Tercera parte de "Nunca mezcles trabajo y amor" donde nos internaremos de cabeza en la maternidad, y en las diferentes maneras de ver un mismo hecho: la convivencia con un hijo nuevo.
Como cambian las cosas que antes eran normales, como comer a su hora, mantener la ropa en su sitio, y esa manía tan rara que tienen los adultos de dormir toda la noche, que los niños no parecen compartir...
Y por si esto no fuera suficiente, Hidan desea un hijo propio y está dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo.
Sasuke organiza su boda sin saber si se llegará a celebrar...
Itachi y Naruto se comportan como los padres divorciados perfectos, solo amigos... pero eso delante de todos... por detrás las cosas son muy diferentes...
Deidara y Madara descubren de la voz de su hijo, que no son papá y mamá, por que eso solo pueden ser los que están casados... y ellos no lo están... aún...
Deidara tendrá que pasar una muy dura prueba hasta ser aceptado por el clan Uchiha y alguien de su pasado regresará...
Itachi/Naruto, Kakashi/Iruka, Kakuzu/Hidan, Izuna/Sasuke, Madara/Deidara...
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NUNCA MEZCLES TRABAJO Y FAMILIA
Capítulo 18: Luna de miel, segunda parte y regreso a la rutina.
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Casi parecía irreal, tenerle ahí, en su cama, con esos dedos que tanto adoraba recorriendo con prisas la piel de su vientre, sus hombros. Agarrando su cara para sumirle en un beso desesperado que le hundía en un profundo abismo, al que Sasuke se dejaba arrastrar.
Izuna siempre estaba ocupado, siempre. Las veces en las que tenía tiempo libre lo dedicaba a su hijo de forma exclusiva, y él lo sabía cuando dijo que sí a la petición de matrimonio..
Sasuke sabía a lo que se enfrentaba. A un amor intermitente supeditado siempre a las necesidades del clan. Pero jamás dijo nada, ni expuso sus miedos o preocupaciones.
La verdad es que no se sentía solo, siempre había alguien a su alrededor, haciendo la pregunta correcta; ese ¿Cómo estás?, que a veces se hace tan necesario, vital e imprescindible para el día a día.
Taka ocupaba su tiempo, y las misiones con el renovado equipo siete, y Naruto y sus eternas dudas sobre su relación con Itachi, y Tobi y su interminable monólogo, tan adorable.
Pero tenía una pequeñísima molestia, esa cosa que te dice que tu felicidad no es completa. Siempre tenía en mente una frase que se repetía hasta una docena de veces al día: "Está ocupado, después se lo digo", y esa manía de post poner las cosas había hecho su lista de cosas para contarle a Izuna larguísima, y ese "para después" quedó en el olvido con el tiempo, y ya dejó de pensar en contarle nada.
Sasuke siempre estaba bien, no había nada que comprar para la casa, ni una cañería rota o una misión difícil. Taka no enfermaba, por que si lo hacía, Sasuke lo cuidaba hasta que mejoraba y para cuando Izuna quería preguntar, la respuesta era que todo iba bien.
Por eso, cuando venía a casa y quería hacer el amor, Sasuke no se negaba, ni ponía pegas... Aunque se encontrara cansado, dolorido, o triste... era su marido, su deber... lo quería... ¿no?
Separó las piernas hasta que le dolieron por que a él le gustaba así. Esperó a que se colocara el preservativo, y la siguiente pausa para los besos, para esos dedos que le estiraban hasta el límite, para ese peso que casi era el suyo, para esos jadeos en su oreja, esos besos erráticos en sus ardientes mejillas, para esos golpes en sus nalgas que parecían palmadas...
¿Se corrió? Por supuesto, siempre lo hacía... y aunque no quisiera su cuerpo lo hacía en contra de su mente. ¿Le gustó?, claro que sí. Izuna era un amante maravilloso, con un cuerpo hecho por y para el sexo. Sabía donde tocar y como hacerlo hasta que lo único que ocupaba su mente era un grito desgarrador de placer que lo llenaba todo.. Susurraba su nombre con voz grave, y casi era mas placentero que sus caricias.
Cuando estaban juntos el tiempo quedaba suspendido en un extraño frío, el mundo les pertenecía, era suyo y de nadie mas. Se pertenecían el uno al otro y no había nada importante, ni a tener en cuenta; nada.
Izuna se levantó de encima suya cuando su respiración se volvió pausada y normal. Una última caricia y de nuevo ese frío que inundaba su piel cuando se alejaba.
Sasuke no se movió, se quedó tendido en la cama mientras su marido se lavaba en el baño. Pasó los dedos con lentitud por los restos de su propio desahogo, ya tibios en la fina piel de su bajo vientre, con los ojos cerrados con fuerza. Respiró despacio, llenando los pulmones y dejando salir el aire hasta el límite de lo permitido, hasta que vacíos, le obligaban a tomar una nueva bocanada, mas ansiosa que la anterior.
Se giró en el colchón, quedando sobre sus caderas de costado, dándole la espalda a la puerta, y cerrando los ojos con la intención de dormir. Le escuchó volver a la habitación y el siseo de las prendas que volvía a colocarse en su cuerpo con tranquilidad, las mismas que tiempo atrás había quitado nervioso y tirado de cualquier manera en el suelo del cuarto.
Se iba, como siempre. No quiso pensar si a una complicada reunión estratégica del anbu, o un compendio de comerciantes, a una recopilación de armeros... mil razones podían ser la causa de su marcha y a estas alturas no le importaba, no quería pensar en ello, convertirlo en una razón para estar triste, lamentarse.
Lo único que Sasuke quería era dormir, dejar ese encuentro en el ayer, y despertar al día siguiente, desayunar con Taka entre risas, llevarle a la guardería... seguir con su vida, como si Izuna fuera una ensoñación que solo acudía a su vida por la noche, en mitad de un profundo sueño... aunque el anillo en su dedo se empeñara en recordarle cada instante que estaban casados, y que ese trozo de metal en su dedo debía significar algo, o al menos lo hizo durante un tiempo.
– ¿Estás dormido ya?. – Se sentó en el borde, tratando de no aplastarle con su peso. – ¿No vas a lavarte un poco?. – Sasuke negó con los ojos cerrados. – ¿Quiéres que te limpie yo?. – Negó de nuevo. – Vale... Descansa, duerme tranquilo. – Besó su sien, dulcemente y después sus labios, con la misma delicadeza. – Intentaré terminar pronto...
No obtuvo respuesta alguna por parte del morenito, pero tampoco se quedó en el cuarto lo suficiente como para escuchar alguna.
A punto de salir de la casa Izuna se detiene. El anbu que protege a su familia cuando él no está se hace presente, a su lado. Lo suficientemente cerca como para hacerle confidencias sin que nadie mas escuche una sola palabra de lo que diga.
–Lamento mucho entrometerme, pero creo que es importante que lo sepa. – Izuna le hace un gesto con la mano para que continúe hablando. – Su esposo no se ha estado sintiendo bien últimamente.
–¿A qué te refieres?. – Se gira totalmente interesado y un poco incrédulo. No ha notado nada raro en el rato que ha estado con él, y por un momento, se siente un poco molesto consigo mismo por esa razón.
– Hace unos días que no come adecuadamente. – El anbu aguanta la presencia del Uchiha totalmente atento a sus palabras. –Ha estado vomitando todo lo que ingiere de forma sistemática, mas violentamente desde ayer. Está mas pálido y ha perdido peso... – Los siguientes segundos el silencio entre ellos se hace pesado. – Sé que debo informarle inmediatamente de cualquier cambio, pero su esposo me pidió que no le dijera nada... lo lamento señor, pero creo que es importante que tome cartas en el asunto... si quiere mi opinión, no debería acudir a esa reunión, temo que lo que aqueja a su esposo sea mas grave de lo que parece a simple vista.
– Has hecho bien, retírate. – Izuna enfoca su cuerpo de nuevo al interior de su hogar.
Por un momento duda, dispuesto a acudir a la reunión, pero... finalmente cambia de idea, y regresa a la cama junto a Sasuke.
Sentado en la cama siente al anbu retirase y alejarse de su posición, seguramente a avisar de que esa noche, el líder del clan Uchiha tiene algo mucho mas importante que hacer; un compromiso anterior ineludible para él.
Un poco antes del amanecer algo extraño le despierta. Sasuke tiembla, tan violentamente que por un instante cree que está llorando.
– ¿Estás dormido?. – Nada mas pronunciarla se da cuenta de lo estúpido de su pregunta, ya que obviamente si es así, no va a contestarle.
Pasá la mano por su hombro, y nota que está frío, mucho mas que eso, completamente helado. Y ciertamente está temblando con fuerza.
Sasuke abrazándose a si mismo trata de amortiguar en algo el traqueteo de su cuerpo, inútilmente.
Izuna le destapa y tira de su hombro para ponerle boca arriba con cierta fuerza.
Una capa de sudor frío cubre su piel, y el temblor se acentúa al quedar al amparo del frío de la madrugada y no es lo único. Izuna percibe el hedor de la sangre en el mismo instante en el que la sábana es apartada de su marido.
Ni siquiera se lo pregunta, ni le da opción alguna. Pasa sus manos por donde puede. El vientre de Sasuke arde enfebrecido, mientras el resto de su cuerpo permanece completamente congelado. Su respiración es rápida, errática y jadeante. Y hay algo más.
Izuna no logra averiguar de donde viene el olor a sangre, y preguntar es inútil, por que su marido está inconsciente.
Se viste con prisa y enrolla el cuerpo de Sasuke con la sábana antes de desaparecer del cuarto y aparecer en el quirófano de la casa de Kakuzu...
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Naruto nota el trasero helado, y la piel de gallina se extiende por todo su cuerpo. Abre torpemente los ojos y se topa con la esponja de la bañera a la altura de los ojos.
En su hombro derecho encuentra la cabellera de Itachi, que igual de desnudo que él, tiembla de frio, y por lo consiguiente, termina despertando también.
Los dos se sonríen, avergonzados. Están desnudos, aún unidos íntimamente, y en la bañera.
¿Cómo han llegado ahí? Fácil, la casa se quedó pequeña y ambos se arrastraron habitación, tras habitación por toda la casa, haciendo el amor desesperados con mas prisa y ansia cada vez.
Cuando se sumían en el orgasmo, cayendo desplomados uno sobre el otro, solo hacían falta un par de minutos para volver a empezar, con mas ímpetu y energía... al final, ya entre risas y metidos en la bañera, en la que habían caído desde el retrete, donde Naruto cabalgaba a su ex esposo con furia, antes de arrastrarle en la caída dentro de la bañera, después de un ataque de risa producto del alcohol y el sonido pervertido de sus cuerpos chocando...
Retomaron el acto dentro de la cerámica de la bañera, pero acabaron dormidos, Itachi sobre Naruto y dentro de él. Y el rubio completamente lleno de dicha de sentir sobre su cuerpo ese peso que creía perdido para siempre meses atrás.
Itachi aún tenía ese sabor almibarado del licor entre sus labios, y el tenue zumbido de la borrachera alejándose metida en su cráneo con saña... Naruto no, lo único que poseía en ese momento, era la maldita corbata, que no había podido quitarse y de la que Itachi se había cansado de tratar de deshacer el nudo.
Era como si quisieran compensar de algún modo todo el año que no habían estado juntos. Todos esos besos, esas caricias, esas noches perdidas... esas sonrisas furtivas, o roces inocentes... todo un año y un poco mas, en el que no se habían amado,en el que su relación había quedado encerrada en un lugar oscuro y siniestro... y ahora se sentían como si de repente alguien, quien fuera, hubiese encendido la luz de golpe, y la realidad les hubiera golpeado en la cara con fuerza.
– Te quiero. – Murmuró contra su cuello, recibiendo una risita que nació en el interior de Naruto, mientras sus manos se deslizaban por sus costillas con cuidado de no romper el contacto que les mantenía unidos por abajo. Para apoyar sus palabras, Itachi adelantó las caderas un par de centímetros, obligando a Naruto a seguirle en el movimiento, bebiendo el aire que le arrancó el gesto directamente de los labios de Itachi.
– Yo tambien, ahhhh... si-i, no sabes como te quiero. – Naruto se deja llevar, o es él quien arrastra al otro. No se sabe. Sus cuerpos reaccionan sin que la razón intervenga a los estímulos contrarios.
Se aman, si, siempre ha sido de ese modo... desde el principio, desde esa visión adolescente del rubio en bañador, o años después, cuando vestido de mujer y expresión adorable y nerviosa, cumplía la misión de engañarle para alejarle de las misiones, aunque eso fuera una absoluta tontería.
Itachi supo desde el primer minuto que era él, por que ya le amaba. Y cuando uno ama, es capaz de reconocer a la persona amada bajo cualquier disfraz.
Salió del rubio sonriendo, apoyando el peso en el borde de la bañera y tirando de él para sacarle... ya que estaban despiertos, sería bueno continuar en la habitación... al menos hasta que Mikoto decidiera volver con la niña, estarían solos.
Y tenían mucho en lo que ponerse al día.
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Deidara despertó despacio. No estaba cansado, ni dolorido, ni hambriento... en realidad se sentía lleno de energía hasta el límite.
Se sentó en la cama y se peinó el cabello con las manos, hasta traerlo todo a un lado, sobre el hombro izquierdo. Se levantó con cautela y tomó el bañador negro de los pies de la cama, para ponérselo y dejar de ser una tentación para su insaciable marido.
Caminó descalzo hasta la gran ventana corredera de cristal que daba a la playa y abrió sin hacer ruido, mirando el lugar justo en el que se unían el cielo y el mar con intriga. Aunque sus ojos admiraban el paisaje interminable frente a él, su mente estaba lejos de ahí, en una personita mandona con voz de pito que ya echaba desesperadamente de menos.
Salió fuera en dos pasos y cerró el cristal tras su espalda con cuidado. Siguió caminando hasta la orilla, disfrutando en toda su inmensidad del frío renovador del casi amanecer, cuando el cielo tiene aún el color de la noche, pero empieza a anaranjarse mezclando los colores en un tono extraño y precioso.
Se sentó un metro antes del límite de las tímidas olas de esa playa y hundió los pies en la arena, moviendo los dedos para enterrarlos y desenterrarlos continuamente.
Levantó la mano izquierda con la palma hacia él, y utilizó la derecha para repasar una y otra vez el contorno de los labios, ocultos en su palma. Tratando de entender que era lo que ocurría con el, ese jutsu y lo que podía hacer con él... algo dentro de sí mismo le decía que tenía que ver con la razón por la que no quedaba embarazado...
En secreto había estado tratando de controlarlo, un poquito. Pero tenía un millón de cosas en la cabeza, y cuando creía llegar a conseguirlo, otro millón mas le caían encima sin que lo pidiera.
Se sentía el centro de todo, quisiera o no, en cierto modo era así... y aun tenía un millón mas de cosas en las que pensar, cosas importantes que debía decidir.
Y luego estaba Madara, al que no quería decepcionar... esperaba que todo este tema de la boda sirviera para quitarle un poco de presión a sus cansados hombros.
Deidara notaba todos sus esfuerzos. Como medía cada palabra, como le sonreía aunque estuviera muerto de cansancio, o como no se quejaba por nada. Notaba las miradas de la gente cuando iban por la calle, antiguos clientes que ahora disimulaban no conocerle, o por el contrario, los que con aire de superioridad miraban a Madara haciéndole saber que habían tenido lo que él ahora disfrutaba; y veía como Madara fingía no darse cuenta, como apretaba su mano con un poquito mas de fuerza, o como sonreía un poquito mas alegre... Su vida junto al Uchiha era un cúmulo constante de "un poquito mas".
Reconocía su valor. Madara había destruido una aldea entera por él. Y había detenido a su familia, su padre, sus dos hermanos, encarcelados en Konoha como criminales, tan cerca de su hogar... y todo por esa "anomalía" en sus manos y pecho, que aún ahora, años después, seguía sin comprender del todo. Iruka sensei se lo había explicado, pero era demasiada información y no entendía del todo... además en aquella época solo era un niño, un pequeño e indefenso niño que dependía de su familia...
Su familia, aquellos que debían protegerle, cuidar de él, le habían prostituido sin contemplaciones...
Acarició una de las muchas cicatrices de su muñeca y tironeó con un poquito mas de fuerza de la piel de la palma hasta abrir ligeramente esos labios en su mano. Sintió en su mente la orden y se dio cuenta de que era instintivo. Al subir el pulgar, una cálida y húmeda porción de lengua asomó por la abertura, rozando el pulgar que acariciaba la piel de alrededor. Separó ambas manos, con la palma hacia arriba y vio con naturalidad como la otra respondía a la orden lo mismo que la primera.
No le dolía como las primeras veces, cuando surgían nerviosas para protegerle de la amenaza que suponía Madara, al contrario, casi podía decir que era natural, fácil.
Escuchó la puerta de cristal a su espalda pero no se movió a mirar, y tampoco lo hizo cuando Madara pasó por su lado, desnudo, y se internó en el agua del mar sin mirar atrás.
Le miró durante un buen rato, acariciando alternativamente una y otra boca, sin decir nada.
Pensando en cuanto echaba de menos a Tobi, y en que deberían traerle... seguro que se volvería loco con la playa. Pensó en su hijo incordiando ahí con ellos y se levantó, caminando hasta que el agua le mojaba los pies, quieto en el sitio, hundiéndose en la fina arena en cada vaivén de las olas.
– Ven. – Pidió a su marido con la mano extendida. Miró fijamente el rosario de cuentas de jade en su muñeca y esperó a que Madara se acercara y tomara sus dedos entre los suyos. – Tienes un "Tato" que cumplir, no puedes estar perdiendo el tiempo con bañitos... Recuerde que no estamos de vacaciones, Señor Uchiha.
Madara sonrió, comprendiendo. Deidara había encontrado su respuesta, y se había liberado por completo que uno de sus muchos lastres que ensuciaban su alma con malos recuerdos.
Le miraba ahí de pie, con la mano extendida hacia él, su cuerpo cubierto de cicatrices, las quemaduras en sus dos brazos, haciendo su piel mas oscura y suave en las partes quemadas por el chakra del zorro durante el parto de Naruto... las miles de pequeñas cicatrices producto de torturas, quemaduras, pinchazos, roces de correas, incluso latigazos en sus muslos, espalda... se ponía malo cada vez que recordaba los informes que había leído en casa de Kakuzu... saber por todo lo que había pasado... y aún así, ser capaz de sonreírle así...
Sus ojos negros se fueron hasta el sello en su pecho, en su corazón, pero tras tomar su manos entre los dedos, se giró para contemplar juntos el amanecer frente a ellos.
Por Jashin, como lo amaba.
– ¿Dei?. – Preguntó con la mirada fija en el horizonte, atrayendo su atención con interés real. – Lo vamos a conseguir, ya lo verás. – levantó su mano con la propia y besó sus dedos, despacio. – Lo haremos, tendremos ese bebé...
– Mas te vale. – Le regañó el rubio. – O serás tu el que le de explicaciones a ese pequeño tirano mandón que tenemos por hijo.
Su sonrisa era tan hermosa, tanto... no podría vivir sin ella jamás.
…...
Como todo, la luna de miel terminó, y regresaron a Konoha.
Su hijo les esperaba enfurruñado, molesto por el "abandono", y lo primero que hizo fue reclamarle a sus padres, a los dos.
– A mé, gacha aquí. – Tiró de la camiseta de Deidara para que se agachara y la levantó hasta debajo del cuello. Metió el índice por el ombligo y fingió buscar algo pensativo. Miró a su padre, serio. – ¿Po qué ta cerrado? Nime a mi ara como miro yo dento pa ver si has hecho tato.
– Es que... – Trató de justificarse pero Tobi le calló con la mano en alto.
– Ni e que, ni e ka. – Le miró acusador. – Solo di, ta metido mien , padento del to. – Tomó la cara del rubio con sus manitas y le dio un besito en los labios. – Tu ara mime, na más... yo cupo de todo, papá es un sastre... y ya no llora, que tipa ta llena, ¿Si? Po ke si yo tero que llora, doy a papá patada en vovecillos... que duele... papajum pide Tobi lo que quere, todo yo.
– Vale, tu te ocupas de todo. – Deidara contuvo una carcajada en la garganta ante la seriedad con la que lo decía a pesar de ser tan pequeño.
Días después la rutina cambió sutilmente...
Tobi se comportaba de lo mas raro, siguiendo a Deidara a todas partes, y hablando solo mas de la cuenta... aunque eso ya lo hacía antes, ahora parecía como mas siniestro, pero todos coincidían en que eran cosas de niños, una fase pasajera, nada mas.
El tema del hermano había quedado olvidado en su mente infantil, reemplazado por nuevos logros... aunque alguna que otra vez el pequeño había sido pillado mirando a Deidara de forma concentrada, como si realmente pudiera escuchar sus pensamientos... o otra cosa.
Esa mañana en concreto, dos meses después de la boda, Tobi tironeaba de su camiseta con patos para ver bien las figuras. Nunca, jamás le había gustado esa camiseta, la detestaba y por norma general, montaba un escándalo de nivel profesional cada vez que alguno de sus progenitores mencionaba el ponérsela, y sin embargo, ese día, miraba el dibujo del revés totalmente interesado.
No era la misma, pero cada vez que se quedaba pequeña y el niño suspiraba aliviado de que se convirtiera en un trapo para limpiar, su padre aparecía con un nuevo modelo de su talla... y los mismos estúpidos patos en la pechera... los odiaba, pero no quería que su papajum se enfadara, algo le decía que tenía que hacer que sonriera, aunque no entendía muy bien qué exactamente.
– Tobi no te embobes o llegaremos tarde. – Deidara acarició su cabeza al pasar con el bocadillo para la guardería, y se agachó a su lado para atusarle el pelo como hacía cada día. – ¿Qué pasa, cariño?.
El niño no contestó de inmediato, se quedó mirándole fijamente, uniendo las cejas encima del puente de la nariz. Desvió los ojos a su padre, que pasaba por detrás de ellos, y se paraba a contemplar la escena. Caminó hasta Madara y le hizo agacharse para decirle algo al oído, que el moreno escuchó con verdadero interés.
– No lo sé... eso tienes que preguntárselo a él. – Madara respondió la pregunta susurrada de su hijo. – Quiere saber si puede llamarte mamá...
– Claro que si. – Levantó al niño del suelo y eso que ya pesaba lo suyo y le besó hasta que el pequeño le empujó para terminar las muestras de cariño...
Ninguno de los adultos se cuestionó el porqué de ese cambio en el niño, pero tal y como era, Tobi seguramente tenía una razón de peso... o no, y él mismo la creaba en su mente infantil para que tuviera sentido.
Madara se despidió de los dos rubios en la puerta de la guardería y Deidara se quedó conversando con unas mamás que esperaban como él que se abrieran las puertas llegada la hora. Los niños, amigos y enemigos a partes iguales, se reunían en pequeños corros y se entretenían con cualquier cosa; palitos, hojas secas, piedrecitas... incluso seguir una fila de hormigas era fuente de interés para los pequeños.
La profesora abrió los dos portones y los sujetó a los lados, aunque mucho antes de terminar los pequeños ya habían ido colándose a la carrera cada uno a su clase, sus juguetes, su mesa... esperando que comenzaran las canciones, la plastilina, la diversión diaria... menos Tobi, que seguía de la mano de Deidara completamente quieto.
– De veda no fada si llamo mamá... no da gonza.¿No?. – Lo dijo tan bajito que Deidara tuvo que ponerse a su altura para escucharle.
– No me da vergüenza... – De nuevo despejó su frente deslizando el flequillo ladeado por encima de la ceja con amor. – Está bien que me llames así, soy tu mamá después de todo, ¿De acuerdo?.
– Pero yo podo llama papajum si quero oto día... pero si escapa mamá sin querer, pistado un día, no fadas con niño. – Avergonzado miraba alrededor tironeando de sus dedos uno tras otro.
– Claro que no, puedes llamarme como quieras. – Besó su frente con cariño y le palmeó el trasero en dirección a la guardería, ya que se estaba quedando el último. – Venga, ve a clase. Hasta luego, cariño.
– Vale. – La sonrisa plena que llenó su carita en ese momento era preciosa. Caminó por el patio y subió los dos escalones de la entrada, pero se paró justo antes de entrar, y agitando su manita a un lado y a otro gritó antes de perderse en el interior del edificio. – Logo te veo mamá... taluego luz.
Deidara suspiró aliviado cuando le vio entrar dentro y se giró dispuesto a incordiar un poco a Hidan esa mañana...
Un par de calles después, algo en la despedida de su hijo le hizo detenerse en seco... y apretar el paso mucho mas hasta su destino mañanero.
…...
A Madara siempre se le había dado bien hablar en público, por eso no tenía ningún reparo en trasladar los datos del informe en sus dedos a los mas de quinientos anbu frente a él, perfectamente formados y en silencio.
Los mapas de la zona cambiaban constantemente, y los derrumbes, las lluvias pasadas habían cambiando el trazado de las rutas de comercio una docena de veces el mismo año, pero eso era inevitable. Lo que les ocupaba era la cantidad de asaltantes que cambiaban con las carreteras, y de eso trataba la reunión.
Establecer unos nuevos trazados mas sólidos, a prueba de lluvias, y cortar de raíz el tema de los robos y asaltos dentro del territorio del país del fuego. Necesitaba que todos los presentes se concienciaran con el mapa y dividirlos para cubrir el mayor número de kilómetros posible...
Una hora después de estar hablando en público sintió el mundo oscurecerse a su alrededor, obligándole a apoyar las dos manos en la mesa frente a él.
Otra vez lo mismo. El mismo indicador... ya casi se lo había aprendido, aunque aún no sabía el momento exacto en el que le ocurriría, era igual todos los días, desde la última semana o mas atrás.
Había empezado unos diez o doce días antes, primero con leves mareos, que superaba cerrando los ojos un rato y sentándose con la cabeza hacia abajo... luego vinieron los ataques de oscuridad, donde dejaba de verlo todo unos segundos, o por el contrario, las luces se hacían mas brillantes hasta que el escenario a su alrededor giraba sin control rápidamente.
Y no dejaba de pasarle ni un solo día...
Las nauseas le sacudieron con violencia y salió corriendo hasta el baño mas cercano, donde vomitó hasta que las arcadas no hacían que saliera nada.
Tosió con saña, entre arcadas, expulsando solo saliva en los últimos envites, y se giró pesadamente hasta el lavabo cuando hubo terminado de vomitar.
Se refrescó la cara y la nuca, apartando el pelo con cuidado y enjuagó su boca una docena de veces, antes de beber pequeños sorbitos del hilo de agua que caía desde la punta del grifo.
– ¿Uchiha sama?, ¿Está usted bien?. – Ibiki, el líder de los anbu, había ido hasta el baño. –¿Necesita que llame un médico?. – Quiso ser discreto antes de hacer nada.
– No hace falta, ya se me pasa. – Se levantó lentamente para evitar marearse de nuevo y cerró el grifo con los dedos, mirándose al espejo.
Madara estaba completamente pálido... y había llegado el momento de buscar atención médica, pero cuando terminara la reunión.
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Hale, cap new jejeje...
Por dios a esos dos voy a tener que separarlos con un palo, no paran jajaja
Gracias por seguir chicas, cada revi me da la vida, pero lamentablemente son menos de los que me gustaría, y voy recortando escenas para liquidar el fic lo antes posible... Como ya he comentado, estoy centrándome en ciertos momentos, quitando otros mas circunstanciales para la trama y eso... pero bueno, lo que es la idea general es la misma, solo elimino los adornos y tal.
Como petición me gustaría llegar a los cien reviews para el capítulo 20... ¿Si?, solo os llevará unos veinte segundos dejarlo...
Como sea, nos leemos en el siguiente.
Besitos y mordiskitos
shiga san
