Tercera parte de "Nunca mezcles trabajo y amor" donde nos internaremos de cabeza en la maternidad, y en las diferentes maneras de ver un mismo hecho: la convivencia con un hijo nuevo.

Como cambian las cosas que antes eran normales, como comer a su hora, mantener la ropa en su sitio, y esa manía tan rara que tienen los adultos de dormir toda la noche, que los niños no parecen compartir...

Y por si esto no fuera suficiente, Hidan desea un hijo propio y está dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo.

Sasuke organiza su boda sin saber si se llegará a celebrar...

Itachi y Naruto se comportan como los padres divorciados perfectos, solo amigos... pero eso delante de todos... por detrás las cosas son muy diferentes...

Deidara y Madara descubren de la voz de su hijo, que no son papá y mamá, por que eso solo pueden ser los que están casados... y ellos no lo están... aún...

Deidara tendrá que pasar una muy dura prueba hasta ser aceptado por el clan Uchiha y alguien de su pasado regresará...

Itachi/Naruto, Kakashi/Iruka, Kakuzu/Hidan, Izuna/Sasuke, Madara/Deidara...

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NUNCA MEZCLES TRABAJO Y FAMILIA

Capítulo 14: Las esposas.

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En aquél momento, seguía pensando que había oído mal.

Naruto seguía mirando sus pies, rojo como un tomate.

Desvío la mirada a su pequeña, profundamente dormida en su camita.

¿De verdad estaban preparados para comenzar de nuevo?.

Aunque dudó, se acercó despacio, cerrando la puerta que daba al pasillo despacio, evitando hacer ruido y despertar a la niña.

– A dormir. –Murmuró lo bastante bajito como para que Naruto le escuchara, al tiempo que posaba dos dedos en la barbilla del rubio y le alzaba la cara para que le mirase.

– ¿Qué?. –Preguntó sin entender muy bien, desviando la mirada a la pared detrás de él después de mirarle directamente un segundo.

– Que me quedaré a dormir, Si te parece bien. – Aunque se moría de ganas por gritar de felicidad se contuvo lo suficiente como para sonar tranquilo, y eso que por dentro le hervía la sangre de pura alegría. – ¿Dónde quieres qu-...

No terminó la frase por que Naruto tomó la punta de las sábanas con los dedos y abrió la cama, en una clara invitación que no necesitaba de palabras para ser comprendida. Se giró en el sitio y se inclinó hacia delante, para sacar del cajón de la mesilla uno de los pijamas que había comprado para cuando se quedan invitados, y la camiseta de Naruto se movió lo suficiente como para mostrar una de las muchas marcas que Hidan le había hecho por todo el cuerpo.

Levantó una ceja contrariado. No podía ser que sus ojos le engañaran. Eso eran chupetones, claramente.

Chupetones en el cuerpo de Naruto... otros labios posados en esa piel... y hace poco tiempo, muy poco tiempo.

La sola idea de que Naruto estuviera teniendo ese tipo de relación con otra persona que no fuera él, le golpeó de lleno como una patada en los bajos.

Era posible, ¿Porqué no?. Técnicamente y de cara a todo el mundo, estaban divorciados.. y Naruto era muy hermoso, mucho mas de lo que él pensaba.

Sería una venganza terrible, por parte el rubio... pero justa. En ese momento llegó a pensar que incluso no solo lo merecería, si no que se tragaría su orgullo y lo aceptaría sin mas.

Y aunque a veces no todo vale, y sus entrañas le decían que por su hija merecía la pena pasar cualquier calvario, pensó que sería una especie de punto final a todo lo malo que había pasado, y que a partir de ahí, todo podría comenzar de nuevo, sabiendo donde se habían equivocado la primera vez para esquivarlo si surgía una segunda.

Naruto le miraba sentado en la cama, perdido en sus cavilaciones, sin querer mirarle mucho rato, con el pijama,negro, descansando en sus muslos.

A dormir era una buena oferta, para empezar, por eso le dejó tranquilo mientras se lo pensaba.

Estaba tan feliz que no se ponía a dar saltos en la cama por que era de madrugada y la niña acababa de dormirse... pero estaba seguro de que al día siguiente lo haría, mientras reía sin parar y gritaba a todo pulmón.

Ya no tenía que esconderse, ni mentir a Deidara ni a Hidan, que tanto se preocupaban por él y su pequeña. Ahora sería todo … como decirlo... legal.

Naruto aún sentado en la cama le atrajo hasta él, pinzando sus pantalones con dos dedos, y abrazando su cadera con las dos manos. Posó su mejilla en el vientre de Itachi y cerró los ojos.

Incluso ahí, podía escuchar su corazón claramente y su voz, desde dentro.

– Naruto, yo... – Tenía las manos en alto, indeciso, sin saber si dejarlas ahí o tocar su dorado cabello, que es lo que deseaba, lo que sus dedos con un constante cosquilleo le pedían.

– No lo digas, no quiero escucharlo, - tteba. – se aferró con mas fuerza, acariciando con la cara el estómago del moreno. – Todo eso ya no importa, da igual...

Por fin posó sus manos, las dos en su cabeza. Internando los dedos por la suavidad de los pequeños mechones puntiagudos.

No le tembló el pulso, no estaba nervioso. Sintió como el universo entero se colocaba en su lugar, en el lugar que debía estar. Sus lágrimas, cayeron sobre el pelo de Naruto.

No las limpió y no le importó que estuvieran ahí... Amar a Naruto no le hacía menos hombre... y llorar por tenerle, de felicidad, no es vergonzoso...

y una dulce muy dulce sonrisa surgió de sus labios, sola, inconsciente... natural.

– Estoy de vuelta, en casa. – Murmuró por fin, tras unos minutos de incertidumbre, poniendo todo en orden en su cabeza.

– Bienvenido a casa. – Naruto levantó la cabeza para mirarle directamente. Esa dulzura, sinceridad y paz que solo el rubio podía darle se plasmó en sus ojos, claros.. tan claros como el cielo despejado.

Tomó el pijama directamente de sus muslos y se dispuso a ponérselo.

Naruto se metió bajo las sábanas , dándole la espalda, en el otro lado de la cama.

Escuchó los siseos de las prendas al ser retiradas, las nuevas puestas de nuevo, y el peso de Itachi sacudiendo el colchón bajo él a los pocos minutos.

Se tumbó dándole la espalda, teniendo cuidado de guardar las distancias para no rozarle siquiera, a pesar de estar ambos bajo las sábanas.

Naruto deslizó la mano fuera del lecho y apagó la lámpara de la mesilla, pero la luna, como un faro brillante, iluminó de igual modo el cuarto.

Esperó un tiempo, hasta que creyó que el moreno se había dormido mirando su silueta, antes de susurrar.

– Gracias. – Sin poder evitarlo su mano viajó sola hasta la cadera de Itachi y se quedó ahí.

– Gracias, ¿Por qué?. –Itachi sujetó su mano en el sitio y se dio la vuelta para quedar cara a cara, y posar la mano de Naruto de nuevo en su cadera, pero ahora en la contraria.

– Por quedarte, no quiero volver a dormir solo. – Susurró junto a su cuello, deslizando la cara por la almohada para acercarse.

– No parece que hayas dormido solo últimamente. – Comentó casual, tocando el mismo chupetón que había encontrado Deidara en su cuello.

– No es lo que crees, me lo ha hecho Hidan. – Infló los mofletes medio enfadado.

– ¿Te acuestas con Hidan?. – Preguntó, en serio. Naruto soltó una risita por lo bajo.

– ¿Crees que me tiro a Hidan?, ¿En serio?. – Comentó divertido.

– No, bueno, quiero decir... Hidan es hermoso y adora a Miku...no sería raro, en fin. – Se ponía tan mono cuanto trataba de darle sentido a algo completamente imposible, que Naruto no pudo evitar ensanchar la sonrisa.

Aunque la tentación de seguir con la bromita de que lo había hecho con Hidan era muy grande, las ganas de retomar la "vida conyugal" de una vez por todas con su moreno, le hicieron soltar una petición, que de haber estado encendida la luz, estaba seguro de que Itachi habría inventado un nuevo tono de color rojo, con el color que seguro tenía su cara después de oírle.

– Hazlos tuyos... los chupetones de Hidan...solo tienes que marcarlos de nuevo y listo. – Itachi se sentó de golpe, confuso. – Aunque me gustó, para que voy a negarlo... hacía mucho tiempo que nadie me tocaba así. Me gustaría repetirlo, a ver si se siente igual.

– ¿Repetir?. – Se dobló hacia delante, sobre Naruto sin llegar a rozarle, para poder seguir hablando en un susurro sin despertar a la niña, a penas unos pocos metros de ellos, en el cuarto de al lado.

– Que me muero por follar contigo. ¿Cuánto mas vas a hacerme esperar, Itachi? – Preguntó con voz sensual el rubio.

Si no fuera posible, podría jurar que estaba a punto de correrse solo con escucharle decir eso.

Se levantó, lentamente, y cerró la puerta que conectaba su cuarto con el de la pequeña despacio, asegurándose primero de que la niña estaba profundamente dormida, y regresó a la cama.

Naruto ya se había dedicado a quitarse la ropa, por que una prenda le dio en pleno rostro cuando se arrodilló en el colchón sobre el rubio.

El pantalón del pijama.

Se sacó la camiseta por la cabeza y pudo ver perfectamente las marcas por todo su pecho y estómago, pero de nuevo el rubio le sorprendió clavando el talón en su cintura y trayéndole hacia él, hasta caer encima.

– ¿Desde cuando te has vuelto tan atrevido?. – Preguntó con su boca a punto de besarle.

– Desde que Hidan me dijo que, si quería algo lo tomara. – Alzó la cara buscando el beso.

– Al final voy a tener que darle las gracias. – Descargó su peso sobre Naruto, mientras con sus manos buscaba al suavidad de la piel de la espalda del rubio.

– Deberías, pero ahora vamos a dejar de hablar de él, y haz lo que te he pedido. – Alzó las caderas para hacerle ver que ya estaba mas que listo. Los temores por su aspecto, o por decepcionarle ya no existían ni un poco.

Sin darse cuenta, sus dedos temblaron en la espalda de Naruto. Era como una especie de sueño anhelado que se hacía realidad.

Del mismo modo, el pulso de Naruto tembló en su espalda. Puede que sus palabras sonaran atrevidas, pero su cuerpo, temeroso, dedos nerviosos, le decían a Itachi otra cosa. Seguramente estaba aterrado de volver a entregarse así a otra persona, es normal cuando te han hecho tantísimo daño como el que él le había causado, por eso trató de ser lo mas considerado posible.

En su mente volvió a revivir su primer encuentro. Esos mismos miedos, a no ser capaz de hacerle disfrutar de su primera experiencia, a ser demasiado brusco, a parecer ansioso y egoísta, solo centrado en su propio desahogo... esa misma sensación de querer darle todo lo que pidiera le rodeó por completo. Esta vez no iba a ver llorar a Naruto, ni siquiera de felicidad.

Gateó a la contra, hacia los pies y se dedicó a besar la piel de estómago del rubio. Recordó que la última vez que lo hizo, su pequeña estaba ahí, justo detrás de esa fina capa de piel tirante.

Sus manos viajaron firmes por los muslos, hasta las rodilla y vuelta hacia arriba.

La dolorosa manifestación del deseo se encontró entre sus vientres cuando Itachi deshizo el camino de bajada para volver a tener los labios del rubio a su merced. Naruto se arqueó contra él, restregándose lascivamente contra su "Ex-marido".

Recordó que su pequeña estaba en el cuarto de al lado y que no sería buena idea despertarla. Como era imposible para él usar sus manos para acallar los gemidos que salían de su boca sin pudor alguno, clavó sus uñas, las de las dos manos, en la espalda de Itachi y sus dientes en el hombro que pudo atrapar alzando la cabeza. Hizo fuerza con todas sus presas mientras el orgasmo le robaba la razón y la fluidez en su cuerpo, convirtiéndole en una masa gelatinosa formada totalmente por terminaciones nerviosas.

Las manos de Itachi volaron a su trasero, apretando las palmas contra él para hacer toda la fuerza que sus brazos le daban contra su cuerpo. Sintió los dedos del rubio tocar su piel, buscando como tapar sus labios, olvidándose de que podía ahogar sus gemidos en la propia boca del moreno, y notó las uñas clavándose en su espalda... todos sus sentidos completamente alerta y enfocados en todos y cada uno de los movimientos del cuerpo del rubio bajo él suyo. Cada jadeo, músculo tensándose, caricia, aliento, entrando en su cerebro para quedarse ahí, y emitiendo una respuesta igual de placentera y agradable.

Cuando los dientes de Naruto apretaron la carne de su hombro, se corrió.

Así de simple.

No necesitó estar en su interior, eso ya no era necesario.

Todo el placer que su cuerpo podía soportar quedó calmado con el roce intencionado de sus cuerpo.

Podía sentir entre los espasmos de su propio desahogo, el cálido y viscoso resultado salir de Naruto directamente a su vientre, y mezclarse con el suyo propio...

Incluso jadeaban al mismo tiempo y con la misma intensidad.

Aunque aún seguían abrazados sin moverse, Itachi notó que el ambiente entre ellos había cambiado. Algo en el tacto del rubio se notó distinto, mas duro. Y la sola idea de que pensara que había sido un error, le hizo apretar mas su abrazo, manteniendo al rubio contra él.

Se dio cuenta de lo que pasaba cuando, sin intención alguna, desplazó una de las manos, que seguía aferrada al trasero de Naruto, y rozó sin querer la entrada del rubio con dos dedos.

Todo su ser notó el cuerpo del rubio tensarse entre sus brazos, y el miedo inconsciente que atenazó todos y cada uno de sus músculos; escuchó perfectamente el "no, por favor" que surgió de los labios del mas joven.

Se levantó con calma de encima suyo, lo último que quería era asustarlo por algo o que huyera de él.

Naruto se sentó dejándole de rodillas entre sus muslos, separados pero ahí, con él.

– No es culpa tuya. – Murmuró en una especie de disculpa que Itachi no le había pedido. – Es que no puedo... se que te he incitado yo, pero...

– Está bien, lo entiendo. –Se inclinó hacia delante para atrapar sus labios en un dulce beso. –Creo que para ser nuestra primera noche, hasta aquí ha estado bien.

– Y-yo... si quieres … ya sabes, hasta el final... – Otro beso le impidió terminar la frase.

Itachi buscó a tientas entre las prendas del suelo y le tendió a Naruto las suyas, dejando su pijama a los pies de la cama. Se levantó y fue al baño, para traer la toalla con la que limpió los restos del encuentro que permanecían enfriándose en el vientre del rubio, sin decirle nada, solo sonriendo.

Incitó a Naruto a vestirse con el pijama de nuevo y él hizo lo mismo. Pero no se metió en la cama consciente de la hora que era. Atrajo al rubio a sus muslos y le abrazó contra él, esperando algo que ocurría todas las noches.

Un gemido, otro, un golpe... y un llanto. Miku despertándose como cada noche. Los dos sonrieron, no por que les hiciera gracia que la niña se despertara así, si no por que los dos estaban esperando eso.

– No nos habría dado tiempo a terminar, de todos modos. – Itachi le dejó sobre el colchón para atender a la niña. – No te preocupes, tenemos todo el tiempo del mundo... Ahora voy a calmar a la fiera.

Naruto contuvo una carcajada al mote que le había puesto a su pequeña, que ciertamente, en ese momento estaba gruñendo por que nadie acudía a su llamado.

Estaba despierta y mojada... ¿Es que nadie pensaba ir a ver y de paso cambiarle el pañal por uno seco?.

Dirigió sus enormes ojos azules a la puerta en cuanto se abrió, y frunció el ceño al reconocer a su padre acercarse a ella...

¿Desde cuando su papá estaba por las noches ahí, en casa de su mamá?... Eso nunca había pasado, era la primera vez y estaba desconcertada.

No, ese no podía ser su padre. Y por mucho que Itachi trató de calmar al pequeña, no hubo manera.

Miku lloraba, ahora sí, con todas sus ganas... hasta que Naruto, sonrisa radiante en su rostro, acudió al llamado.

La niña miró a sus dos padres... juntos, de noche, en la misma casa... su papi...una sonrisa gigante se dibujó en su cara y alzó los bracitos a Itachi, que la acogió entre sus brazos hasta que se calmó, dejando un leve jadeo como consecuencia del llanto.

Le cambió el pañal y se dispuso a meterla en su camita, pero la niña se aferró a su cuello como si su vida dependiera de ello.

Naruto, que había vuelto a la cama, le invitó a dejar que la niña durmiera entre ellos.

Itachi acomodó a la pequeña en el centro de la cama y fue a por su perro de peluche, que puso en sus bracitos antes de ocupar el otro lado de la cama. Naruto apagó la lampara y los brazos de los dos se cruzaron sobre su hija.

No hacía falta la luz para saber que los tres tenían una inmensa e imborrable sonrisa de felicidad que estaría ahí para siempre.

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El portón frente a él se abrió lentamente, pesado.

Era cierto que jamás había oído hablar de esa parte de las tierras del clan, aunque si que había oído rumores y suposiciones sobre las terribles pruebas a las que eran sometidas las mujeres que pretendían desposarse con un Uchiha y que fueran de otra familia, clan o aldea, no se le ocurrió preguntarle a Madara ni a ninguno de los de esa familia que conocía si eran verdad o solo cuentos sin valor.

El pergamino entre sus dedos era claro. Se requería su presencia de manera inmediata en las tierras destinadas a las candidatas, donde se sometería al juicio, y se determinaría si su persona era digna de ser aceptada o no dentro del clan.

Deidara, nunca, jamas de los jamases, se planteó eso. Después de la terrible vida que había llevado, simplemente con estar al lado de Madara y de su hijo ya era feliz.

Aunque si había fantaseado con una boda, entre ellos, no se le ocurrió que alguna vez ocurriría. Después de que el consejo echara a Madara no tenía ánimos de proponer algo tan fuerte como el matrimonio. Ni siquiera cuando se embarazó de Tobi ese pensamiento se instaló en su mente.

Lo pensó, fugazmente, fantaseó un par de veces, pero no se atrevió a decirlo en voz alta.

Deidara no era codicioso, se había acostumbrado a vivir felizmente con lo que tenía, pero ahora todo era diferente.

Por que la petición venía directamente del clan, pero ¿De quién?y ¿Porqué ahora y no cuando esperaba a Tobi?

Detuvo sus pasos mientras el portón se iba cerrando tras él y se quedaba solo frente a un ancho camino en un precioso jardín de arboles en flor.

Tobi se despidió de su papajúm de la mano del anbu, después de que le hicieran entender que su mami tenía que ir solo a ese sitio, y que él iba a estar con el tío Izuna en su despacho.

El golpe secó que cerró la puerta del todo le hizo dar un respingo. Llevó la mano al corazón que iba a mil por hora y tomó aire. Caminó con paso firme, sin disfrutar de la vista del precioso jardín.

Esperaba una especie de tribunal al final del camino. Una docena de viejos grises de cara arrugada y expresión amargada tras una mesa, enumerando todas las miserias de su persona, menospreciándole y haciéndole ver el tipo de persona penosa que era.

Seguramente tratarían de comprarle a Tobi, o sobornarle con cualquier cosa para que dejase a Madara. De ese clan, capaz de deshacerse de alguien tan bueno como su novio solo por el hecho de amar a otro hombre, se esperaba cualquier cosa.

Tenía que mentalizarse para ser fuerte. Nada de lo que pudieran decir o hacer tenía que afectarle. Tenía que ser capaz de aguantar lo que fuera por su pequeño, y por su chico, lo que fuera.

Llegó a una segunda puerta, mas pequeña pero igual de pesada, que de nuevo se abrió sin acción de nadie, dejándole pasar y cerrándose al momento de cruzarla.

Otro jardín, mas pequeño e intimo. Altos muros rodeaban la edificación del centro, cubierta de un gran rosal que dejaba caer las flores por su fachada, enmarcando las ventanas y puerta.

Caminó mas lentamente, su determinación flaqueando un momento, pero se repuso en un segundo. Lo que tuviera que pasar , mejor cuanto antes.

Llegó a la puerta y llenó los pulmones antes de llamar.

Las voces al otro lado de ella le extrañaron un poco, pero no quiso hacer suposiciones de ningún tipo, a si que, abrió despacio.

Entró al amplio descansillo y una jovencita sonriente le hizo un gesto con la mano para indicarle el camino.

La sonrisa de esa chica se llevó un poco de la tensión que estaba encogiéndole las entrañas, pero solo un poco.

Escuchó pasos apresurados tras la siguiente puerta.

Murmullos, ¿Risitas?.

Abrió la puerta despacio y la visión al otro lado le hizo juntar las cejas contrariado.

El tribunal de viejos arrogantes se desdibujó ante sus ojos por un salón lleno de flores que aromatizaban el ambiente, una enorme sala iluminada, llena de mesas con comida, bebida, música...

y un montón de mujeres mirándole con una enorme sonrisa en sus caras.

– ¿Es él?. – Una de ellas, desconocida, le tomó suavemente por el antebrazo y le invitó a entrar del todo, cerrando la puerta de paso. – ¿Eres Deidara?

El rubio asintió, confuso.

Miró alrededor sin entender.

Se vio rodeado de mujeres en medio segundo, que le tocaban por todas partes, le hacían girarse, y le sonreían continuamente.

Entre el bullicio reconoció una de esas caras, que finalmente pidió un poco de tranquilidad al resto.

– ¿Mikoto-san?. – Deidara caminó hasta ella re-colocando su ropa, sonrojado. – ¿Qué está pasando aquí?. – Levantó la mano con el pergamino con la duda pintada en su rostro. – Y-yo...

– Me temo que eso es mío. – Otra mujer tomó el rollo de sus dedos, y a esta también la conocía, aunque menos.

Era la mujer del parque... y le estaba sonriendo.

Oooooooooo

Hale, pues otro mas.

No em gusta la parte de itanaru, no tocaba tan pronto y el resultado me da asquito, demo, me lo habéis pedido tanto que … ya está, no han follado pero se han dado el gustito.

Espero que os guste.

Besitos y mordiskitos

Shiga san.

Note para Goshy: Holitas cielito, si no inicias sesión o me dejas tu mail, no puedo responder tus revis de modo independiente y privado como hago con todo el mundo, mas que nada, por que no me gusta incluir las respuestas en el cap y dejar el relato mas limpio.

Pero Muchas gracias por tu apoyo y si que lo leo, nee?.