Tercera parte de "Nunca mezcles trabajo y amor" donde nos internaremos de cabeza en la maternidad, y en las diferentes maneras de ver un mismo hecho: la convivencia con un hijo nuevo.

Como cambian las cosas que antes eran normales, como comer a su hora, mantener la ropa en su sitio, y esa manía tan rara que tienen los adultos de dormir toda la noche, que los niños no parecen compartir...

Y por si esto no fuera suficiente, Hidan desea un hijo propio y está dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo.

Sasuke organiza su boda sin saber si se llegará a celebrar...

Itachi y Naruto se comportan como los padres divorciados perfectos, solo amigos... pero eso delante de todos... por detrás las cosas son muy diferentes...

Deidara y Madara descubren de la voz de su hijo, que no son papá y mamá, por que eso solo pueden ser los que están casados... y ellos no lo están... aún...

Deidara tendrá que pasar una muy dura prueba hasta ser aceptado por el clan Uchiha y alguien de su pasado regresará...

Itachi/Naruto, Kakashi/Iruka, Kakuzu/Hidan, Izuna/Sasuke, Madara/Deidara...

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

NUNCA MEZCLES TRABAJO Y FAMILIA

Capítulo 13: Quédate.

OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO OOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO

Día diez de la cuarentena.

Izuna recogía sus cosas con una enorme y obscena sonrisa en su cara. Estaba deseando salir de ahí, volver a su vida controlada y programada hasta el último segundo, aunque echaría de menos esos momentos íntimos con Sasuke, en los que no se veía vigilado.

Pero en serio, tenía que salir de ahí. Y tenía que hacerlo ya. No esperaría a que Kakuzu regresara para hacerle las pruebas finales, no. Cerró la maleta, tirando del cierre de la cremallera y la dejó en el suelo.

Deidara suspiró desde la puerta, mirando su espalda, aliviado por su marcha, aunque no lo dijera.

Aún había ciertas cosas que ambos debían ocultar y al mismo tiempo temían que el otro contase, por las consecuencias... pero eso era otro tema aparte.

Deidara entró en la habitación y se puso a cambiar las sábanas de la cama, dejando en el suelo las recién usadas, mientras Izuna salía al salón y se entretenía con los niños, jugando con sus juguetes.

La puerta de la habitación se cerró lentamente, a su espalda. Una sombra cayó sobre el rubio, tumbándolo bocabajo en la cama a medio hacer.

– Yo también te he echado de menos, Hidan. – Sonríe feliz de volver a verle. – El carcelero se ha dejado la celda abierta, ¿Eh?.

– ¡Cállate, traidor!. Ese tirano me tiene hasta los cojones. –Hizo un puchero muy gracioso. –Y tu, ¿Qué tal?.

– Rebosante de felicidad por recuperar mi vida. – Suspiro. – ¡Ah! Bonita obra de arte la que le hiciste a Naruto... me hubiese gustado ver la cara de "yasabesquien", jajaja.

– ¿A que si, eh?, le chupeteé hasta la tetillas... A Kuzu le hizo gracia. –Mirada triunfante.

Se acaban sentado en la cama, sonriendo por su gran hazaña.

– ¿Y mi niña?, no la he visto ahí fuera, Naruto tampoco está.

– Están en casa de los abuelos. –La respuesta le hace chasquear la lengua. –No me digas que no has venido a verme a mi o me romperás el corazón... con lo que yo te quiero...

– No te enfades, ¿Vale?. –Hidan parece preocupado, esquivando su mirada.

– No me enfado, hum. –Le mira intensamente, buscando la respuesta a su actitud. –¿Qué pasa?.

–Yo... – Mira a otro lado, de nuevo, lo que hace al rubio impacientarse un poco. –Lo siento, Dei... yo... –Finalmente toma las dos manos de su amigo y las pone juntas, bajo las suyas propias, en una confesión muda.

Abre los ojos, mucho.

–¡Oh, por Jashin, Hidan!... Eso es maravilloso. – Deidara sonríe con todo el cuerpo. –¿Y por qué me pides perdón?, ¿Cuándo te has enterado?, ¡Oh dios, esto es maravilloso!. –Repitió una y otra ve, con las manos sujetando los hombros del otro.

–Pues hace unos días. –Vuelven a sentarse, inconscientemente las dos manos puestas en el sitio exacto. – Aún estoy … bueno ya sabes, metiéndome en el coco la que se nos viene encima.

–¿Porqué no me lo has dicho?.. Y..¿El papá, que opina?. –Sin querer su sonrisa se disipa.

– Kuzu está, bueno.. en su linea. No te lo he dicho por que me tiene prisionero... de hecho creo que en la cárcel tendría mas libertad. –Una mano en su antebrazo solidarizándose. –En cuanto a lo que opina... soy una especie de siniestro proyecto médico... soy un hombre y estoy embarazado, imagínate, está teniendo un orgasmo profesional continuo... y lo que mas me jode es que me usa para probar sus medicinas... todos los días me taladra el trasero con unas agujas así de grandes. –Gesto con las manos, exagerando, acompañado de puchero.

– Kakuzu te quiere, se preocupa de ti y de tu bebé. No creo que te haga nada malo, no seas así.

– Dos. –Murmura Hidan de nuevo desviando la mirada y juntando las cejas, ojos apretados como si esperase un golpe de un momento a otro.

–¿Dos qué?, no me asustes, Hidan. –Le agita, nervioso, temiendo por su amigo, aunque consciente de que Kakuzu no permitirá que nada le ocurra.

–Que hay dos, dos bebés... gemelos, mellizos... Kakuzu aún no está seguro del todo, son demasiado pequeños para verlo con claridad... pero, ¿Te imaginas? Yo quería uno, y vienen dos...

–Enhorabuena... a los dos. –Se levanta y estrecha la mano del mayor, que hace rato les espía sin esconderse desde la puerta. –Debes estar aliviado, de haberlo conseguido.

–No te creas... cuando era normal todo era menos, complicado. –Hidan bufa, haciéndole girar la cabeza para mirarlo. –El embarazo le está volviendo idiota, espero que no sea contagioso y que los niños no salgan a su madre.

Hidan le da una colleja, molesto.

La escolta de Izuna aparece para buscarle, aunque nunca han estado muy lejos y se despide de la pareja, que queda en la habitación mientras Deidara le acompaña hasta la puerta.

– Te compensaré por las molestias, cuñadito. – Una sonrisa ladeada adorna sus labios.

– Me doy por pagado con que te largues de mi casa. – El silencio se instala durante unos segundos, hasta que un nuevo llamado interrumpe la conversación entre ellos. –Tienes que irte ya.

–Reconoce que vas a echarme de menos y me largaré feliz de la vida. –Deidara le sonríe. –Sobre lo que hablamos anoche... por mi parte no hay problema de ningún tipo, aunque creo que es un error, y tu también lo crees, pero... –Toma la mano de Deidara y la acerca a sus labios, para besar sus nudillos en apenas un roce. – … Te doy la razón en que nuestra prioridad son los niños y por el bien de ellos, lo que no se sabe no puede hacerte daño, ¿No es así el dicho?.

– Sí, justamente así. – Mantiene el agarre unos segundos mas, hasta que un nuevo "Uchiha san, le están esperando", le hace consciente de que ya hablarán en otro momento, sin menos público. –Venga, largo de una vez... lo que te gusta hacerte de rogar.

– Bien, luego nos vemos. –Agita la mano en alto para despedirse y desaparece sin mas, ante sus ojos. No terminará de acostumbrarse a que hagan eso delante suya.

Vuelve con sus invitados, que se han trasladado al salón.

– Qué interesante. –Murmura Hidan, señalando a la calle con la cabeza. –Así que... anoche hablastéis... –No termina la frase por que la puerta se abre y Miku pega un grito al verle ahí.

– ¡Aaaaahhhhh...! ¡ZUZU! – Esquiva al jashinista y se tira directamente a los brazos de Kakuzu, que la levanta sin esfuerzo un par de veces por encima de su cabeza, para finalmente, dejarla sentada en su antebrazo. Pero no está ahí mucho tiempo, por que la niña pide que la baje para acabar estrujada entre los brazos del peliplata.

Tobi entra detrás de su padre, con un helado de chocolate, derritiéndose entre sus dedos, goteando a cada paso y con la barbilla, el cuello y la camiseta, completamente manchada de helado.

Deidara mira serio a su novio, que entra con dos mas en sus manos, uno abierto y el otro, aún con el envoltorio intacto, que le tiende sonriendo mientras da buena cuenta del suyo.

– ¿Pagando tus deudas, Uchiha?. –La voz de Kakuzu suena profunda. Sabe que se refiere a las veces en las que "convencieron" a los mas pequeños para que les aliviasen los síntomas de la varicela, con la promesa de un helado.

– Que bien me conoces. –Alarga la mano con el helado aún envuelto a Deidara, que lo toma con una sonrisita y una mirada que promete una charla en un futuro no muy lejano sobre eso de sobornar a su hijo con dulces.

Quita el envoltorio y paladea la dulce cremosidad del helado, su favorito. Fresas con nata.

Hidan que está abrazando a la niña fingiendo comerle el cuello, masticando y todo, tiene que dejarla en el suelo cuando su afilado olfato detecta el dulce helado.

Una arcada, y la niña es bajada teniendo cuidado al suelo, con cara interrogante, enfadada sin saber muy bien por qué está en el suelo lejos de sus mimos. Tobi se acerca y le ofrece su goteante desastre de chocolate que minutos atrás era un apetecible helado.

La niña agarra con las dos manos la muñeca del rubito, y sorbe del chocolate, mirando a la puerta del pasillo por la que Hidan ha desaparecido.

El vestido se mancha con el helado, lo que hace sonreír diabólicamente a Deidara.

– Lo siento. –Kakuzu se disculpa cuando se escucha perfectamente a Hidan en el baño, vomitando como consecuencia de oler el helado. Su debilidad se había centrado en lo dulce, lo que mas le dolía de todo el proceso.

– No pasa nada, lo entendemos. –Madara abre a Naruto que entra buscando a su pequeña.

Pasan unos minutos entre risas, hasta que Hidan y su chico deciden acompañar a Naruto a su casa, dejando, por fin, a Deidara solo con su familia.

– La profesora quiere vernos, mañana. – Deidara mira a su hijo, que esquiva su mirada descaradamente. Madara le tiende la nota, que el rubio lee con los ojos abriéndose mas y mas a cada frase.

– Tobi Uchiha. –¡Oh, oh, nombre completo, problemas!. –¿Le has tocado las...las... a tu profesora?. –Volvió a repasar la nota, haciendo la vena de su sien visible, respirando por la nariz. –¿Y que es eso de que te has pegado con … ?, está bien jovencito, explícame esto ahora mismo.¿Que te tengo dicho que tienes hacer en el cole, eh?.

– Porta men. Cuida nenes, Ase caso a la seño. Tobi es un buen chico. –Contesta mirando sus pies, boquita arrugada.

– ¿Entonces, no le has tocado las "yasabesque" a la señorita?. –Pregunta serio, con cierto tonito de madre que sabe que estás mintiéndole descaradamente en la cara pero te da la oportunidad de confesar. Tobi mira a su padre, que se limita a seguir comiendo su helado, la galleta del final, buscando ayuda, pero estaba vez su padre se ha aliado con su enfadado papajum.

– ¡Ah, eso!, si toca, no godas, Baachan noooorrrmes, la seño pffff. –Madara deja escapar un arranque de carcajada que tapa con su mano. – ¿Ta mal?, ¿No toca bumbum de seño?, ¿Fada con Tobi si hago?. –Pregunta mirando directamente al rubio, curiosidad real, sin malicia.

– No toques, ni a la seño ni a ninguna otra chica, ¿Si?. – Su voz dulce trata de hacer entender a su hijo que está mal; el pequeño asiente, aún confuso, pero teniendo claro que a Deidara no le gusta que lo haga.

– ¿Y esto de que has pegado a un niño mayor de otra clase?. – Tobi se endereza orgulloso, como si pegar a ese crio fuera una hazaña mas que un error.

– Niño gande tonto, dice que papajum no mama de mi. –Frunce el ceño buscando las palabras que quiere decir para que su rubio progenitor entienda. – Papá no nillo, como tio Zuna, tu no nillo, niño dise que si no nillo papa jum no mi mama. Tonto, dice que no, Tobi que si, que papajum es mama, sin nillo... el que no mama... grita, Miku mete y el empuja... Nadie pega a Miku y yo pone medio, nada mas, juro... no pega, prometo...

– O sea, que me has defendido, ¿Eh? Y has cuidado de Miku. –Deidara se agacha frente a su hijo, enfadado por la nota pero un brillo orgulloso en sus azules ojos. Tobi asiente, aún buscando a su padre con la mirada.

– Esta bien, al baño... Mañana hablaremos con tu profesora.

Tobi se pierde en el pasillo, para ir a su cuarto a por el pijama y la toalla, mientras Deidara termina de arreglar la cama que ha quedado a medio hacer con la visita de Hidan.

Madara suspira, apoyado en la encimera de la cocina. Mira su mano derecha por el dorso... no está seguro de que sea el momento. Deidara aún necesita mas tiempo para estar sosegado del todo... se ha dado cuenta de que cada vez que la rutina está cerca, pasa algo que pone patas arriba su vida y la del rubio... y hace unos días que tiene una presión en la boca del estómago que le anuncia que se acerca algo nuevo que dará la vuelta sus vidas, de nuevo.

A veces pagaría por ser un poco como Izuna y que todo le diera un poco lo mismo...

…...

Miku arrastra a su padre dentro de la casa, de la mano, hasta su cuarto, y le "obliga" a sentarse en el suelo, mientras ella va poniendo juguetes en su regazo, unos sobre otros, hasta casi tapar sus piernas.

Naruto pasa de largo el cuarto de la niña y va hasta el suyo, dejando la ropa que ha estado usando durante la "Crisis pikapika" en el cesto de la ropa sucia del baño y prepara ropa limpia para darse una merecida y relajante duchita después de la cena.

Entra en el cuarto de la niña y mira la escena frente a él. Miku en su idioma, le explica a su padre algo sobre los muñecos que tiene encima, algo muy interesante por las caras y los gestos con los que acompaña cada frase.

La niña va hasta su camita y aparta las sábanas, palmeando el colchón, para que su padre entienda que va a dormir ahí.

Itachi mira a Naruto, serio, unos segundos antes de que su hija llame su atención de nuevo.

– Escucha nena. –Miku mira a su padre, aferrando entre los brazos el akamaru de peluche que Kiba le regaló cuando nació y que Itachi había visto en las fotos que Kisame le había enseñado cuando se marchó a la Niebla. –Me quedaré contigo hasta que te duermas. –Miku palmeó de nuevo el colchón con la boca apretada y señalando a su padre. Lo que ella le decía es que su padre tenía que dormir ahí, en la cama de su madre. Acto seguido, señaló su pecho y después a la cama infantil, del cuarto de al lado, que se veía perfectamente al estar abierta la puerta que conectaba los dos cuartos.

– Primero al baño. –Propuso Naruto con el pijama de la niña entre los dedos, lo que provocó que la pequeña emitiera una serie de grititos felices y entusiasmados que hicieron sonreír a sus padres.

Naruto se ocupó de ayudar a la pequeña a bañarse, mientras Itachi se quedó sentado en la cama. Examinó el cuarto con cuidado, cada detalle. Seguía igual, como si el tiempo no hubiera pasado por ahí, como si todo lo acontecido hubiera sido un terrible sueño de esos que se diluyen en la memoria al despertar hasta el olvido.

Pero no era así. Y él lo sabía. Y ya se había jurado internamente no volver a hacerle daño a Naruto, pero tampoco tenía el poder del tiempo.

Podía equivocarse, hacerle sufrir... eran un par de las muchas posibilidades ante él, pero era de los pocos afortunados a los que se le brindaba una segunda oportunidad, y eso también lo sabía.

Quería recuperar a su familia, pero aún había algo que se lo impedía. Algo en la mirada de Naruto le hacía ser comedido, medir cada palabra, gesto o pensamiento que tenía delante suya.

Y el miedo que le atenazaba. Temía como nunca fallar, hacerle algo tan terrible de que lo no pudiera reponerse jamás.

Estaba tan sumido en su auto-castigo, que dio un respingo cuando Naruto apareció con la niña en brazos, envuelta en una mullida toalla.

De rodillas en la cama señaló su pijama y a su padre. Itachi sonrió y la ayudó a ponérselo, mientras ella entre risas estridentes, daba patadas al aire y retorcía como un gusano escurridizo deshaciendo los logros que poco a poco conseguía su sonriente progenitor.

Naruto solo miraba la escena frente a él. Nada mas.

No pensaba en nada, solo miraba a su hija sonreír y a Itachi metiendo una y otra vez la pierna de la niña en el pantalón del pijama, con una sonrisa enorme.

Una sonrisa, solo eso. Divertida, sincera, luminosa, pura.

Su familia sonriendo ante él.

Y se dio cuenta, como si un resorte interno saltara para mostrarle algo evidente que había estado ahí todo el tiempo y de lo que él no había sido consciente.

Les dejó solos un momento, y regresó con un biberón de cereales con leche y chocolate tibio. Ya era mayor para eso, pero a Miku le encantaba su bibe de antes de dormir y a Naruto no le importaba prepararlo para ella.

Esperó a que se lo tomara, sentada en la cama de su mami y su mano aferrada a la camiseta de su padre, para que no se fuera.

La niña estaba acostumbrada a que su padre se marchara antes de que ella se durmiera y a no estar mucho tiempo con sus dos padres juntos y a solas.

Alargó la mano con el bibe vacío a su madre y se acurrucó contra el pecho de Itachi, aferrada a él con manos y pies. Bostezó, y gimió amenazando con llorar, pero se quedó en eso, una amenaza.

Con el estómago lleno y limpita como estaba, era cuestión de poco tiempo que se quedara completamente dormida.

Itachi la dejó en su camita con cuidado, poniendo de nuevo entre sus bracitos el peluche del perro, y arropando a la niña. Le apartó el pelito en una caricia y le dio un fugaz beso en la frente.

Naruto estaba sentado en los pies de la cama, mirándole sin mas. Frotando las manos una contra la otra, tratando de calmar el temblor que se había instalado en ellas.

– Ya... se ha dormido. –Le miró un segundo antes de desviar la mirada a la puerta. – Será mejor que me vaya.

Naruto no responde, y los segundos se suceden entre ellos en silencio. Itachi entiende, siempre lo hace y camina hasta la puerta del cuarto.

– Mañana no tengo trabajo... Vendré por la tarde, para ir al parque o a dar un paseo. Decídelo tu. –Cuando Naruto le mira sonríe, dulcemente. –No te quedes hasta muy tarde despierto, mañana nos vemos.

Dice adiós con la mano desde la puerta, y se gira, para seguir su camino hasta la salida pero una palabra, solo una, le hace girarse intrigado.

Por un momento cree que ha oído mal, no puede ser, seguramente tiene tantas ganas de oírla que su mente le ha jugado una mala pasada, o la varicela le ha afectado al oído también.

Pero al mirar a Naruto, al fijarse intensamente en él, se da cuenta de que no es así.

Naruto le mira, sonrojado, un segundo antes de mirar a otro lado. Manos apoyadas en el borde del colchón apretando con sus palmas hacia abajo.

Lo ha dicho, de verdad.

Y una sonrisa enorme ilumina la habitación entera... el primer paso para un largo camino había comenzado con una solo palabra. Susurrada, entre dientes, temerosa y dicha por impulso, pero una llave que abriría la puerta de ellos llamándose por fin familia.

" Quédate"

…...

Tobi juega en el suelo del salón, ordenando bloques para después tirarlos de un manotazo rompiendo a reír en el proceso.

Deidara lee con atención los pergaminos que le ha dejado Iruka, buscando información sobre su pasado, su aldea, su clan si es tenía uno, pero su infancia era muy difusa, oscura.

Llaman a la puerta y va a ver quien es, después de sonreír al pasar junto a su hijo.

– ¿Si?. – Las personas al otro lado, anbu, perfectamente formados como un escuadrón frente a su puerta permanecen en silencio. Solo uno se ha salido de la formación y le tiende un pergamino que Deidara abre intrigado.

– Tiene que acompañarnos, inmediatamente. – El enmascarado formula la orden con voz plana, sin sonar amenazante. – Su hijo tiene que venir con usted.

– ¿Por qué?, ¿Qué significa esto?. – Aunque ha leído el texto, no entiende nada de nada.

– Lo siento mucho, no puedo decirle nada mas. – Se inclina en una reverencia para disculparse. –Solo nos han ordenado venir por usted y su hijo y entregarle eso. Supuse que lo explicaría.

– No lo entiendo. – Deidara le muestra el pergamino al enmascarado y espera que lo lea. – Yo no he solicitado esto.

– Lo sé, la petición viene directamente del clan Uchiha. –Comenta devolviendo el papel enrollado al rubio. –Nuestro deber es escoltarlos hasta los dominios del clan.

– Sé ir hasta allí yo solo, no hace falta que os molestéis. –Trata de darle sentido en su cabeza a lo que pasa, y la ausencia de Madara le molesta un poco.

– Es nuestro trabajo, Señor. Además, su presencia se requiere en un área del territorio al que no tiene acceso cualquiera. Aunque quisiera ir, no podría ni acercarse, sin eso. –Señala el pergamino.

– Está bien, voy a por el niño y a dejarle una nota a su padre. – se giró un segundo, pero el anbu le detuvo.

– No puede. – le hizo un gesto que sacó una sonrisa a Deidara. –Tenemos que irnos ya.

– Está bien. –Tobi había salido al final al ver que su mami no volvía.

Deidara le tomó de la mano y cerró la puerta. Tobi mira a Deidara, sin entender por que le alejan de sus juguetes, pero aprieta la mano en cuanto empiezan a andar.

El anbu que ha hablado le hace un gesto al niño y Tobi sonríe. Es el mismo que escoltó a Sasuke durante su embarazo y todos los niños le conocen.

Deidara, ahora un poco mas tranquilo, entra por fin en el territorio del clan Uchiha.

Camina de frente, por costumbre, hasta la casa principal, en la que vive, cuando le dejan, Izuna, pero no es por ahí.

El escuadrón desparece en cuanto pisan la calle principal y solo queda uno de ellos, que guía de Deidara por una zona que él pensaba prohibida.

No sabía que pasaba, solo que querían que fuera, con Tobi...

Y ahí estaba.

Esperando que no fuera una treta del consejo para dañar a Madara de algún modo.

Aunque esta vez, estaba mas que preparado... y su hijo apretando su mano y saludando a todo con el que se cruzaba con la otra, era toda la fuerza que podía necesitar.

…...

Hale, se terminó el cap. dejo fuera una escena mas pero no tengo ganas de seguir, la falta de coments mina mi moral... y últimamente no está baja, está en el subsuelo, cerca del centro de la tierra.

Gracias por leer.

Besitos y mordiskitos

Shiga san