Tercera parte de "Nunca mezcles trabajo y amor" donde nos internaremos de cabeza en la maternidad, y en las diferentes maneras de ver un mismo hecho: la convivencia con un hijo nuevo.

Como cambian las cosas que antes eran normales, como comer a su hora, mantener la ropa en su sitio, y esa manía tan rara que tienen los adultos de dormir toda la noche, que los niños no parecen compartir...

Y por si esto no fuera suficiente, Hidan desea un hijo propio y está dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo.

Sasuke organiza su boda sin saber si se llegará a celebrar...

Itachi y Naruto se comportan como los padres divorciados perfectos, solo amigos... pero eso delante de todos... por detrás las cosas son muy diferentes...

Deidara y Madara descubren de la voz de su hijo, que no son papá y mamá, por que eso solo pueden ser los que están casados... y ellos no lo están... aún...

Deidara tendrá que pasar una muy dura prueba hasta ser aceptado por el clan Uchiha y alguien de su pasado regresará...

Itachi/Naruto, Kakashi/Iruka, Kakuzu/Hidan, Izuna/Sasuke, Madara/Deidara...

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NUNCA MEZCLES TRABAJO Y FAMILIA

Capítulo 5: Pasos en la dirección correcta.

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El reloj casi roza la media noche y todos los habitantes de la casa, sin excepción, duermen plácidamente. Todos menos uno, que aguarda junto a la ventana, mirada fija en la calle, sentado en la cama.

Naruto espera, la señal. No sabe cual, pero tiene claro que cuando suceda la reconocerá al instante.

Y sonríe feliz cuando ve un pequeño y oscuro cuervo, acercarse a su ventana a graciosos saltitos y picotear insistentemente el cristal, fuerte para ser escuchado pero no mucho para no despertar al resto de habitantes.

Naruto se levanta de la cama y va a la cocina, descalzo.

Quita el plástico del recipiente con los restos de la carne asada de la cena y lo calienta un poco. Coge un tenedor del cajón de los cubiertos y una lata de refresco y vuelve a su cuarto, asegurándose antes de que, tanto Sasuke como Taka, siguen dormidos.

Abre la ventana lo justo para dejar la comida y la lata en la repisa y la cierra, pero no del todo, dejando una pequeña rendija de espacio en el cristal.

El animalito sube y picotea la comida, antes de desaparecer en una nube de plumas negras.

Naruto apoya la mano en el frío cristal, y sonríe en cuanto le ve aparecer.

Itachi llega corriendo, jadeante y sudoroso. Su ropa sucia, de cualquier cosa; sangre suya o ajena, barro, polvo... no importa, lo importante es que está ahí.

Coge el recipiente con la comida entre sus manos y se sienta en la repisa de la ventana, apoyando la espalda en el cristal, a pocos centímetros de la abertura.

Toma el tenedor entre los dedos y abre la lata de refresco, a la que da un largo trago y deja de nuevo en el mismo sitio.

Come despacio, sin prisa, saboreando cada porción que llena su boca. Naruto sonríe complacido al verle comer, al comprobar que está vivo, que está bien, que está ahí con él de nuevo.

Se sienta sobre la mesilla después de quitar las fotos y el despertador y se apoya en el cristal sentado en el mueble, contra la espalda de Itachi, a la espera de que termine de alimentarse. No tiene prisa alguna, pero verle comer, entreabrir esos labios suyos, sensuales , carnosos, para alojar cada bocado en su cálida boca, que Naruto y su cuerpo conocían de sobra, era demasiado para soportarlo con elegancia por parte del pequeño "ex-esposo".

Mejor darle la espalda, sí.

El frío cristal se calienta por los dos lados con cada uno de los cuerpos que se apoya en el desde dentro por Naruto y fuera por Itachi.

Termina de comer y mete el dedo en la rendija, para abrir un poco mas y meter el recipiente de plástico y el tenedor dentro. Naruto lo coge y cuando va a cerrar para dejar solo la rendija anterior, Itachi se lo impide.

– Espera un momento. – Abre la bolsa grande que cuelga a la altura de su cadera y saca dos bultos envueltos en papel de colores. – Este es para Miku. – Le tiende uno redondito y blando al tacto a pesar del papel y le da otro mas pequeño, pero igual de blandito. – Este para ti.

Naruto se gira en la mesilla para mirarle a través de la ventana sin abrirla del todo; cierra dejando la rendija anterior, para escucharle hablar en tono normal, pero sin sitio para ningún tipo de tentación por ninguna de las dos partes.

Deja el de la niña a un lado y abre el suyo. Un gato regordete de peluche. El bicho es de pelo rubio con unos enormes y desproporcionados ojos azules.

– Vaya, ¿Gracias?. – Está desconcertado de veras.

– Perdona. – Itachi se está riendo entre dientes. – Es que lo vi en una tienda de camino y me recordó a ti. – Naruto alza una ceja y mira al bicho de nuevo sin encontrarle el parecido por ningún sitio. – Esto también es para ti.

Una enorme rosa azul cruza la rendija hasta posarse en sus dedos.

– Seguramente no te has acordado pero... – Se gira un momento para mirarle y sonreír y vuelve a sentarse de cara a la calle, dándole la espalda. – Feliz no aniversario... hoy hace un año que nos casamos.

– En realidad, a esta hora hace un año estábamos haciendo otra cosa que no era casarnos. – Naruto se sonroja según va diciéndolo. Itachi se queda pensando un momento y se sonroja ligeramente como el rubio. – Esta noche la pasamos juntos y nos casamos por la tarde, en la entrega de trofeos.

– Cierto, tienes razón. – Dice mirando a la calle, evitando encontrarse con los ojos de su rubio. – ¿Te gusta?

Naruto acaricia los pétalos con cuidado y se lleva la flor a la nariz, para aspirar su aroma. – Huele muy bien, y es preciosa... y muy rara, es la primera vez que veo una de este color. Gracias.

– Solo son las sobras de la cena, nada del otro mundo, la verdad. – Le quita importancia.

– Aún así, estaba delicioso... gracias por preocuparte. – Sabe que no son solo las sobras, y que seguramente habrá cenado menos para dejarle a él lo que se había comido. Conoce a Naruto y casi podría jurar, que le había quitado también parte a Sasuke, o echado menos en su plato, dividiendo una cena para dos en tres platos. Sonríe pero no dice nada.

Naruto se baja de la mesilla y abre el cajón de arriba. Saca una cajita y vuelve a cerrarlo. Desliza un poco el cristal y le da a Itachi con ella en el hombro.

El moreno la toma confuso.

– Feliz no aniversario, tteba. – Se sienta de nuevo con la espalda en el cristal, enfocando la cabeza al techo, posándola en el cristal y cierra los ojos a la espera. Disimula los nervios que hacen temblar sus manos metiéndolas bajo los muslos.

Itachi quita el papel que envuelve la cajita y la abre. Dos anillos de oro blanco descansan en un lecho de terciopelo negro.

– Es un primer paso. – Murmura Naruto en el silencio que se instala entre ellos. Itachi no sabe que decir. – Es mi manera de decirte que te quiero lo suficiente como para que, cuando hayamos cumplido el trato que hicimos con Deidara y Hidan, volvamos a intentarlo en serio.

Itachi sigue inmóvil, con la vista fija en los anillos. No sabe que decir, no esperaba que Naruto se acordara del aniversario, ni mucho menos, que comprara algo así para los dos.

- Te has acordado. – Dice finalmente.

No podría olvidarlo aunque quisiera. – Suena un poco molesto, pero solo un poquito. – Llevaba tanto tiempo esperando ese día, que se grabó en mi mente a fuego... puedo relatarlo segundo a segundo sin dejarme nada, ni un solo detalle... – Sonríe dulcemente al recordar que justo esa noche, hace un año exactamente, se entregó por primera vez a él.

– Tu... soy idiota. – Niega levemente con una sonrisa. – Creí que no te acordarías y sin embargo me has hecho quedar fatal... un peluche y una flor. Soy un cutre... lo siento, mejoraré eso también para estar a la altura.

– Que tonto eres. – Comenta divertido sin mirarle. – No tienen la fecha, solo grabé nuestros nombres en ellos... quiero que los tengas tu y que te lo pienses mientras llega el día. No me respondas ahora, solo piénsalo, ¿Si?.

– Por supuesto. – Posa la cajita en sus muslos y acaricia el metal con la punta de los dedos.

Pasan unos minutos en silencio, cada cual metido en sus pensamientos, notando la cercanía del otro y el cristal que los separa como un muro infranqueable por ambas partes.

Se quieren pero aún no es el día, aunque ya no les queda casi nada, apenas tres meses.

Naruto habla de nuevo, en un susurro.

– ¿Sabes? Miku lleva toda la semana durmiendo la noche entera. – Itachi atiende sin moverse, sonríe. Cambiar de tema siempre es buena idea, y hablar de la niña les puede llevar horas. Es un tema de conversación que a los dos les apasiona.

– Eso es estupendo.

– Si. – Mira alrededor, buscando las palabras. – ¿Quiéres pasar y darte una ducha?... puedo dejarte ropa limpia.

– Mejor no, si paso será para quedarme. – Cierra la cajita con los anillos y la guarda con cuidado en la bolsa trasera de armas. Se acomoda en la repisa de la ventana y mira los tejados de las casas frente a él. – Rompería mi trato con Deidara... hace meses que me muero por fo...

– Vale, no lo digas. – Naruto le corta antes de que termine la palabra. Se sonroja hasta la punta de las orejas solo de pensarlo. – Yo también me muero por que lo hagas... hacerlo con la mano ya no es suficiente. Hace tiempo que dejó de ser bastante para mi.

– Que suerte, al menos tu puedes... – Dice apenado el moreno.

– Tienes manos. – Puntualiza asintiendo para si mismo. – ¿Se te ha olvidado como se hace?.

Itachi escucha claramente su voz por la pequeña rendija entre el cristal y el marco de la ventana. – No se me ha olvidado, solo espero a que cumpla el plazo para hacerlo contigo, nada más.

Naruto gira la cara unos centímetros y le mira con los ojos convertidos en pequeñas piedras azules inquisidoras. – ¿No te funciona?. – Itachi da un respingo a la pregunta y tiene un repentino ataque de tos que le impide responder al momento. El rubio espera el tiempo que haga falta, se muere por oír la respuesta.

– No es eso, es que... – Baja la voz al momento y se da la vuelta en el sitio. quedando de rodillas frente al cristal, mirando la nuca de Naruto desde su altura. Traga saliva... – ...no es eso... – Pierde el hilo de los pensamientos al mismo tiempo que sus ojos se pierden en la nuca, los hombros y la espada del rubio. – ...n-no es eso...

Naruto se gira al escucharle repetir la misma frase y al hacerlo, se encuentra de frente con sus ojos, que lo estudian minuciosamente de frente igual que momentos antes habían hecho de espaldas.

– Será mejor que te vayas. – Los labios de Naruto susurran con cierto deseo marcado en cada palabra.

– Sí, debería irme ya. – Responde en la misma postura, posando la mano abierta en la fría superficie frente a él.

Naruto mantiene la mirada fija en sus labios, y sube hasta los negros ojos de su marido. Una súplica cruza su azul mirada y sus dedos acarician la palma de Itachi sobre el cristal.

Los siguientes minutos siguen ahí parados, frente a frente. Se miran, se estudian, se esperan. El deseo es tan intenso que el cuerpo entero les cosquillea a los dos de anticipación. Naruto siente caricias pasadas surgir de nuevo de su cerebro y hacerse presentes. Su piel se eriza y nota que se pone de gallina en algunas partes, y se calienta febril en otras. Itachi no puede mantener el aire en su pulmones de forma natural; los besos que se han dado le pican en los labios, en el cuello, en el resto de su persona.

Levanta la mano que sigue apoyada en el cristal y la sitúa a la altura de los labios del rubio. Un jadeo se escucha en al calle, cuando expulsa el aire de golpe. Naruto entreabre los labios, y siente, aunque parece imposible, los dedos de su marido rozar la fina piel de su boca.

En este momento, los dos están a punto de cruzar el punto de no retorno; el mayor toma las riendas de la situación y alarga la otra mano hasta el cristal, cerrando la ventana en un golpe seco y breve, que parece devolverles la cordura a los dos.

Naruto sonríe comprendiendo todo y su marido hace lo mismo. Se pone de pie de un salto, sacudiendo la mano contra el pantalón para limpiarlo y agita los dedos en un gesto de despedida.

Naruto le imita en todo, en la despedida y en el beso que lanza al aire.

Agarra el horrendo peluche en cuanto Itachi desaparece tras el tejado frente a la ventana y lo abraza contra el pecho. Tarda un rato en recuperar el pulso, que martillea con fuerza contra sus costillas y su respiración, rápida y jadeante hasta que no escucha la ventana cerrarse, ni se ha dado cuenta de que está conteniendo el aliento.

Sus dedos tiemblan y un sudor frío le recorre por todas partes. Detiene su carrera a un lado, en una terraza cercana y se sienta en el suelo. Necesita un momento o le dará un pasmo.

¿Qué ha sido eso?... ¡Kami! ha estado a puntito de echarlo todo por la borda por un calentón.

Se lleva la mano a la espalda, a la bolsa de armas y acaricia la caja con los anillos sin sacarlos.

Suspira, sonríe... sonríe mas, mucho mas.

Todos estos meses de citas divertidas, en las que realmente se lo ha pasado bien, ha conocido cosas de Naruto que no sabía, cosas que no había notado ni cuando vivían juntos, disfruta cada segundo que pasa con su hija, no pensó, ni imaginó, que Naruto era tan maravilloso.

Acarició las sienes y suspiro tranquilo.

Desde el principio había enfocado la relación mal. Su gran error fue tratar a Naruto como hacía con Sasuke. Exactamente igual, salvo por el sexo, en lo demás eran iguales a sus ojos, y no era así.

Todas las cartas están sobre la mesa.

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Kakuzu suspira frustrado y se quita los guantes de goma de un tirón, metiendo uno en el otro y lanzándolos a la papelera del gran cuarto estéril que ha habilitado en su casa. Sus conocimientos médicos crecen continuamente, y siempre está dispuesto a ganar dinero. Atender a pacientes que quieren "cierta intimidad" le llena las cuentas bancarias casi a diario.

Aunque también tiene unos cuantos "clientes gratuitos" de los que está encantando de hacerse cargo. Uno de ellos es el que en ese momento se levanta de la camilla y con unos morritos de disgusto, baja de un salto y se va vistiendo pesadamente.

Tobi juega distraído en un rincón de la sala, apuñalando literalmente las hojas en blanco con las ceras de colores. Kakuzu sonríe al pequeño y al ensañamiento que le produce el color verde. Esa hoja morirá de un momento a otro. Tobi ensancha la sonrisa y cambia de color; si, el naranja también es un buen arma.

– ¿Y?. – Pregunta Deidara ansioso, abrochando el cinturón blanco de sus pantalones.

– No veo nada extraño, todo parece normal. – Pasa las hojas que ha traído el artista consigo. – Tsunade ha hecho un muy buen trabajo, te ha mandado mas pruebas de las necesarias, no ha dejado ni un cabo suelto y todo está bien, en serio, no lo decimos para animarte.

– Entiendo... pero es tan frustrante. – Mira a su hijo, que sigue ajeno a todo en su faceta artística. – ¿Y esto tampoco tiene nada que ver, no?. – Señala el sello en su pecho.

– No, nada que ver, eso es por tu corazón. – Kakuzu le devuelve los informes médicos y lleva las muestras que le ha tomado a la nevera al otro lado de la habitación. – Examinaré esto, pero no creo que salga nada. Físicamente estás preparado y receptivo, no puedo decirte nada mas, Deidara. Sabes que no te mentiría. – Puntualiza a la cara que está poniendo el artista en ese momento.

– ¿Y mi novio?. – Comenta serio.

– Madara también está perfecto. Todos sus fluidos son aptos. – Le pasa las hojas con los resultados del Uchiha y deja que los lea. Suspira un momento y rodea la mesa para encararle. – Si quieres un buen consejo, deja de pensar en ello.

– Tu lo ves muy fácil. – Aprieta los labios pero entiende lo que quiere decirle.

– Escucha, sé que no es sencillo, pero en mi opinión, deberías buscar una actividad que te mantenga ocupado la mayor parte del tiempo. Pasas el día rodeado de niños, cuando no es el tuyo son los de los demás y eso hace que no te lo quites de la cabeza, y que al no conseguirlo, sientas que te pasa algo malo cuando no es así, así que, en serio, busca una actividad que mantenga tu mente ocupada y lleva al enano unas horas al día a la guardería, para que juegue con otros niños fuera del circulo familiar y de paso, tengas un poco de tiempo para ti, que estoy casi seguro que hace meses que no estas a solas contigo mismo, ¿Me equivoco?.

Deidara niega bajando la mirada. Es cierto que no ha estado solo en un montón de meses... levanta la vista al darse cuenta de que, un par de horas para si mismo, no le vendrían del todo mal.

Hay algún que otro libro que le gustaría mirar, pasar por la biblioteca, comprarse algo de ropa para él... la lista de cosas que le gustaría hacer va creciendo según pasan los segundos.

Kakuzu sonríe y le deja un rato con sus pensamientos, mientras va junto a Tobi y se sienta a su lado.

Tobi le da una hoja en blanco y unas cuantas de sus ceras, le mira sonriendo y se queda quieto, esperando que el mayor haga un movimiento. Kakuzu dibuja un gato morado, con sus bigotes y se lo da al pequeño, que grita un "MIAU" con todas sus ganas.

Deidara se pone la chaqueta y levanta a su hijo para ponerle el abrigo y los guantes. Tobi se empeña en darle sus dibujos a Kakuzu y el mayor le promete colgarlos en la pared. Se deja vestir por su madre sin batallar y feliz de acabar en sus brazos.

– ¿Y Hidan?. – Pregunta antes de irse.

– Durmiendo, ya sabes. – Responde el inmortal con una radiante sonrisa. Deidara le responde del mismo modo y va hasta la puerta.

– Si tienes alguna duda, ya sabes donde estoy. Que no te importe la hora ni nada, ¿De acuerdo?.

– Claro, no hay problema.

Se despide del mayor y sale a la calle con Tobi en los brazos.

Pasa por la guardería donde hace directamente la matrícula para el pequeño y va hasta la casa de Naruto y Sasuke; seguro que a ellos también les gustaría pasar un tiempito sin niños... incluso podrían hacer algo juntos alguna que otra tarde...

No se ha dado cuenta de que la idea de pasar tiempo a solas y los planes que está haciendo en su cabeza ya han empezado a relajarle.

Es bueno, muy bueno.

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Vale, un par de escenas mas. Me ha gustado mucho la parte de la ventana en concreto, aunque en mi cabeza era mucho mas hot, no tengo el cuerpo para marranadas... ya tendré tiempo y ganas de hacer un buen lemon... lo que me lleva a que me he dado cuenta de que … ( aer como lo digo) ya tienen un hijo y sin embargo ¡NO HAY ESCENITA HOT DE IZU Y SASU! arf, arf, arf, en serio, he releído todo enterito y nada, no hay ni una pequeña alusión ¿Porqué nadie me lo ha dichooooo?

Afortunadamente están a punto de casarse y algo podré hacer al respecto...

Nos leemos en el siguiente y espero que este os guste.

Besitos y mordiskitos

Shiga san