Tercera parte de "Nunca mezcles trabajo y amor" donde nos internaremos de cabeza en la maternidad, y en las diferentes maneras de ver un mismo hecho: la convivencia con un hijo nuevo.
Como cambian las cosas que antes eran normales, como comer a su hora, mantener la ropa en su sitio, y esa manía tan rara que tienen los adultos de dormir toda la noche, que los niños no parecen compartir...
Y por si esto no fuera suficiente, Hidan desea un hijo propio y está dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo.
Sasuke organiza su boda sin saber si se llegará a celebrar...
Itachi y Naruto se comportan como los padres divorciados perfectos, solo amigos... pero eso delante de todos... por detrás las cosas son muy diferentes...
Deidara y Madara descubren de la voz de su hijo, que no son papá y mamá, por que eso solo pueden ser los que están casados... y ellos no lo están... aún...
Deidara tendrá que pasar una muy dura prueba hasta ser aceptado por el clan Uchiha y alguien de su pasado regresará...
Itachi/Naruto, Kakashi/Iruka, Kakuzu/Hidan, Izuna/Sasuke, Madara/Deidara...
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NUNCA MEZCLES TRABAJO Y FAMILIA
Capítulo 11:Calcetines ancestrales.
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Diez días.
Eso era lo que había dicho Kakuzu, cuarentena de diez días... y apenas han pasado tres y los padres ya quieren morirse... y las madres matarlos, por quejicosos.
Los niños evolucionaban bien, como todos los niños, parecen hechos de otro material distinto, y ya solo necesitan un poco de luz para ponerse a incordiar, entre ellos, o con los enfermos terminales que eran sus padres.
Por increíble que parezca, el menos afectado era Itachi, quizá por ser el menor de los tres adultos enfermos, mientras que Madara e Izuna, simplemente lo llevaban sin mas. La verdad es que llevar la contraría a Sasuke no parece muy buena idea, y el caso de Deidara es aparte.
Al hecho de que su chico enfermara tan tontamente, y que se negara como un niño pequeño a seguir las indicaciones, había transformado a Deidara en una versión del rey de los hunos el lunes por la mañana.
Como resultado de tal transformación, los tres adultos llevaban calcetines atados con cinta adhesiva en sus manos, para evitar así que se rascaran. Sí, calcetines... idea cortesía de Mikoto y sus remedios ancestrales.
¿Podían quitárselos?, Sí, por supuesto. Los tres eran ninjas de élite, fríos y sanguinarios asesinos... reducidos por unos simples calcetines.
¿Por que no lo hacían? Fácil. Cadena de consecuencias.
Si se los quitaban, Deidara se enfadaría. Y lo pagaría con Madara... y él no tendría piedad con ninguno de los otros dos... Izuna conocía de primera mano la "ira vengativa" de su hermano... y estaba seguro de que Itachi no quería, ni por asomo, sufrirla en su persona.
Bien, a si que, los tres estaban maniatados por poderosos y terribles calcetines, mientras que sus hijos, pequeños demonios con el apoyo de sus rencorosas madres, pululaban a sus anchas por todo el cuarto, sin ninguna consideración para con ellos, ahí, en la cama y en su lecho de muerte.
Las persianas bajadas hasta el borde no dejaban si quiera adivinar la hora, y los relojes yacían cadáveres en las mesillas, sin pilas.
La parte buena de tener hijos era tener a su disposición un pequeño sirviente al que sobornar con algo que no pudiera rechazar.
– ¿Pica?. – preguntó el rubito a su padre, sentado en su tripa sobre las sábanas empapadas en sudor.
– Mucho... papá se muere. – Palabras lastimeras acompañadas de gestos de infinito dolor y pucheros de lo mas teatrales. – Si me rascas un poquito te comparé un helado.
Tobi va a contestar cuando la mirada de su padre, se desvía a los pies de la cama.
Una cabecita morena de cabellos desordenados sale despacio desde los pies de la cama. Sus enormes ojos negros se posan en su tío, estudiando sus gestos.
Taka desaparece de nuevo para resurgir acompañado de otra cabezita, esta vez rubia con el pelo convertido en una maraña enredada.
– Cof, cof. – Un terrible ataque de tos ataca a Izuna, que alarga su mano incorporándose unos segundos para caer pesadamente de nuevo en el sitio, suplicando la misma ayuda a su pequeño hijo. – Por favor... rasca...
Taka se queda mirando en silencio, decidiendo en su pequeña mente que hacer. Por un momento sube la pierna para llegar hasta su padre, pero recuerda las palabras de Deidara y cambia de idea.
Agarra de la mano a Miku y la lleva hasta la puerta. Se pone de puntillas, tratando de llegar al tirador para abrirla, pero no llega. Miku le aparta y lo intenta ella también, con el mismo resultado.
Es una mierda ser pequeño. El mas alto de los tres sigue sentado sobre su padre.
– No, no, no, no... cariño, no abras. – Itachi trata de que su pequeña regrese con él, pero no contaban con que, como hijos suyos que eran, encontrarían el modo de abrir la puerta.
Dicho y hecho. Miku se arrodilla a cuatro patas junto a la puerta y Taka sube a su espalda. En dos segundos el niño ha llegado hasta el tirador y hace fuerza hacia abajo para abrirla. No puede, lo que provoca un suspiro colectivo de los adultos... menos mal.
Miku estrecha la mirada al ver a los tres padres sonriendo, felices de que no hayan conseguido su objetivo.
Cierra sus pequeños puños y aporrea la puerta entre gritos.
– ¡MAAAAAMMMMÁÁÁÁÁÁÁÁ, VEN!, – Se pone roja por el esfuerzo de quedarse sin aire en mitad del grito.
Itachi contiene el aire en sus pulmones. Gracias al cielo los niños también llevan calcetines en las manos, por lo que sus golpes a la madera han sido amortiguados... pero no sus gritos, ya que Naruto asoma por el pequeño hueco que hace la puerta al abrirla lentamente segundos después.
– ¿Qué pasa cariño?, ¿Tienes pis?. – Naruto se agacha a la altura de su pequeña y habla en un susurro, suponiendo que el resto está dormido.
Miku niega y señala la cama.
Tobi se baja de su padre y va hasta Naruto para explicarse.
– No pis, 'Ruto. – Niega enérgicamente sacudiendo la cabeza. Señala con el dedito de punta a la cama grande. – Papá pica, tio 'Zuna "mede mucho" y 'Tachi... mmm … 'Tachi nada, solo mime, no aayyy me medoooo. No, eso no. – Sonríe abiertamente a la explicación tan buena que ha dado. Naruto le acaricia el pelo. – Papá da "lado" si rasca... pero papá jum "fada" si hago... – Da un paso atrás y sacude sus pequeñas y regordetas manitas frente a él. – No hace, no rasca. Papá jum "fadado" da "medo".
– Tu hijo es un traidor. – Murmura Izuna a su hermano.
– El tuyo es el que intentaba abrir la puerta. – Los dos hermanos centran su atención en Itachi.
– ¡Eh! a mi no me culpéis, Miku ha hecho lo que le ha dicho Deidara, avisarles si hacíamos el tonto...
– Muy bien chicos, yo me ocupo de que no se mueran. – Acaricia el pelo de los tres niños, en fila frente a él. – Coged una toalla cada uno. Os espera una bañera llena con jabón de avena a los tres.
– Vamos. – Sasuke se asoma sonriente un segundo antes de guiar a los pequeños por el pasillo hasta el baño en el que Deidara tiene todo listo para los niños. – No os acomodéis mucho, después os toca el baño a vosotros, y no esperéis que lo hagamos como ayer, os levantáis y vais andando hasta allí. – Izuna iba a protestar pero no lo hace por que Madara le pellizca el muslo. – Mientras bañamos a los niños decidid el orden vosotros solitos. Y antes de que protestéis, hay que cambiar las sábanas y airear el cuarto, a si que, todo el mundo fuera de aquí en cuanto terminemos con los niños.
No admite réplicas, ni quejas, ni sugerencias. La puerta se cierra dejándoles en silencio escuchando las risas de los niños perderse por el pasillo.
Naruto carraspea, serio.
Mierda, estaban en un buen lio.
….
Tobi fue desnudándose por el pasillo. Cuando llegaron al baño ya le faltaban los pantalones. Deidara sonrío cuando le vio llegar y lanzarse a sus brazos sonriente.
– ¿Cómo estás, cielito?. – Acarició el pelo que nacía en la frente, comprobando de paso la temperatura de los tres niños, a lo que hizo la misma pregunta.
– "mien"... pica. – Miró a los otros dos niños. – … un poco... pica.
– Bien, manos arriba. – Los dos niños levantaron los brazos para que les quitaran las camisetas del pijama, Mientras Sasuke despojaba a Miku del mono de cuerpo entero rosa que llevaba para dormir.
Mientras Deidara terminaba de desvestir a los niños, Sasuke alzó a la pequeña por encima del agua y espero hasta que estiró la pierna y metió el pie en ella. Su sonrisa le indicó que quería bañarse ya.
Sentada en el fondo de la bañera la niña suspiró aliviada. El jabón amortiguaba la picazón hasta hacerla desaparecer y el agua calentita la ponía contenta. Palmeó el agua salpicando fuera, haciendo espuma mientras esperaba a sus compañeros de baño.
Era la primera vez que compartían bañera. Hasta ese día lo habían hecho de uno en uno, por que no coincidían despiertos al mismo tiempo, pero Deidara se las ingenió para que los seis enfermitos hicieran todo siguiendo un horario. Facilitando el trabajo a los que seguían sanos y haciendo todo un poco mas llevadero. Ahora solo faltaba que los adultos se comportaran como tales y no mas infantiles que los propios niños.
Deidara metió a Taka junto a la niña. Tobi levantó la pierna para entrar él solo, aferrado al borde de la bañera. Su mami le ayudó levantándole por el trasero y se llevó gustoso una lluvia de salpicaduras. Un ataque combinado muy bien organizado.
– ¡Muy bien, me rindo, me rindo!. – Deidara levantó las manos en señal de rendición. Toca lavar el pelo ¿Quien quiere ser el primero?
Mientras enjabonaba el cabello de Taka, el artista le daba vueltas a su visita al archivo de la mano de Iruka sensei.
Kakashi había acertado al decir que si Iruka no lo sabía es que no existía. La capacidad para memorizar datos del chuunin era aterradora, y no solo eso, conocía todos y cada uno de los pergaminos y documentos del archivo de la hoja; y debía de haber millones de ellos ahí.
Dejaron atrás pasillos inundados de rollos antiguos perfectamente ordenados hasta el techo, mientras Iruka, con el dedo en alto, iba descartando los que no le servían. Había un pasillo completo con información de Iwa. De todo. Cualquier cosa referente a su aldea estaba ahí, hasta la mas insignificante tenía su propio estudio. Fauna, flora, arquitectura, arte, desarrollo... de todo.
Caminaron un poco mas, hasta las estanterías con la información referente a sus habitantes, desde los primeros pobladores hasta el día actual, nada escapaba a su meticuloso escrutinio.
Iruka deslizó el dedo por una fila en concreto, y sacó de su descanso un telar ajado, amarillento por la degradación del paso de los años y enrollado sobre si mismo. Tomó varios mas que acomodó en el ángulo de su brazo, ayudado por la curva de su vientre abultado y fue hasta una mesa iluminada donde los soltó con sumo cuidado.
Deshizo el royo y lo extendió para que Deidara lo mirara con él. Un dibujo detallado de una mano derecha con una boca completa, diseccionada desde todos los ángulos se mostró claramente.
El texto que acompañaba al dibujo se le hizo desconocido al artista, sin embargo Iruka no parecía tener problemas para comprenderlo.
– Kakashi estaba en lo cierto. – Pasó el dedo por varios párrafos asintiendo al mismo tiempo que leía. – Desafortunadamente el nombre exacto no tiene una traducción que pueda entenderse. – señaló un conjunto de lineas que formaban la palabra, un poco emborronado al final. – Está escrito en la lengua de los fundadores y hace como un siglo que no se usa, pero es una línea de sangre.
Deidara miró su mano derecha, comparándola con el dibujo y pasó el pulgar de la izquierda por encima.
– ¿Y qué hace?. – Susurró inclinado hacia la mesa, intrigado.
Iruka siguió leyendo, hasta terminar el texto del borde y desenrolló un nuevo pergamino sobre el anterior.
– Dices que no lo tenías de pequeño, o no lo recuerdas, ¿Cierto?. – Deidara asintió. – ¿Cuántos años tienes?
– No lo sé. – Iruka le miró intrigado, pero pareció darse cuenta de algo importante y volvió a la lectura. – Creo que veinte, pero no estoy muy seguro.
Cuando le encerraron era muy pequeño y no podía saber con exactitud cuanto tiempo había pasado encerrado.
– Según esto, es una linea de sangre especial. – Señaló un párrafo en concreto. – No todos los bebes que nacían con ella desarrollaban su potencial, a si que, con el tiempo, se sellaba sistemáticamente nada mas detectarla en los recién nacidos. Después supersticiones y leyendas hicieron recelosos a los siguientes portadores, por lo que ….mmm espera, lo he leído por aquí.. si, aquí está, se consideraba que los niños con ella eran malditos y se eliminaba nada mas ser detectada.
– ¿Eliminaba? – preguntó. Iruka hizo el gesto de la amputación deslizando el pulgar por su propia muñeca con rapidez.
Deidara tragó saliva.
– En tu caso es extraño que la tengas, por que empezaron a quitarla hace medio siglo.¡Ah, el pergamino!... estaba sellada, ¿No?
– Eso creo. Leí unas palabras y salió sin mas. – Iruka frunció el ceño...
– ¿Eran así?. – Le enseñó varias muestras de escritura de los que había recogido. Deidara negó.
– ¿Qué hace?. Iruka le miró un segundo y buscó entre la lectura la respuesta. – ¿Qué me hace, o qué puedo hacer con ella?.
La respuesta a sus dos preguntas no llegó a ser pronunciada. El chuunin unió sus dos cejas encima del puente de la nariz.
– No puede ser. – Su sonrisa, nerviosa, incrédula, se extendió por su rostro como una marea imparable. – El sello, ¿Tenía esta letra?. – Mostró un nuevo texto, mucho mas ajado y estropeado que los que ya habían estado mirando.
Deidara no estaba seguro del todo, a si que se acercó para verlo mejor pero sin llegar a tocarlo. Inconscientemente fue inclinándose sobre la mesa, acercándose mas y mas a ese trozo de tela amarillento que se le hacía dolorosamente conocido. El culpable de su infierno blanco. Ese estúpido cacho de tela acabó de un plumazo con su vida apacible y tranquila hasta entonces.
– Es este... ¿Por qué está aquí?. – Sonó hostil, molesto.
– ¿Sabes lo que pone?, ¿Puedes leerlo?. – En cambio la voz de Iruka sonaba demasiado feliz, entusiasmado.
Las líneas se agrupaban formando palabras, elegantes trazos que solo Jashin sabía cuanto tiempo llevaban ahí. Repasó con la mirada cada una de ellas, con verdadero interés, pero sin comprender muy bien que era exactamente lo que esperaba Iruka de él. Creyó reconocer alguna palabra, pero no estaba muy seguro. Aún así señaló las que mas o menos le sonaban con el dedo, sin llegar a tocar la tela sobre la que estaban escritas.
– ¿Recuerdas quien te enseñó a leer?. – De nuevo la voz del chuunin se le antojó demasiado feliz. El rubio notó que la mirada de Iruka pasaba por las frases del pergamino sin ninguna pausa; no solo lo leía, lo comprendía en toda su extensión.
– Si. – la tensión abandonó su semblante, haciendo aflorar una dulce sonrisa. – Una mujer que vivía a las afueras de mi aldea, en una minúscula casita. Me gustaba ir allí y ayudarla con las flores... A veces, me ponía tan pesado que me sentaba en el suelo y me obligaba a escucharla leer... al final terminó por enseñarme para que la dejara hacer sus cosas mientras leía...
– ¿Kora, la ninfa?. – Apuntó Kakashi, que vigilaba el pasillo ante posibles interrupciones. Iruka asintió a su novio. Los dos miraban al rubio esperando su respuesta.
– Creo que si, me suena ese nombre... pero no estoy del todo seguro, era muy pequeño, y ciertas partes de mi pasado se me hacen borrosas. – no entendía la sonrisa de Iruka en ese momento.
– Para resumirlo un poco... Eres un jinchuriki. Y tu linea de sangre cumple esa función específica. – Iruka entró en "modo maestro" para explicarlo en una o dos frases. – Proteger al contenedor de cualquier ataque, fortalecerlo y dotarle de un ataque a larga distancia, presumiblemente para la huida en caso de que el adversario sea mas poderoso que el propio contenedor o la cercanía de otro jinchuriki. ¿Te suena de algo? – Deidara abrió mucho los ojos, incrédulo.
– Durante mucho tiempo, años, estuvo sin hacer nada, solo ahí presente... solo se disparó cuando conocí a Madara... Cuando él se me acercaba me... – Levantó la mano para mirarla, como si las palabras acudieran a su boca en tromba y no pudiera elegir el orden en el que debería decirlas...
– ¡Oh, Madara!... mmm, eso explica muchas cosas... por que no "funciona" como debería o por que no puedes utilizarlo... Muy listo... – Murmuró Kakashi, acercándose a Deidara y descubriendo su sharingan.
Un segundo después, Kakashi se sentaba en el suelo, repelido por una fuerza invisible.
– ¿Qué acaba de pasar?. – Preguntó Iruka, enfadado con su novio. – ¿Se puede saber que intentabas hacerle a Deidara?.
– Solo comprobaba una teoría... Madara ha...bloqueado el ...su uso... posiblemente por que se necesita una cantidad monstruosa de chakra para usarlo con tranquilidad, y por lo que sea, no lo has conseguido, o es doloroso...
– La verdad es que me dolía muchísimo...pero siempre se activó cuando se me acercaba él, no recuerdo nadie mas con quien me pasara... ¿Es culpa de esta cosa que no pueda quedarme de nuevo? – Preguntó mirando sus manos. Kakashi se sacudía el pantalón para limpiarlo.
– Si y no...No puedo afirmarlo pero creo que, es una teoría, te estás haciendo mas fuerte por tu cuenta, y que lo que sea que hizo Madara en su momento está debilitándose... a si que, "esa cosa" como tu lo has llamado, simplemente hace su trabajo, protegerte... si te sientes amenazado se dispara... y es posible que bloquee la concepción simplemente como medida de protección contra algo a lo que temes, pero como ya he dicho, es una teoría... – Iruka se rascó la cicatriz sobre su nariz, sonrojado . – Si me preguntas dentro de un rato tendré media docena de teorías nuevas igual de buenas, pero no puedo afirmarlo con rotundidad.
– Pero... Tobi también tiene las bocas. – Deidara se arrepintió nada mas decirlo. Madara le había pedido que tuviera cuidado con lo que revelaba sobre las habilidades de su hijo.
Tanto Iruka como Kakashi le miraban con los ojos abiertos hasta el límite.
– Pero, eso no... – Iruka se tapó la boca con las dos manos, intentando borrar la sonrisa que salía de ellos. – No entiendes lo que eso significa. – Agarró a Deidara por los hombros, mas que feliz. – Eres un …¡Por todos los Hokages! Eres un portador... uno por cada aldea... y Tobi... ¡Oh dios mío! Tu jutsu, sirve para crear... – Removió los rollos de tela buscando entre ellos, abriendo finalmente el que andaba buscando, sonriendo sin parar. – Mira. Mezclas tu chakra con arcilla, o cualquier material en el que puedas esculpir algo, y las bocas se encargan de hacer la mezcla correctamente. Una vez salen de ahí, puedes hacer que tengan vida, se muevan a voluntad.
Deidara le miraba sin entender ni jota.
– Vale, imagina que quieres, … mmm... no sé, escuchar a escondidas una conversación. Podrías crear un pequeño animal que te ayudara en esa empresa, o por ejemplo, mezclarse con un sello explosivo y volar a un enemigo que te anda espiando. – El entusiasmo de Iruka era un poco contagioso y Deidara ya tenía una clara idea de lo que podía hacer si lograba controlar de todo la técnica, pero para eso necesitaría la ayuda de Madara, y de eso no estaba tan seguro..
– ¡ 'Ruka!, viene alguien. – Kakashi se giró hacia el pasillo, tapando ligeramente la visión de la mesa tras él, dándole tiempo a Iruka de recoger todo.
El rubio tragó saliva cuando la persona llegó finalmente hasta ellos. El hombre, lleno de cicatrices por todo el rostro y cuello, igual de grande o mas que Kakuzu y con la misma mirada que dejaba claro que era capaz de despellejar a alguien sin inmutarse, miró a los tres con un deje de burla en sus ojos.
– No hace falta que escondáis nada. – Sonrío divertido. – Deidara, ¿Cierto?. – Extendió su enorme mano hasta el rubio, que la estrechó sin convicción alguna. – Soy Ibiki, capitán del Anbu. Madara-san dejó órdenes de permitir que consultases la información aquí dispuesta sin restricción alguna. Lo que no dijo es que podrías traer amiguitos contigo.
– Por dios, Ibiki, casi me lo hago encima. – Kakashi sonrío bajo la máscara a su compañero del anbu.
El anbu le ignoró a propósito y fue directamente hasta Iruka, al que pidió permiso para acariciar su abultado vientre.
– Antes me ha parecido que hablabais de Kora, la ninfa del bosque de Iwa. – Iruka asintió, y Deidara puso atención a la conversación. – ¡Ah, esa mujer!, es maravillosa... a Kakashi lo vuelve loco, por el color de su pelo... le dice que si tuviera los ojos del color de las flores que mas amaba...
– … me amaría del mismo modo. – Completó Kakashi con una sonrisa. – Nunca lo he entendido.
– Las rosas rojas. – Respondió Deidara como si acabara de recordar algo de vital importancia. – Sus flores preferidas eran las rosas rojas del color de la sangre...del día anterior... un rojo apagado con toques violeta..
Cabello plateado y ojos violeta... su persona mas amada...
Deidara volvió a la realidad cuando Tobi se tiró un pedete bajo al agua que salió en una gran burbuja, y que hizo a los otros dos niños huir al lado opuesto de la bañera.
– ¡Por el amor del cielo, hijo! – Gritó Deidara a lo que Tobi se carcajeó con ganas. – Comerás gloria, pero por dentro estás podrido...Arrrgggg, que mal hueleeeeeeeeeeeee...
– Pedoooooooooooooo jajajajajaja. – La simple mención de la palabra hizo a los tres niños estallar en sonoras carcajadas, de las que era imposible no contagiarse.
Los cuatro estaban sin aire, cuando Naruto, asomó la nariz en el baño.
– ¿A que huele?. – Arrugó la nariz y puso una cara muy rara, lo que hizo que una nueva oleada de risas inundara el pequeño baño.
…
Tenía fiebre, y escalofríos, y picaba como un demonio. Se medio incorporó solo para comprobar lo que ya sabía, que era el único despierto del cuarto.
Iba a levantarse y salir, pero la puerta se abrió, dejando ver el perfil de Naruto a contra luz, cargado con un pequeño balde de agua en sus manos.
Se sentó a un lado de la cama y destapó lo justo para dejar el torso de Itachi al aire, que lo miraba sin entender nada.
Escurrió el paño que estaba sumergido en el agua fresca y lo pasó por sus hombros y cuello. La sensación fresca y placentera le arrancó un gemido involuntario.
Naruto volvió a mojar y escurrir la tela, esta vez pasándola por el pecho y el estómago, acariciando con la tela húmeda la piel, calmando el picor y retirando el sudor que le empapaba.
La toalla que traía en su hombro la usó para ir secando con delicadeza la piel que segundos antes había mojado.
Repitió la acción una veintena de veces, hasta que el agua perdió su frescura para adquirir una tibia temperatura. Se levantó del sitio y regresó con una nueva y seca camiseta.
Durante todo el tiempo ninguno de los dos dijo nada. La penumbra apenas dejaba distinguir rasgos o miradas, pero no hizo falta.
Cuando subió la sábana para taparle, Naruto se inclinó hacia delante. Primero besó su frente, en un delicado roce, para después bajar y besar sus labios.
Itachi le agarró la muñeca, en una pregunta muda.
– Ya se ha terminado, hace un rato se cumplió el año de condena. – Sonrisa zorruna. – Somos libres de volver a querernos, ttebayo.
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Holitassssssssssssssssssssss sss ¿Qué tal todo gentecilla guapaaaaaaaaaaaaa?
Os super mega lovio... la verdad es que este cap no tiene nada que ver con lo que estaba en mi cabeza cuando lo empecé a escribir, pero bueno, he tenido de nuevo una idea sobre la marcha , y a ver que resulta de esto jejeje
siiiiiiiiiii por fiiiiiiiiiiiiiiiiiiinnnn se acabóoooooo el añoooooooooooooooooooo kyaaaaaaaaaaaaaaaa
( me froto las manos ante los futuros lemons itanaru , que ya tengo ganas locas de escribir de ellos dos, en serio) y volver a Hidan y oh siiii, lo que viene ahoraaaaa mu ahahahahahah Dei y los Uchihas... ohhhhhh... eso solo lo se'yo y …
Bueno espero que el cap os guste, y revis jejeje
aunque ya me deprimo yo sola sin que me ignoréis y eso, pues un coment no hace daño... ( o dejaŕe a Naruto a dos velas cuatro o cinco caps mas... mua hahahah ( chibi naru aparece con una pancarta y ojitos de cachorro... necesito que me den itachi por un tubo... reza en el cartel que porta)
En fin, en vuestras manos lo dejo...
Besitos y mordiskitos
Shiga san
