Tercera parte de "Nunca mezcles trabajo y amor" donde nos internaremos de cabeza en la maternidad, y en las diferentes maneras de ver un mismo hecho: la convivencia con un hijo nuevo.

Como cambian las cosas que antes eran normales, como comer a su hora, mantener la ropa en su sitio, y esa manía tan rara que tienen los adultos de dormir toda la noche, que los niños no parecen compartir...

Y por si esto no fuera suficiente, Hidan desea un hijo propio y está dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo.

Sasuke organiza su boda sin saber si se llegará a celebrar...

Itachi y Naruto se comportan como los padres divorciados perfectos, solo amigos... pero eso delante de todos... por detrás las cosas son muy diferentes...

Deidara y Madara descubren de la voz de su hijo, que no son papá y mamá, por que eso solo pueden ser los que están casados... y ellos no lo están... aún...

Deidara tendrá que pasar una muy dura prueba hasta ser aceptado por el clan Uchiha y alguien de su pasado regresará...

Itachi/Naruto, Kakashi/Iruka, Kakuzu/Hidan, Izuna/Sasuke, Madara/Deidara...

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NUNCA MEZCLES TRABAJO Y FAMILIA

Capítulo 12: Dos mejor que uno.

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Forcejeó, inútilmente contra las hábiles manos que ya le habían engañado infinidad de veces. La culpa era suya por pedirlo, Kakuzu solo se estaba limitando a cumplir sus deseos. ¿En qué momento se había transformado en el malo de la película?

– Vale, espera. No la metas todavía. – Suplicó, voz nasal , tono llorón impropio del orgulloso peliplata.

Suspiro frustrado, cansado de perder el tiempo, pero teniendo toda la consideración que puede reunir en ese momento.

– Ya te lo sabes, lo hago cada día desde hace dos meses, ¿Por qué siempre me tienes que montar un drama?. Es minúscula, no duele. – Kakuzu argumentó en tono neutro.

– No te dolerá a ti, por que a mi me dejas el trasero hecho trizas. No la metas de golpe, ve poco a poco. – intentó poner ojitos de pena, pero solo consiguió que su chico levantara una ceja divertido.

– Si la meto despacio te pones a lloriquear como una adolescente y me irritas. – Se coló entre las piernas de Hidan, que balanceaba los pies a los lados sentado en la camilla del consultorio, con gesto enfurruñado en su cara.

Tomó su rostro, pinzando la barbilla con dos dedos y arrastrándole en un beso intenso, ardiente, al que Hidan no pudo negarse. Fue inclinándole sobre la camilla y deslizando sus manos hasta el traserito, despacio, muy despacio, le pellizcó con saña uno de los carrillos, haciendo a Hidan gimotear en su boca. Inyectó la aguja directamente en el pellizco, y bajó el embolo de un tirón, vaciando el contenido dentro de su cuerpo y lanzando la jeringa usada al contenedor de desechos sin romper el beso en ningún momento.

A los niños les daban piruletas si se portaban bien en el médico, a Hidan besos candentes.

Fue recostándole en la camilla, posando con delicadeza la cabeza del Jashinista. Viajando hasta sus pies, tomó sus tobillos con la misma delicadeza y los posó en lo alto.

Deslizó la banqueta sobre sus ruedas para sentarse al lado de su cabeza y escribió en la hoja que tenía pinzada a una carpeta todos los datos de ese día.

– ¿Como te sientes?. – Voz plana, profesional.

– Me duele el culo, bestiajo. – Respondió con los ojos cerrados. – Mareado, como siempre.

El sonido del bolígrafo deslizándose por la hoja, trasladando cada una de las palabras de Hidan al historial fue lo único que se escuchó durante los siguientes minutos.

– Quiero ver a Miku. – Murmuró muy bajito, consciente de que Kakuzu iba a negarse. – … por favor... solo un poquito...

– Cuando termine la cuarentena podrás verla todo lo quieras, no seas pesado. – Volvió al papeleo, aún a sabiendas de que la conversación no había terminado; ni mucho menos.

– Soy inmortal, no me pasaría nada aunque me contagiara "esa" cosa que tienen todos... – Trató de incorporarse pero el mareo se intensificó lo suficiente como para tumbarle de nuevo con un golpe seco.

– Sabes que eso no es verdad. – Tomó su mano y la giró donde el corte, que se había hecho en la palma durante la boda, estaba cicatrizando aún. – Mientras dure el tratamiento eres tan humano como todos los demás, y contagiarte podría matarte... o al bebé. – La vista de Kakuzu se desvió inconscientemente sin que él lo pensara al vientre de Hidan, que justo en ese momento le miraba sin poder creérselo del todo.

– ...pero... – Hizo un puchero levantándose sobre uno de sus codos, con cuidado. La expresión del mayor dejaba muy claro que no había peros que valieran, no iba a salir de ahí hasta que todos los enfermitos pudieran demostrar, con documentos oficiales, que estaban mas sanos que una manzana.

– Obedece, aunque sea por esta vez. – Kakuzu se levantó con la intención de preparar la siguiente inyección. Con la segunda Hidan siempre se resignaba sin presentar batalla y esperaba que fuera así. Aun así, las siguientes palabras de su chico le clavaron al suelo.

– ¿Cómo puedes estar tan seguro de que ya está aquí?. – Clavó su mirada violeta en el verde del mayor intensamente; su mano viajó hasta posarse bajo el ombligo en un roce. – No siento nada...¿Debería notar algo ya, no? Que se mueva o lo que sea... pero aparte de los asquerosos mareos y tus inyecciones a traición, no me noto diferente en nada... ni siquiera estoy ganando peso y eso que Naruto estaba enorme...no es que quiera ponerme como una vaca, digo que … bueno, debería engorar algo, un poco mas o menos... o lo que sea. – Desvió la mirada, no muy convencido de su argumento.

Kakuzu sonrió, estirando las costuras de su rosto en el gesto.

– ¿Quieres una prueba?. – Hidan asintió y él se dirigió a un armarito al fondo del cuarto. Sacó una pequeña tele y una maleta, que abrió sin mostrar el contenido a Hidan, que se había sentado en la camilla, tratando de fisgonear sin mucho éxito. – Túmbate, por favor. – Le acarició, la sien, y el cabello unos segundos, mientras Hidan recibía las atenciones con los ojos cerrados. – ¿Quieres vomitar?. – Negó sin pronunciar palabra, solo con la cabeza. La pregunta tenía su lógica, ya que siempre lo hacía después de las inyecciones.

Hidan observó con verdadero interés como montaba el aparato de ultrasonido. Supuso que era nuevo y que lo había comprado para él, por que el que le había visto usar con Deidara estaba listo para ser usado, a apenas un par de metros, pero había sacado el nuevo. Le pareció un gesto de lo mas tierno y posiblemente lo mas romántico que podía esperar de su atento guardián.

– Borra esa sonrisita de tu cara y túmbate de una buena vez. – Le pidió al tiempo que agitaba el bote de crema conductora y lo calentaba entre sus palmas.

Hidan le hizo caso, subiendo la camiseta que vestía con las dos manos hasta la barbilla, aunque no hacía falta. El temblor de sus manos era mas por el ansia de saber que por miedo.

Dio un respingo cuando Kakuzu conectó el aparato y emitió un ruido sordo a todo volumen. Ajustó los parámetros correspondientes y empezó a recorrer la tersa y pálida piel del vientre con la parte suave del aparato que sostenía en una de sus manos.

No tardó mucho en escucharse el latido de Hidan, pausado, rítmico... otro mas, rápido y desbocado, con los latidos muy juntos.

– Joder, ¿Es eso?. – Kakuzu no le contestó, de hecho miraba la pantalla fijamente, concentrado. – ¿Qué pasa?.

– Cállate. – Seguía mirando la pantalla fijamente. Buscó con el brazo la banqueta en la que se había sentado antes, y se sentó lentamente, como si no se acordara de como hacerlo. Hidan le agarró la muñeca con la que le exploraba y le apretó lo suficiente como para que le mirase.

– ¿Qué pasa?. – Repitió, ahora asustado de veras por la actitud del mayor.

– Hay dos. – Murmuró, para si mismo, sin tener en cuenta a Hidan. – Hay otro, ¿No lo escuchas?.

– ¿Otro qué?. – Casi le gritó, dispuesto a levantase de ahí y largarse lo mas lejos posible. – No entiendo nada.

– Hay dos. – Miró a Hidan con el desconcierto pintando su cara.

– Claro, el mío y el del crío. – Puntualizó como si fuera lo mas obvio del mundo y el otro fuera idiota.

– Hay dos, sin contar el tuyo. – Ladeó el aparato, a un mejor ángulo, y subió el volumen lo suficiente como para que Hidan escuchara perfectamente los dos latidos distintos, a diferentes ritmos, solapándose y al mismo tiempo combinándose en una hermosa canción. – Y si que has engordado. – Señaló la hoja de su historial que descansaba sobre sus muslos. – Tu culo se sale de la gráfica.

Tenía anotado una gráfica de peso, que marcaba que Hidan había engordado seis kilos en los últimos dos meses.

– ¿Hay dos críos?. – Dudó, incrédulo, pensando que le estaba gastando una broma, aunque el sentido del humor de Kakuzu fuera similar al de un ladrillo. Cabía la posibilidad de que fuera así. Pero supo de inmediato, nada mas mirarle, que iba totalmente en serio. – ¿Gemelos? ¿Estás seguro?

– Apostaría todo tu dinero sin dudarlo un segundo. – Pulsó el botón de imprimir y sacó los resultados que había estado grabando desde el inicio, comparando las cifras. – Si, hay dos, no hay lugar a dudas.. gemelos, mellizos... lo que sea, pero dos... esto necesita mas planificación, hay algunos supuestos que no he tenido en cuenta en este caso en concret...

Sus cavilaciones fueron interrumpidas por unos brazos en su cuello, seguido de un cuerpo de sobra conocido. Correspondió el abrazo, comprendiendo en seguida lo que ocurría. Los leves temblores de Hidan contra su pecho... Estaba llorando... y eso si que era raro.

– Es lo que querías, ¿No?. – Le acarició el pelo por detrás, tratando de calmarlo. – Vamos, vamos... no es para tanto.

– Jashin... se lo pedí a Jashin y él lo ha hecho posible. – Su sonrisa se hizo infinita un segundo para desaparecer al momento siguiente. – No le digas nada a Deidara. Aún no.

– No, tranquilo, no soltaré prenda. – Le tomó en brazos y fue con él hasta el sofá, donde le acomodó para que descansara un rato. – Y antes de que se me olvide, nada de ceremonias a tu dios. – Hidan iba a replicar pero la dura expresión en la cara de Kakuzu le indicó que callado estaría mas guapo. – Prométemelo.

– Vale, lo prometo. – Haciendo un puchero y desviando la mirada a un lado.

– Júralo por la vida de Miku. – Kakuzu iba en serio.

– Está bien, lo juro por la vida de Miku. Nada de sacrificios hasta que nazcan los bebés. – Se le hizo tan raro el plural. Hasta ahora había pensado en su pequeño como uno solo... – Asintió conforme con el juramento. – Pero a cambio quiero un templo en la parte de atrás, debajo del jardín.

– Es un trato. – Estrechó la mano de su chico, con una inmensa sonrisa en sus labios.

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Deidara llevaba una hora en el parque, detrás de su casa. Los niños necesitaban salir de la casa o todos se volverían locos de un momento a otro. Él mismo necesitaba despejarse y alejarse un rato de tanto lamento fingido y exigencias de enfermito. No sabía quien de los dos hermanos Uchiha era peor... y Sasuke, que consentía en todo a Izuna; le ponía enfermo.

Una sonrisa escapó de sus labios en ese momento.

Seguramente se debía a que estaban recién casados y todo era maravilloso... bueno no tanto, la verdad.

Se preguntó si él mismo en algún momento del futuro, podría vivir esa experiencia, la de estar recién casado con Madara... Su sonrisa se disipó. Sabía que por mucho que quisiera, nunca se casarían. El clan Uchiha era demasiado poderoso, de costumbres y normas ancestrales, como para admitirle dentro de su cerrada y exclusiva familia, con el pasado que cargaba a su espalda.

Naruto se agachó frente a su sobrino para limpiarle los moquitos que caían y se quedaban en su labio superior prendidos. Las ojeras del rubio también eran notables.

La enfermedad había arrasado con todos ellos. Los que no tenían fiebre, habían pasado la semana entera cocinando, lavando, cumpliendo peticiones, quejas... a cualquier hora, de día o de noche.

Francamente, Deidara estaba agotado, tanto física como emocionalmente, pero su pequeño monstruito de energía infinita necesitaba jugar todo lo que se había perdido los últimos días.

Dejó la bolsa con la comida para los niños que cargaba en su hombro en el banco de madera dispuesto para el descanso de los adultos y se sentó, dejándose caer sin mucho cuidado.

Tobi hacía montículos de arena en el cajón junto a Taka, que le imitaba, a su manera. Cuando llenaron el suelo de montañitas y se quedaron sin espacio para mas, los dos fingieron ser gigantes, y con sentidos "Graorrrrr, groarrrrr", pisoteaban a cámara lenta sus sencillas construcciones para volver a levantarlas de nuevo entre risas. Naruto, de pie a un lado, vigilaba a los pequeños y participaba aportando piedrecitas decorativas o hojas y ramas.

– ¿Está ocupado?. – La voz femenina preguntó inclinándose desde atrás. Deidara negó y la mujer rodeó el banco para tomar asiento a su lado.

Deidara sonrió a su hijo y le saludó con la mano, respondiendo al: "Mira papá hum, soy un mostro gande". La mujer a su lado siguió la dirección de su mirada y estudió a los dos niños, chasqueando la lengua tras su análisis, llamando la atención del artista con el sonido.

– Debe ser muy cómodo. Parir un mocoso y que te resuelva la vida. – Aunque lo dijo casi en un suspiro, el rubio lo escuchó perfectamente.

– Si me dice donde dan de eso, voy ahora mismo y firmo lo que sea. – Dijo como si tal cosa, sonriendo a su hijo que seguía mirándole desde su arena. – Por que parir cómodo, no es que lo sea... y si lo dice por mi, me temo que se está equivocando de persona...

– No, creo que no me equivoco. – Deidara giró el rostro en ese momento para encarar a la mujer, serio.

Tenía algo, que se le hacía terriblemente familiar. Una expresión dura, contundente, de alguien que ha sufrido un infierno, y que a la vez conserva el orgullo como uno de sus distintivos mas notables. Ojos negros, afilados, mirada inquisidora, estudiando cada cosa que mira, con actitud analítica, clasificando cada cosa, etiquetándola.

El resto de ella tenía una aura sereno, de alguien que consigue lo que quiere a cualquier precio. Su cabello negro, liso hasta la mitad de la espalda, bailó con una pequeña brisa, llevando hasta Deidara un aroma que se le hizo familiar, igual que su actitud.

Estaba seguro de que no la había visto jamas, recordaría a una mujer como ella sin dudarlo, y sin embargo, tenía la sensación de cotidianidad, algo muy familiar... esa manera de decir cosas irritantes con una sonrisa le era muy conocida.

– Tu bastardo tiene la vida resuelta solo por que tu dices que su padre es quien es. – La mujer sonrió, de lado, disfrutando de la cara que tenía en ese momento el rubio. – Mírale, no parece su hijo para nada... al menos el otro si que se parece a su padre, con ese no hay duda alguna.

– Con el debido respeto, señora. – Desvió la mirada a su hijo, y solo siguió hablando cuando se aseguró de que los niños no le veían. – No sé quien cojones es, y sinceramente, podría usted ser una importante reina, que en este momento no me importaría lo mas mínimo, pero no vuelva a llamar a mi hijo bastardo, por que no se lo voy a consentir.

– Y ¿Qué es lo que piensas hacer?. – cuestionó triunfante. Imitó a Deidara cuando se puso de pie súbitamente, momento en el que Deidara vio claramente el color, negro intenso,del kimono que vestía la mujer. – Ya has cumplido con tu parte dándole un bastardo al inútil de Madara. Sé bueno y deja que se arrastre y recupere todo lo que le obligaste a renunciar por tener un mocoso con un descastado como tu. Estoy segura que una suma considerable por "las molestias" será mas que suficiente para alguien "como tú". ¿Cuánto vales?.

– Con el debido respeto señora. – Repitió, tranquilo, macerando cada palabra que iba a decir en su cabeza antes de pronunciarla claramente. – Ni yo soy un descastado, ni mi hijo un bastardo. En cuanto a su padre, que lo es por que puedo demostrarlo, no es ningún inútil, y fue su clan quien le tiró a la calle sin ninguna consideración, ni por su trabajo, ni por su apellido, ni por su historia. Yo no le obligo a estar conmigo por obligación, ni con ningún tipo de chantaje o amenaza. Lo amo, del mismo modo que amo a mi hijo por encima de todo y se que él nos corresponde del mismo modo.

Hace ya mucho tiempo que dejó de importarme lo que las personas de mente obtusa como usted pensaran de mi o mi vida, pero mi pareja es alguien muy sagrado, salvó mi vida y me dio lo mas maravilloso que una persona que amas puede darte; pero claro, dudo mucho que usted sepa lo que es ser amado si se comporta como ha hecho conmigo, juzgándome a la primera de cambio.

A si que, por lo que respecta a mi , y con todos mis respetos, puede usted irse a la mierda cuando quiera.

La mujer escuchó su discurso sin pestañear, con los labios convertidos en una línea y la ceja derecha ligeramente levantada. Expulsó todo el aire por la nariz, segundos después de que el rubio pronunciara la última palabra de su perorata.

– A si que, lo amas ¿No?. – Deidara juntó las cejas ante la pregunta, pero respondió asintiendo aún en contra de su voluntad. – ¿No lo estarás confundido con agradecimiento por que salvó tu vida?

– Le puedo asegurar que no es así. – Seco y hostil, sintiendo el escrutinio descarado de la mujer en su persona.

– ¿Y por qué no estáis casados?. – La pregunta fue seguida de una sonrisa triunfante que dejó a Deidara sin respuesta.

– No me parece que sea asunto suyo.

– Si que lo es. Es mucho mas asunto mío de lo que crees. – Se giró, dándole la espalda, mirando a los niños jugar en el arenero unos segundos. – Me ha gustado conversar contigo, Deidara. Eres muy diferente a como me habían contado. Me alegro... espero que en nuestro próximo encuentro podamos conversar de algo un poco mas agradable. – Hizo una leve reverencia de despedida y se alejó caminando elegantemente, con la mirada fija en los niños.

Naruto acudió a la bolsa, a buscar una toalla con la que secar a los niños después de lavarlos para quitarles la arena de las manos y que pudieran merendar, y se quedó mirando a la espalda de la mujer.

Deidara abrió mucho los ojos al reconocer el símbolo del clan Uchiha en la espalda del kimono.

– ¿Quien era esa mujer?, hablabas con ella. – Preguntó el zorrito.

– No lo sé, no la había visto nunca. – Siguió su caminar hasta que desapreció tras la esquina de un edificio. – ...Que raro...

– ¿Qué raro, qué?, - tteba...

– Sabía mi nombre y yo no se lo he dicho... – Las exigencias de Tobi desviaron sus pensamientos hacia su hijo, apartando ese encuentro a un lado remoto de su cabeza.

Tenía hambre, y arena hasta en los pensamientos.

Alzó a su hijo hasta la fuente y esperó hasta que lavó sus manitas a conciencia. Después Naruto le imitó haciendo lo mismo con Taka. Al hacerlo, El mayor pudo ver algo que le hizo estrechar la mirada un poco enfadado, aunque ya no tenía por que estarlo.

Sentado en el banco, repartió un sándwich a cada niño y un pequeño brick de zumo con su pajita. Decidieron sentarse en el césped cercano para mas comodidad.

Deidara miró a Naruto apurar la lata de refresco y estiró el índice de la mano derecha para posarlo en su cuello, sobre una marca sonrojada y dejarlo ahí, haciendo presión en la carne del zorrito.

– No habéis perdido el tiempo, ¿Eh?. – Sonó mas pícaro que molesto. Aunque habían cumplido el trato, eso no quería decir que automáticamente Deidara iba a olvidarlo todo y perdonarle, para eso hacía falta mucho mas que tiempo.

– No es lo que crees, lo juro. – Sacudió las manos frente a él.

– ¿Ah, noooooo?. – Como que se lo iba a creer. Seguro que ese pervertido de Itachi no había dejado pasar ni un minuto de la fecha.

– Me lo hizo Hidan, ayer. – Deidara estalló en carcajadas.

– No te rías, -ttebaaaa. – Hizo un puchero. – Primero Kakuzu me hizo un millón de pruebas de esas suyas, y me tuvo desnudo en la consulta como una hora, mientras hacía los análisis y no me dejó pasar a ver a Hidan hasta que se quedó a gusto... y luego, cuando le recordé a ese pirado que ya habíamos hecho un año la noche anterior, se me tiró encima y me llenó el cuerpo de estas cosas. ¡Tengo por todas partes! y encima Kakuzu le sonreía... En serio no entiendo a esos dos, me superan...

– Así que Itachi es inocente, ¿Eh?. – Aunque sonrió, no pudo evitar notar que Naruto se ponía tenso con el nombre, aún así, sonreía como siempre. – ¿Estás bien?... No te he preguntado con todo esto de los niños y tal, pero ...bueno lo tuyo con Itachi...

– Pues... – Suspiró pesadamente. Deidara comprendió sin necesidad de que lo dijera.

– Todo va a salir bien, ya verás. – Le tocó el hombro apoyándolo con el gesto.

– Han cambiado muchas cosas en este tiempo... – Miró a un lado, avergonzado. – Yo he cambiado en este tiempo, mi cuerpo no es el mismo...él ha estado con otras personas... temo decepcionarle. Y al mismo tiempo me duele el corazón solo de pensar que va a tocarme de nuevo... que volveré a ser feliz como lo era antes de que … no quiero volver a perderlo todo, sentir eso de nuevo...

– Bueno, no puedo prometerte que todo será bonito a partir de ahora. Tus miedos son lógicos, tendrás que ir despacito y llegará el día en que estar con él sea agradable de nuevo, nada mas...

Y por tu cuerpo, no te preocupes, sigues siendo hermoso, ahora mucho mas. – Deidara ensanchó la sonrisa infinitamente. – Las mamás tenemos un aura especial que nos hace irresistiblemente sexys.

– Eso espero, que llevo un año entero a base de caldo... quiero el plato principal, ya. – Se levantó la camiseta dejando a la vista los chupetones que Hidan le había hecho por todo el cuerpo.

– Nadie lo diría mirándole, la verdad … jajajaja.

– Maldito Hidan... ya me vengaré a su debido tiempo, groaarrrr...

Y de nuevo Deidara estalló en carcajadas, esta vez acompañado de los mas pequeños.

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Marchando otro capppppp...

Espero que os guste... y uuuhhhh problemas para Dei, para Naru miedos íntimos...

y Kaku, dios, lo amo, en serio...

Nos leemos en el siguiente, espero.

Besitos y mordiskitos

Shiga san