmo cuando sonó el timbre, sacando el labio inferior como un niño enfurruñ / Para que luego digan que los profesores no tienen / Me alivió salir de aquella clase, que parecía fría sin los esclarecedores comentarios de Kelvin, hasta que llegué a la cafeterí / La mesa del almuerzo no era precisamente un ambiente cálido y afectuoso ese día. Mina estuvo fulminándome con la mirada todo el rato, claramente molesta porque le había colgado el teléfono la noche anterior. Pero, al parecer, no lo suficiente como para no reunirse con Lita y conmigo después de clase para oír mis / Había prometido explicarles todo al terminar las clases. Por supuesto, eso quería decir que en cuanto sonó el último timbre me arrastraron hasta un baño vacío y empezaron a soltarme cosas como «¡escúpelo!» y «¡desembucha!» sin dejarme tomar aire / Gemí y me deslicé por la fría pared de hormigón hasta sentarme en el suelo. Me rodeé las rodillas con los brazos y dije:br / —Bueno, Bueno. Resulta que mi madre se presentó aquí ayer por la / —¿Ya ha vuelto del viaje? —preguntó / —No exactamente. Solo vino a hablar conmigo. Mi padre y ella van a / Lita se cubrió la boca con una mano, horrorizada, y Mina se arrodilló a mi lado y me cogió la / —¿Cómo estás, Usa? —me preguntó olvidándose del / —Estoy bien —respondí.br / Sabía que la noticia las afectaría más a ellas que a mí. Los padres de Mina habían pasado por un largo y tortuoso divorcio, y Lita no era capaz de imaginarse nada más terrible y / —¿Por eso te saltaste la reunión de San Valentín de anoche? —quiso saber / —Sí —contesté—. Lo siento. Es que... no me sentía con ganas de celebrar / —Deberías haber llamado —repuso Mina—. O haberme dicho algo anoche por teléfono. Te habría escuchado, ¿sabes?br / —Sí, ya lo sé. Pero estoy bien, de verdad. Solo era cuestión de tiempo. Ya sabía que ocurriría. —Me encogí de hombros—. Y la verdad es que no me preocupa. Ya sabéis que mamá no ha estado mucho por aquí estos últimos años, así que todo seguirá prácticamente igual. Pero solo va a estar en el pueblo unos días, y tengo que irme ya —dije mientras me ponía de / —¿Adónde vas? —preguntó / —Le dije a mamá que veríamos una peli juntas esta tarde. —Agarré mi mochila y me eché un vistazo en el espejo—. Lo siento. Ya sé que quieren hablar de ello y todo eso, pero es que mamá se marcha al final de la semana, así que...br / —¿Seguro que estás bien? —insistió Mina con / Dudé con la mano levantada para apartarme unos mechones de la cara. Podría habérselo contado entonces. Podría haberles hablado de papá y las botellas de cerveza y lo confundida que estaba. Después de todo, eran mis mejores amigas. Se preocupaban por mí.br / Pero ¿qué pasaría si delataba a mi padre? ¿Y si se corría la voz? ¿Qué pensaría la gente de él? No podía arriesgarme. Hasta imaginarme a mis mejores amigas juzgándolo me hacía sentir incómoda. A fin de cuentas, era mi padre. Y aquello no era más que una tontería. Solo estaba atravesando una mala racha. No había nada de lo que / —Segurísima —dije mientras me apartaba del espejo con una sonrisa forzada—. Pero debería irme ya. No quiero hacer esperar a mamá.br / —Que te diviertas —murmuró Lita, que todavía tenía los ojos muy abiertos en una expresión de inocente horror. Tal vez debería haberle dado la noticia con un poco más de / Casi había salido por la puerta del baño cuando Mina me llamó.br / —Oye, Usa, espera un / — / —Salgamos este fin de semana —propuso—. Para compensar por no haber quedado el día de San Valentín. Podríamos ir al Crown. Una noche de chicas. Será divertido. Hasta te compraremos / —Claro. Te llamo luego, pero de verdad que tengo que / Me despedí con la mano y salí corriendo del baño. Sí, claro que quería ver una película con mi madre, pero esa no era la razón de mi prisa. Tenía que hacer otra cosa / En cuanto llegué al coche, no perdí ni un segundo en sacar el móvil. Marqué un número conocido y esperé hasta que me respondió una voz de hombre con tono / —Ha llamado a Vía lactea. Le atiende Jedite. ¿En qué puedo ayudarle?br / Quería hablar con papá. Asegurarme de que estaba bien y decirle que saldríamos adelante. Darle mi apoyo y todo eso. Sabía que lo necesitaba. Después de la noche que había pasado, debía de estar teniendo un día horrible en el trabajo. Además, si yo estaba tomándome la noticia tan bien, lo mínimo que podía hacer era ayudarlo a / —Buenas tardes, Jedite —dije—. ¿Se puede poner Kenji Tsukino?br / —Me temo que no. El señor Tsukino no ha venido / Me quedé allí sentada un momento, aturdida. Sabía qué significaba eso, pero me sacudí la preocupación que me atenazaba el estómago. Solo estaba sufriendo una fuerte resaca después de una mala noche. Probablemente hasta fuera más que suficiente para recordarle por qué había dejado de beber. Estaría bien mañana. O eso / —Gracias, de todos modos —contesté—. Que tenga un buen dí / Colgué el teléfono y empecé a marcar otro número. Esta vez me respondió una mujer de voz clara y / —¿Diga?br / —Hola, mamá. —Me esforcé por no sonar demasiado animada. Si me mostraba muy contenta, sabría que pasaba algo. Después de todo, yo no era una persona alegre—. ¿Todavía quieres ir a ver una peli esta noche?br / —¡Ah, hola, Usagi! —exclamó mamá—. Sí, estaría genial. Oye, cielo, ¿has hablado con tu padre hoy? ¿Está bien? Es que anoche se disgustó mucho y estaba llorando cuando me / Por su forma de hablar, me di cuenta de que no tenía ni idea de que papá había recaído, de que había tocado una botella siquiera. De lo contrario, su voz habría sonado mucho más tensa, llena de preocupación. Puede que incluso al borde del pánico. Pero parecía tranquila, solo un poco inquieta. Me molestó que estuviera tan ciega. Papá había dejado la bebida hacía casi dieciocho años, pero aun así la idea debería habérsele pasado por la cabeza. Sin embargo, no quise ser yo quien le diera la / —Está bien. Acabo de hablar con él por teléfono hace un momento. Esta noche va a trabajar hasta tarde, así que me viene bien ir al / —Ah, vale. Me alegra oírlo —contestó mamá—. ¿Qué quieres ver? No tengo ni idea de qué hay en cartelera ahora / —Yo tampoco, pero estaba pensando que una comedia estaría / /p