Tercera parte de "Nunca mezcles trabajo y amor" donde nos internaremos de cabeza en la maternidad, y en las diferentes maneras de ver un mismo hecho: la convivencia con un hijo nuevo.

Como cambian las cosas que antes eran normales, como comer a su hora, mantener la ropa en su sitio, y esa manía tan rara que tienen los adultos de dormir toda la noche, que los niños no parecen compartir...

Y por si esto no fuera suficiente, Hidan desea un hijo propio y está dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo.

Sasuke organiza su boda sin saber si se llegará a celebrar...

Itachi y Naruto se comportan como los padres divorciados perfectos, solo amigos... pero eso delante de todos... por detrás las cosas son muy diferentes...

Deidara y Madara descubren de la voz de su hijo, que no son papá y mamá, por que eso solo pueden ser los que están casados... y ellos no lo están... aún...

Deidara tendrá que pasar una muy dura prueba hasta ser aceptado por el clan Uchiha y alguien de su pasado regresará...

Itachi/Naruto, Kakashi/Iruka, Kakuzu/Hidan, Izuna/Sasuke, Madara/Deidara...

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NUNCA MEZCLES TRABAJO Y FAMILIA

Capítulo 17: Luna de miel, primera parte.

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Curvado sobre la taza del bater Sasuke vomita hasta vaciar el contenido del estómago, hasta que el calor en su garganta le abrasa el aliento. Taka llora, al otro lado de la puerta, justo donde a conseguido llegar con sus pasitos inseguros.

Tobi llega hasta la misma puerta y la abre, encontrándose una escena de lo mas rara, y a la vez conocida.

Hidan pasó el último mes haciendo lo mismo, y todo ese tiempo Tobi había estado yendo y viniendo de su casa, mientras sus padres estaban de luna de miel, aunque él no tuviera la mas mínima idea de que era eso de la luna con miel, solo que sus papás se habían ido fuera y dejado al cargo de Sasuke, y de Hidan cuando el moreno vomitón salía de misión.

Se le hacía raro ver a Sasuke en ese estado. A si que se acercó, dispuesto a ayudar como hacía siempre, tal y como Kakuzu le había enseñado para ayudar a Hidan cuando hacía lo mismo. Tomó la toalla entre sus deditos y la acercó al mayor. Miró a Taka, que aferrado al marco de la puerta, no se había atrevido a entrar dentro.

Pensaba que no era bueno que su mamá viera que se había hecho pis, como evidenciaba la mancha húmeda en sus pantalones, y la manita de Tobi sacó al niño del lugar en el que se había quedado quieto.

– Ya ta... sana sana,culo de rana... , tu no llora o mostro que come el culo de niño que llora miene y te come trasero... y el de mi, que ta qui contigo.– Tobi limpiaba las lagrimas del otro niño con la mano, y después las secaba en su propia camiseta, mientras le llevaba por el pasillo a su cuarto, para ayudarle a cambiarse de ropa.

Él mismo había tenido ese mismo accidente en alguna que otra ocasión... y sabía que era vergonzoso.

En el baño Sasuke se refrescaba con prisa. El sofoco de su pequeño y el susto que le había dado al cortar el juego de golpe le asustó, pero no era eso lo que le preocupaba.

Desde hacía un par de días era incapaz de mantener comida en su estómago el tiempo suficiente de ser digerida. Primero lo achacó a algo en mal estado que había comido, pero ya no podía pensar en eso, no después de haber vomitado como veinte veces. El anbu que siempre vigilaba a su familia se hizo presente tras él, discreto y silencioso.

– Estoy bien, tranquilo. – Sasuke volvió a colgar la toalla en su lugar. – No le digas nada a mi marido.

El soldado asintió y despareció del mismo modo que había llegado.

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– Estoy gooooooorrrrrdooooooooooooooooooooooooooo. – Gimoteó por decimocuarta vez Hidan desde el cómodo sofá blanco del salón, lo suficientemente alto como para que Kakuzu le escuchara desde el consultorio, donde en ese preciso momento, cosía unos puntos a un "enfermo" que casualmente se había "caído sin querer" sobre un arma cortante y afilada...

Vamos, un ladrón al que le había salido mal el trabajito. Kakuzu no preguntaba, mientras pagaran su minuta, no distinguía entre genins o reinas de países lejanos.

Kakuzu tiró de la aguja para completar el punto, anudándolo con destreza y una sonrisa dulce en sus labios. Desinfectó la costura antes de taparla y ocultarla bajo un par de capas de gasas blancas y le pasó la factura al paciente, que pagó de inmediato.

Era uno de los habituales y sabía que pasaría si no pagaba. Tres dedos de su mano derecha lo sabían muy bien.

Recogió el instrumental y acompañó a la salida al hombre.

Se dio la vuelta ante el mismo reclamo hecho por el peli plata y se colocó detrás del espaldar del sofá, mirando por encima a Hidan, que tumbado todo lo largo que era, ocupando dos de las tres plazas, con la camiseta levantada hasta el cuello y los pies cruzados por los tobillos, gimoteaba a voz en grito una y otra vez que estaba gordo, al tiempo que mojaba un pepinillo en vinagre en el tarro de la crema de cacahuete y lo masticaba con gula.

– Estás embarazado. – Dio un respingo al escuchar la voz tan cerca, y estrechó la mirada molesto.

– Estoy gordo. Mira. – Señaló la curva de su vientre con dos dedos, como si necesitara ser señalizada para verse. – No puedo ni moverme... ya ni te gusto ni nada... me dejás aquí...

– No estás gordo, deja de decir eso. – Posó su mano en lo alto de la cabeza, dejándola ahí un poco para después apartarla despacio. – y no es que no puedas moverte, es que te has convertido en un vago, y eso que te he dicho que hagas algo de ejercicio suave, tu nada... a lo tuyo.

– No te gusto por que estoy gordo, y soy vago. – Hizo un puchero y desvió la mirada a sus pies. – Y estas cosas se hinchan tanto que parecen pelotas... jo...

– Si me gustas. – Se sentó a su lado, besando su sien. – No llevarías a mis hijos si no me gustaras, créeme.

– No me tocas desde hace una semana. – Murmuró con la boca convertida en una linea tensa. – Los bebés y yo estamos mucho enfadados con papá por no atendernos. – Puso una vocecita tan infantil que Kakuzu no pudo evitar sonreír.

– No quiero … no quiero haceros daño. – Con las dos manos extendidas sobre el aún pequeño vientre, acarició la piel que encontró a su paso.

– Los bebés y yo lo sabemos. – Hidan posó sus manos sobre las del mayor, y las dejó ahí, unos minutos que usaron para estar ahí, simplemente juntos. – Aún así, exigimos nuestra ración de mimitos. – Señaló la tripa. – Y de sexo duro. – Señaló su cara. – O pensaré que ya no soy sexy por que estoy gordoooooooo.

– Me fastidia decir esto, pero estarías sexy aunque pesaras cinco toneladas... me molesta. – Kakuzu se inclinó hacia delante, pasando sus labios con cuidado por la linea rosada que se estaba empezando a marcar mas oscura en la blanca piel de su vientre. – Y quiero estar así todo el tiempo... me paso el día pensando en hacer cosas contigo, con tu cuerpo... como hacíamos antes, hasta dejarte sin sentido.. pero no podemos, y lo sabes. – Subió de nuevo para besarle, con calma, sin cubrir su vientre para poder tocarlo al mismo tiempo

– Lo dices solo para regalarme los oídos. – Hizo un puchero de nuevo, dirigiendo la mano de Kakuzu a una parte en concreto de su vientre. – Éste dice que quiere un besito... y el otro dice que le des a su mami unos cuantos mimitos..., por favor. – Suplicó.

– Vaya. Así que tengo tres consentidos en casa, por lo que parece. – Se "quejó" acomodando a Hidan sobre él.

– Si, eso parece, la verdad. – Asintió.

– Mmmm... pues déjame que piense... algo tendré que hacer para que mis chicos estén contentos... – Apartó el pelo de Hidan de la sien y posó sus labios ahí, en un dulce beso.

Sus días en "familia" eran mas o menos así... y esperaba que durasen un poco mas.

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Despertó o casi, tumbado de forma rara en un colchón que no era el suyo.

Recordó como había llegado ahí, a esa situación, a justo ese lugar y lecho.

Deidara recordó a las mujeres, muchas... conocía a la mayoría de ellas, a otras no tanto... y a los pocos hombres, que como él, disfrutaban de su vida en pareja junto a un Uchiha, o eran un miembro activo del clan cuya media naranja resultaba , casualmente, ser un hombre también, nada mas.

Tiraron de él, lo arrastraron por toda la aldea, despacio, dejando que todo el mundo le viera, le preguntara, tocara, zarandeara, besara y alguna que otra persona mas atrevida, le abrazara con cierto cariño. Deidara se dejó arrastrar, resignado.

En realidad estaba mas que encantado con la situación.

Recordaba a Madara, de pie, junto a su hermano. Tan hermoso, tanto.

No necesitaba de ninguna ceremonia ancestral, de ningún tipo, ni rito o contrato. Desde lo mas profundo de su alma sabía, con certeza absoluta, que lo amaba como no existía nada ni nadie, en ese mundo ni en el siguiente, que pudiese amar a otra persona del mismo modo... o siquiera a acercarse a rozarlo.

Deidara recordó su sonrisa, tímida, pequeñita, casi como un susurro, y la carcajada de felicidad en esos ojos negros que ya idolatraba sin remedio. Sintió esos orbes negros repasar su anatomía, cada recoveco, curva o linea recta del rubio, fue escaneada con ojo clínico y amoroso.

Recordó el frío de las cuentas del rosario, de precioso jade, en su muñeca, y los dedos de Madara rozar los suyos, un segundo apenas, mientras compartían el sake.

Recordó los votos, sus palabras, su forma de decirlo, el calor subiendo por su rostro, por sus orejas. El latir furioso de su corazón enamorado en el pecho. Y las manitas de su hijo aplaudiendo, rompiendo el protocolo de una ceremonia antigua y sagrada, sus risas, completando sus vidas en ese y todos los momentos que siguieron.

Las felicitaciones, la comida, el sake... mucho sake... Izuna borracho, muy borracho.

Recordó a Sasuke tomando a Tobi dormido de sus brazos. A su familia despidiéndoles, poniendo en sus manos una mochila minúscula con las pertenencias necesarias para la luna de miel, que era sorpresa...

Y después...

Deidara se sonrojó y abrió tímidamente los ojos. Recorrió con la mirada el cuarto, a un lado y a otro.

Su ropa de boda por el suelo, enredada y arrugada sin contemplaciones. Su mochila sobre la silla, junto a la puerta.

Una lámpara en una esquina y una enorme puerta que daba a una playa, cuya luna estaba tan llena que Deidara podía meterla en la cama con ellos sin problemas.

Ladeó la cabeza un poco y descubrió a su marido bocabajo junto a él, completamente dormido.

La pesadez en sus articulaciones y la sequedad en su garganta le recordó que había hecho el amor un montón de veces.

La verdad, dejó de contar cuando se corrió por quinta vez. Todo su cuerpo, entero, se notaba ligeramente cansado y ciertas partes de su anatomía demasiado sensibles, por el exceso de tacto en ellas.

Su estómago rugió y descubrió que tenía hambre, pero no se movió ni un solo milímetro, disfrutando de ese rarísimo privilegio que era el hecho de Madara con la guardia baja, durmiendo a su lado tranquilamente. Deidara hizo su sonrisa mucho mas grande, al ver con claridad, el parecido que su hijo que tenía con ese hombre que dormitaba a su lado tan plácidamente.

Intentó bajar de la cama, y digo intentó, por que Madara lo atrapó con el brazo, y tironeó de su cuerpo hasta acomodarlo junto a su vientre, convirtiendo sus brazos en una cárcel de carne de la que era imposible escaparse.

– No te vayas. – Murmuró junto a su oído, con voz grave.

– Necesito ir al baño.- Suplicó forcejeando con prisa. – De verdad, me meooo...

– Pero vuelve. – Aflojó el agarre lo justo para dejarle salir de la cama pero prolongando el contacto hasta el límite de su brazo.

Deidara se miró al espejo después de ocuparse del desahogo. Tenía ciertas partes enrojecidas, el cuello y el interior de los brazos, lo que mas se notaba. Un ligero temblor en sus rodillas y de nuevo el rugido del estómago le indicó que seguía con hambre.

Dispuesto a conseguir alimento de cualquier modo, estudió el cuarto desde la puerta del baño. Junto a la entrada le pareció ver una nevera, pero la luna no iluminaba del todo esa parte y bien podía ser un mueble pintado de blanco.

Su estómago protestó mas fuerte y miró la cama, apretando las dos manos contra él para acallarlo de algún modo, descubriendo al moreno aún sobre ella, boca abajo tal y como le había dejado... y lo mas importante, dormido.

Caminó de puntillas mordiendo su labio inferior, hasta lo que esperaba fuera una nevera con algo de comer, pero un pequeño detalle le hizo agacharse y tantear con la mano, a oscuras por el suelo.

Estaba un pelín... desnudo... pero solo un poquito.

Acarició la suave tela del kimono que había vestido en la boda y un sonrojo mas furioso se instaló en sus mejillas al recordar la razón por la que estaba en el suelo, y no pulcramente doblado en algún sitio seguro.

Nada mas llegar lo habían hecho, ahí, en el suelo. Con la mayoría de la ropa aún puesta, apartando solo la tela que estorbaba y poco mas, como si fueran un par de quinceañeros y tuvieran el tiempo justo antes de que sus padre volvieran y les pillaran.

Nunca, jamas de los jamases, lo habían hecho así. Siempre se acariciaban con tiempo infinito, miles de besos, susurros, manos delicadas, sin prisas, tocando cada rincón con cuidado extremo, besando, lamiendo cálidamente, solo murmurando pequeños gemidos que se perdían en el aire...

Pero esta vez fue absolutamente distinto. Deidara gritó, como nunca lo había hecho. Y Madara gritó con él. Los pálidos dedos del rubio agarraron con fuerza la carne que pudo encontrar con ellos. Hombros, costillas, caderas... incluso el culo de su esposo fue apretujado y empujado con fuerza hasta que le hizo sentirse mucho mas que lleno.

Y Madara intentaba apartarle, poner calma, usar su siempre pausada personalidad para apagar el fuego en el interior de su esposo... pero la pasión de Deidara era un incendio de proporciones monumentales... y la manguerita del moreno tan pequeñita para apagarlo, que no pudo mas que sacrificarse, y avivar el fuego para no consumirse en él.

Y otra cosa no, pero Madara había pasado todo el tiempo junto a Deidara conteniendo cada gesto, palabra o acto para no dañarle. Todo su entrenamiento ninja al servicio del rubio artista, para que nada de lo que viniera de él le entristeciera por nada del mundo.

Gracias a Jashin el mueble blanco es una nevera, pero la luz interior ensombrece la alegría por encontrar comida, ya que no llega ni a rozar la pieza de fruta que había elegido.

La estúpida bombillita que ilumina el interior del electrodoméstico hizo que Madara apareciera a su lado en un parpadeo, y le atrapara contra la pared, en un beso tan ansioso que el robó hasta el aliento.

– No pode- de... mmm... espe-esp... – Trataba de romper el beso, sin mucho éxito por que sus manos se hundían en el cabello moreno de su esposo sin pensarlo. – Ma...da... quita, cariño, por fa... mmm...no podemos... esp... – De repente volvía a estar sobre la cama, lejos de su necesaria comida pero cerca de su realmente apetecible marido. – Tengo ham...Ahhhh... para... ahí no, esp...

– Te dije que volvieras. – Se alzó entre sus piernas, travieso, pasando la lengua por la delgada piel del interior, sacando un gemido al rubio. – He tenido que ir a buscarte... y yo he hecho un "tato" que debo cumplir. – Su sonrisa se contagió al su esposo.

– ¿Un "tato"?. – Preguntó divertido.

– Sip, uno entre hombres, ya sabes, chocamos las manos y todo. – Subió su propia mano abierta del todo por toda la extensión del muslo del rubio hasta sus caderas. – No puedo faltar a mi palabra, sería quedar muy mal...

– Por lo que veo formo parte de eso. – Mordió su labio inferior con cuidado.

– Claro. – Posó los labios en el vientre del artista y lo recorrió con la lengua, mirándole fijamente. – Tengo que meter aquí a alguien. – Trazó un círculo con la punta de la nariz, y besó de nuevo. – El "tato" es que teno que meter al hermano en la tipa de papajum... Eso requiere de todo mi intelecto y dedicación...y el tuyo también... que clase de padres seríamos si no cumpliéramos una petición tan sencilla de nuestro pequeño e inocente hijo.

– ¡Oh! Estoy dispuesto a cumplir el trato contigo, pero... en serio mi vida, necesito comer algo o me desmayaré...

– Y no queremos eso. – Estrechó la mirada calculador. – Aunque no me importaría... para meter al hermano no necesito a papajum despierto. – su voz grave resonó por la piel del estómago haciéndole cosquillas.

– Pero no será igual de divertido conmigo K.O. – Su mano acarició por encima de su abultados genitales asegurándose de que su marido lo veía, en primera fila...

Realmente iba a ser una luna de miel larga... e intensa...

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Sus alientos colmados de alcohol se mezclaron sin orden en mitad del beso. Itachi peleaba a muerte con la estúpida corbata de Naruto, pero sus dedos torpes por el licor no le dejaban tirar de la punta correcta.

Y las manos de Naruto acariciando por encima de su pantalón tampoco ayudaban a concentrarse en la labor.

Trastabillaron en mitad del beso y acabaron sobre la mesa del comedor. Apartó con el brazo todo lo que había encima, tirando al suelo sin cuidado los adornos de cristal, que obviamente se rompieron haciendo ruido, pero no le prestaron atención alguna.

Gracias al cielo que Mikoto había tenido el detalle de llevarse a la niña con ella, por que con el escándalo que estaban montando les habría pillado en plena faena.

Naruto se sacó los pantalones sin desabrocharlos, por pura fuerza y atrapó el cuerpo de Itachi entre sus piernas, desesperado por continuar.

Había soñado tantas veces con esa escena, con volver a tenerle así, para él.

Todos sus miedos e inseguridades se alejaron, perdidas entre la bruma de la borrachera que les embotaba los sentidos a los dos.

Itachi besó y mordisqueó los pezones del rubio sobre la tela de la camisa, harto de tratar de quitársela sin éxito alguno, provocando sonoros gemidos placenteros por parte del rubio.

Naruto se retorció sobre la madera de la mesa, y abrió la bragueta contraria sin esfuerzo, sacando por el pequeño hueco el pene erecto y ansioso del moreno.

Para ellos era como si el tiempo no hubiera pasado, como si ese acto tuviera lugar al principio de su matrimonio, cuando nada malo ensombrecía su amor mutuo.

Sus lenguas lucharon, dejando caer la saliva por la comisura de las dos bocas, cálida y resbaladiza, mientras sus caderas chocaban, rozándose sobre los calzoncillos aún puestos del rubio.

Una oleada de descargas les hizo gemir de nuevo.

Querían mas, mucho mas del otro. Itachi quería todo de Naruto.

Tanteó con dedos torpes por el trasero, buscando el lugar exacto por el que entrar, y dirigió su dureza con fuerza, embistiendo sin contemplaciones aferrándosela con una mano, mientas con la otra mantenía a Naruto sobre la mesa con las piernas abiertas hasta el límite.

Los dos gritaron por la sensación, casi olvidada en lo mas oscuro de su mente, de sentirse unidos de forma tan súbita y brutal.

El calor abrasó por dentro al rubio, que sintió sus entrañas colmadas y estiradas hasta su limite, haciéndole sentir una dolorosa punzada que le arrancó un nuevo grito.

Una, dos, miles de contracciones en su bajo vientre, la búsqueda del clímax, el desahogo animal... el placer, obsceno, sucio, desesperado.

La brutalidad con la que Itachi empujaba contra aquél pequeño cuerpo hacía sonar las patas de la mesa en un traqueteo casi musical, unido a sus respiraciones erráticas, sus palabras incompletas, teñidas de jadeos necesarios.

Manos que se pierden sin saber a donde ir, pero tocando por todas partes y por ninguna.

Naruto se alza apretando el cuerpo del moreno contra su ano, obligándole a entrar tan profundamente como nunca lo había hecho, dejándole salir apenas un par de centímetros para volver a entrar, una y mil veces.

Itachi estalla en su interior, sin escapatoria alguna. Llena sus entrañas de cálido líquido, y Naruto responde del mismo modo, recordando como era antes, descargando pequeñas ráfagas de esperma que salen con fuerza desde la punta.

Jadeando con la boca abierta, nota como pierde la dureza en su interior, notando como poco a poco se afloja su apretado recto al verse libre de aquello que lo llena, pero no le permite alejarse, ni sacarla ni un poco.

Le abraza con fuerza, con pies y manos, hasta que los dos recuperan la respiración y las ganas.

Están a tono de nuevo y la casa es muy grande... hay muchas habitaciones que bautizar...

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Ay... me hado por escribir limoncitos... que cosas

Espero que os guste y eso

Besitos y mordiskitos

shiga san.

Pd: Gracias por los revis y el apoyo... he recortado unas cuantas escenas para terminar este fic, reduciendo una barbaridad la extensión que tenía programada al principio. Me centraré en los embarazos nuevos y poco mas. El resto queda fuera. Gomen, pero si no hay participación no hay fic.

Gracias por leer.