Tercera parte de "Nunca mezcles trabajo y amor" donde nos internaremos de cabeza en la maternidad, y en las diferentes maneras de ver un mismo hecho: la convivencia con un hijo nuevo.

Como cambian las cosas que antes eran normales, como comer a su hora, mantener la ropa en su sitio, y esa manía tan rara que tienen los adultos de dormir toda la noche, que los niños no parecen compartir...

Y por si esto no fuera suficiente, Hidan desea un hijo propio y está dispuesto a cualquier cosa para conseguirlo.

Sasuke organiza su boda sin saber si se llegará a celebrar...

Itachi y Naruto se comportan como los padres divorciados perfectos, solo amigos... pero eso delante de todos... por detrás las cosas son muy diferentes...

Deidara y Madara descubren de la voz de su hijo, que no son papá y mamá, por que eso solo pueden ser los que están casados... y ellos no lo están... aún...

Deidara tendrá que pasar una muy dura prueba hasta ser aceptado por el clan Uchiha y alguien de su pasado regresará...

Itachi/Naruto, Kakashi/Iruka, Kakuzu/Hidan, Izuna/Sasuke, Madara/Deidara...

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NUNCA MEZCLES TRABAJO Y FAMILIA

Capítulo 19: Adiós mi pequeño ángel.

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Vacío, esa era la palabra.

Simple, árido y terrible vacío... lo mismo pero distinto.

La vez anterior, cuando alumbró a Taka, el vacío que sintió en su cuerpo era cálido, esperado, agradable. Esa sensación en su vientre le anunciaba que por fin todo había acabado, y que el largo camino le había llevado hasta la, tan esperada, meta. Por fin podía tocar a su pequeño fuera del nido íntimo en el que había estado creciendo y a salvo todos esos meses.

El vacío que sentía en ese preciso instante era distinto.

Frío y cálido al mismo tiempo.

Se sentía aliviado, el frío y la tiritona involuntaria ya no estaban. Notaba el cálido pulso de sus venas recorrer su cuerpo, calentarlo hasta el último rincón. El fármaco en sus venas, adormeciendo sus sentidos, impidiéndole despertar del todo, recuperar ese estado de alerta normal.

El latido de su corazón, pulsando con calma en su pecho, rebotando en sus sienes, en su garganta, apretando en cada latido el aire que debía mantenerlo con vida.

Y la angustia... el vacío... notó la tirantez de la cremallera artificial en su vientre. Los hilos, las grapas, uniendo su carne en una costura perfecta, hecho por los hábiles dedos de Kakuzu. Su destreza medica no le dejaría mas que una pequeña cicatriz sin importancia.

El aroma, aséptico, a lejía, le quemó las fosas nasales. El monitor que contabilizaba sus latidos parecía lo único que le acompañaba, pero estaba equivocado.

La punta de los dedos hormigueó bajo la fina sábana y sacó la mano fuera, tratando de tocar en un tenue roce la operación, asegurarse de un modo totalmente masoquista que era cierto... que esa sensación brutal de abandono era real y no un producto del sueño.

Unos dedos pálidos, fríos como el hielo se enroscaron en su muñeca, impidiendo que llegara a la cicatriz cubierta por capas de gasas y el propio pijama.

La otra mano estiró su brazo, colando su palma bajo la camiseta y posándola en la redondez de un abultado vientre que Sasuke identificó de inmediato.

– No te muevas, imbécil. – Emitió una pequeña sonrisa tras el insulto. – Necesitas descansar y que toda esa mierda que te ha metido Kakuzu haga su magia. – Llevó la mano de Sasuke por su vientre al lateral, donde uno de los gemelos se movía a placer por el pequeño y apretado espacio que compartía con su hermano.

Sasuke intentó mover la otra mano para tocar la operación que sentía en su bajo vientre, pero la aguja que le unía a una bolsa de suero que pendía sobre su cabeza de su soporte, se lo impidió dándole un tirón que notó de inmediato. Dio un tirón de vuelta, arrancando la vía, bebiendo entre dientes cada uno de los pequeños murmullos de aire que trataba de respirar, entendiendo, comprendiendo todo...

Hidan atrapó también la otra mano, posándola junto a la primera, sobre sus pequeños, obligando a Sasuke a incorporarse sentado en la camilla. Posó la frente en el hombro del peli-plata, jadeando como un pez fuera del agua... Sentía que se ahogaba poco a poco, que la realidad le alejaba de aquel sitio, hasta que notó una presencia mas en el cuarto.

– ¿Porqué no me lo dijiste,Sasuke?. – Su voz, fría, despiadada, cansada, le hizo clavarse en el sitio.

– Ahora no, Izuna. – Hidan clavó sus ojos igual de despiadados en el Uchiha, una advertencia en su mirada. Si el otro podía notarlo o no, la verdad es que le importaba una mierda. – No es el momento.

– Al contrario, es el momento justo. – Habló desde la puerta, en alto. – ¿Cuándo pensabas decírmelo, cuando asomara la cabeza?... No tenías derecho a ocultarme algo así.

– No quería molestarte. – No se movió de los brazos de Hidan, que apretaba sus manos contra los bebés, en un intento desesperado por que no se derrumbara. – Siempre estás ocupado y yo...

– Esa no es razón Sasuke... pero ya da lo mismo. – Izuna se giró tras decirlo, pero lo que encontró de frente no se lo esperaba ni en broma.

Una mano abierta le cruzó la cara con fuerza, lo bastante como para hacerle trastabillar un par de pasos hacia atrás.

– Fuera de aquí. – Deidara le empujó fuera del cuarto. – Sal fuera, y toma el aire un rato, necesitas despejarte antes de que digas una tontería mas grande, de la que seguro te arrepentirás.

Él que había llegado tan contento, para confirmar sus sospechas, se había encontrado con el niño en el pasillo, sentado con la espalda recta, y un puchero congelado en sus labios, la cara llena de lágrimas y una carita de susto que daba miedo...

El rubio caminó hasta la cama con el pequeño Taka aferrado a su mano. El niño, con la cara cubierta de lágrimas y mirando confuso a la puerta temblaba asustado. Su mamá estaba en la cama, con cara de estar malito, y su papá se iba fuera. Y no le había dicho nada al pasar por su lado...

Deidara le subió a la cama, y el pequeño se aferró al torso de Sasuke al momento, sorbiendo los mocos sonoramente.

– ¿Qué haces aquí, Dei-chan?. – Hidan murmuró con malicia, curiosidad real.

– Pues... creo que estoy esperando. – Sonrió un poquito, pasando la mano por la barriga de Hidan, en la que aún estaban las manos del morenito. – Pero parece que he llegado en un mal momento. – Sus ojos azules estudiaron al menor en la cama, y las bolsas con suero cerca de la cama. – ¿Qué ha pasado, Sasuke?.

El aludido le miró un momento, y después pareció reparar en el niño, al que abrazando, deslizó con él bajó la sábana, acurrucándole contra él, cerrando los ojos con la esperanza de que la realidad ahí vivida significara que aún seguía dormido. Sí eso debía ser, Kakuzu le había administrado una potente droga que le hacía tener visiones... por que si no, podría parecer que Izuna le estaba culpando por algo que era claramente un accidente...

Se quedó profundamente dormido a los pocos segundos; el niño le acompañó, el disgusto le había agotado hasta ese punto.

Hidan tomó de las manos a Deidara y le llevó hasta el despacho de su chico.

Había que salir de dudas.

Deidara se quedó con Kakuzu, y Hidan esperó hasta que preparó la máquina de ultrasonidos, aunque no se quedó a saber la respuesta.

No tuvo que buscarle mucho, tampoco había ido muy lejos. Izuna estaba de pie en la puerta trasera, frente al templo de Jashin.

Hidan le tomó por la muñeca con violencia y le arrastró a la parte de atrás. Obviamente podía soltarse, pero ni pensó en ello. Rodearon el edificio del templo y fueron hasta la parte mas escondida tras el muro.

Izuna percibió el aroma de la tierra recién removida, y se detuvo cuando el otro lo hizo. Hidan se arrodilló y tiró de él para que hiciera lo mismo. Adelantó su mano y la posó sobre un pequeño montículo de tierra fresca coronada por una pequeña losa de mármol lisa, fría.

Izuna comprendió, y sus dedos recorrieron el borde de la piedra, temblorosos.

Por un momento pensó en lo que tenía que haber sido para Hidan, precisamente él, con su vientre redondo, sus pequeños alojados ahí, tan cerca.

Pero la pena de Izuna era mucho mas profunda.

– Casi me marcho. – murmuró, sin esperanza de ser escuchado, pero Hidan estaba pendiente de cada palabra que decía. – No lo entiendes...¿Verdad?... Tenía una reunión, una estúpida reunión, y casi acudo... No me di cuenta de nada... Es patético, ¿Cierto?... soy capaz de reconocer a miles de personas solo por la voz, pero no me di cuenta de que Sasuke, mi Sasuke estaba mal... y casi le dejo solo...Todo esto que ha pasado es por mi c...

– No lo digas. – Hidan le dijo duramente. – No es culpa de nadie, ni tuya, ni de Sasuke... solo ha pasado, y ya está. – Se levantó con un poco de dificultad por el volumen de su vientre, pero lo consiguió sin parecer muy torpe. – Ahora tienes dos opciones... puedes lamentarte, deprimirte y arrastrar a toda esa mierda sentimental a Sasuke, a tu hijo, ese que has olvidado en tu argumento masoquista, a Naruto que se sentirá culpable también, a … bueno creo que lo pillas, ¿Eh?. – Izuna asintió.

– ¿Y la otra opción?. – Preguntó en serio. En su mente no podía concebir una salida mas que hundirse en el mas profundo agujero y pudrirse ahí.

– Despedirte de tu pequeño ángel aquí. – Tomó su mano y la arrastró hasta el suelo, sobre el mármol. Posó su mano de vuelta en el pecho de Izuna. – Y aquí. Volver dentro, abrazar a tu hijo, decirle que no estás enfadado con él, y re-ordenar tus prioridades. – Izuna se puso de pie de nuevo, el frío de la piedra aún entre sus dedos. – ¡AAAAhhhh! Toda esta mierda me supera... y esta cosa enorme me está volviendo loco... y ohhh estos pequeños monstruos no paran de moverse, jodiéndome todo el tiempo... – Miró al moreno con una sonrisa superior.

– Pero yo.. – Izuna trató de explicarse.

– Si, ya, tu vida es una mierda, tienes a un montón de gente fastidiando, bla bla bla.. sinceramente si tuviera corazón me lo habrías roto, ¿pero sabes qué?... toda tu historia me importa una mierda... – Le picó con el dedo en punta en la boca del estómago. – Lo único que merece la pena de todo esto, es tu pequeño Taka. Dáselo todo a él sin importar nada mas... y vamos a por hielo. Esa rubita pega como una nenaza, pero tiene un pronto monstruoso, y te ha sacudido con ganas.

Izuna se llevó la mano que aún sentía fría a la cara, que palpitaba abrasante por el golpe, que sinceramente había olvidado a esas alturas y que le había propinado su cuñado.

– Así que,... por lo que he podido escuchar, voy a ser tío otra vez. – Se giró caminando lentamente hasta la casa, esperando a Hidan a propósito.

– Eso parece, si. – Se puso a su altura. – Dei chan se lo merece, aunque sea tan violento jejeje

– Si, en eso tienes razón. – Sujetó la puerta para que el peli plata pasara por ella. – ¿Puedo quedarme?. – Suspiró sonoramente esperando una respuesta negativa.

– Haz lo que quieras. – Le palmeó en el hombro y se perdió por el pasillo, en dirección al despacho de Kakuzu.

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– ¿Y entonces?. – Deidara se incorporó sentado en la camilla, con el aparato en lo mas alto de su plano vientre. – ¿Es una niña?.

– Tiene corazón... y funciona, es todo lo que te puedo decir a estas alturas. – Giró el cacharro un semicírculo y recorrió un pequeño área para poder ver mejor a la criatura en la pantalla.

– Tengo que decírselo a mi marido. – Se limpió con el trozo de papel que le pasó Kakuzu ya fuera de la camilla, de la que había saltado con prisa. – Luego vuelvo.

Sus pasos se perdieron por el pasillo y el sonido de la puerta de salida le indicó que efectivamente, Deidara se había ido.

Un nuevo conjunto de pasos llenó el pasillo hasta su despacho. Hidan llegó dando saltitos, sonriendo.

– No saltes. – La enorme mano de Kakuzu se posó en lo alto de su cabeza, agarrándola y tironeando adelante y atrás de ella. – Alteras a los bebés... y sabes que está mal.

– No paran, me están volviendo loco. Sácalos de una maldita vez. Quiero mi vida. – Se quejó casi como una rutina para ellos.

– Vale, voy por el instrumental. – Hizo el gesto de salir, pero Hidan le agarró por el brazo con todo el cuerpo.

– B-bueno. – Desvió la mirada a un lado. – A lo mejor es buena idea dejar que se hagan un poco mas... – Kakuzu asintió a la sugerencia, y le mantuvo la mirada serio, con una duda en sus ojos que el mas joven comprendió al instante. – Estoy bien... De verdad. Tenía que hacerlo yo, y ya está...

– Mi pequeño es todo un hombrecito valiente. – Besó en lo alto de la cabeza para darle ánimos a su manera. Kakuzu sabía que no había tenido que ser fácil para él, aunque le quitara importancia... –

¿Por qué no llenas la bañera y me esperas? Te recompensaré con un masaje que calmará a los chiquitines para que puedas descansar...

– Si me haces un masaje en la bañera, ni tu ni yo descansaremos, ni mucho menos estos revoltosos... – Hizo un puchero de penita, aunque sus ojos pedían claramente guerra. – Pero con el día de mierda que llevamos los dos, un buen rato nos vendrá bien... me conformo con un par de mimitos...

Kakuzu le miró alejarse, saltando, de nuevo. Negó, con una sonrisa... Hidan seguiría siendo Hidan, a pesar de todo.

Le seguiría, pero antes tenía que ocuparse de un asunto.

Tal y como había supuesto, Izuna estaba en la puerta de la habitación donde Sasuke se había quedado dormido, esperándole.

– Lo trajiste a tiempo, dejar de darle vueltas. – Le comentó al tiempo que abría la puerta lo justo para mirar dentro.

Sasuke seguía dormido, su hijo aferrado a él con manos y piernas. El sonido de la máquina contabilizando el pulso y poco más. Por encima de todo un silencio, calmo y aterrador, pero ahí, como un ente vivo recordándoles que la vida sigue adelante, a pesar de que ellos desearían volver atrás, y detenerse, en el momento justo en el que la felicidad les llenaba al punto de no ver mas allá de sí mismos.

– Gracias. – Suspiró sonoramente, como si esa palabra le costara. – Por todo, te …

– Si bueno... – Le empujó dentro del cuarto y deslizó la puerta para cerrarla. – Tienes que ocuparte de algo... y yo también.

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Al final, Deidara acabó preguntando a Iruka por el paradero de su marido. Tanto secretismo ninja y mierdas super secretas se resumían en que nadie sabía donde estaba, o si lo sabían, no iban a decírselo.

Bien podía esperar a que volviera a casa para decírselo, pero estaba tan contento, que pensaba dar con él a cualquier precio.

Iruka le dijo que tenía programada una misión logística en el cuartel del anbu, pero también le informó que, a no ser que fuera por algo de extremada importancia, no le dejarían pasar ni el primer control.

Pero Deidara tenía sus recursos... y unos pocos anbu no iban a detenerle.

Había una guardia numerosa y armada, y por un momento le dio miedo acercarse, pero de nuevo acudió a la mente la despedida de Tobi, su luz, su nueva estrella en su vida.

Apretó el paso hasta que le detuvieron.

– Necesito ver a mi marido. – Firme y serio, aunque su interior temblaba como una hoja. – Soy …

– Sabemos quien es, Deidara san. – Ibiki señaló el símbolo Uchiha en su hombro . – ¿Qué es lo que ocurre?. Está en una asignación de misiones, pero le pasaré el mensaje de su parte.

– Tengo que decírselo en persona. – Ibiki negó, tajante. – Es nuestro hijo...

– ¡Oh, vaya!, Bien, acompáñeme por aquí. – Le hizo detenerse ante una de las mesas. – Deje el contenido de sus bolsillos aquí.

– No llevo nada, ni las llaves. – Se levantó la camiseta y se dio la vuelta. – No llevo ni bolsillos... he salido con lo puesto. – intentó poner cara de angustia, y no supo si lo consiguió o que, pero la cuestión es que Ibiki le dejó pasar hasta el salón de reuniones.

El inmenso hombre caminó a zancadas entre las tropas, perfectamente formadas y atentas a las explicaciones de Madara, cuya voz se extendía por toda la sala claramente.

Se quedó callado, extrañado de que Deidara estuviera ahí, y rodeó la gran mesa que presidía la parte mas alta, para esperarle junto a la primera fila.

Se extrañó mucho mas cuando Ibiki le informó que ocurría algo con su hijo y que su esposo tenía que decírselo en persona.

Pro un momento el miedo le atenazó, pero Deidara estaba demasiado tranquilo, para el supuesto de que a su Tobi le ocurría algo.

– ¿Tobi está bien?. – Le agarró por los hombros, preocupado hasta el extremo.

– Si, está perfectamente... al menos cuando lo dejé en la guardería esta mañana estaba bien. – La sonrisa del rubio se extendió por todo su rostro, iluminándole de una forma preciosa.

– Pero.. has dicho que pasa algo con nuestro hijo. – Confuso dio un paso atrás.

– Y así es. – Deidara posó la mano abierta en su rostro confundido. – Pero no con ese hijo. – Miró hacia abajo, y después le dejó unos segundos para que se diera cuenta por si mismo.

– ¡Oh por Jashin! Dei. – Le abrazó fuerte, para justo después soltarle y acariciar nervioso por todas partes sin saber que tocar primero. – ¿Cómo has...?,¿Cuándo...?

– Esta mañana, Tobi dijo "Hasta luego mamá, adiós luz"... y bueno, ... fui atando cabos... Y luego Kakuzu... – Madara le atrapó de nuevo en un abrazo apretado. – Lo siento, no quería asustarte, pero es que si no no me dejaban entrar... y no es mentira del todo... así que... bueno...Creo que estamos embarazados... otra vez.

Madara no pudo responder... una multitud de soldados les aplaudían totalmente entregados.

Deidara se sonrojó, avergonzado, y apretando sus brazos alrededor de la cintura de su esposo... ahora si que le daba vergüenza, pero no se cambiría por nadie en ese momento.

…...

Tobi les miró, alternativamente.

Alzó una ceja y repasó de nuevo la cara de sus padres. Sonrientes, demasiado para su gusto.

– Tonces, ¿Ya soy mano mayó?. – Miró a su madre, confuso.

– Bueno, aún no, dentro de unos meses. – Tomó la manita de Tobi y la posó en su tripa. – Tu hermano está aquí, pero tiene que comer mucho y ponerse grande antes de salir, ¿Entiendes?.

– Soy mano pequeño hata que bebé se pona godo y tonces soy mano mayó, ¿Así?. – Movia su manita siguiendo el latido de la luz, que veía perfectamente palpitar en el vientre de Deidara.

– Eso mismo. – Madara le acaricó el pelo, travieso. – Ahora tenemos que cuidar de que mamá coma muchas cosas ricas. – Abrazó a Deidara y le dió un beso en el cuello... Tobi le miró con odio.

– Oyeeeee... Tu no toca. Papajun mío. – Empujó con sus manitas el pecho para separarles, pero inutilmente.

– Hicimos un trato enano. – Madara le levantó por las axilas, alejandole lo suficente como para que no llegara a darle una patada, aunque no paraba de intentarlo. – Yo metía al hermano y tu me dejabas hacerle cariñitos a tu madre.

– No, no, no... yo dice que no fada mucho si hace mimitos a papajum...no que dejo que tocas por toas partes y mesuqueas... tu no tiendes el tato... – Le miró de reojo, sabiéndose ganador de la "pelea".

– Soy mas mayor, mas fuerte, y mas grande... además, yo vi a Deidara primero. – Madara le sacó la lengua al niño, que imitó el gesto del mismo modo, empujando sin resultados a su padre por donde podía.

– Papajum es mi mama... y me le cuento … a ti no. – cruzó los brazos en mitad del pecho, triunfante. – Y me deja mime en cama gande, cuando tu no mienes... y maño en mucha puma, con bujas que huelen a fesa cuando plotan... hum...y además, hora soy mano mayó.

– Está bien, chicos, se acabó la pelea. – Deidara les besó a los dos, en la frente. – Tengo hambre.

Tobi se apresuró corriendo a la cocina y regresó en segundo con uno de sus paquetes de galletas con forma de dinosaurio.

– Tu come desto. – Se paró un segundo y señaló con la galleta al ombligo, antes de comérsela, pensativo. – ¿Papá?. – Madara le miró, atendiendo. – ¿Por dónde va a salir mano pa comé? Jaste bujero o algo, ¿No?.

Madara estalló en carcajadas sonoras, mientras Deidara, rojo como un tomate, iba a él mismo a por su propia comida...

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Uff, bueno, me he sentado con la firme intenciónde terminar el cap, y así ha sido.

La verdad, llevo todo el día pensando en mi madre... y en todo lo que significó para mi ….

En fin, gracias por leer y espro que os guste el cap.

Besitos y mordiskitos

Shiga san