Tercera parte de "Nunca mezcles trabajo y amor" donde nos internaremos de cabeza en la maternidad, y en las diferentes maneras de ver un mismo hecho: la convivencia con un hijo nuevo.
Como cambian las cosas que antes eran normales, como comer a su hora, mantener la ropa en su sitio, y esa manía tan rara que tienen los adultos de dormir toda la noche, que los niños no parecen compartir...
Y por si esto no fuera suficiente, Hidan desea un hijo propio y está dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo.
Sasuke organiza su boda sin saber si se llegará a celebrar...
Itachi y Naruto se comportan como los padres divorciados perfectos, solo amigos... pero eso delante de todos... por detrás las cosas son muy diferentes...
Deidara y Madara descubren de la voz de su hijo, que no son papá y mamá, por que eso solo pueden ser los que están casados... y ellos no lo están... aún...
Deidara tendrá que pasar una muy dura prueba hasta ser aceptado por el clan Uchiha y alguien de su pasado regresará...
Itachi/Naruto, Kakashi/Iruka, Kakuzu/Hidan, Izuna/Sasuke, Madara/Deidara...
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NUNCA MEZCLES TRABAJO Y FAMILIA
Capítulo 16: Ceremonia de boda.
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Naruto estaba espiando, sin poner cuidado, ni vergüenza alguna, pero con una enorme sonrisa en sus labios.
En el suelo del cuarto, Itachi le daba la espalda, sentado con Miku en el hueco de sus piernas.
Desde donde estaba, el rubio podía ver las cicatrices en su espalda, perfectamente. Recordó el día que se las hizo, por salvarle, y miró también su cabello recogido, en la nuca, que caía hasta la mitad de la espalda en una coleta suelta.
No se movió ni un poco, atento a lo que su hija y el moreno hacían en "secreto".
– Bien, vale, luego va el signo del tigre y pones la mano así. – Hizo un pequeño círculo con dos dedos y los llevó a la boca. – Y soplas.
Miku imitó a su padre, haciendo una pedorreta al final, provocando que el moreno estallara en carcajadas por el ruido.
– ¿Intentas enseñarle el Katôn?. – El rubio se acercó hasta ellos, poniendo la mano en el hombro desnudo de Itachi sin darse cuenta. – No puede andar ni dos metros sin caerse y tu quieres que haga una bola de fuego gigante...Vas muy rápido...
– Ya lo sé... solo nos divertimos. – Miku se levantó y apretó la cara de Itachi entre sus manos, repartiendo besitos por todas partes, dejando claro que estaba mas que contenta con su papi en casa todo el tiempo.
Salió del hueco entre las piernas de su padre, y trajo el pato de goma del baño, poniéndolo delante de su padre.
– Ah... eso. – Naruto les miró intrigado de verdad.
Itachi ejecutó una serie de sellos hasta que apareció un pequeño cuervo que saltaba alrededor de la niña, haciendo que gritase entre risas muy contenta.
Naruto sin embargo se puso pálido. Ese pájaro le recordó lo que había estado a punto de hacer no hacía tanto tiempo, y que si no hubiera sido por esa técnica, la escena frente a él no existiría.
Por que si lo llega a conseguir, no solo habría muerto él, habría dejado a Itachi muerto en vida, y a su pequeña hija sin madre.
Estaba tan metido en sus recuerdos que no se dio cuenta de nada hasta que sintió los brazos de Itachi en su cintura, aferrándole contra él con firmeza. Ni se dio cuenta de que el siguiente movimiento del moreno fue tomar su cara con las dos manos y besarle, con todo el amor que pudo reunir en ese momento.
Supo que era lo que pensaba Naruto, y lo que ese cuervo había traído a su memoria, y se auto regañó por no darse cuenta antes.
Entonces sucedió algo inesperado. Entre los brazos de Itachi, Naruto devolvió el abrazo, aún temblando ligeramente, pero tranquilo. Fue él quien empezó un nuevo beso, dulce y cariñoso, y fue una vocecita, demandante y gritona la que les hizo parar el beso de pronto.
– Ma... – Miku exigía su atención. Estaba contenta de tener a sus papás ahí, pero su mami había interrumpido su juego con su papi, y se lo había robado, dejando que se aburriera.
– Está bien, está bien... ¿Y si nos vamos de compras?. – Naruto ladeó la cabeza y Miku hizo el mismo gesto, arrancando una sonrisa a Itachi. – En dos días tenemos una boda, habrá que ponerse muy guapos, ¿No?.
– ... es verdad, tteba. – Naruto se llevó la mano a la nuca, avergonzado. – Le diré a Sasuke, y vamos todos, ¿Te parece bien?.
– Me parece maravilloso. – Alargó la mano hasta el suave cabello del rubio y le besó de nuevo, despacio y con un roce de piel, un beso breve y corto.
Rompió el beso con una gran sonrisa y tomó a la niña en brazos, para vestirla y prepararse para salir, dejando a Naruto en el cuarto sonrojado y con la mente en blanco.
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Se extrañó un poco, de que su primer pensamiento nada mas divisar la aldea fuera que necesitaba una ducha. Después se sintió culpable por no priorizar a su hijo, pero en serio, olía a demonios, demonios fritos y muertos.
Lo mas cerca que había estado del agua los últimos cinco días era el que llevaba encima para su propio consumo. Frente a él, kilómetros y kilómetros de camino árido, seco y arenoso. Y así todos y cada uno de los cinco días que había pasado fuera, con sus cinco noches.
Necesitaba una larga ducha, fría, y silenciosa. El corazón iba a estallarle en la cabeza del cansancio. Todos sus músculos pulsaban acelerados del tremendo uso. Estaba tan cansado, y hambriento... y si, por que no decirlo, después de lavarse y dormir, necesitaba algo mas.
Una sonrisita acudió a sus labios, pensando, ahora sí, en el jugoso cuerpo de Deidara.
Por Kami, se moría de ganas por besarle.
No fue consciente del problema hasta que puso un pie dentro de la aldea y un escuadrón anbu le rodeó.
Alzó una ceja al reconocer al que se le acercó con un pergamino en la mano. Y la alzó un poco mas al leer el mensaje.
– Tiene que acompañarnos. – Madara asintió, un poco enfadado por la situación. – Desarmado, por favor. Conoce las normas.
Todas sus pertenencias le fueron arrebatadas por el resto del escuadrón que le había detenido y siguió al líder hasta el despacho del maravilloso e increíble responsable del clan Uchiha.
– Voy a matarte, Izuna. – Su fraternal saludo arrancó una carcajada al receptor de la amenaza.
– Yo también me alegro de verte, hermano. – Contestó aún con la risita puesta. – ¿Qué tal el paseo?, ¿Te gustaron las vistas?. – Se levantó de la gran mesa, en la que dejaron las armas y bolsas de su hermano antes de desaparecer y dejarles solos para que hablaran.
– Eres un cabrón. – Musitó resignado. – Te dije que esperases un poco, hasta que Dei quedara embarazado... has acelerado todo y te advertí lo que pasaría si le haces pasar un mal rato a Deidara.
– Siento mucho no poder colgarme el título de malvado esta vez, pero el juicio no lo solicité yo. – Izuna deslizó el documento original por la madera para que su hermano lo mirase. – Adivina quien ha salido de la cárcel...
– ¡Oh, por... – Se llevó la mano a la boca y con la otra buscó la silla para sentarse, despacio.
No le había hablado a Deidara de su madre, aunque si que lo había hecho al revés, y su madre estaba al corriente de todo lo referente al rubio... aún así, sabía que estaba metido en un lio de los gordos.
Una hoja blanca se deslizó por la mesa, y después, una cera de color verde rodó hasta darle en el codo. Levantó la mirada un poco, hasta encontrarse con los enormes ojos de su hijo, que a un lado de la gran mesa del despacho, reunía una montaña de dibujos en una réplica en miniatura de la mesa y el gran sillón.
– ¿Por qué está aquí el niño?. – Acarició el cabello de su hijo en cuanto se acercó. Iba a tomarle en brazos pero el niño dio un paso atrás, pinzando la nariz con dos dedos.
– Por que Dei está con las esposas... y ya sabes, las normas dicen que nada de solteros. – Tobi rodeó la mesa y se sentó en las piernas de Izuna, empujando de nuevo la hoja hacia su padre.
– ¿Cuánto tiempo queda?. – Tomó la cera y empezó a dibujar un sol con ojos y una gran sonrisa. Tobi aplaudió entusiasmado.
– Dos días, lo que queda de hoy y mañana, pasado es la boda. – Se hizo un silencio entre ellos. – Estoy seguro de que habrá enamorado a todo el mundo como hizo contigo. Confía en él, te quiere y lo sabes. Igual que sabes que es fuerte, no puedes protegerle de todo... no debes hacerlo.
– Ya lo sé. – Suspiró sonoramente por la nariz. – Es solo que no quiero que sufra por nada, no se lo merece. – Se levantó y alargó la mano al niño. – Necesito un baño y una larga siesta. ¿Vamos a casa?.
Tobi se alzó sobre las piernas de su tío y le besó en la mejilla, antes de bajarse y tomar la mano de su padre, a una distancia prudencial, dejando claro que la peste que salía de su padre no le gustaba ni un poco.
Horas después, Madara le daba vueltas a la situación sin poder dormir. Por supuesto que quería casarse con Deidara, no lo dudaba un segundo, pero sabía que el pasado del rubio aún pesaba en sus hombros, por eso no había dicho nada, y por esa misma razón, su vida entera obedecía a las necesidades del artista. Si Deidara quería otro hijo, se lo daría, si quería la luna, hallaría un modo de bajarla para ponerla en sus manos.
Pero esto era una encerrona con todas las letras.
Por eso ahora estaba desconcertado. No se le ocurrió pensar que su madre intervendría, ni que su malvado hermano le mandaría lejos en una absurda misión para enredar un poco mas y casi obligarles a casarse.
Si el día de la boda veía algo en la cara de Deidara que le dijese que estaba mal, recogería todo y volverían a la cabañita en el bosque, lejos de las tonterías del clan y de su malévolo hermano.
Escuchó la cisterna al ser vaciada y la puerta de su habitación abrirse lentamente. La cabecita de Tobi se asomó, pillando a su padre sentado en la cama, despierto.
– Teno pis. – Se excusó, dando pequeños pasitos hasta quedar a la altura de las rodillas de su padre. – ¿No mimes? ¿Duele tipa?.
– Estoy bien, vuelve a la cama, anda. – Besó su frente, pero el niño lejos de volver a su cama, se subió a la de sus padres y se tumbó a su lado.
– ¿Tas proco... puco... pocupado. – Juntó las cejas al no salirle la palabra que quería decir. – No piensa tu papa jum, ta mien. Señora hace que ríe. – Madara se acomoda bajo las sábanas, estirando la piernas, atento a lo que dice el niño. – Tu no dice, ¿Vale?, pero a veces, papajum llora. Cuando papá no casa, toca tipa y llora. Tobi ve, pero no dice. Papajum dice no pasa na, pero Tobi sabe que llora es malo. – Madara se pone tenso escuchando a su hijo decir eso. – Desde que papajum con señoras, ríe todo tiempo, gusta papajum así. – Tobi se mete bajo las sábanas y abraza la cabeza de su padre apoyándola en su barriguita, acariciando el pelo moreno con sus regordetas manitas. – Cucha, Tobi sabe. Tu solo mete a hermano en la tipa de papajum, yo yuda, se buen mano mayor, cuida de papajum si tu sales, y cuida que hermano no porte mal, ¿Vale? Papá buen chico, y Tobi cuida de to... yo deja que hagas mimitos a papajum un poquito... y no fada contigo, pero tu mete hemano. ¿Tato hecho?.
Madara toma la manita de su hijo entre los dedos y sella el trato, para dormirse profundamente justo un par de segundos después.
Por la mañana, los gruñidos del niño tirando de las sabanas para destaparle le despiertan.
– Mamos, rriba, mimilón. – Tira de su pie, sin moverle ni un milímetro. – Tu pone bapo... papajum ta muy bapo y nosotros tamen mamos a tar bapísimos. Tu da nillo papajum mañana, así no, tas feo. Vanta ya, vago.
– Esta bien, ya voy. – Bosteza sentándose para mirar a su hijo, que ya está vestido y calzado. Madara sonríe. – ¿Qué planeas que hagamos, eh?.
– Yo mira. – Pone una revista que había cogido días antes del despacho de Izuna, sin decirle nada. En una de sus visitas a Deidara, le habían contado lo que era una boda y mas o menos lo había entendido por encima. En la revista salía un artículo sobre consejos para estar perfecta el día de la boda... y él pensaba ponerlo en práctica con su padre. – Hay que cer algo con sos pelos. – Tiró de las puntas con dos dedos, mientras negaba serio negando. – y feitar...- Tomó la cara del moreno en sus manitas, torciendo la cabeza a los lados para mirarle desde todas partes. – Que moy cer contigo, ¿Eh?. Tsk tsk tsk... papajúm va tar guauuu, mu bapo, tene ropa y todo, monita. Tu lava, y feita... nos mamos a pompar taje para tu des nillo mu bapo, menga menga, vanta que hay mucho que reglar...
– Está bien jovencito, ya estoy levantado. – Tomó ropa limpia del armario para darse una rápida ducha y un afeitado. Le dió un abrazo y un fuerte beso en la mejilla. – No sé que haría sin ti.
– Lo sé, papá es un sastre... pero no hace gatis, tu paga, mmm … – Miró sus manitas con el ceño fruncido, buscando la manera de levantar el mayor número de dedos posible. – Todos estos lados por yuda.
– Está bien, pagaré los helados que pidas. – Dejó al niño en el suelo, para entrar al baño.
– Papá. – Dijo serio. – Si papajun ríe, yo no cobra.
Una enorme sonrisa se dibujó en su rostro, tenían un largo día por delante, lleno de tareas que cumplir.
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Deidara disfrutaba de un momento tranquilo sentado en el porche, con la vista perdida en el oscilar de las flores frente a él, y una humeante taza de té de flor de cerezo a su lado.
Podía escuchar a las mujeres en el interior, afanándose en un interminable ir y venir de pequeños detalles que debían ser cuidados para la ceremonia.
Para él la simple presencia de Madara era suficiente para eso. Agradecía los esfuerzos, el apoyo y los regalos, pero hacía mucho tiempo que se había dado cuenta de que pare ser feliz no hacia falta mas que querer serlo, y encontrar la persona con la que compartirlo. Nada mas.
– Tu hijo es precioso. – Yukari se sentó a su lado, posando su propio té junto al del rubio.
– Un poco trasto, y muy espabilado, pero perfecto... que voy a decir, soy su madre. – Una sonrisa sincera se pintó en el rostro de los dos.
Un par de minutos de silencio, agradable, Deidara habló calmado.
– No fue usted, ¿Verdad?. – La miró de reojo. No hizo falta que completara la pregunta para que la respuesta acudiera silenciosa. Preguntaba por su estancia en al cárcel, y por que Deidara sabía que ella no había matado a su marido, de hecho estaba seguro de que nunca había matado ni a una mosca
– Eres muy intuitivo. – La mujer tomó un sorbo del té, alargando el momento a propósito. – Me gustaría escuchar tu teoría.
– Lo dijo el primer día que llegué aquí : Una madre hace cualquier cosa por sus hijos. – Emitió una pequeñísima sonrisa. – Sus cicatrices son de maltrato. Yo mismo tengo docenas de ellas Las he visto miles de veces antes, donde me tenían encerrado... ya se lo conté el otro día. Creo que su marido la golpeaba y seguramente algo peor, y que uno de sus hijos hizo justicia. – No la miró pero su silencio le decía que había acertado de lleno. – Habla con cariño de mi novio, pero tensa de Izuna, aún le guarda cierto rencor.
– Le quería. – Murmuró tomando su mano. – A pesar de todo, siempre le quise... pero mis hijos, son sagrados. Solo quería pararle... lo hizo sin querer, no podía dejar que condenaran a mi pequeño. – Deidara le devolvió el apretón, comprensivo. – Tobi también lo tiene, el sharingan. – Deidara asintió sin decir nada. – ¿Puedes cuidarte de él?, ¿No tienes miedo?
– Es mi hijo, todo lo que venga de él es bueno. – Los dos sonrieron. – Su padre se ocupó de que no fuera un peligro. Itachi lo selló con el suyo, hasta que sea mayor y pueda controlarlo por si mismo.
– Siento mucho por lo que tuviste que pasar. – Deidara negó, entendiendo todo. – Pero tiene su lado bueno, al final del camino encontraste a mi hijo.
– Creo que él me encontró a mi. – Estallaron en carcajadas sinceras.
– Me alegro mucho, Deidara, eres alguien maravilloso, no podía soñar con alguien mejor para cuidar de mi hijo. Su corazón estaba muerto y tu has conseguido hacer que viva, nunca estaré suficientemente agradecida con lo que has hecho con él... y vuestro hijo, es un amor.
– Deidara, ya tenemos todo listo. – La mas anciana salió a avisarle. – Vamos a vestirnos para la ceremonia. Ve bañándote y dejaremos la ropa preparada sobre la cama. Mikoto y Yukari te vestirán, ya que son ellas las que responden por ti.
– El último paso, de la ceremonia, es este. – Le enseño una pequeña cajita de madera, con él símbolo del clan dentro. – Madara debe ponerlo en tu cuerpo, y a partir de ese día, deberás llevarlo siempre a la vista, ¿De acuerdo?.
Deidara rompió a llorar.
– Sé que es una tontería a estas alturas, pero... estoy... estoy … yo. – Mikoto le abrazó sinceramente, con fuerza.
Entre todas le guiaron al baño, y prepararon todo para que se diera un relajante baño.
Lo necesitaba para calmar los nervios.
Cuando salió, todas las mujeres estaban vestidas y perfumadas con sus preciosos kimonos de ceremonia.
Mikoto le ayudó a poner las prendas con calma, obligándole a respirar profundamente para tranquilizarse.
Deidara tocó las amplias mangas del brazo derecho con la punta de los dedos de la mano contraria, disfrutando de la suavidad de la prenda ahora mezclada con la tibieza de su propio cuerpo.
El obi violeta se ajustó perfectamente a su plano vientre, y Yukari lo ató a la espalda, dejándolo liso, para que Deidara pudiera moverse tranquilamente sin molestias.
Los tabis se ajustaron perfectamente a sus pies, y las sandalias descansaron cómodas en su sitio
Su cabello quedó suelto. Simplemente hermoso.
Mikoto sonrió, por la cara de susto que tenía el chico, parecía a punto de desmayarse de un momento a otro.
– Tranquilízate, criatura. – Puso en sus manos un pequeño rosario que enredó en su muñeca. – Ahora, vamos a dejar entrar al oficiante, para que te purifique antes de la ceremonia. Debes darle esto a Madara, y tomar el rosario que él te dé. – Acarició su rostro con amor. – No te preocupes. Todo está bien.
– ¿Papajum?. – La vocecita de su hijo se llevó unos pocos de los nervios que le recorrían el cuerpo. – Vaaaayaaa, que bapo... – Tobi caminó a pequeños pasitos con su kimono de etiqueta idéntico al de su padre pero en miniatura. – Pero, no tas todo men... fata lazo.
– Estas muy guapo cariño. – Deidara hizo unos arrumacos a su pequeño, que soltó unas risitas contento. – ¿Me falta algo?.
– Mmm... – Recorrió el cuarto y fue hasta un centro de rosas que adornaba uno de los muebles. Tomó el lazo rojo de un lado y volvió junto a su madre dando saltitos, feliz. – Papá ice que papajum es un degalo... fata lazo. Yo pono, men, gacha aquí, pono en el pelo.
Mikoto recogió una porción de cabello sobre la oreja y la llevó atrás, quitando una de las horquillas de su peinado para usarla en el lazo. Posó su mano encima de la mano del niño, y sujetó con cuidado el lazo rojo, dando un contraste precioso al dorado tono de Deidara.
– Ada si, ya ta to bapo del to. – Abrazó el cuello de su madre, que lo cargó sin dificultad poniéndose de pie. Los nervios se habían ido. – Mamos, tu pone nillo de papá, y logo dejas que meta hermano en tipa... yo queda con tio zuna, perando,... menga, menga, que ya teno hambre...
Las risas inundaron la estancia, mientras esperaban al oficiante, al tiempo que Mikoto y Yukari, acudían al encuentro con el resto del clan para exponer su resultado del juicio.
En el otro lado del territorio Izuna colocaba el último de los cinco símbolos del clan que debía mostrar su hermano en el atuendo para la ceremonia. Alisó con los dedos la tela azul oscura a la altura de la nuca, para justo después, colocar el pelo en la espalda.
– Sé que va a sonar idiota, pero estoy nervioso. – Restregó las manos una contra otra con cierta fuerza.
– Tienes razón, es completamente idiota. – Le dio dos palmaditas en la mejilla y se giró a Sasuke, que en el mismo cuarto, miraba la acción de su esposo.
– ¿Qué puede ir mal?. – Preguntó Sasuke a su cuñado. – Si te dice que no, volvéis a casa y seguís con vuestra vida como antes, y si dice que si, pues lo mismo. Pase lo que pase, seguirás con Deidara, a si que... tienes razón, es idiota.
– No ayudas mucho, ¿Lo sabías?. – Gruñó un poco molesto.
– ¿Tienes que quejarte por todo?. – Itachi entró en la sala con Miku de la mano. – Alégrate por una vez.
– Deidara está precioso, te vas a morir cuando le veas. – Naruto entró con Mikoto agarrada a su brazo.
– Eso tampoco ayuda. – Respiró sonoramente, con una gran sonrisa. – Ahora estoy mas nervioso que antes.
– Pues te aguantas hasta que termine el juicio. – Izuna entró en la sala de reunión, dejando a su hermano a la espera en la entrada.
Debia quedarse ahí hasta que se emitiera el juicio ante el clan al completo.
Solo entonces comenzaría la ceremonia.
Este trámite podía durar minutos, horas, nadie lo sabía de forma concreta. Solo quedaba resignarse y esperar que el consejo no tuviera ganas de batallar y poner pegas de todo tipo.
Todo el clan estaba presente, y las esposas habían emitido su juicio en el que aceptaban a Deidara como un miembro mas. Ni uno solo de los miembros del consejo encontraron una sola razón para rechazar su ingreso.
Y el juicio terminó mucho antes de lo que ninguno esperaba.
Las mujeres, todas ellas, incluso las solteras, salieron de la sala en masa, con el único objetivo de traer a Deidara hasta el novio, que ahora si, estaba que se moría de los nervios.
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Aqui teneis un super regalo. Teneis que ver una foto de la boda :
Foto de boda: art/never-mix-320402043 (Lo marcais con el ratón y le dais a buscar en google, que no me deja poner la dire entera, shit)
Mil millones de Gracias a Karu-suna , por su arte, su talento y por dedicarle su tiempo y esfuerzo a esta parejita. Gracias amor.
Por cierto, ¿Recordáis la escena del capítulo 6 en la que Tobi escapa del orinal con el culo al aire?... Pues :
Tobi y su Papá: art/never-mix-2-338128847 (Lo marcais con el ratón y le dais a buscar en google, igual que antes)
Requete kyaaaaa... Ya casiiii casiiiii ( yo se por que me emociono jajaja)
Siiii...
Gracias chicas pro el apoyo, os lovio.
Revis serán bien recibidos y me pondrán contenta... si no, pues nada, que os guste.
Besitos y mordiskitos
Shiga san.
