Tercera parte de "Nunca mezcles trabajo y amor" donde nos internaremos de cabeza en la maternidad, y en las diferentes maneras de ver un mismo hecho: la convivencia con un hijo nuevo.
Como cambian las cosas que antes eran normales, como comer a su hora, mantener la ropa en su sitio, y esa manía tan rara que tienen los adultos de dormir toda la noche, que los niños no parecen compartir...
Y por si esto no fuera suficiente, Hidan desea un hijo propio y está dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo.
Sasuke organiza su boda sin saber si se llegará a celebrar...
Itachi y Naruto se comportan como los padres divorciados perfectos, solo amigos... pero eso delante de todos... por detrás las cosas son muy diferentes...
Deidara y Madara descubren de la voz de su hijo, que no son papá y mamá, por que eso solo pueden ser los que están casados... y ellos no lo están... aún...
Deidara tendrá que pasar una muy dura prueba hasta ser aceptado por el clan Uchiha y alguien de su pasado regresará...
Itachi/Naruto, Kakashi/Iruka, Kakuzu/Hidan, Izuna/Sasuke, Madara/Deidara...
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NUNCA MEZCLES TRABAJO Y FAMILIA
Capítulo 10: Epidemia.
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El reloj apenas marca las ocho de la mañana, y es el primer día de clase en la guardería para los niños.
Sasuke, aún en su nube romántica pues no ha pasado ni un mes desde que se ha casado con el amor de su vida, se ha levantado y aseado a su hijo, que ahora desayuna tranquilamente en la mesa de la cocina, mientras su mami se viste.
Despierta a Naruto una vez arreglado y a Miku, a la que ayuda a vestirse y peinarse mientras Naruto hace lo propio.
En lo que su amigo y su hija desayunan, él prepara los bocadillos para el recreo de los niños.
Taka mata el tiempo viendo los dibujos de la tele, cuando termina, recoge sus platos sucios y se lava las manos. No entiende muy bien lo que es "guardería" o "profesora", solo que a partir de ese día, tenía que ir allí.
No estaba triste por que sus amigos iban a ir con él, y le gustaba jugar con Tobi y con su prima.
Una perfecta armonía flotaba en la casa mientras se preparan para salir.
Deidara no tiene tanta suerte.
Despertar a su hijo le costó mas de un cuarto de hora, y cuando por fin lo consiguió y le quitó el pijama para vestirle, el pequeño rubito sacó su genio a relucir, dejando muy claro que ir a la guardería no entraba entre sus planes para esa mañana, y mucho menos vestirse.
- ¡NO QUIEROOOOO!. – Grita al mismo tiempo que huye de su madre a la carrera, completamente desnudo.
– ¡TOBI UCHIHA, VEN AQUÍ INMEDIATAMENTE!. – Deidara corre tras su hijo, parándose al pie de las escaleras al perderle de vista. – ¡ NO ME HAGAS IR A BUSCARTE O LO LAMENTARÁS!
Tobi encuentra a su padre, de pie en la cocina preparando el desayuno y escala por su pierna para aferrarse a él en busca de salvación. Sabe que cuando su madre usa su nombre completo, apellido y todo, está metido en un buen lio; uno que hará que su mami esté enfadada con él mucho tiempo.
Pero es que era verdad que no quería ir a la guardería. Quería quedarse en casa, con sus juguetes, su mami, su tele, su comida rica...y no va a ponerse eso ni muerto.
Aprieta sus pequeños bracitos en torno al cuello de su padre, escondiendo la cara en el arco de su cuello pegando la nariz en el gesto. Si hay un lugar seguro en el mundo es ese, aunque no por mucho tiempo.
La respiración iracunda mezclada con un grave gruñido de Deidara se escucha por encima del chapoteo del arroz en el agua hirviendo que su padre prepara para su almuerzo. Se detiene a mirar la escena, Madara sosteniendo al niño con un brazo mientras con el otro remueve el arroz. Tobi tiembla en sus brazos al verse sin escapatoria y espera conteniendo el aire en sus pequeños pulmones... la carrera le va a costar una semana sin postres, por lo menos.
Deidara aprieta entre sus dedos la ropa del niño, y aunque tiene ganas de liarse a pegar voces, se queda en el puerta, quieto, solo mirando en silencio la escena frente a él.
Tobi fisgonea entre las hebras del pelo largo de su padre, a la espera de la regañina, pero no pasa nada.
Su mami solo le mira, sin hacer nada mas. En su cara ni siquiera puede ver si está enfadado o no.
Madara aparta el arroz del fuego y pasa la mano por la espalda desnuda de su hijo, con la mirada fija en el rubio, esperando su reacción.
Hace semanas que Deidara está tenso. Cada nuevo informe negativo sobre su embarazo le está afectando, muy sutilmente, pero Madara lo nota. Y el tema de la boda de Izuna, que añadió una incomprensible tristeza en el rubio, sumada a unos largos silencios de los que Madara no estaba acostumbrado. Fuera lo que fuera lo que le pasaba a Deidara le estaba dejando espacio para él mismo, con la esperanza de que en algún momento, contara con él para resolverlo; pero Kakuzu le había pedido un poco de distancia por que también había notado el aura melancólico que rodeaba al rubio artista, y como crecía mes a mes tras cada nueva decepción. Agobiarle o obligarle a contar lo que pasaba podía ser peor. De todos modos, por mucho que amase a Deidara, si la situación incluía a su hijo, el trato que había hecho con Kakuzu de darle espacio se iba a la mierda. Aunque no hizo falta, por que pudo ver en la cara de su chico que se había dado cuenta de que su actitud estaba asustando al niño.
Apenado Deidara abrió la boca para decir algo, pero no dijo nada. Suspiró y bajó la mirada al suelo, dejando la ropa del niño sobre la mesa, en un lado donde no pudiera mancharse.
– ¿Por qué no?. – pregunta el rubio a su pequeño, que sigue usando a su padre de escudo ante posibles represalias.
– No, patos. – Arruga el entrecejo señalando la docena de camisetas que su madre traía en la mano y ahora estaba en la mesa.
– Vale, los patos no. – Deidara aparta la camiseta azul con patitos a un lado y levanta la siguiente. – ¿La abejita?. – Pregunta dulcemente.
– No beja...prfff. – Saca la lengua dejando clara su impresión de la prenda.
– Abeja tampoco... mmm... – Levanta la siguiente y la siguiente, y otra mas. Tobi ni se mueve, con la cara de desacuerdo, sentado cómodamente en el brazo de su padre.
– Pues a mi me gustan los patos. – Madara toma la camiseta con la mano libre, pero la cara de su hijo ni se inmuta. Por su expresión parece decir: "¿En serio?.
– Patos , tú. – Empuja la prenda al pecho de su padre.
Deidara contiene una risita que se escapa sin querer.
– ¿Cual te gusta a ti?. – Pregunta finalmente el moreno a su hijo.
Tobi señala el símbolo del clan en el brazo de su padre.
Deidara rebusca entre las telas y levanta la camiseta negra, idéntica a la que viste su novio.
El niño sonríe y asiente enérgicamente. Empuja sus manitas en el pecho de su padre, para que le deje en el suelo, y sale a la carrera de la cocina.
Deidara le sigue con la mirada hasta que desaparece de su vista, y cuando se da la vuelta se encuentra con la sonrisa del moreno cerca de su cara.
Levanta los brazos y se abrazan en la cocina, con una sonrisa que solo se les quita entre besos.
– ¿Listo para el primer día de guardería?. – Pregunta Madara mientras desliza sus besos por el mentón y el cuello del rubio.
– Lo dices como si fuera yo quien va a ir. – Echa la cabeza hacia atrás para dejarse mimar un poquito aprovechando la intimidad aparente que ha dejado su hijo en la cocina.
– En cierto modo es así. – Sube sus besos hasta los labios de nuevo, donde se recrea en un beso mucho mas largo que los anteriores, posando su mano en la cadera del rubio, disfrutando de su tacto, hasta que son pillados en plena faena.
– ¡No, papá!, no toca. – Grita enfadado al pillar a su padre de nuevo besuqueando a su mami.
Los dos adultos contienen una carcajada al ver al pequeño. Se ha puesto el calzoncillo y un calcetín, el otro casi cuelga de sus dedos, a punto de salirse, y el pantalón lo lleva estrujado entre los dedos de las dos manos, a la altura de la tripa.
Deja caer la prenda y tira de su padre para apartarlo, pero no se mueve ni un milímetro. Toma la camiseta de la mesa y le levanta las manos para ponérsela. Tobi levanta un pie para meterlo en la pernera del pantalón y luego el otro, mirando a su mami, que no sabe por qué, pero está demasiado sonriente para su gusto.
Desayuna las galletas con cuidado. Si se mancha la ropa papá hum se enfadará, y ahora que sonríe no quiere ser el que la fastidie.
Salen los tres, de la mano con el niño en el medio. El ambiente de la aldea es diferente. Los nuevos padres se encuentran de camino a la guardería, llenando las calles con miles de sentimientos y caras sonrientes.
Deidara se adelanta en cuanto ve a Naruto y Sasuke en la entrada de la guardería. Levanta las dos cejas cuando ve a Miku.
– Como la vea Hidan se va a enfadar. – Dice refiriéndose a la niña, a la que su madre ha puesto uno de sus vestiditos pomposos. – Ya te lo ha dicho mil veces, y nada, tu sigues con lo mismo...
– ¡Oh, vamos!, está preciosaaa. – Abraza a la niña de rodillas, frente a ella para quedar a su altura. Le recoloca el enorme lazo de encaje en lo alto de la cabeza. La niña que está mas que encantada con el look, se limita a sonreír hasta brillar. – La envidia os corroe, tteba.
En mitad del revuelo se escucha a la profesora de primero intentando poner orden entre los padres, que son mas escandalosos que los niños, que al ser el primer día, están mas muertos de sueño que de curiosidad.
La puerta se abre, descubriendo un mundo de juguetes nuevos, muchos de ellos no los habían visto en su vida. Miku es la primera en soltarse de su madre para correr dentro, emitiendo una serie de grititos de felicidad muy suyos. El resto de niños entraba en el edificio con mas o menos conformidad.
Tobi seguía de la mano de su mami. Aunque en su cara podía verse perfectamente que las ansias por entrar le hacían mirar nerviosamente a su alrededor, sus deditos seguían aferrados a los de su madre.
A su alrededor, media docena de niños se aferraban a sus padres con fuerza, llantos desgarradores y súplicas de lo mas sentidas. Tobi no iba a montar una escenita, es solo que no quiere entrar y dejar a su mami... al fin y al cabo, la idea inicial de esa mañana no era ir al colegio de ninguna de las maneras.
Los dedos de su padre le acarician el pelo, dándole ánimos. Dejándole muy claro que su madre no va a quedarse sola, cosa que al niño no le gusta ni un poco.
Deidara se agacha para quedar a su altura, entendiendo el dilema en su pequeño hijo.
– Venga, ve a jugar. – Le aparta el pelo de la frente y posa sus labios ahí, en un dulce beso. – Sé bueno y haz muchos amigos.
– Cuida de los mas pequeños. – Ahora es su padre quien habla, agachado junto al rubio y peinando sus íe señalando su camiseta, y es cuando el pequeño se da cuenta de que su padre le ha puesto los patos a traición. – Y no vuelvas a huír de tu madre, ¿Entendido?
Tobi asiente, sin llegar a mover nada mas que la cabeza.
Miku, que había entrado ya, sale de nuevo para agarrarle de la mano y tirar de él hacia la clase.
La pequeña deja esperando a su amigo cuando ve entre los adultos que siguen en la puerta a su padre.
Itachi se arrodilla, jadeante y sudoroso frente a la pequeña, a la que abraza dulcemente mientras besa sus mejillas.
– Pinchas, papá. – parece decir la pequeña alejando a su padre, posando las dos manos en su cara.
Naruto le mira sorpendido. Por su aspecto es muy posible que haya venido de misión a la carrera solo para no perderse el primer día de clase de su pequeña. Sin ducharse ni afeitarse, y el rugido de su estómago confirma que tampoco ha comido nada en horas.
Itachi se recupera en segundos y empuja levemente a la niña en dirección al interior de la clase, pero una nueva visita hace que la niña alce los brazos por encima de la cabeza de su cansado padre.
Hidan la acoge entre sus brazos, repartiendo besitos por su cara entre risitas infantiles y la cara de alucine del resto de los padres ahí presentes.
– Venga, tienes que entrar ya o cerraran el cole y te dejan fuera. – Miku mira asustada hacia la clase, que sigue abierta y descubre a Tobi ahí de pie, esperándola.
Se acerca a la puerta y se despide de todos con la mano, justo antes de que la profesora cierre la puerta, dejando a los padres en la calle, rodeados de un triste e inquietante silencio.
- ¿Qué haces aquí?. – Pregunta Itachi a Hidan.
– No iba a perderme su primer día de clase por nada del mundo. – Responde, dándose la vuelta y deshaciendo el camino.
La tensión es palpable, sin embargo Naruto le mira incrédulo y sonrojado.
No le esperaba y mucho menos que tuviera el gesto que acababa de hacer con la niña. No iba a decirle nada, pero a veces, a Hidan se le olvidada que Itachi era el padre de Miku, y que en los últimos meses lo estaba haciendo muy, pero que muy bien. No tenía ni una sola queja al respecto.
...Tres semanas despues …
El despertador suena a las ocho en punto, como cada mañana.
Deidara se levanta para despertar a su pequeño, mientras su novio hace el desayuno, pero algo no va bien.
Madara está encogido en su lado de la cama, temblando ligeramente.
Deidara rodea el mueble y alza la persiana, antes de volverse a su chico para comprobar que le pasa.
No llega a quitar las sábanas de su cuerpo cuando se da cuenta de que tiene fiebre.
Antes de hacer nada mas, va al botiquín del baño y le pone el termómetro en la axila.
Mientras el cacharro mide la temperatura, va a por su hijo, que gimotea medio dormido desde su cuarto.
Tobi también está ardiendo, y al quitarle el pijama para asearle hace un nuevo descubrimiento. Tiene una veintena de puntitos rojos por el pecho y la espalda... alguno por el cuello y la cara...
¡Oh, por Jashin!.
Vuelve a poner el pijama al pequeño y lo carga en brazos hasta su habitación, metiendo al pequeño en su cama, en el sitio que él mismo ocupaba minutos antes.
Destapa a Madara y le obliga a ponerse boca-arriba. No necesita mirar mucho para descubrir las mismas marquitas rojas por su cuerpo.
Espera unos minutos hasta que el niño vuelve a dormirse y sale a la carrera a la búsqueda de Kakuzu.
En la puerta se encuentra a Sasuke y Naruto, ambos con el mismo problema. Tanto sus hijos como sus parejas, con los mismos síntomas.
Kakuzu sale, mochila en el hombro, presumiblemente a la casa de Naruto para atender a los niños, cuando Deidara le explica la situación.
– Por lo que veo, tienen varicela. Muy contagiosa, sobre todo si no has sido vacunado. – Hidan trata de salir, pero la mirada de su novio le deja bien claro que lo mejor es que se quede en casa, tranquilito y solo. – Lo mejor que podemos hacer es juntarlos a todos en un mismo sitio, una zona de cuarentena, y esperar a que lo peor pase.
Las tres madres asienten, y deciden que lo mejor es la casa de Deidara que no tiene escaleras.
Organizan un par de camas mas y traen en primer lugar a los niños.
Gracias al cielo, tienen fiebre, no muy alta, pero están completamente dormiditos y Naruto no tarda nada en instalarlos en una camita a los pies de la cama grande de la habitación.
Itachi se resiste, mas avergonzado que otra cosa, pero no ha sido culpa suya contagiarse de ese modo. Y tampoco parece tan mal asunto pasar unos días de descanso, sobre todo, con Naruto cerca para cuidar de él...
Izuna es otro asunto diferente.
En primer lugar no quería admitir que estaba enfermo, como todos los demás. Hasta que Sasuke no se plantó en mitad de la reunión y le sacó, literalmente, a rastras de la sala de reuniones en la casa principal, no afirmó lo que era evidente a simple vista.
Tenía granitos hasta por las orejas.
Así que, una hora mas o menos después, todos los enfermitos recibían cuidados en sus camitas.
Establecen unas rondas de turnos.
Deidara aprovecha para salir un momento, seguro de que es el día menos peligroso en el que puede salir.
Lleva unos meses dándole vueltas a algo. La maldición, de algún modo influye en que no conciba. Necesita confirmarlo, pero para eso tendría que volver a Iwa y recuperar el pergamino... y tiene muy claro que Madara estará en contra de que se acerque a la que un día fué su hogar, su villa.
Despues de mucho pensar, solo se le ocurre una persona a la que acudir, aunque no está muy seguro de que le ayude, al menos quiere intentarlo.
Va a buscarle al único sitio que conoce. La sala de reunión de los jounins.
Ninguno le ha visto, pero le aconsejan que mire hacia arriba.
No tiene que andar mucho cuando, efectivamente, le ve sentado en un tejado, con el librito pornográfico entre sus dedos.
– Necesito pedirte un favor. – Kakashi guarda el libro en su porta armas trasero y pone toda su atención en el rubio artista. – Es sobre esto. – Enseña su mano derecha al jounin que pide permiso para tomarla y examinarla mas de cerca.
– No puedo decirte mucho, no estoy muy al corriente de lineas de sangre fuera de mi aldea, pero conozco alguien que puede echarte una mano en eso.
– ¿Línea de Sangre?, Te refieres a algo como el Sharingan, ¿No?. – Kakashi asiente convencido. – Pero esto no es una linea de Sangre, no nací con ella. – La ceja del anbu se eleva bajo la bandana cuestionando para si mismo esa afirmación hecha por el rubio. – Es una maldición.
Hace un gesto con la mano para que le siga, hasta la oficina de adjudicación de misiones, donde un embarazadísimo Iruka trabaja sonriente.
– Pregúntale a él. Si no lo sabe es que no existe. – Kakashi sonríe bajo la máscara, y posa su mirada unos segundos en el chuunin, que le pilla mirándole y se sonroja.
Su sonrisa se ensancha cuando descubre a Deidara junto al jounin.
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Je je je je, que fuerte, se ponen malitos en grupo y todo, que monos, por diox...
Revis y nos leemos en el siguiente.
Besitos y mordiskitos
Shiga san
