Tercera parte de "Nunca mezcles trabajo y amor" donde nos internaremos de cabeza en la maternidad, y en las diferentes maneras de ver un mismo hecho: la convivencia con un hijo nuevo.
Como cambian las cosas que antes eran normales, como comer a su hora, mantener la ropa en su sitio, y esa manía tan rara que tienen los adultos de dormir toda la noche, que los niños no parecen compartir...
Y por si esto no fuera suficiente, Hidan desea un hijo propio y está dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo.
Sasuke organiza su boda sin saber si se llegará a celebrar...
Itachi y Naruto se comportan como los padres divorciados perfectos, solo amigos... pero eso delante de todos... por detrás las cosas son muy diferentes...
Deidara y Madara descubren de la voz de su hijo, que no son papá y mamá, por que eso solo pueden ser los que están casados... y ellos no lo están... aún...
Deidara tendrá que pasar una muy dura prueba hasta ser aceptado por el clan Uchiha y alguien de su pasado regresará...
Itachi/Naruto, Kakashi/Iruka, Kakuzu/Hidan, Izuna/Sasuke, Madara/Deidara...
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NUNCA MEZCLES TRABAJO Y FAMILIA
Capítulo 15: El ritual secreto.
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– Ven conmigo. – La mujer del parque le tomó por la cintura, guiándolo hacia el otro lado del cuarto.
El pergamino pasó de unas manos a otras, y todas las personas ahí presentes, en su mayoría mujeres, leyeron sus palabras. Antes de depositarlo en una especie de altar en miniatura, sobre una pequeña almohada blanca y dorada.
Lo que mas intrigaba a Deidara era la tranquilidad y la sonrisa con la que se estaban tomando la situación que para él era de puro pánico apenas unos minutos atrás. Intuyó que la explicación llegaría sola, a si que no preguntó nada.
Pasaron a una nueva sala, y se quedaron a solas. La mujer le soltó, caminando hacia delante, a la pared mas alejada donde un enorme árbol genealógico estaba elegantemente grabado.
Se paró y esperó que el rubio se acercara sin decirle nada. Señaló al frente, para que lo mirase.
La mujer señaló una rama en concreto...
– Supongo que sabrás que es esto, ¿No?. – Deidara leyó los nombres y miró confuso a la mujer. – Esta soy yo, mi esposo... mis hijos, mis nietos. – Fue pasando el dedo por los nombres, hasta que se paró un poco mas abajo, en un nombre conocido para el rubio. – No puedo permitir que este sitio siga vacío.
Deidara posó el índice en hueco vacío, unido a dos celdas, una a un lado, con el nombre de Madara, y otra debajo, con el nombre de su hijo, bellamente escrito en negro.
– Yo no puedo estar aquí. – Apartó la mano con la que tocaba la celdilla en blanco y miró los nombres escritos sobre los de su pequeña familia, sonriendo al comprender quien era esa mujer, y por que le sonaba tanto su forma de ser.
– Me temo, que no lo decides tu. – De pie a su lado, la mujer señaló el nombre junto al suyo propio.
Deidara se dio cuenta de algo raro, que ese árbol no era normal... aunque había cientos de nombres, parecía como si todos los matrimonios surgieran dentro de las mismas familias...
– Estás aquí para ser juzgado, por nosotras, las esposas. – Altiva, orgullosa de su condición, señaló a la puerta, donde el resto de mujeres esperaban.
La mas anciana entró en la sala con el árbol, y caminó hasta él, posando su mano en el gran tronco, instando a Deidara y al resto a sentarse en los cómodos cojines que bordeaban el resto de paredes excepto la puerta.
Las mujeres iban hablando alternativamente, una frase cada una, dejando claro su complicidad y que hacían eso cada vez que una nueva esposa aparecía para cumplir con el ritual que la primera esposa había creado para ellas. Comenzó el relato la mas anciana, desde su sitio de pie junto al tronco grabado en la pared.
" Desde que tengo uso de razón, las mujeres del clan hemos cargado un peso demasiado grande para nuestros pequeños hombros.
Nosotras, y solo nosotras, teníamos la obligación de dotar al clan de un heredero, y uno mas, para formar la siguiente generación.
También algunos muchachos, como es tu caso, han compartido la obligación, pero son casos excepcionales, que el consejo se encargó de ocultar con el paso del tiempo.
Muchas de las que estamos aquí hemos conocido a varios jóvenes en tu misma situación, con la capacidad para dar al clan un heredero provechoso.
Cada rama de la misma matriz.
Hermanos que dejan de serlo para ser otra cosa.
Dejan de ser hermanos y son esposos.
Sin voz, sin destino, sin tomarnos en cuenta, las esposas de nuestro clan, cargamos con el peso de un apellido con demasiada historia, tan antiguo como el tiempo."
Deidara miraba el árbol, entendiendo lo que estaba mal en el al escuchar a la anciana.
" La primera de nosotras, obligada a yacer con su propio hermano para engendrar la siguiente generación, una Uchiha de sangre pura, con su propio hermano, que deja de serlo bajo las sábanas, con el resto del clan al otro lado de la fina puerta de papel... sufrió en silencio, sola, sin nadie con quien hablar, en quien apoyarse, en quien confiar.
Durante años vio una y otra vez repetirse, miles de lágrimas derramadas en cumplimiento de una tradición antigua, inevitable, injusta.
Cuando su propia hija, llamada como ella a cumplir la tradición, estuvo lista para hacerlo, creó esto que ves a tu alrededor...
Una unión, algo solo nuestro, de las esposas. Un espacio, en el que poder olvidar la función para la que vivíamos. Un sitio en el que los esposos, el apellido, el clan, nada es importante.
Se estableció que durante una semana, siete días antes de ser desposada, la esposa sería juzgada. A ojos de los hombres, duras pruebas, dolorosas y terribles, de las que ninguna esposa comentará nada a nadie una vez terminada la semana.
La realidad, es que la primera de nosotras, estableció este tiempo para sentir que somos libres, que podemos reír, llorar, disfrutar, comer, beber, no ser importantes para el clan... ser solo seres individuales.
Entiendo que los tiempos han cambiado desde entonces, pero aún así, hemos conservado esta tradición, ya que es nuestra, tan antigua como cualquiera de las que exige el consejo de ancianos.
A si que, Deidara, te damos la bienvenida a nuestro lado.
Aunque ya eres del clan por pleno derecho, deseamos oír tu historia, no para juzgarte, si no para conocerte mejor, y darte el lugar entre nosotras que sabemos te mereces.
Pero antes, has de jurar que nada de lo que aquí hagamos o hablemos, saldrá de tus labios una vez fuera de los muros de esta casa.
Y debes comprender, que una vez finalizada la semana, saldrás de estas tierras para formalizar tu situación dentro de nuestra familia.
Saldrás de aquí siendo una novia, para ser una esposa al final del día... Bueno, en tu caso, serás un esposo, pero ya hablaremos de cambiar las normas mas adelante...
Ahora, si haces el honor, nos gustaría escuchar la historia de tu unión con Madara... Por favor, si eres tan amable de pasar a la habitación anterior... te escucharemos mientras disfrutamos de la comida y bebida que ha sido preparada."
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Miku parpadea recién despierta. Estira con fuerza cada uno de sus músculos y bosteza abriendo su pequeña boca hasta el límite. El chupete, aún colgado en la barandilla de la cama infantil, llama su atención, y está a punto de tomarlo entre los dedos, cuando recuerda algo que había olvidado por el sueño.
Sentada aparta las sábanas con los pies, y se inclina hacia delante, para bajar del colchón arrastrando la tripa hasta que toca el suelo con la punta de los pies.
Va descalza de un pie, el calcetín perdido entre las sábanas, pero está tan contenta que no le importa ni un poco.
La cabellera negra de su padre asoma por encima del borde de las sábanas, y cuando se acerca ve claramente los ojos negros de Itachi clavados en ella, con una sonrisa dulce en sus labios.
Intenta subir a la cama, demasiado alta para ella, pero aún así, echa una pierna hacia arriba. Clavando los codos se da impulso, pero es la mano de su padre, en el pesado pañal nocturno, la que le da el último empujoncito para subir con ellos.
Aparta un poco las sábanas, lo suficiente como para meterse dentro, entre sus dos padres. Naruto está de espaldas a ellos, y la niña se gira entre risitas para encarar a su padre, que no puede dejar de sonreír de pura felicidad. Itachi se desliza fuera, para preparar el baño y dejar a la niña limpia antes del desayuno.
Deja a Naruto durmiendo, y prepara el alimento, el desayuno para los cinco, cuenta con Sasuke y Taka para eso, y los bocadillos de los niños para la guardería.
Miku mira a su padre desde la trona, limpita y contenta. Confusa, su sonrisa se borra un instante, mirando alternativamente a su padre y la puerta. Espera, como siempre, que se marche. Está acostumbrada, aunque no le guste a que eso ocurra, a despedirse de Itachi un docena de veces cada semana.
Pero no pasa, en su lugar, Itachi vuelve con Taka en brazos, medio dormido, mientras sus cereales se remojan en el bol frente a ella.
Miku sonríe al otro niño, y come la primera cucharada de sus cereales sin dejar reír, está tan feliz que casi parece un sueño.
El tío Sasuke también se sienta en la mesa, y la regaña... por meter la mano en el bol y usar los aros de cereal como anillos en casi todos los dedos de una mano... pero sus reproches no duran demasiado por que el tío Sasuke también sonríe al ver a su papá ahí con ellos.
Cuando casi ha terminado el zumo, Naruto entra en la cocina, en pijama, descalzo y con el pelo mas alborotado que de costumbre si es que eso es posible. Besa a Taka y a Sasuke en la cabeza, según pasa por su lado y a su pequeña del mismo modo.
Cuando llega a Itachi le hace apartarse de la mesa con la silla y todo, y se sienta sobre sus muslos, abrazando su cuello con los dos brazos y se besan entre risitas.
– ¿Otra vez?. – Sasuke bufa molesto, de broma. – Creí que me había librado de vuestros ataques almibarados a traición...
– Tienes que perdonarle. – Naruto justifica a Sasuke. – Siempre está de mal humor por la mañana... ya sabes... poco sexo...
– Eso es un golpe bajo... Izuna está ocupado con los temas de.. – Detiene la contestación al darse cuenta de que los dos le están sonriendo, divertidos. – Muy graciosos... Taka, termina el desayuno, que hay que vestirte.
Unos golpes en la puerta de entrada interrumpen el desayuno de la familia.
Un emisario del clan Uchiha porta dos pergaminos, uno para cada hermano.
– No me lo puedo creer. – Itachi enrolla de nuevo su pergamino después de leerlo.
– ¿Qué ocurre?. – Naruto en la puerta, tras Itachi, pregunta.
– Parece que hay un juicio para determinar esposa. – Sonríe a la cara intrigada que pone el rubio. – Alguien del clan que va a casarse con una persona de "fuera". Nos piden que asistamos al final del juicio, para escuchar la decisión que han tomado las esposas sobre la nueva novia... Sobre si es buena para ser de nuestro clan o no...
– ¿Y por que yo no he pasado por el juicio ese?. – Naruto pregunta inocente.
– Por que yo no estaba en el clan en ese entonces, y por que nadie lo había solicitado. – Besó su sien después de responderle.
– ¿Y quien es la nueva esposa?. – Sasuke seguía leyendo, al terminar fue quien contestó.
– No se sabe hasta el día del juicio. Todo el clan debe estar presente para oír a las antiguas esposas en su decisión, y sea cual sea, debe cumplirse sin negarse.
– ¿Y el novio?... Es alguien del clan, ¿No?. – Itachi fue quien desenrolló esta vez el suyo, releyendo sin encontrar el nombre. Miró al hombre que aún esperaba a pie de calle la respuesta.
– Deidara san está en el territorio de las esposas desde ayer en la tarde. – el hombre respondió la pregunta no hecha por Itachi.
– Madara tiene que saberlo. – Susurró Naruto.
– Está fuera, de misión. – Respondió Sasuke, con cara culpable. – Debí sospechar algo cuando Izuna me pidió que volviera contigo esta semana.
– Muchas gracias, asistiremos sin falta. – Itachi le devolvió el pergamino con su respuesta al emisario, y su hermano hizo lo mismo.
– Dentro de una semana, vamos de boda. – Itachi le abrazó levantándole en el aire para besarle sin temor alguno.
Sasuke rodó los ojos, otra vez su casa se volvía rosa chicle, pero por lo menos, ahora no le molestaba tanto...
Por fin Naruto volvía a ser feliz y él era el que mas se alegraba por su amigo.
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El jaleo de la mañana inunda la enorme casa del territorio de las esposas. Un montón de mujeres se afanan en tener todo listo para la boda, entre risitas y pasos cortos y apresurados, a pesar de que aún quedan seis dias por delante y que Madara aún no sabe nada de nada por estar fuera de misión.
Una voz se escucha al otro lado de la puerta, haciendo que la estancia quede en completo silencio.
– Deidara, tienes visita. – Mikoto le pide que acuda a la puerta con la mano.
El rubio va, cauteloso. Cuando abre la puerta su sonrisa se hace inmensa.
– Normalmente no se permite ninguna clase de visita mientras dura la semana del juicio, pero vamos a hacer una excepción. – La anciana acude a la puerta también, mientras el resto retoma sus quehaceres.
– ¡ PAPA JUMMMMMM!. – El niño salta sobre el rubio, y se aferra a su cuello con fuerza.
– Buenos días, cariño. ¿Estás bien?, ¿Has desayunado?, ¿Tienes todo listo para el cole?, ¿Te estás portando bien?. – La retahíla de preguntas sale como una ametralladora de sus labios mientras inspecciona a su hijo por todas partes.
– Toy men. Mimido con tío Zuna, en una cama gaaaannnndee. Papajum da susto ¿Tas mien tu?... yo juego, pinta, pacho de tío mene gente, dice Tobi muen niño, dan chuches, tocan pelo... tio Zuna dice Tobi tene que perar, a que papá de nillo a papajum... – Tobi gesticula con las manos para dar importancia a lo que cuenta. – ¿Papá y tu no novios?... pero ¿Tu si mi mamá, no?, y papá si papa de Tobi, ¿No?... yo susto cuando dice, pero tio Zuna dice, tu pinta, todo men, papa y papajun cecitan pujoncito... no tiendo mu men... pujoncito... ¡Oh! teno cole, papájum, tu porta men, haz caso a señora vieja y come to sin poner cara. – Tira de la manga de su madre para obligarle a bajar a su altura y le palmea la cabeza. – Moy al cole, tu se meno y mengo luego, ¿Vale?.
Tobi sale a la puerta con el anbu que le ha traído, pero se da la vuelta para besar a su madre en la mejilla y darle un mini abrazo de oso muy dulce.
Se despide con la manita y va dando saltitos, feliz de ir de nuevo a clase.
Una vez dentro, la mujer que le había hablado en el parque aparece con una caja grande que pone en el centro de la habitación, para que todas la vean.
– ¿Qué es?.. – Duda el rubio, aún feliz del pequeño momento con su pequeño.
– Ábrelo, criatura, todas queremos ver como ha quedado. – le empuja una de las mujeres con cuidado.
Deidara se arrodilla frente a la caja y desliza la tapa fuera. Las finas prendas perfectamente dobladas se dibujan ante sus ojos. Puede ver un largo obi, en tono violeta, que levanta con cuidado y deposita a un lado sobre la tapa vuelta del revés.
La prenda de blanco puro, con las uniones en los hombros del mismo violeta que el obi es de la misma suavidad y delicadeza. Desdobla las mangas, y se recrea en los pequeños pétalos bordados en tono crema, que van uniéndose hasta hacer que los anchos puños, tipo kimono, sean totalmente en crema. Cuello ancho, abierto de hombro a hombro, con un elegante corte que dejaba la parte delantera debajo del ombligo, abriéndose a ambos lados hasta tocar el suelo por detrás.
También lo aparta, con cuidado y ve las prendas que quedan. Un yukata corto en color crema, del mismo tono que el bordado de las mangas de la prenda anterior y un pantalón, todo ello de un gusto exquisito.
Sus dedos tiemblan sobre las prendas, y una lagrimita baja por su cara.
– Supusimos que un pantalón sería mas adecuado, teniendo un niño tan pequeño... – Una de las mujeres le tocó el hombro.
– Pero como... – Deidara pregunta sin hacerlo como saben su talla...
– Ya te lo dijimos ayer, ya eres de nuestro clan... Desde el momento en el que Madara te llevó con él, empezamos a confeccionarlo.
– Pero... ¿Por qué ahora?. – Se levanta y encara a las mujeres...
– Por que he estado en la cárcel hasta hace una semana. – La mujer del parque se abrió paso entre las demás. – Aunque siempre he sabido de tu existencia, no he podido hacer nada hasta ahora...
– ¿Usted ha solicitado el juicio?, ¿Porqué?. – Preguntó de nuevo, mas confuso todavía.
– Por que si quieres darme un segundo nieto, casaros es algo que debéis hacer, para que esa pesadez que tienes en el alma, se disipe. – Tomó su mano con cuidado y acarició el dorso con el pulgar. – Yo he solicitado el juicio por que Madara es mi hijo.
– eh... ¿Por qué... – La nueva pregunta murió en sus labios, al sentir a Mikoto a su lado, respondiendo en lugar de la recién descubierta suegra.
– Mató a su marido. – Deidara abrió mucho los ojos al escuchar eso. – Por esa razón no pudo.
– No te preocupes, cielo. – Otra mujer le guió a la mesa, para conversar mientras comían. Puso un vaso de agua en su mano, parecía necesitarlo. – Ese cabrón se lo merecía... era una mala persona y la señora Yukari aguantó lo indecible, por sus niños... pero eso lo entiendes, ¿Verdad?.
– Una madre aguanta lo que sea por sus hijos, cualquier cosa. – Deidara bebió de un trago medio vaso de agua, entendiendo las palabras en toda su definición.
– Pero... ¿Era su hermano, no?. – Se atrevió a preguntar después de unos minutos.
– Precisamente por eso era mucho mas terrible... pero no estamos aquí para escuchar mi historia, si no la tuya con mi hijo...Puedes empezar desde que te escapaste de Iwa y seguir desde ahí...
– ¿Cómo sabe que... – Intrigado miró de nuevo al grupo de mujeres a su alrededor.
– Lo sabemos todo sobre ti, pero no es eso lo que nos interesa, queremos conocer la persona que hay debajo de todos los datos, número informes... lo que sentiste, pensaste... esas cosas que no aparecen, lo que te hizo enamorarte, que sentiste al saber que esperabas al niño...
Deidara entendió, y masticó con tranquilidad un trozo de jugoso bizcocho.
– Es una historia un poco larga. – Se justificó inútilmente, por que ya tenía la atención de todas las personas ahí presentes.
– Tenemos seis días por delante. – Le aclaró una de las mas ancianas.
Y así comenzó su relato, con la mano de Yukari, aferrada a sus dedos por debajo, con un tacto cómplice y maternal...
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Ale hop, malavarismoooooossss...
Bueno, no estoy mu bien y eso, ha sido mi cumple y como me pasa con los revis, silencio pro todas partes jajaja.. as i que sigo un poco choff, pero intento darme prisa en todos los fics.
Espero que os guste el cap.
Besitos y mordiskitos
Shiga san.
pd: Goshy, tu mail no salió en el revi, pero ya te tengo en gmail, tranquila. tu comenta que te respondo por ahí, cuando quieras
